Biografía de don José Fermín Pavía y Seix

Posted By on 7 noviembre, 2015

Óleo de don José Fermín Pavía y Seix. Jefe de escuadra de la Real Armada Española. Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando de 1ª clase. 11 de abril de 1836. Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando de 3ª clase. 7 de abril de 1837. Gentil Hombre de Cámara de S. M. con llave y ejercicio. Cortesía del Museo Naval. Madrid.

José Fermín Pavía y Seix. Cortesía del Museo Naval. Madrid.

Jefe de escuadra de la Real Armada Española.

Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando de 1ª clase. 11 de abril de 1836.

Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando de 3ª clase. 7 de abril de 1837.

Gentil Hombre de Cámara de S. M. con llave y ejercicio.

Vino al mundo el 24 de septiembre de 1784 en el Arsenal de La Carraca, siendo sus padres don Domingo Andrés Pavía y de Rivera y doña Francisca Seix y Pichardo.

Comenzó en los Guardias de Corps por dar permiso para nuevas incorporaciones en esta época en la Armada, sucediendo que su padre regresaba a la península desde la Habana donde había ocupado el cargo Ministro principal del apostadero, siendo su buque apresado y pasando al Reino Unido donde falleció, a su vez su hermano don Domingo, había fallecido sobre el navío San Rafael con el grado de alférez de navío en el combate de Finisterre, ante tanta desgracia con su madre viuda y sin percibir un real, S. M. por Real orden del 23 de diciembre de 1805 se le admite en la corporación con el grado de alférez de fragata sin antigüedad.

Se le ordenó embarcar en el navío Príncipe de Asturias, insignia del general don Juan Ruiz de Apodaca, poco después se le otorgó el mando de la lancha bombardera número 2, más tarde los faluchos números 106 y 112, dando escolta a los convoyes con rumbo al Mediterráneo por el bloqueo británico.

Al producirse el alzamiento nacional del 2 de mayo de 1808, se planteo el ataque a la escuadra francesa fondeada en la bahía de Cádiz al mando del almirante Rosilly, hasta decidirse a efectuarlo por la cercanía de las tropas napoleónicas, se llevó a efecto entre los días 9 á 14 de junio siguiente, participando al mando de uno de los botes armados en la primera victoria sobre los invasores.

Obligados a repasar los enemigos la línea del Ebro pidió poder viajar a Madrid a visitar a su madre, siéndole concedido, encontrándose en la capital el rápido avance de los enemigos llegando a las puertas de Madrid el 1 de diciembre, por ello se presentó a los mandos nombrándole Ayudante de Campo del teniente general Vizconde de Gant, destinado al mando de las puertas de la Vega y Segovia, capitulando el 3 se retiró con su jefe al puente de Almaráz, de donde pasaron a la ciudad de Sevilla, por Real orden del 28 de febrero de 1809 fue nombrado ayudante del primer Batallón del segundo regimiento de Marina.

Participando en la campaña de Extremadura, la Mancha y Andalucía, en los combates de Ciudad Real y Talavera de la Reina, su general por su comportamiento lo recomendó para su ascenso y le fue concedida la Cruz de distinción de éste combate, llegando entre otros combates al de Ocaña enfrentándose el general Arizaga contra el mariscal Víctor, siendo derrotado nuestro ejército, pero él consiguió capturar a un abanderado anudándose a la cintura su bandera, fue atacado por varios dragones para recuperar su estandarte, pero los venció impidiendo se lo arrebataran, por este acto de valor le fue concedida mucho más (1836) la Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando de 1ª clase.

A cuento de esta acción don Julián Tacón y Rosique oficial de la Armada en el Cuartel General dice: «Ni en público, ni en particular los oficiales del cuerpo han manifestado haya habido oficial alguno que haya faltado a su deber; pero todos generalmente han elogiado al segundo Ayudante del segundo regimiento D. José Pavía, por la serenidad con que comunicaba las órdenes en la columna, y su sargento mayor, solicitando fuera recomendado, dijo es a quien el cuerpo debe que las banderas se libraran.»

Participó en sierra Morena en la detención el ejército invasor, pero se recibió la orden del general en Jefe el duque de Alburquerque de replegarse para la mejor defensa de la isla de León. Al llegar fue destinado a la escuadra del general don Ignacio María de Álava embarcando en el navío Montañés, mientras se alistaba la fuerza para zarpar con rumbo a Cartagena de Indias, el 3 de marzo de 1810 un fuerte temporal azotó la bahía, al navío le faltaron los cables yéndose a embarrancar en la costa del Puerto de Santa María ocupada por los enemigos, acudiendo botes y lanchas poniendo a salvo la dotación, pero al buque se le dio fuego.

Se le destinó al Glorioso, como no se salía a la mar, se le dió el mando el 23 de marzo de la lancha obusera número 41, permaneciendo hasta el 27 de enero de 1811 pasando al mando de la cañonera número 67, manteniendo constantes intercambios de fuego de artillería, entre el 4 y 5 de marzo los mantuvo en el Trocadero apoyando a las baterías de Daoiz y Velarde, a su vez desmontó todas las enemigas situadas en el Salero, siéndole concedida la Cruz de la Marina Laureada, participó muy activamente en el combate de Chiclana, tan activo que le fue concedido el ascenso al grado de teniente de fragata y la Cruz de Distinción de este combate.

Pidió poder pasar embarcado, así en 1812 lo hizo sobre la fragata Ifigenia, al mando del brigadier don José Salazar, zarpando de Cádiz el 18 de octubre siguiente transportando la Guardia de Honor para el Rey de Suecia y Noruega el célebre mariscal francés Jean Baptiste Bernardorte, tocando en Lisboa para avituallarse, pasando a Portmouth donde fondearon, hasta el 15 de junio de 1813 que dejaron caer las anclas a su regreso en la bahía de Cádiz, el 22 siguiente embarcado el regimiento de Borbón zarpó con rumbo a Ferrol, regresando al puerto de partida el 3 de agosto seguido.

Trasbordó a la corbeta Abascal, más tarde al navío América ambos de la escuadra del general don Juan José Martínez, pasando posteriormente a la fragata Prueba, zarpando de la bahía con rumbo a la Habana y Veracruz, se le comisionó al mando del bote de la fragata más otros para arribar a la Antigua donde los insurgentes tenían un fuerte, al que le pegaron fuego, regresando a su punto de partida, cruzó por el seno mejicano regresando el 7 de octubre de 1815 al puerto de salida con caudales, frutos y especias.

Después de un corto periodo de desembarque, se le ordenó hacerlo sobre la fragata Sabina, zarpando el 5 de enero de 1817 dando escolta a un convoy con tropas y destino a la Habana y Veracruz, dando la vela en conserva de las goletas Belona y Proserpina en persecución del traidor Mina, arribando al Soto de la Marina donde había desembarcado tropas, se dirigió con los botes y dio al fuego a la fragata Cleopatra y el bergantín Neptuno, por este servicio fue recomendado por el virrey de Nueva España el Conde de Venadito, siéndole concedido el ascenso al grado de teniente de navío y un escudo de distinción en el brazo derecho con la leyenda: «Al importante servicio en Soto la Marina.» Pasó seguido a Veracruz, zarpando con rumbo a la Habana donde quedó desembarcado por ser destinado segundo comandante del arsenal.

El 1 de agosto de 1818 tomó el mando del bergantín San Fernando, de 20 cañones, zarpó de la Habana el siguiente 3 con rumbo a Matanzas dando escolta a la goleta Gertrudis, el 13 zarpó de nuevo dando protección a un convoy con rumbo a Cádiz, no paró de hacer salidas dando escolta a todo buque que le fuera necesario, trasbordó a la corbeta Diana prosiguiendo en su comisión, cruzó a Curaçao para comprar pertrechos para armar a la corbeta Bailen, zarpó con su división compuesta por las corbetas Diana, Descubierta y goleta Morillo, dando escolta a un convoy con pertrechos y hombres con rumbo a las plazas de Santa Marta y Cartagena de Indias, el 14 de enero de 1821 zarpó con un convoy rumbo a La Guaira, donde se le entregó otro, más los diputados a Cortes de las provincias de Venezuela y personas comisionadas especialmente, arribando a la bahía de Cádiz el 27 de marzo siguiente, volviendo a salir para dar escolta a un convoy hasta dejarlo a salvo alejado del cabo de San Vicente.

Al regresar se encontró con una denuncia del Gobernador de Cartagena de Indias, él mismo pidió ser relevado del mando de su corbeta y pidió se le formara Consejo de Guerra, a esto S. M. aceptó, se vió la causa y el fallo del tribunal fue de absolución total, recomendando no pueda perjudicarle a su buena reputación, fama y memoria, ni a optar a las cruces de San Fernando y San Hermenegildo, por considerar es todo una calumnia sin base, pidiendo por ello le sea devuelto el mando que ostentaba. Todo esto S. M. lo ratificó por Real orden del 24 de julio de 1822. (El pecado capital español por antonomasia, la ¡envidia!, ¡cuánto daño ha hecho a lo largo de los siglos!)

Como el buque continuaba en la Habana abordó el 7 de octubre siguiente de transporte la fragata Constitución, fondeando el 1 de diciembre seguido tomando el mando de su buque, zarpando el 11 de febrero de 1823 dando escolta a un convoy de treinta velas con rumbo a la bahía de Cádiz, logrando burlar en la travesía no solo a los buques insurgentes, sino también a los franceses con los que también en esos momentos se estaba en guerra declarada, al fondear se le dio la orden de desembarcar por pasar a desarme su buque.

Por Real orden del 16 de junio de 1823 se le otorgó el mando del bergantín Aquiles, participando en la defensa de la isla de León contra el ejército francés al mando del duque de Angulema, al devolverle los poderes absolutos a don Fernando VII el 1 de octubre se le incorporó a la división del capitán de navío don Roque Guruceta, destinada a una comisión reservada.

Al terminar las obras en el navío Asía, zarparon el 13 de enero de 1824, con rumbo a las islas Canarias para poder abrir los pliegos y saber a dónde arrumbar. Al cruzar el paralelo se abrieron los pliegos y supieron debían navegar hasta el mar del Sur, variando el rumbo al puerto Soledad en las islas Malvinas, donde arribaron el 15 de marzo, allí se preparó el buque para doblar el cabo de Hornos, se reforzaron todos los cabos, escotas y drizas, así como los cables, se alistaron velas más gruesas y resistentes, al mismo tiempo se realizaba la aguada y se verificaba el buen estado del navío.

El 27 del mismo mes largaron velas y zarparon rumbo al cabo de Hornos, en el viaje se desató un fuerte temporal que desarboló al navío de los masteleros de gavia y juanete, a pesar de ello no sin un gran esfuerzo consiguieron doblar el cabo y remontando el Pacífico arribaron el 27 de abril al puerto de San Carlos de Chiloé, permaneciendo en éste hasta recobraron las perdidas fuerzas, aprovechando el tiempo los carpinteros para reparar el navío.

El 15 de agosto zarparon con rumbo al Callao, realizando una escala en la rada de Quica, donde arribaron el 12 de septiembre, levantando con su presencia el bloqueo a que estaba sometida por los insurrectos, continuando viaje a su puerto de destino. El 7 de octubre zarpó con la división formada en el Callao, estando compuesta por el navío Asía, la corbeta Ica y los bergantines, Aquiles, Pezuela y Constante, con la intención de batir a los buques del Perú y Colombia, habiéndose reunido bajo el mando del comodoro Gais, la fragata Protectora, una corbeta, tres bergantines y tres bergantines-goletas, quien tuvo la osadía de presentarse ante el Callao.

Por avisos de pescadores, Guruzeta supo se encontraban en las aguas de la isla de San Lorenzo, dando la orden de hacerse a la mar en su búsqueda, se puso a rumbo y los divisó, comenzando inmediatamente el combate, por la superioridad del navío, los insurrectos se batieron en retirada y al ser más ligeros pudieron poner aguas por medio, pero los alejó tanto como duró la persecución, pues se mantuvo en ella algo más de tres horas y media.

Regresó al Callao y se realizaron transportes de tropas a Chilca, IloIlo y Quilca, pero el 9 de diciembre de 1824 tuvo lugar el combate terrestres de Ayacucho, donde el general Sucre venció a los realistas, el virrey Laserna capituló, firmando el documento de liberación de aquellos territorios, pero cometió un error, pues incluyó en él a los buques españoles, pero Guruzeta le dijo: «mientras no sea vencido en la mar, mis fuerzas seguirían a mis órdenes y no se entregará nada que no sea ganado por la fuerza de las armas.»

Para hacerse cargo de los buques se presentó una división chilena al mando de Blanco Encalada, pero no se le dejó entrar en el puerto, mientras en el navío embarcó de transporte el virrey y varios de los generales y jefes del ejército entre ellos sus jefes, Valdés, Monet, Villalobos y el brigadier de caballería Ferraz, todo dispuesto y acomodados el 5 de enero de 1825, se hicieron a la vela el navío Asía, los bergantines Aquiles y Constante y la fragata de transporte Clarington, con rumbo a las islas Filipinas. Mientras la corbeta Ica y el bergantín Pezuela, lo hacían con rumbo al Atlántico y la balandra Real Felipe y el transporte Trinidad a Chiloé.

La división de Guruzeta a los dos meses comenzó a faltar el agua, por esta razón se puso rumbo a las islas Marianas y en la rada de Umatag, en la isla de Guajan, capital del archipiélago, pudieron abastecerse de ella y se dispuso a zarpar, para ello el 10 de marzo siendo de noche se dio la orden de levar anclas, pero los que para ello estaban se negaron, hubo un enfrentamiento del que resultó herido por dos golpes de sable en la cabeza, por su efecto le manaba sangre abundantemente, nada más se pudo hacer y fueron obligados a desembarcar todos los procedentes de la península.

Igual paso con el bergantín Constante quien se sublevó al mismo tiempo; el Aquiles a los tres días y a la fragata de transporte se le dió fuego para impedir pudiera ser utilizada. Todo porque la mayoría de las dotaciones eran de origen americano y contra ellas, solo los oficiales algún contramaestre o maestrante y los pocos marineros, se vieron impotentes y no pudieron hacerles frente, siendo los buques marinados y entregados a las marinas de los ex virreinatos del mar del Sur.

Terminado este primer combate el cirujano pudo atender debidamente a Guruzeta, quien casi ni se dejaba tocar, pero por la pérdida de sangre se quedó muy flojo, momento aprovechado por el facultativo para tratar de parar aquella hemorragia, lo consiguió al poco tiempo. Al recobrar el conocimiento, ordenó a su oficial de órdenes el teniente de navío don Antonio Doral, viajar al puerto de Apra donde seguro habría algún buque que pudiera transpórtales a todos a las islas Filipinas, así consiguió hacerse con el contrato de una fragata británica dedicada a la caza de ballenas llamada Suplay, habló con el patrón y tomó el mando trasladándose al puerto de Umatag, donde embarcaron todos, al embarcar zarparon el 20 de marzo arribando a Manila el 4 de abril.

En la capital del archipiélago fueron recibos muy amablemente, donde permaneció hasta zarpar de transporte en la fragata mercante Victoria con rumbo a la bahía de Cádiz por la ruta portuguesa, pero al llegar a aguas del cabo de San Vicente el capitán decidió no virar a Levante, prosiguiendo con rumbo a Vigo donde desembarcó después de cinco meses y medio de mar, llegando a Coruña por tierra embarcando en el bergantin goleta sardo La María, pero fue interceptada a la altura de las islas Sisargas por un bergantín y una goleta colombianas, al abordar el buque distinguieron al oficial español, siendo apresado y trasbordado a la goleta Angelita, donde pasó por todo tipo de vejaciones a parte de dejarlo solo con los puesto, entregándolo a un buque pesquero con matrícula de Camariñas donde desembarcó, trasladándose de nuevo a Coruña y luego a Ferrol pasando todo tipo de privaciones al no llevar un maravedí encima ni nada que poder vender, se le entregó dinero y se subió a una galera (carruaje de transporte de la época) llegando por postas a Madrid, donde fue recibido por el Ministro de Marina don Luis María de Salazar y por el director General de la Armada el capitán general don Juan María de Villavicencio, entregándole la Real orden del 1 de septiembre de 1826 con su ascenso al grado de capitán de fragata, habiendo permanecido nada más que quince años de guerra continua con su anterior grado.

Permaneció en la Villa y Corte desempeñando comisiones, al poco tiempo recibió la orden de regresar a Cádiz para encontrase con su familia, se le concedió una larga licencia, pues se le entregó una Real orden para incorporarse a la expedición del mariscal de campo don Pascual Enrile con destino a las islas Filipinas, embarcando el 14 de mayo de 1828 en el navío Santa Ana de la Compañía del mismo archipiélago, al arribar se le nombró segundo comandante de las fuerzas navales allí destinadas, recibiendo el encargo de tomar el mando de las fuerzas sutiles, embarcando en la goleta Mosca el 15 de febrero de 1829, zarpando junto a dos falúas para reconocer el archipiélago, dedicándose a rectificar planos allí por donde cruzaba, cartas que envió a la Corte, recibiendo una Real orden del 6 de mayo de 1830 con las Reales gracias.

El 1 de marzo de 1831 zarpó al mando de ocho falúas para realizar un segundo reconocimiento, entre otras muchas cartas náuticas, levantó un plano del norte de la isla de Mindanao, el cual se conserva en el Depósito Hidrográfico, recibiendo de nuevo las gracias por Real orden del 2 de junio siguiente, permaneció en el archipiélago hasta embarcar el 19 de junio de 1834 en la fragata mercante Paz con rumbo a Santander, al encontrarse en el estrecho de San Bernardino se desató un duro temporal naufragando en un bajo en las islas Cantaduanas, y en ese instante se sublevó la dotación, a quien se les hablo, pero con su sable en la mano, acordando todos en ayudarse de momento y luego ya se vería que hacer, pero no hubo más, pues embarcaron en el bergantín mercante San Antonio con rumbo a Manila, no habían acabado las desgracias, pues el buque comenzó a hacer agua, viéndose obligados a entrar en la isla de Burias, embarrancándolo para evitar se fuera a pique, siendo dado a la banda y carenado arribando a Manila el 7 de octubre. Por su valor y formas al evitar la sublevación anterior, se le concedió la Cruz de Comendador de la Real Orden Americana de Isabel la Católica.

El 29 de enero de 1835 embarco en la fragata San Fernando zarpando de Manila, arribando el 27 de mayo siguiente a la bahía de Cádiz, saliendo con postas a la Villa y Corte, en el verano de este año el Jefe del Gobierno a la sazón don Juan Álvarez y Mendizábal, asumió la su vez el Ministerio de Marina, reorganizando completamente el mismo, suprimió la Junta Superior, integrándola en la Secretaria del Despacho, siendo nombrado Pavía por Real orden del 1 de diciembre Jefe de la Mesa, con el título de Secretario de la Reina con ejercicios de Decretos, por otra Real orden del 22 de abril de 1836 se le ascendió al grado de capitán de navío, por ser el primero de los capitanes de fragata y con más antigüedad.

Al ser activado el Almirantazgo cesó en la Secretaria en septiembre siguiente, pero S. M. le otorgó el mando de la fragata Restauración (después rebautizada Villa de Bilbao) por Real orden del 21 de octubre seguido, encontrándose el buque con destino en la Habana donde pasó, permaneció al mando un año y tres meses, trasbordando a tomar el mando de la Esperanza, cruzando con ambas por las aguas de la isla de Cuba y Puerto Rico, el 30 de febrero de 1838 zarpó dando escolta a un convoy con destino a San Juan de Puerto Rico, por tener informaciones de existir un intento de sublevación de un batallón, al estabilizarse la situación regreso a la Habana donde fondeo el 9 de octubre seguido.

El 26 de enero de 1840 zarpó con rumbo a Ferrol, pero el invierno le impidió hacerlo directamente, arribando primero a Vigo de donde pasó a Ferrol, quedando desembarcado por pasar a desarme el buque, al llegar se le entregó la Real orden del 5 de enero próximo pasado comunicándole su ascenso al grado de brigadier, pidió licencia para pasar a Madrid donde tenía su casa y familia.

Por Real orden del 30 de septiembre de 1841 se le nombró Comandante General del Arsenal de La Carraca, permaneciendo hasta el 2 de diciembre seguido, recibiendo la Real orden del 5 de enero de 1842 con su nombramiento de Vocal de la Junta Suprema de Sanidad del Reino, permaneciendo en su puesto hasta recibir la Real orden del 26 de febrero de 1843, otorgándosele el mando del navío Soberano, el cual se hallaba en desarme en La Carraca, dirigiendo su habilitación hasta dejarlo en servicio, permaneció a su mando hasta recibir la Real orden del 8 de enero de 1844, por otorgarle el mando de la fragata Reina María Cristina, zarpando para transportar al duque de Rivas a Nápoles, por pasar a ser el embajador de España en el reino de las Dos Sicilias, siendo el primer representante al haberse roto las relaciones al advenimiento de doña Isabel II al trono de España.

Encontrándose listo para zarpar recibió la orden de hacerlo pero a bloquear los puertos de Alicante y Cartagena por haberse declarado una sublevación en contra del Gobierno, lo que realizo inmediatamente, siendo incorporados a sus órdenes, el vapor Isabel II, al mando de don Luis Hernández Pinzón, los bergantín Manzanares, a las de don José Butrón; Nervión, al de don Nicolás Chicarro, e Isabel I, a las de don José Izquierdo; las goletas, Cartagenera, por don Manuel Sivila y Bidasoa, por don Francisco García de Quesada; los faluchos, Rayo, por don Federico Santiago, Plutón, por don Carlos Chacón y Lince, por don Juan Bautista Antequera más dos escampavías, por don Florencio Montojo y don Miguel Manjón, con ellos estrecho tanto el bloqueo que la plaza de Alicante fue conquistada por las tropas del ejército al mando del general don Federico Roncaly, dirigiéndose a Cartagena, bombardeando las baterías de la plaza lo que distrajo fuerzas del frente de tierra, siendo aprovechado por el ejército para romper las líneas y penetrar en la ciudad.

El mismo general Roncaly propuso fuera ascendido como premio a su insuperable trabajo realizado con tan pocos medios, ahorrando vidas y gastos por la rapidez de su actuación pero él a cambio por encontrase enfermo pidió ser relevado del mando y una licencia para su recuperación, siéndole concedido por Real orden del 29 de marzo de 1844.

No fue atendida por el Gobierno la recomendación para su ascenso, pero a cambio se le concedió por los bombardeos de Cartagena los días 22 y 23 de marzo la Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando de 3ª clase y como agradecimiento personal de S. M. la Gran Cruz de la Real Orden Americana de Isabel la Católica, condecoración muy preciada por no ser del ámbito militar y por ello muy escasa entre ellos, siendo más un reconocimiento público al más alto nivel de su buen hacer por España.

Visito a varios facultativos para remediar sus males, llegando a Cádiz donde se le propuso ser operado, lo que se realizó resultando un éxito mejorando su salud en pocos meses. Por Real orden del 14 de junio de 1845 fue nombrado Comandante General del Cuerpo de Artillería, fue el creador de la compañía Escuela de Condestables que tan buenos frutos ha dado desde su creación, permaneciendo hasta recibir la Real orden del 26 de marzo de 1846 nombrándole vocal de la Junta de Dirección de la Armada.

Tan solo llevaba veinticinco días en ella cuando fue nombrado Comandante General de las fuerzas navales de Galicia, por la sublevación en esta zona en la que había tomado parte el bergantín Nervión y la barca Astuto, salió en postas a su destino con altas facultades del Gobierno, al llegar embarcó en el vapor Isabel II, pasando después al Vulcano, cruzando por las aguas de Galicia y Portugal, realizando escalas en Vigo y Lisboa, regresando a Ferrol, al fondear los dos buques sublevados habían vuelto a las órdenes naturales, recibiendo las Reales gracias y la orden de regresar a la Villa y Corte, el 8 de septiembre seguido se le entregó la Real orden de su nombramiento como Comandante interino del Departamento de Cartagena, encontrándose en este mando se le entregó la Real orden del 3 de octubre de 1846 comunicándole su ascenso al grado de jefe de escuadra, por otra R. O. del día siguiente se le nombraba en propiedad el cargo ocupado.

Durante su estancia fue nombrado miembro de la Sociedad Económica de Amigos del País de Cartagena. Por Real orden del 5 de enero de 1847 por tener cumplidos los requisitos, le fue concedida la Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, continuó en su puesto hasta serle entregado el Real decreto del 5 de abril de 1847 con su nombramiento como Vocal de la Junta de Gobierno del Monte Pío militar, permaneciendo en él hasta ser disuelto al año siguiente, como reconocimiento de S. M. al gran trabajo en defensa de la Corona, por Real cédula del 8 de septiembre de 1847 le nombró, Gentil Hombre de Cámara de S. M. con llave y ejercicio.

Por Real orden del 30 de septiembre de 1849 fue nombrado Vocal de la Junta Consultiva de la Armada, al poco tiempo se le designo para pasar una revista de inspección a todo el Departamento de Cartagena, para ello salió de Madrid llegando en postas a Cádiz, embarcó en un vapor de la carrera de Marsella desembarcando en Barcelona, donde embarcó en el vapor de guerra Piles, comenzando por el cabo de Rosas, aguas de Gerona, Barcelona, Tarragona, Castellón, Valencia, Alicante e islas Baleares, aplicando en cada uno la solución al problema planteado desembarcando en Cartagena, desde donde se puso en camino a la Villa y Corte, donde entregó el informe de todo lo realizado y su estado.

Por Real decreto del 1 de agosto de 1850 es nombrado Ministro efectivo del Tribunal Supremo de Guerra y Marina, desempeñando interinamente la Fiscalía Militar, siéndole comunicado pasar a la ciudad de Sevilla como representante del Tribunal por haber dado a luz S. A. R. la Princesa doña María Amalia hija de los Infantes duques de Montpensier.

Regresó de tan egregio acontecimiento a la Villa y Corte, donde continúo en su alto puesto, enfermó muy gravemente, dos facultativos le prestaron todos sus socorros, al igual que el exquisito trato de su familia, pero nada pudo parar la naturaleza, falleciendo en su casa de Madrid a las once y media de la noche del 28 de octubre de 1852, cuando contaba con sesenta y ocho años de edad, de ellos cuarenta y ocho de muy honrosos servicios a España.

Bibliografía:

Ceballos-Escalera y Gila, Alfonso de. Vizconde de Ayala, Ceballos-Escalera y Gila, Luis de, y Madueño y Galán, José María.: Los Marinos en la Orden de San Fernando. Ministerio de Defensa. Madrid, 2011.

Estado General de la Armada año de 1835. Imprenta Real. Madrid.

Estado General de la Armada para el año de 1846.

Estado General de la Armada para el año de 1847.

Estado General de la Armada para el año de 1848.

Estado General de la Armada para el año de 1850.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895—1903.

González de Canales, Fernando. Catálogo de Pinturas del Museo Naval. Tomo II. Ministerio de Defensa. Madrid, 2000.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

Válgoma y Finestrat, Dalmiro de la. Barón de Válgoma.: Real Compañía de Guardia Marinas y Colegio Naval. Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1944 a 1956. 7 Tomos.

Compilada por Todoavante ©

About the author

Comments

Comments are closed.