Biografía de don José Luís Díez y Pérez de Muñoz

Posted By on 27 marzo, 2010

Biografía de don José Luís Díez y Pérez de Muñoz

Teniente de navío de la Real Armada Española.

José Luis Díez y Pérez de Muñoz.

Cortesía del Museo Naval de Madrid.

Uno de los mejores especialistas en electricidad de su época.

Vino al mundo en la ciudad de Jerez de la Frontera en fecha desconocida, pero tenemos el dato de haber sido bautizado el día uno de octubre del año de 1851 en la parroquia de San Dionisio, de donde podemos pensar que por la costumbre de la época, sería bautizado al día siguiente o dos después de nacer, sus padres fueron, don José Díez y Fernández de la Somera y su esposa doña Rafaela Pérez de Muñoz y Duque.

Provenía de una familia con mucho arraigo, pues los antepasados de la familia Díez de Tejada ya participaron en la época de la Reconquista de España para arrebatarla al poder sarraceno.

Sentó plaza de aspirante en el entonces Colegio Naval Militar sito en la población de San Fernando, el día uno de julio del año de 1866, con tan solo catorce años de edad. Por la revolución de septiembre del año de 1868, se cerró el Colegio Naval Militar ello se tradujo en que todos los aspirantes y guardiamarinas, pasaran de hecho a la fragata Asturias, la cual pasó a llamarse así por el mismo efecto de la Revolución, ya que era la antigua Princesa de Asturias, que se encontraba fondeada en Ferrol pasando a ser la Escuela Naval Flotante, pero se abrió temporalmente el día diez de septiembre de 1869. Comenzando oficialmente a funcionar el día uno de abril del año de 1871. Expediente, N.º 6.062.

Al terminar muy pronto su periodo de educación teórica, se le ordenó pasar a bordo de buques, que en su mayoría lo fueron fragatas, realizando navegaciones tanto por el mar Mediterráneo como por las Antillas, siendo estos sus primeras derrotas a través del océano.

Por su gran capacidad demostrada, se le ascendió a guardiamarina de segunda el día doce de diciembre del año de 1867, pasando embarcado la fragata acorazada Zaragoza siendo el buque principal de la revolución, por lo que en ella iban el general don Juan Prím Prat y el general de marina don Juan Bautista Antequera, la fragata fue de puerto en puerto del Mediterráneo en acción levantisca, arribando al puerto de Tarragona donde desembarco don Juan Prím, como consecuencia de todo ello la Reina doña Isabel II tuvo que abandonar España. Díez se limitó a cumplir las órdenes de sus jefes sin tomar en ningún momento partido.

Al tranquilizarse las aguas políticas, se le ordenó embarcar en la fragata Almansa, con la que navegó hasta la Habana donde al arribar por estar en su punto más alto los intentos de los insurrectos, el capitán general ordenó se formara una columna de marinería de los buques surtos en el puerto, así fue designado para participar en el ataque a la Ciénaga de Zapata, donde curiosamente y aún siendo marino sufrió su bautismo de fuego en tierra.

A pesar de su juventud todas sus acciones ya demostraban su madurez, lo cual ratificó por sus acertadas disposiciones y acciones en el huracán que asoló a Batabanó, impidiendo con ellas que las cosas fueran peor.

Posteriormente en el mes de noviembre del año de 1870, le fueron entregados a España una serie de once cañoneros que se habían comprado a los Estados Unidos, por lo que al mando del capitán de fragata don Cipriano Huidobro se trasladó a recogerlos formando parte de las dotaciones que debían llevarlos a la isla de Cuba, entregándole como segundo comandante del llamado Telegrama, pero en la época del año los tiempos y la distancia hacía muy difícil su arribo a la Habana, siendo que en el trayecto todos debieron demostrar sus grandes conocimientos para no perder ningún buque, arribando al puerto de destino habiendo sufrido una verdadera epopeya de la que Díez salió destacado.

Al finalizar las operaciones en la isla, regresó a la Península en la misma fragata que había llegado, arribando a la bahía de Cádiz y al poco tiempo fue destinado a la fragata Villa de Madrid, y posteriormente a la Navas de Tolosa, estando a bordo de ésta en el año de 1873 recibió su despacho de oficial con el grado de alférez de navío.

Al producirse la Revolución Cantonal se encontraba a bordo del vapor San Antonio, siendo destinado el buque a proteger a las tropas del ejército, en el que sus acertadas órdenes dieron muy buenos resultados.

Cuando el Arsenal de la Carraca fue atacado se hizo cargo de una de las baterías de su defensa, haciendo tan tremendo fuego que no pudieron acercarse por su sector de tiro, pero como el ataque no cesaba, don Pascual Cervera capitán de fragata en estos momentos, ordenó formar con las lanchas del arsenal un grupo de ataque, la lancha de Díez fue la primera en romper el fuego sobre el puente de Suazo, por el que pasaba el ferrocarril, logrando ser tomado y con esta acción cortar las líneas enemigas lo que supuso a la corta que los enemigos abandonaran el intento de hacerse con el Arsenal.

Todo esto vino a producirse, por la nefasta actuación del Presidente de la Primera República, señor Pí y Margall, que provocó que casi cada ciudad e incluso que muchos pueblos, se levantaran contra el poder central declarándose cantones y estos fueron los partidarios de hacer de la ciudad de Cádiz un cantón más.

Fue destinado posteriormente a las baterías de Puerto Real, en las que permaneció hasta finalizar una más de las guerras civiles de España.

Al quedar todo ya tranquilo, se reincorporó a su vapor de destino, en el que permaneció hasta el mes de julio del año de 1875, por ser de nuevo destinado a la Habana, donde al arribar se le ordenó embarcar en el cañonero Telegrama, ya con el cargo de segundo comandante, estando el buque destinado en Batanabó cabecera de una división de ellos.

Se le ordenó embarcar en la corbeta Tornado, en la que ocupaba el puesto de oficial de derrota, con la que participó en varias acciones quedando demostrado su valor, tanto, que le valió el ser recompensado con la Cruz al Mérito Naval con distintivo rojo.

En el mes de enero del año de 1877 se embarcó en la Habana con rumbo a la Península, al llegar presentó la admisión que le fue concedida, para seguir un curso de cuatro años de duración en el Real Observatorio de San Fernando, centrado en el estudio de la Química y de la novedosa Electricidad, alcanzando tan altos niveles que le capacitaron para dar mucho más.

Tal fue su espíritu y fuerza la que puso en ellos, que al terminar con unas inmejorables notas, en el año de 1880 se le destino de profesor a la Escuela Naval, en el buque donde él había terminado sus estudios, la fragata Asturias, aquí se ocupó de explicar las materias de Trigonometría, Topografía y Geometría Analítica. Sus conocimientos fueron tales, que consiguió por sus fáciles explicaciones que muchos de los jóvenes aspirantes se interesaran por la Electricidad, lo que conllevó con el tiempo a conseguir una gran mejora en la capacidad de conocimientos de media en la Corporación.

En el mes de enero del año de 1882 se le ascendió al grado de teniente de navío y siendo nuestro mejor experto, en el año de 1883 se le comisionó para participar en la Exposición Universal sobre Electricidad de Viena, donde a pesar de nuestra pobre industria, si quedó en muy alto lugar el pabellón español debido precisamente a las conferencias que Díez dio, dejando prueba palpable de sus esplendidos conocimientos. Quedando tan altos, que a pesar de los grandes inventores y especialistas que allí acudieron, fue elegido por unanimidad como Secretario del Comité Científico, para la entrega de los premios.

Todo además se juntó, pues hablaba varios idiomas y entre ellos el alemán, lo que le valió el ganarse a todos los presentes, a tanto llegó el aprecio que se le tomó por sus conocimientos y formas, que el propio Emperador Francisco José I de Austria escribió al Gobierno español, con la petición de no moverlo de Viena hasta que terminara todos sus trabajos, al hacerlo fue condecorado con la Cruz de Hierro por el mismo Emperador y en España con una Cruz al Mérito Naval con distintivo Blanco.

Al su regreso a España el Gobierno lo comisionó para dirigir la instalación del alumbrado eléctrico del Arsenal de Ferrol, comisión que cumplió como siempre a la perfección.

Al finalizar este trabajo, con fecha del día treinta y uno de marzo del año de 1885, se le nombró profesor de Química en el Real Observatorio de San Fernando, por haberse creado en él una Academia de ampliación de conocimientos en esta materia para los oficiales de la Armada.

En esta época es cuando callado y silencioso, fue el alma del submarino de Peral, aquel famoso < puro > como lo llamaba su inventor, pero de no haber sido por Díez el sistema eléctrico no hubiera funcionado jamás, que en definitiva era la diferencia del invento del submarino, (a parte de ser el único submarino torpedero, que no es poca la diferencia con el resto) con respecto a los restantes inventos que se estaba realizando en Europa y los Estados Unidos.

Aún tuvo tiempo de realizar demostraciones, como la voladura del vapor Pedrero en el Arsenal de Cartagena, al serle colocados unos cables eléctricos que harían estallar un mina que lo llevarían al fondo del mar, prueba que dejó boquiabiertos a muchos del poder de unos hilitos y también hizo el proyecto de alumbrado del mismo Arsenal, y al mismo tiempo dirigiendo la del Arsenal de la Carraca, así como la primera instalación de servicio telefónico en el mismo.

Estando en estos trabajos, en el año de 1886 sufrió un ataque de reuma del que pudo salir, pero el día cuatro de noviembre del año de 1887 le repitió y le produjo el óbito en Puerto Real.

La familia costeó el traslado a Jerez de la Frontera de sus restos siendo sepultado en el panteón familiar.

El día seis de noviembre el diario ‹ El Guadalete › publica una carta de don Isaac Peral en la que se despide de un íntimo amigo, al que mucho apreciaba y quería, pues habían estado juntos durante todo el proceso de la construcción y pruebas del sumergible de Peral, la transcribimos completa por su grato interés.

« Víctima de penosa enfermedad acaba de terminar sus días un oficial de la Armada cuya aplicación y vastos conocimientos le habían hecho acreedor a figurar en primer término entre todos aquellos que simbolizan legítimas esperanza y honran al Instituto a que pertenecen con los frutos de su laboriosidad y privilegiada inteligencia. Ajeno á toda pasión que no fuera su amor al estudio y al trabajo, inspirado siempre en el noble deseo de ser útil á su Patria, no deja en el mundo ningún enemigo ni amigo indiferente. Todo el que estrechó su mano una vez, fue más que su amigo, admirador entusiasta del verdadero genio que irradiaba de su noble frente. Baste decir que a pesar de la débil y poca generosa condición humana, jamás cupieron los celos en ninguno de los émulos, pues era forzoso reconocer su superioridad, aunque en su increíble modestia nunca pretendiera hacerla resaltar. Más no es solo este artículo esa última ofrenda de amistad que acostumbrados a tributar al que emprende el camino de la eternidad dejando sembrados en la tierra multitud de desconsuelos. El que esto escribe no llenaría cumplidamente su dolorosa misión, si no llamase la atención de todos sus conciudadanos, para advertirles que es una gloria patria la que hemos perdido al perder a José Luis Diez.

La modesta esfera de acción en que por su empleo se encontraba encerrado, no le permitía emplear su extraordinaria actividad en obras dignas de él, siendo esto causa de que deje al morir un nombre casi ignorado en España, el que dada la reputación que supo conquistarse en el Cuerpo, era por todos señalado como uno de esos pocos hombres que sólo a sus méritos deben el ser encumbrados adonde sólo pueden llegar los hijos predilectos de la Patria.

Pero las leyes humanas por fuertes e inflexibles que sean, son siempre impotentes para trastornar los destinos que la naturaleza señala a cada hombre, y así Díez pugnaba a cada paso por saltar la infranqueable barrera que se oponía a la realización de las creaciones de su poderosa imaginación.

Muchos y muy importantes servicios prestó desinteresadamente a su país, aparte de los que su deber le imponía, habiendo reconocido nuestro gobierno de tal modo el mérito contraído por ellos, que consideró de justicia recompensarlos de una manera especial otorgándole de R. O. un valioso regalo propio de su profesión.

A él se debe la excelente instalación de alumbrado eléctrico del Arsenal del Ferrol, y la admirable red telefónica que liga todas las dependencias de la Carraca con las oficinas militares, Observatorio astronómico y Academia de Ampliación, donde al par que ejecutaba tan importantes trabajos; venciendo sin desmayo obstáculos de todo género, desempeñaba la cátedra de Química, rayando en ella a tal altura que los oficiales compañeros suyos que han tenido la suerte de escuchar sus lecciones sentirán, como todos sentimos, la dificultad de llenar tan cumplidamente como él el puesto que ha dejado vacante.

La muerte le ha sorprendido cuando acababa de vencer todas las dificultades que se oponían a la reinstalación del alumbrado eléctrico en el Arsenal de la Carraca, sin haber tenido la satisfacción de inaugurar este servicio más, que el Estado tiene que agradecer su inteligente y desinteresada laboriosidad.

Sus discípulos, sus antiguos profesores y los que éramos ayer sus compañeros en el profesorado de dicha Academia, todos podemos dar fe de que José Luis Diez, había dominado siempre fácilmente los innumerables ramos del saber a que había dedicado su inteligencia: pero entre todos, tenía especial predilección por la difícil ciencia eléctrica, y cuando en la última Exposición de Electricidad de Viena, nuestro Gobierno le confirió la representación de España en aquel certamen internacional, los ilustres sabios allí reunidos, haciendo justicia a su saber, le confiaron algunas de las más escrupulosas experiencias necesarias para la adjudicación de premios. Jamás hubo idea grande a cuya realización no se creyera él obligado a contribuir, aun sabiendo que sus valiosos auxilios habían de quedar desapercibidos para el público. Era el más entusiasta de la idea del torpedero submarino que se está construyendo en la Carraca, y apenas este proyecto estuvo en vías de realización, pidió para sí el puesto de más difícil desempeño, habiendo venido ahora a dejar entre los que íbamos a ser sus compañeros de dotación un sensible vacío que en todo tiempo sentiremos.

Prolijo por demás sería seguir enumerando sus relevantes servicios, dotes y virtudes y preciso sería además para saber colocar todos estos méritos a su debida altura, pluma más hábil que la del que tiene el doble honor de suscribir estas líneas y declararse su más entusiasta admirador.

Séame permitido en estas últimas palabras presentar el homenaje de mi respeto ante el profundo dolor que embarga a su atribulada familia, sin intentar ofrecerle otros consuelos que los que encuentre en la religión y el agradecimiento de la Patria que hoy llora con ellos a uno de sus más preclaros hijos.

San Fernando, 6 de Noviembre de 1887.
Isaac Peral »

Enteradas las Cortes de tan luctuosa pérdida para la Armada y España, se convocó una sesión especial en el Congreso de los Diputados, que tuvo lugar el día doce de mayo del año de 1888. Con la aprobación por unanimidad de la asamblea, se dicto una Real Orden con fecha del día quince de junio del año de 1895, para que sus restos fueran trasladados al Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando, siendo designado el lugar en la cuarta capilla del Este o izquierda, la cual está presidida por el mausoleo de don Gabriel Ciscar y Ciscar, a quien acompaña, don Joaquín Bustamante, don Francisco Chacón, don Ignacio Mendizabal, don José Esguerra, don Manuel Emparán, don José Manuel de Goicoa y una lápida en recuerdo de los héroes de Cavite y Baler. Junto a ellos está la de don José Luis Díez.

Orden que se cumplió el día veintisiete de junio del año de 1897, con todo el ceremonial pertinente al caso, dejando claro que el mausoleo fue sufragado por su viuda doña Victoria de Lassaletta y Salazar. Por el año y el Ministro del ramo, don Segismundo Bermejo no debían de haber muchos fondos en el Ministerio ni en la nación para pagar la lápida y es que como siempre, cuando quieren complican la vida más de lo necesario, pues no basta el dolor de la pérdida, sino que encima hay que pagar de su propio bolsillo para estar en un lugar que como Marino y Militar, España debería de sufragar el gasto. Pero a España la hacen sus hijos y algunos no hubieran hecho falta que nacieran, y menos aún que llegaran tan alto.

Quedando su nicho cubierto por una lápida en la que se puede leer:

Mausoleo de don José Luis Díez y Pérez de Muñoz

E. P. D.


Don José Luis Díez


Teniente de navío


como premio a sus trabajos


intelectuales, la Marina perpetúa

la memoria de este Oficial, el más

joven de los que por su saber

ha merecido honor tan señalado.

1851. . . . . . . . . . . . . . . . 1887

Cortesía del Museo Naval de Madrid.

Entre sus compañeros quedó una frase que era repetida por ellos y que demuestra el gran cariño que en la Corporación se había granjeado:

« La Marina ha tenido con su muerte una pérdida tan funesta como hubiera podido ser la de una gran desdicha naval »

Bibliografía:

Cervera Pery, José.: El Panteón de Marinos Ilustres, trayectoria histórica, reseña biográfica. Ministerio de Defensa. Madrid. 2004.

Cervera y Jácome, Juan.: El Panteón de Marinos Ilustres. Ministerio de Marina. Madrid. 1926.

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1968. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

González de Canales, Fernando.: Catálogo de Pinturas del Museo Naval. Tomo III. Ministerio de Defensa. Madrid, 2000.

Guardia, Ricardo de la.: Notas para un Cronicón de la Marina Militar de España. Anales de trece siglos de historia de la marina. El Correo Gallego. 1914.

Villanúa, León.: Isaac Peral. El Marino Popular. Colección Europa. Madrid, 1934.

Compilada por Todoavante.

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