Biografía de don Francisco Vázquez Mondragón y de Pedraza

Posted By on 17 marzo, 2018

Teniente general de la Real Armada Española.

Caballero profeso de la Militar Orden de Alcántara.

Orígenes:

Vino al mundo en la población de Antequera en el año 1756, fueron sus padres, don Francisco Vázquez de Mondragón y Alarcón o Pasillas, Caballero Maestrante de Ronda y doña Mariana de Pedraza y Enríquez. Siguió a sus hermanos, don José (1737), don Lucas (1739), don Cristóbal (1743), don Luis (1750) (constando en el mismo expediente) y don Antonio (1755). Sentaron plaza: don José, el 22 de octubre de 1755, don Lucas 11 de mayo de 1761, don Cristóbal, 22 de diciembre de 1755, don Luis, 27 de septiembre de 1769 y don Antonio, 14 de mayo de 1771. En los tres primeros, el padre se apellida de segundo Alarcón, en el biografiado y su hermano Luis, solo figura el primer apellido y con don Antonio, de segundo lo apellida Pasillas. Pero en todos ellos la madre es la misma y dice que son hermanos. Válgoma.

Hoja de Servicios:

Sentó plaza de guardiamarina en la Compañía del Departamento de Cádiz, el 27 de septiembre de 1769. Expediente N.º 1.079.

Al aprobar sus exámenes teóricos se le ordenó embarcar en el navío Atlante, realizando el corso por aguas del océano contra las regencias norteafricanas, al terminar su comisión regresó a Cartagena donde fue desarmado, recibiendo con fecha del 7 de mayo de 1773, el ascenso a alférez de fragata.

En este Departamento se le ordenó embarcar en el jabeque Lebrel, uno de la escuadra del mando de don Antonio Barceló, con él regresó a la mar en comisión de corso, pero esta vez por aguas del Mediterráneo, permaneciendo un año hasta quedar desembarcado en la bahía de Cádiz, aquí se le ordenó embarcar en la fragata Santa Clara, con la misma comisión permaneciendo cuatro meses, por serle ordenado trasbordar a la Carmen, continuando en el mismo cometido por espacio de cuatro meses y doce días, al arribar a la bahía de Cádiz y desembarcar se le entregó la Real orden del 16 de marzo de 1776 notificándole su ascenso al grado de alférez de navío.

Recibió la orden de embarcar en la fragata Santa Lucia, destinada a contrarrestar el corso de las regencias norteafricanas, por sus buenas dotes y recomendación de sus jefes, en una de sus arribadas se le entregó la Real orden del 19 de julio de 1777 con su ascenso al grado de teniente de fragata, permaneció en esta comisión por espacio de tres años.

Continuo embarcado en el mismo buque, el cual pasó a reforzar la división de jabeques al mando del capitán de navío don Félix de Tejada, de estos el día 8 de mayo pudieron escaparse dos jabeques enemigos, pero el 17 de mayo de 1779 fueron cazados por su fragata, navegando en conserva de la Santa Cecilia, obligando al primero del porte de 32 cañones a embarrancar al Este de las islas Chafarinas, siendo dado al fuego y el segundo del porte de 30, en la misma situación en la ensenada de Trigonía, siendo destruido por el mismo sistema, sólo siete de los hombres de su dotación fueron capturados, diciendo por sí mismo lo terrible que resultaban estos “pequeños” combates.

Por recomendación de su jefe dado su excelente comportamiento, se le entregó la Real orden del 27 de mayo de 1779, siendo ascendido al grado de teniente de navío.

El 16 de enero de 1780, estaba a bordo de la fragata Santa Cecilia como segundo comandante, su jefe era el entonces capitán de fragata don Domingo Grandallana, quien al ver a una urca danesa en derrota de cruce del Estrecho, le ordenó marinarla a la bahía de Cádiz al ir cargada con víveres, pues dos días antes había tenido lugar el desastroso combate del cabo de Santa María por manifiesta inferioridad de la escuadra españolas al mando de don Juan de Lángara contra la británica al mando del almirante Rodney.

Al arribar con la urca, se le ordenó trasbordar al navío San Genaro y al poco tiempo a la fragata Nuestra Señora del Carmen, realizando con esta varios cruceros sobre los cabos de San Vicente y Santa María en protección del tráfico marítimo procedente de ultramar, permaneciendo un año en esta comisión.

Recibió la orden de trasbordar al navío San Justo de la escuadra del general don Luis de Córdova, pero de nuevo recibió la orden de trasbordar en junio de 1781 a la fragata Nuestra Señora del Carmen, manteniendo un encuentro contra dos fragatas británicas, cuando navegaba en conserva de la Perpetua al Oeste de la isla de Santa María, las enemigas quedaron tan mal tratadas que se vieron obligados a darlas al fuego.

Al Oeste del cabo de Espartel el 6 de septiembre de 1782 navegando en comisión de crucero su fragata junto a la balandra Pizarra al mando de don Manuel Navales e Iruegas, ésta divisó a la fragata corsaria británica Colón, de 28 cañones, consiguió averiarle gravemente el velamen y arboladura de forma que le dio tiempo de unirse al combate a la balandra española Resolución, al mando de don Manuel Urtezábal que no estaba lejos y formaba división con las demás, poco después se unió la fragata, quien al situarse en la banda contraria dividió a la tripulación enemiga, una hora más tarde la corsaria se rindió.

En una de sus arribadas recibió la orden de trasbordar al navío Firme, perteneciente a la escuadra del general don Juan de Lángara, permaneciendo a su bordo hasta firmase la Paz con el Reino Unido, en sus artículos preliminares el 20 de enero y la definitiva el 3 de septiembre de 1783, ambos actos en Versalles.

Se le ordenó embarcar en la fragata Asunción, al mando del capitán de fragata don Juan Ruíz de Apodaca, con la comisión de realizar un tornaviaje a las islas Filipinas para comunicar a su capitán general la paz con el Reino Unido, viaje efectuado en algo más de dieciséis meses, a su regreso se le entregó la Real orden del 15 de noviembre 1784, notificándole su ascenso al grado de capitán de fragata.

Quedo desembarcado en el mismo Departamento hasta ser destinado a la Habana, embarcando de trasporte en la fragata Paula, al arribar se le nombró Segundo del navío San Hermenegildo, permaneciendo el periodo de tiempo reglamentario de tres años en la isla, cumpliendo diferentes comisiones, desembarcando de nuevo en la bahía de Cádiz el 11 de agosto de 1789.

Poco después quedó desembarcado con destino en el mismo Departamento, hasta serle entregada la Real orden del 3 de julio de 1792, por serle otorgado el mando de la fragata Perla, siendo incorporado a la escuadra del general don Francisco de Borja, participando en la campaña de Cerdeña, en su rumbo fue apresada la fragata Hèléne, siguiendo a la conquista de las islas San Pedro y San Antioco, viendo como el capitán de la Richmont, al no tener escapatoria le prendió fuego a su propio buque.

Continuó las operaciones dando protección al avance de los ejércitos napolitano y piamontés por las riberas de Var, hasta declararse una epidemia a bordo de la escuadra por el mal estado de los víveres, obligando al general Borja a regresar a Cartagena.

A su arribada como su buque no era de los afectados, pasó incorporado a la escuadra del general don Juan de Lángara, participando en la toma de Tolón, defendiendo esta posición, hasta que los republicanos franceses la recuperaron, por ello se volvió a reembarcar el ejército, poniendo rumbo a Rozas en comisión especial, regresando a Cartagena.

Se encontraban en Cartagena cuando le fue entregada la Real orden del 31 de enero 1794 comunicándole su ascenso al grado de capitán de navío, al poco tiempo cayó enfermo siéndole concedida su primera licencia para recuperarse.

Se presentó el 10 de abril de 1794, se embarcó como Segundo comandante del navío Concepción, siendo éste el buque insignia del general don José de Mazarredo, éste general con fecha del 9 de abril de 1795, le entregó el mando de una división formada por las fragatas Ceres y Florentina más el bergantín Galgo, comisionado especialmente para transportar pliegos de la Corte, recibiendo la orden del 23 de julio de regresar e incorporarse a la escuadra del océano, al quedar muy satisfecho S. M. le otorgó el mando del navío San Agustín, quedando a las órdenes del general don Juan Joaquín Moreno, permaneciendo en él hasta recibir la orden del 6 de febrero de 1796, por haber sido nombrado segundo comandante del navío Príncipe de Asturias, un tres baterías y uno de los mejores buques de esa categoría, en cuyo buque enarbolaba su insignia el Marqués del Socorro, quien con su escuadra junto a la del mando de don Juan de Lángara y la francesa del almirante Richery, se hicieron a la mar durante unos meses, al regresar se le exoneró de su cargo, por haberse prohibido por Real orden que los capitanes de navío fueran Segundos de los tres baterías al mando de brigadieres.

Por orden de su general el 15 de marzo 1797, se le volvió a otorgar el mando del navío San Genaro, pasando el 22 de febrero de 1798 a mandar el San Rafael, y el 1 de marzo de 1799 se le otorgó el mando del San Juan Nepomuceno, todos estos navíos pertenecían a la escuadra del general don José de Mazarredo, y con este último, participó en la defensa de la bahía y ciudad de Cádiz, contra los ataques del vicealmirante Nelson.

Con la escuadra zarpó en persecución de la enemiga el 5 de febrero de 1798, permanecieron ocho días en la mar sin obtener resultado alguno, por ser más rápidos los buques enemigos fondeando en la bahía el 13 siguiente, el 13 de mayo de 1799, realizó su segunda salida la escuadra del océano al mando del general don José de Mazarredo con rumbo al Mediterráneo, para reunirse en el Arsenal de Cartagena con la francesa al mando del almirante Eustache Bruix, ya reunidas pusieron rumbo al Sur, pasaron el Estrecho y remontaron el océano Atlántico hasta llegar a Brest, donde fondearon ambas escuadra el 8 de agosto siguiente.

Donde se quedó la escuadra, el 5 de mayo de 1801, el jefe de la escuadra le confió el mando de una división compuesta por su navío, el Guerrero y Conquistador, con los que debía prestar su apoyo a la línea de Kelerman, para intervenir en el supuesto de que fuera atacada, para ello fondeó en la rada de Roscanbel a seis millas de distancia, donde permaneció hasta recibir la orden de regresar al puerto francés donde fondeó junto a los demás compañeros el día 20 de agosto del mismo año.

Volvió a dársele el 23 de diciembre siguiente el mando del navío Bahama, con el que regresó junto a la escuadra al mando del general don Antonio de Córdova a la bahía de Cádiz, estando aquí fondeado por orden del 20 de mayo de 1802 se le ordenó tomar el mando del navío San Pedro de Alcántara, para poco tiempo después recibir la orden de desembarco por pasar el buque a desarme.

Poco lo dejaron en tierra, pues por Real orden del 20 de julio siguiente se le otorgó el mando del navío San Julián, zarpando en conserva del Miño, en un tornaviaje a Veracruz, para trasportar al nuevo virrey de Nueva España don José Iturrigaray y al arzobispo de la diócesis, con la orden de zarpar con rumbo a la Habana para embarcar el situado, fondeando sin contratiempos el 23 de abril de 1803 en la bahía de Cádiz, quedando desembarco por pasar a desarme su buque, siéndole entregada la Real orden del 5 de octubre del año anterior comunicándole su ascenso al grado de brigadier.

Por Real orden del 15 de febrero de 1805, se le otorgó el mando del navío Terrible, perteneciente a la escuadra del general don Federico Gravina, zarpando el 9 de abril, para reunirse con la escuadra francesa al mando del almirante Villeneuve, reuniéndose las dos escuadras en el puerto de Cádiz.

El mando absoluto de la combinada estaba a cargo del vicealmirante francés, pero al hacerse a la mar no quiso esperar a los buques españoles más retrasados, por ello pronto se le perdieron de vista a don Francisco, quien con su navío quedó separado junto a los Firme y España, más la fragata Magadalena, al ser el más antiguo de los comandantes y quedarse sin superiores, abrió el pliego de instrucciones reservado, por ello supo que el punto de reunión era Fuerte Real en la isla de Martinica, arrumbando a este lugar consiguiendo llegar antes que el grueso de la escuadra, y esto lo logró a pesar del poco andar del navío España, y por entretenerse en un combate por encontrarse en su rumbo con dos corsarios británicos de gran fuerza, a los que después de duro combate apresó, siendo marinados al punto de encuentro.

Por esta demostración de ser un buen marino, su general don Federico Gravina le dirige un escrito en el que dice:

«Todo lo practicado por V.S. para reunir los buques separados de mi insignia por la precipitación de nuestra salida, hasta la llegada á este puerto, es una nueva prueba del acreditado celo, inteligencia y acierto con que en todas ocasiones ha desempeñado V. S. las comisiones que la piedad del Rey ha puesto á su cuidado; y el partido tomado con los corsarios ingleses apresados, nada me deja que desear; yo tengo la más particular y sincera complacencia en manifestárselo á V. S. para su satisfaccion, y en respuesta á su oficio de ayer detallándome todo lo ocurrido, y en la primera ocasion que se presente daré cuenta oficial á la superioridad para hacer á V. S. la justicia á que se ha hecho acreedor. Dios guarde á V. S. muchos años. Navío Argonauta, en la Martinica, 14 de mayo de 1805. — Federico Gravina. — Sr. D. Francisco Vazquez Mondragon.»

Al quedar todos reunido, la escuadra zarpó para realizar operaciones en las Antillas, pero se consiguió un éxito, pues estando en las aguas de la isla de Antigua, se apresó a un convoy británico de quince velas con carga muy valiosa, pero por un error de los dos capitanes franceses se le pegó fuego, y al saber Villeneuve que Nelson estaba cerca de las Antillas, pusieron rumbo a las costas de la península.

Al llegar el 22 de julio de 1805 a unas veinticinco leguas al NO. del Cabo de Finisterre, fue vista una escuadra británica compuesta por catorce navíos, al reconocerse enemigos el almirante Villeneuve izó la señal a toda la escuadra de «virar en redondo en contra marcha» (¿a que nos suena esto?) por ello se quedó sola la escuadra española para empeñar el combate, teniendo el siguiente desarrollo y resultado:

La niebla en esos momentos iba poco a poco cerrándose y haciéndose más espesa, impidiendo que los navíos de las dos escuadras se vieran más allá de cuatro o cinco de sus buques, hacía proa ó popa en sus respectivas líneas.

El combate comenzó sobre las 17:15 horas, cuando los primeros navíos de la línea británica, el Hero y Ajax, salieron de la niebla frente a la cabeza de la línea aliada, comenzando a descargar sus andanadas, por su parte de estribor sobre los primeros navíos españoles que la formaban; pero al percatarse de la maniobra que habían hecho la combinada, pues se encontraron con los navíos en paralelo y a su rumbo, en vez de encontrárselos como esperaban de vuelta encontrada, vacilaron y solicitaron instrucciones de su insignia. Hasta las 17:50 horas no ordenó el almirante británico Robert Calder, virar de la otra vuelta y sucesivamente a su línea, cuando ya parte de los navíos, los: Triumph, Barfleur, Agamemnon, Defiance, y Windsor Castle, lo habían efectuado, a causa de la desorientación producida por la niebla, que seguía aumentando en intensidad y cerrazón.

A las 18:00 horas toda línea británica, a excepción del Dragón, que aún se mantenía a sotaventado, había virado de la misma vuelta que los aliados, y pronto la lucha se hizo general, aunque cada navío no distinguía más que a su oponente, por ello ambas líneas se desordenaron, fraccionándose el combate en grupos, contribuyendo el humo del intenso cañoneo y la creciente oscuridad a aumentar la confusión.

En tanto el un grupo de navíos británicos formado por los Windsor Castle, Malta y Ajax, se defendían contra un número superior de la aliada, por nuestra parte los navíos españoles San Rafael, Firme y España, habiendo caído a sotavento, se encontraron envueltos por la vanguardia británica y abrumados por la gran superioridad numérica de los enemigos.

Los navíos franceses Pluton, Mont Blanc y Atlas, maniobraron en su rumbo para prestarles ayuda, logrando salvar al España, algo antes de las 20:00 horas, y poco después el San Rafael y el Firme, que eran los que más fuego habían soportado y por mayor número de enemigos, por ello quedaron rasos como pontones y acribillados sus cascos y perdida casi la mitad de su gente, viéndose obligados a rendirse.

A las 20:30 horas el combate había dado sus últimos cañonazos, pues la niebla ya casi cerrada por completo impedía continuar y al estar en plena oscuridad resultaba casi imposible su prosecución. Por la gran demostración de su viaje a la Martinica, el general don Federico Gravina que izaba su insignia en el navío Argonauta, ordenó que don Francisco Vázquez al mando del Terrible se colocara en la línea como su matalote de popa a su salida de las Antillas.

La escuadra arribó a Vigo y al amainar el temporal pudo dejar este fondeadero y arribar a Ferrol, donde más tarde tanto aquí como en la ría de Ares arribó la escuadra de nueve navíos al mando del general Grandallana y a sus órdenes cinco navíos franceses, más alguna fragata y otros buques menores, a los pocos días el almirante Villeneuve dio la orden de zarpar, primero con rumbo al N. y al tener vientos contrarios decidió hacerlo sobre la bahía de Cádiz, donde fondeó el 20 de agosto siguiente.

Se repasaron los buques y el Terrible no estaba en buenas condiciones, siéndole ordenado que su dotación pasara al Rayo, quedando desembarcado por pasar su buque a carenar.

Tuvo lugar el combate naval de Trafalgar el 21 de octubre de 1805, por ello no pudo participar en él; encontrándose en el Departamento le fue entregada la Real orden del 9 de noviembre continuo comunicándole su ascenso al grado de jefe de escuadra.

Por Real orden del 24 de septiembre de 1807, se le nombraba Comandante General del Arsenal de la Carraca, estando en este destino sobrevino la invasión napoleónica y por ello, participó activamente en los combates de los días 9 a 14 de junio de 1808, logrando rendir a los restos de la escuadra francesa del combate de Trafalgar, ahora al mando del almirante Rosilly.

Permaneció en su destino hasta serle entregada la Real orden del 16 de junio de 1809 siendo nombrado Segundo jefe de la escuadra del mando del general don Ignacio María de Álava, enarbolando su insignia en el navío Glorioso, recibiendo la orden de dar protección a los prisioneros franceses que se encontraban a bordo de pontones y el cuartel de San Carlos, por haberse sufrido ataques contra estos por parte del pueblo español, donde permaneció hasta serle entrega la Real orden del día 10 de enero del año 1810, siendo nombrado Comandante General del Departamento del Ferrol.

Realizó el viaje a su nuevo destino embarcado en el navío América, pero sucedió algo que no pudo soportar, pues al entrar por la ría se encontró con una muchedumbre, estaba arrastrando el cadáver de su antecesor en el mismo cargo, el general don José de Vargas, quien había sido asesinado por un grupo de mujeres que se habían amotinado, por la falta de cobro puntual de los salarios de sus maridos, siéndoles debidas varias pagas de las que solo exigían al menos el cobro de cuatro.

Por ello pasó informe de la situación al Gobierno, el cual le ordenó se impusiera por la fuerza y con energía.

Comenzó por averiguar las causas y dentro de ellas, a las que más habían ayudado a promover aquel asesinato, de estas pesquisas se supo, que una tal Alarcona fue la primera que propinó con el compás de carpintero de su marido, una grave herida al general Vargas, estando dentro del mismo Arsenal, por ello se la juzgó y la sentencia fue de muerte, una vez cumplida su cabeza quedó expuesta en la puerta del dique del mismo Arsenal.

Permaneció en su destino hasta el 25 de septiembre de 1810, pasando a la ciudad de Cádiz de transporte en el navío América. Por Real orden del 10 de agosto del siguiente año, fue nombrado por el Consejo de Regencia, Mayor General de la Real Armada y como cargos anexos, Consejero nato del de Guerra y Marina.

Se traslado a la salida de los invasores franceses junto al Gobierno a Madrid, donde se le entregó la Real orden del 14 de octubre de 1814 con su ascenso al grado de teniente general, siéndole otorgada a su creación, por cumplir todos los requisitos de la Orden la Gran Cruz de San Hermenegildo, siendo nombrado Vocal de la Junta que se formó en el cuarto del Infante don Antonio, con retención de su cargo anterior y al ser creado de nuevo el Almirantazgo, se le nombró Vocal interino del Consejo por Real orden del 30 de enero de 1815, por esta razón dejo su anterior cargo en la Mayoría General.

Falleció en Madrid por causas naturales el 30 de abril de 1816, contaba con sesenta y tres años de edad, de ellos cuarenta y siete al servicio de España.

Bibliografía:

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Barbudo Duarte, Enrique.: Apresamiento de la escuadra francesa del almirante Rosilly en la bahía de Cádiz, el 14 de junio de 1808.

Cantillo, Alejandro del.: Tratados, Convenios y Declaraciones de Paz y de Comercio desde el año de 1700 hasta el día. Imprenta Alegría y Chalain. Madrid, 1843.

Carlan, J. M.: Navíos en Secuestro. La escuadra Española del Océano en Brest (1799-1802). Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1951.

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Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895—1903.

Rodríguez González, Agustín Ramón. Trafalgar y el conflicto naval Anglo-Español del siglo XVIII. Actas. 2005.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

Thayer Mahan, Alfred. Influencia del Poder Naval en la Historia. Partenón. Buenos Aires. Argentina. 1946.

Válgoma y Finestrat, Dalmiro de la. Barón de Válgoma.: Real Compañía de Guardia Marinas y Colegio Naval. Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1944 a 1956. 7 Tomos.

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