Biografía de don José Sartorio y Terol

Posted By on 18 marzo, 2014

José Sartorio y Terol. Cortesía del Museo Naval. Madrid.

José Sartorio y Terol. Cortesía del Museo Naval. Madrid.

XIX Capitán General de la Real Armada Española.

Vino al mundo el 7 de febrero de 1761, en la ciudad departamental de Cartagena, siendo sus padres don José Sartorio y doña Vicente Terol, aprendiendo sus primeras letras en su casa materna, pasando muy joven a ingresar el Colegio de San Telmo de Málaga, donde realizó sus estudios sobresaliendo en las matemáticas con las mejores notas.

Pasó embarcado a la marina mercante, realizando varios viajes por el mar Mediterráneo y otros con rumbo a Tierra Firme, pasando unos años en estas navegaciones, se le destinó como agregado al Observatorio Astronómico de Cádiz en 1776, permaneciendo en este destino en la composición de los almanaques náuticos, hasta el 8 de julio de 1780 por serle entregados los galones de alférez de fragata. Ingresando en esta fecha en el Cuerpo General de la Armada, pero no existe número de expediente.

Con ocasión de estar en el conocimiento de que se iba a producir un eclipse anular del Sol, se le comisionó junto al teniente de navío don Luis Arguedas a la isla de Santo Domingo, donde el 21 de abril de 1781, pudieron observarlo y tomar buenas notas.

Al regreso de esta comisión, fue destinado a los Batallones de Infantería de Marina, al mismo tiempo fue nombrado ayudante del Arsenal de La Carraca, permaneciendo en sus destinos hasta serle entregada la Real orden del 4 de octubre de 1783, siendo ascendido al grado de alférez de navío.

Pasando embarcado al navío Rayo a principios de 1784, realizando un tornaviaje para transportar al regimiento de Infantería de Guadalajara al puerto de Mahón, regresando a la bahía de Cádiz.

Al ser conocida la noticia del naufragio del navío San Pedro Alcántara en la costa de Portugal cerca de la población de Peniche, se le comisionó para participar en la recuperación de los caudales que transportaba, incorporándose a las órdenes del capitán de navío don Francisco Javier Muñoz, quien zarpó con dos fragatas y varias lanchas, una de ellas la Colón en la que embarcó Sartorio, se recuperaron seis millones ochocientos mil pesos en oro y plata, cinco mil quinientas cuarenta barras de cobre y otros objetos, más setenta y dos cañones, abandonándose el rescate por ser imposible con los medios de la época de trescientos quince mil quinientos ochenta y ocho pesos, dando por finalizado el trabajo en el mes de agosto de 1786, regresando al Departamento donde quedo desembarcado.

En 1788 se le destinó a las órdenes del ingeniero jefe don Tomás Muñoz, quién en aquellos momentos estaba verificando la construcción, de la muralla Sur de la ciudad de Cádiz, al término de esta comisión y por su buen hacer se le entregó la Real orden del 21 de septiembre de 1789, con su ascenso al grado de teniente de fragata.

Al terminar su trabajo en 1792 se le reclamó en la Corte, donde le fue entregada la Real orden del 4 de octubre siguiente con su ascenso al grado de teniente de navío, pasando poco después a Ferrol, donde embarcó en el buque insignia del general don Gabriel de Aristizábal, trasladándose a la bahía de Cádiz, al llegar recibió la orden de embarcar en el navío América, de la escuadra del general don José de Córdoba, realizando un crucero a las islas Azores en protección del tráfico marítimo proveniente de ultramar.

Al arribar a la bahía de Cádiz se le destinó al navío Conde de Regla, perteneciente a la escuadra de don Juan de Lángara, uniéndose a la británica del almirante Hood, zarpando ambas con rumbo al Mediterráneo, al arribar al Arsenal francés de Tolón, fue tomado por reclamar sus habitantes la ayuda contra los convencionales.

Estando en éste puerto se le ordenó trasbordar al navío Bahama, zarpando con la división al mando del general don Juan Joaquín Moreno, con comisión de arribar al puerto de Génova y la Specia, al cumplimentarla satisfactoriamente regresó a Tolón. Al ser atacado Tolón por las tropas de la revolución, ante su empuje se vieron obligados a reembarcar, estando a su cargo cubrir la retaguardia de la mencionada maniobra, lo que realizó a plena satisfacción de los mandos.

Realizado el reembarco, la escuadra puso rumbo a Cartagena, al arribar recibió la orden de trasbordar al navío Soberano, pero estuvo poco tiempo, pues se le volvió a dar la orden de trasbordar al Santísima Trinidad, unos días más tarde se hacía a la mar, para proseguir la campaña sobre Rosas, Santa Margarita y las isla Hyères, hasta firmarse el 22 de julio de 1795 la paz de Basilea.

Continuó embarcado en el mismo navío, insignia de la escuadra a las órdenes del general don José de Córdova y habiéndose declarado la guerra contra el Reino Unido, participó en el desafortunado combate del 14 de febrero de 1797 o más conocido como el combate naval del cabo de San Vicente, donde se enfrentó, contra la escuadra del almirante Jerwis, en ella el Santísima Trinidad, por la maniobra del comodoro Nelson, se vió envuelto y a punto de ser rendido, pues había quedado con dos tercios de tripulación útil y casi totalmente desarbolado, el buque consiguió arribar a la bahía de Cádiz, pero en un estado de pérdida total, solo lo salvó ser el más grande de los existente y un poco el orgullo e insignia de la Armada Española.

Pero él que había salido casi indemne del enfrentamiento, no se le dio descanso, pues al mes siguiente, marzo, se le volvió a dar la orden de trasbordar al navío Príncipe de Asturias, incorporado a la misma escuadra, pero ahora al mando del general don José de Mazarredo, participando en todos los ataques que llevaron a efecto las lanchas cañoneras contra la escuadra británica, llegaron a hacerles tanto daño que el mismo Nelson copió el sistema y convirtió a sus botes en igual tipo, combatiendo entre ambas fuerzas sutiles.

El 13 de mayo de 1799, realizó su segunda salida la escuadra del océano al mando del general don José de Mazarredo con rumbo al Mediterráneo, para reunirse en el Arsenal de Cartagena con la francesa al mando del almirante Eustache Bruix, reunidas pusieron rumbo al sur, pasaron el Estrecho y remontaron el océano Atlántico hasta llegar a Brest, donde fondearon ambas el 8 de agosto siguiente, durante su estancia en el arsenal francés fue destinado a las órdenes de don Antonio Miralles, pasando al apostadero de fuerzas sutiles de Torlinguet para evitar cayera en manos británicas, al regresar se le ordenó trasbordar al navío Mejicano, pero poco después fue reclamado trasbordando de nuevo al Príncipe de Asturias.

Al firmarse la paz de Amiens el 27 de marzo de 1802, la escuadra pudo zarpar con rumbo a la bahía de Cádiz donde arribó el 13 de mayo siguiente, encontrándose aquí le fue entregada la Real orden del 5 de octubre siguiente, siendo ascendido al grado de capitán de fragata.

Continuaba en su navío siendo incorporado a la escuadra que zarpó de Barcelona a finales de octubre de 1802, arribando a Nápoles el día 19 de noviembre, estando compuesta por el navío Reina Luisa, insignia del general don Domingo de Nava, Príncipe de Asturias, Bahama y Argonauta, con las fragatas, Atocha, Flora y Santa Casilda, transportando a Liorna a los reyes de Etruria, el general pasó a Florencia, concluida la comisión regresó al Arsenal de Cartagena a finales del mismo año.

Poco después recibió la orden de regresar al Departamento de Cádiz, para ello embarcó de transporte en la fragata Flora, desembarcando en la bahía el 1 de marzo de 1803, recibiendo la orden y el pasaporte para viajar a la Corte, donde S. M. le concedió permiso para poder usar la Cruz y Placa de la Orden de San Esteban, que El Gran duque de Toscana le había otorgado.

Por Real orden del 3 de mayo siguiente, estando disponible, se le ordenó incorporarse como segundo ayudante secretario, permaneciendo en ese destino hasta el 11 de mayo de 1804.

En el mes de febrero de 1805, se le ordenó embarcar como tercer comandante del navío Santísima Trinidad.

Como es sabido y por estar en este navío, participó en el desafortunado combate de Trafalgar, teniendo lugar el desdichado 21 de octubre de 1805, donde un Nelson sublime, cogió a una escuadra superior en una memorable maniobra, pero de mucho riesgo, le salió bien por la incapacidad manifiesta del vicealmirante Villeneuve, consiguiendo cortar a la escuadra franco española por dos sitios, partiéndola en tres y casi conseguir hacerla desaparecer de la superficie de la mar.

El Santísima Trinidad aguanto hasta la total destrucción de cuanto en él había, al rendirse por incapacidad de maniobra y por la escasa gente disponible, fue abordado por los enemigos, pero Sartorio como tercer comandante permaneció en él, hasta que al intentar ser remolcado y zafarse los cables, se fue a pique, solo entonces y el último abandono el navío.

Fue rescatado de las aguas por sus enemigos, quienes le mantuvieron prisionero hasta ser canjeado, regresando a la bahía de Cádiz al ser puesto en libertad, encontrándose aquí recibió la Real orden del 9 de noviembre siguiente con su ascenso al grado de capitán de navío.

Permaneció en el mismo Departamento, hasta producirse el alzamiento nacional del 2 de mayo de 1808, pasando en el mes de junio a ponerse al frente de las baterías de artillería del Arsenal de La Carraca, participando en el ataque a la escuadra francesa del almirante Rosilly, entre los días 9 a 14 de junio, cuando el almirante francés se rindió, la escuadra capturada eran los restos de los buques franceses del combate de Trafalgar y que ahora sus compañeros de aquel combate, le atacaron y rindieron, siendo la primera derrota sufrida por las armas del Emperador de Francia.

Recibió la Real orden del 5 de agosto de 1809, siéndole otorgada la comandancia de marina de la provincia de Gijón, fue transportado a su destino a bordo del navío San Lorenzo, donde permaneció hasta el 31 de enero de 1810, por verse obligado a abandonarlo al ser conquistada la ciudad por las tropas napoleónicas, pasando a la capital del Departamento en Ferrol de transporte en el bergantín Descubridor, desembarcando el 2 de junio siguiente.

Por Real orden del 30 de agosto de 1811, se le otorgó el mando de la fragata Sabina, zarpando el 2 de septiembre siguiente con rumbo al puerto británico de Portsmouth para ser carenada, al concluir el trabajo arribó a la bahía de Cádiz el 29 de junio de 1813, siendo cesado en el mando por Real orden del 8 de julio continuo. Por Real orden del 3 de septiembre siguiente se le otorgó el mando del navío San Pedro Alcántara, estando a su mando hasta el 23 de noviembre continuo, quedando desembarcado.

Por Real orden del 3 de marzo de 1815, se le otorgó el mando de la fragata Soledad, recibiendo la orden del 12 seguido de trasbordar a la Sabina, zarpando el 14 de abril continuo, dando escolta a un convoy transportando tropas con destino a Veracruz.

Regresó con su fragata a la bahía de Cádiz con caudales, arribando a la bahía de Cádiz el 21 de mayo de 1816, al desembarcar se le entregó la Real orden del 30 de mayo de 1815, notificándole su ascenso al grado de brigadier. Un poco más de un año sin saber su ascenso.

En el mes de noviembre de 1820 al mando de la fragata Ligera, se hizo a la mar desde la bahía de Cádiz con rumbo a las provincias de ultramar, como presidente de una comisión para pacificar el territorio, arribó a la Guaira, pero al desembarcar le fue comunicado el acuerdo entre el general Morillo y Simón Bolívar de permanecer en paz, el general insurgente envió dos representantes para llegar a un acuerdo con el Gobierno, pero mientras esperaba a los enviados y sus noticias, Bolívar rompió el tratado desatándose de nuevo la guerra, obligando a Sartorio a buscar refugio en Caracas, pasando posteriormente a la Guaira y después a Puerto Cabello, sin poderse comunicar en ningún momento con el Gobierno.

Bolívar volvió a reclamar a Sartorio para un acuerdo, celebrándose el encuentro en San Esteban, al no poder ceder en las pretensiones de dar la independencia, se vio obligado de nuevo a buscar refugio esta vez en Curaçao, donde al llegar tenía órdenes del Gobierno de regresar a Cartagena de Indias, pero conocedor de las pocas posibilidades de recibir ayuda de la península, decidió cruzar y arribar a la Habana para que aquí le prestaran ayuda militar, lo que consiguió no sin esfuerzo, pero justo al estar preparado para cumplir la orden del Gobierno llegó la noticia del alzamiento en Cabezas de San Juan el 1 de enero de 1820, por ello no pudo moverse dada la incapacidad de todos para tomar una decisión, por estar descabezado el Gobierno, decidió permanecer a la espera de noticias, pasados casi tres años llegó la de haber regresado don Fernando VII a tomar sus poderes absolutos, por esta razón dio por terminada su comisión y regresó a la península, al desembarcar se informó a S. M. de su llegada y le envió una carta por la que aprobaba todas sus medidas de precaución tomadas.

Permaneció desempeñando comisiones en su Departamento hasta serle entregada la Real orden del 6 de marzo de 1826, siendo nombrado comandante en jefe de los cruceros de la península, para ello se desplazó al apostadero de Algeciras donde buscó residencia, se encontraba en su destino cuando se le entregó la Real orden del 12 siguiente, notificándole su ascenso al grado de jefe de escuadra, pero con antigüedad del 14 de julio del año 1825, razón por la que cesó en su anterior cargo.

Por Real orden del 9 de marzo de 1827, se le nombra Vocal de la Junta de Dirección General de la Armada y se le añade el cargo de vigilar y controlar los Aranceles, por tener todos los requisitos del reglamento cumplidos, S. M. le concedió la Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo.

Por Real orden del 20 de julio de 1829, se le otorgó el mando de una división con la comisión de cruzar hasta Nápoles, para embarcar a la futura reina doña Marian Cristina de Borbón, desplazándose a Ferrol para tomar el mando zarpando el 7 de agosto siguiente, enarbolando su insignia en el bergantín Realista, el 12 arribó a Cádiz, al llegar se le notificó no ser necesario, entregando el mando regresó a la Corte. Por Real cédula del 22 de diciembre S. M. le concedió la Gran Cruz de la Real Orden Americana de Isabel la Católica.

Por Real orden del 14 de enero de 1830, se le dio el cargo de jefe del Despacho de la Dirección General interino.

Por Real orden del 2 de febrero siguiente se le nombró Vocal de la Junta Superior del Gobierno de la Armada, por desactivación del Despacho de la Dirección General, por ello el 7 de mayo al incorporarse su titular, el Excmo. Conde de Venadito, le entregó el puesto, ocupado interinamente por fallecimiento del anterior capitán general don Juan María de Villavicencio.

Por Real decreto del 29 de agosto de 1831, fue nombrado Consejero en el Supremo de la Guerra, y el 20 de mayo de 1832, Vocal de la Junta Suprema de Sanidad del reino, sin pérdida de estos dos altos cargos, fue nombrado Vocal de la Junta Superior de Gobierno y Administración económica de la Armada.

Los vaivenes de los gobiernos produjo en 1834, fuera suprimido el Consejo Supremo de la Guerra, creándose para sustituirle el Tribunal Supremo de Guerra y Marina, siendo designado como su Ministro y por su antigüedad en el grado de su Decano.

Por Real orden del 28 de agosto de 1835, S. M. lo nombró Secretario de Estado y del Despacho Universal de Marina, formando parte del Gobierno presidido por el Conde de Toreno, de nuevo los vaivenes de la política le llevó junto a todos sus compañeros de gabinete a presentar la dimisión el 14 de septiembre, regresando a su Tribunal Supremo del que era su Decano.

Por Real orden del 11 de noviembre de 1836, se le otorgó el grado de teniente general de la Real Armada, continuando en su cargo anterior, hasta que por expreso deseo pidió ser relevado por su falta de salud, siéndole concedida su baja en el Corporación el 1 de diciembre de 1840 y por fin, por Real orden del 15 de febrero del año 1842, se disponía quedar de cuartel exento de todo servicio, en atención a sus muchos de servicios y edad.

Pero no le dejaron en paz, estaba con residencia en Madrid, siéndole entregado el Real decreto del 12 de febrero de 1843, por el que era elevado a la máxima dignidad de la Armada, como su capitán general y anexo Presidente del Almirantazgo, sustituyendo por fallecimiento al Excmo. Señor don Francisco Javier de Uriarte, quien daba la casualidad había sido su comandante a bordo del navío Santísima Trinidad en el combate de Trafalgar.

Falleció en el desempeño de su alto cargo el 30 de diciembre de 1843 en Madrid, contaba con ochenta y dos años de edad, de ellos sesenta y siete de muy honrosos servicios a España.

Bibliografía:

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