Biografía de don Micer Ambrosio Bocanegra

Posted By on 30 diciembre, 2009

Biografía de don Micer Ambrosio Bocanegra

XXI Almirante del Reino de Castilla.

Proveniente de Génova y establecidos en Castilla, el primer Bocanegra conocido era Simón, que fue proclamado Duque de Génova el día el 24 de septiembre de 1339, por aclamación popular.

Ya eran marinos y mercaderes poseyendo una gran fortuna, de Simón era hermano Egidio o Gil y éste fue el primero en ser Almirante de Castilla, del cual nació Ambrosio, por agradecimiento de los servicios prestados por Gil, el Rey don Alfonso XI le concedió el señorío de la villa de Palma del Río, por lo que es muy posible que Ambrosio viniera al mundo en su casa, pero desconocemos el año.

Con su padre comenzó a navegar de muy joven, por lo que no le fue difícil el aprender las artes de la mar. Poco más se sabe de sus primeros años.

Encontrando datos sobre él en el año de 1370, cuando los portugueses habían bloqueado la salida del Guadalquivir a la mar, por lo que fue llamado y a pesar de sus pocos medios, unas pocas galeras mal armadas y peor guarnecidas, no dudó en lanzarse sobre los enemigos a los que infligió una derrota, ya que perdieron en el combate a tres galeras y dos naos.

Siendo tan contundente en este ataque que el Rey portugués pidió al de Castilla la paz, dando así por terminada la guerra. Por este hecho el Rey don Enrique II de la casa de Trastamara, le concedió el señorío de la villa de Linares en agradecimiento Real.

En el año de 1372 el Rey castellano firmo junto al francés el tratado de Toledo, por el que don Enrique debía prestar el mayor apoyo naval posible para contrarrestar el poder de los ingleses, que impedía al Rey francés a reconquistar sus territorios. (Guerra de los cien años)

Para ello Ambrosio navegó costeando desde Sanlúcar de Barrameda a los puertos del mar Cantábrico, con su débil escuadra de galeras, donde al llegar tuvo soldados, marinos y repuestos para sus buques a parte de reforzar la escuadra con naves cántabras, que ya habían demostrado el mucho aguante a la mar y su robusta construcción.

Ya todo alistado se hizo a la vela con rumbo a la Rochelle, cuya fortaleza estaba siendo asediada por las tropas inglesas y los franceses ya no podían soportar por mucho más tiempo el asedio.

No se sabe con exactitud si la escuadra inglesa estaba ya en el puerto, o era la castellana la que estaba, el caso es que se enfrentaron en la mar, porque la que estuviera fondeada se alistó rápidamente y zarpó.

Como además las tripulaciones castellanas estaban más prácticas, sus naves eran más potentes que las inglesas y éstas además iban sobrecargadas por las tropas de auxilio, pudieron maniobrar con mucha mayor facilidad, lo que se tradujo inmediatamente en un casi total atropello de las naves inglesas.

A parte de que las naves castellanas, llevaban a bordo unas grandes bombardas, que disparadas a corta distancia de los enemigos, causaban grandes estragos entre ellos y en sus fondos, a lo que se sumaba la tradicional forma de combatir de los castellanos, que sus arcabuceros, ballesteros y arqueros, les lanzaban todo tipo de objetos desde las altas cofas y las elevadas bordas, lo que producía al estar las cubiertas enemigas repletas de combatientes, gran mortandad.

El combate se mantuvo algo indeciso, aunque los daños causados por las naves gruesas castellanas, eran muy visibles en las enemigas, por ello fue disminuyendo el fuego, conforme el día se convertía en noche, cesando por completo y dejando ya anochecido caer las anclas.

Entonces surgió el genio de los grandes marinos, pues Bocanegra siendo conocedor de la mucha intensidad de las bajamares en aquellas costas y viendo el lugar que habían escogido los ingleses para fondear, pensó en una argucia que dejaría a los ingleses totalmente perdidos.

Por ello, al amanecer del día veinticuatro, Bocanegra al mando de sus veinte galeras se hizo a la mar, se dirigió a las naves inglesas fondeadas, pero no hizo mención alguna de atacarles, solo desfiló ante ellas como si dejara el mar libre a los enemigos, ya que sus galeras poco podían ayudar a las naves gruesas en ese combate; esto mismo pensaron los ingleses por lo que no hicieron nada por molestarle, pero él fue navegando despacio, esperando la bajamar del amanecer.

Al producirse lo esperado por Bocanegra, las naves inglesas por su mayor calado quedaron varadas, viendo que ya no podían maniobrar pues algunas estaban escoradas, viró y se dirigió a ellas ya que las galeras tenían menor calado, por lo que al llegar a su alcance comenzó a lanzar efectos de fuego, haciéndolo al mismo tiempo que maniobraban entre las naves enemigas logrado así prenderles fuego a casi todas ellas.

Está acción, supuso el fin de la escuadra inglesa, pues prácticamente ninguna de sus naves quedó hábil para navegar, ya que las que no fueron quemadas fueron abordadas y con ello capturadas, cayendo en manos de los castellanos.

Alcanzando el desastre a que en una de las capturadas, se encontró el tesoro Real, que lo transportaban para el pago de los salarios de los combatientes de la plaza asediada, así que éxito fue total. Con esta astucia había dejado a las treinta y seis naves enemigas fuera de combate, a su almirante el conde de Pembroke en su poder, así como ocho mil soldados y marineros, con cuatrocientos caballos.

Por carta de fecha del día veintisiete de septiembre del año de 1372, firmada en Benavente, pone en conocimiento del Rey que se encontraba en el Reino de Murcia su victoria en la Rochela, el S. M. Enrique II de Castilla en agradecimiento con fecha del día cinco de noviembre del mismo año, le concede por Real Cédula la villa de Linares.

Al año siguiente, por haber vuelto los portugueses a la guerra, zarpó con su escuadra rumbo a la capital, Lisboa, penetró por el mar de la Paja y bombardeó la ciudad, deshaciendo media de ella por el efecto del fuego que les dió con sus hombre desembarcando.

Este mismo año de 1373 le sobrevino el óbito en la villa de su señorío de Palma del Río.

Sin duda ninguna fue uno de los mejores almirantes de su época, a lo que se sumaba su carácter caritativo y caballeresco, que le daban ciertos aires de humanidad nada normales en aquellos siglos, lo que sí cabe le daba aún más popularidad a sus victorias.

Todo lo contrario que se dio en otros almirantes mucho más notable y famosos, solo que las plumas lo han ido escondiendo a la verdad histórica.

Bibliografía:

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1968. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Marina de Castilla. Desde su Origen y Pugna con la de Inglaterra, hasta la Refundición en la Armada Española. Madrid. 1894.

Salas y González, Francisco Javier.: Marina Española de la Edad Media. Imprenta Ministerio de Marina. Tomo I. Estb.Tipog. de T.Fontanet. Madrid. 1864.

Salas y González, Francisco Javier.: Marina Española de la Edad Media. Imprenta Ministerio de Marina. Tomo I, 1925, 2ª Edición. Tomo II, 1927. Edición póstuma.

Compilada por Todoavante.

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