Biografía de don Cristóbal Colón

Posted By on 22 junio, 2010

Biografía de don Cristóbal Colón

Descubridor del Nuevo Mundo, después llamado el continente Americano.

I Almirante de Indias.

Virrey de las Indias.

Cistóbal Colón

No se sabe donde ni cuando nació con seguridad. Al parecer él ya era conocedor del dicho: Mientras alguien te recuerde no estás muerto. Supo en vida llevarlo a la práctica y nunca permitió que nada a acerca de él ni de su familia se supiera, así a parte de su gran logro siempre estaría en boca de alguien sembrando la duda, por lo que se cumplía el dicho a la perfección.

Es muy probable, por las diferentes lenguas que hablaba a parte del latín, que naciera en algún territorio perteneciente al entonces Sacro Imperio Romano Germánico, o en capital o pueblo muy cercano a él.

No vamos a realizar una biografía de este navegante, ya que de él hay cientos y por mejores plumas que la nuestra, solo lo traemos aquí para que se sepa algo sobre él que no está muy difundido, al mismo tiempo que hacer unas aclaraciones sobre su vida, siempre a nuestro juicio, que no implica por ello estar en la total seguridad de que así sea, ya que por lo dicho ya se encargó don Cristóbal de no dejar nada claro.

Explicar que fue un descubrimiento español. Primero, porque el mismo Colón se nombra vasallo de los Reyes Católicos. Segundo, porque la navegación del descubrimiento se hizo con aportaciones económica españolas, ya que a la Reina doña Isabel le prestó el dinero para ella un judío valenciano llamado don Luis de Santángel; pero lo tercero y más importante, fue el incondicional apoyo que encontró en Martín Alonso Pinzón, en su hermano Vicente Yáñez Pinzón y en el propio dueño y piloto de la renombrada Santa María, Juan de la Cosa, que gracias a ellos se pudo encontrar a los suficientes marineros para realizar los trabajos de abordo en el primer viaje, sin ellos por mucho dinero que hubiera puesto el resto del mundo nada se hubiera conseguido.

Sin olvidar en absoluto, que los tres nombrados también pusieron sus partes económicas para llegar a la cantidad exigida por don Cristóbal, a unos les salió bien y a otros no tanto y a pesar de ser casi toda la tripulación de los tres bajeles amigos de sus respectivos capitanes, hubieron sus más y sus menos por el comportamiento de Colón, ya que éste iba restando leguas recorridas en la bitácora de la nao, dejando a la vista éstas y no las reales que las apuntaba en su diario, ya que él no estaba muy seguro de la distancia a recorrer.

A pesar de esto, Colón murió pensando que había llegado a la India, cuando el mismo Juan de la Cosa, sabía que era imposible por las cifradas dadas por pilotos portugueses, punto de desacuerdo perpetuo entre los dos, porque por ejemplo Colón se mantuvo en la certeza de explicar que la isla de Cuba, la cual él no terminó de bojear y por lo tanto caer en la cuenta que era una más de las islas, por lo que siguió pensando que era el principio de la India; mientras que Juan de la Cosa, mantenía que le faltaba un tercio de la superficie del planeta, para alcanzar por poniente la India. Esto se tradujo en lo bien tratado que queda la Cosa, por Colón en todos sus escritos, ya que le llevó la contraria y eso no era del agrado de don Cristóbal. Pero don Juan era lo que hoy llamaríamos un científico y don Cristóbal, un posible buen navegante con mucha información que sacó al igual que Martín Alonso Pinzón de la Biblioteca Vaticana.

Por esta misma razón, don Martín fue el primer apoyo de verdad que encontró Colón en todos los países a los que había enviado sus documentos para que le financiaran la empresa. A lo que se unió su Fé en la iglesia de Roma, que por ser compartida de lleno por los Monarcas españoles le facilitó el acceso, pero eso no le libró de pasar por algunas dificultades que encontró al principio dado que don Fernando no era fácil de engañar, pero perdió la partida o la ganó España, al ponerse de parte de Colón la Reina doña Isabel, ahí ya don Fernando tuvo que rendir sus armas, porque si tozudo era él, la Reina no le iba a zaga y o lo hacían entre los dos o lo hacía sola, a pesar de ello, el descubrimiento siempre se le ha atribuido al reino de Castilla.

Hay que recordar que España aún no estaba unida a pesar de la leyenda escrita de que se unió al expulsar a los musulmanes del Reino de Granada, pues había un Rey en cada Reino de los dos principales y el de Navarra seguía siendo independiente. Incluso añadir, que tampoco lo estuvo unida con don Carlos I, excepto por un corto periodo de tiempo, ya que doña Juana I ‹ La Loca ›, fue Reina de Castilla hasta su fallecimiento, ya que había sido proclamada por las Cortes Castellanas, su padre don Fernando fue Regente de Castilla y el que ordenó invadir el Reino de Navarra al 2º Duque de Alba, quien terminó la conquista el día veinticinco de julio del año de 1512.

El todopoderoso Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (no de Alemania como se nos ha hecho creer, pues no existía como país unido en ésa época), es curioso que siempre que firmaba en documentos referentes al Reino de Castilla lo hacía como « La Reina y Yo » y las frías cifras lo dicen más claro, ya que la Reina doña Juana fallecía en Tordesillas el día doce abril del año de 1555 y don Carlos abdicó ese mismo año el día veintidós de octubre en Bruselas, de sus estados de Flandes y Brabante en su hijo Felipe, y el día dieciséis de enero del año de 1556 en la misma capital, sus estados de España e Indias y de la península Itálica, igualmente en su hijo ya Rey de España don Felipe II, así que solo fue Rey de España algo menos de diez meses, lo que demuestra que no quiso dejarle a su hijo la herencia de su abuela como Reina de Castilla y esperó a que su madre faltara.

Sabemos que realizó cuatro viajes a las Indias, el descubrimiento; zarpó del puerto de Palos de Moguer el viernes día tres agosto del año de 1492, con los tres buques; la nao Santa María, y las carabelas Pinta y Niña, divisó la isla de Guanahaní, la cual fue bautizada como San Salvador, era la primera costa y el día doce de octubre del mismo año, después de bojear algunas islas retornó a la Península, haciéndolo en el mismo puerto de salida por culpa de los vientos contrarios el día quince de marzo del año de 1493.

Llegada a la tierra buscada.

El segundo: Zarpó de la bahía de Cádiz el día veintiséis de septiembre del mismo año de 1493, con una flota de diecisiete buques, de los que cinco eran naos y doce carabelas, regresando a la bahía de Cádiz el día once de junio del año de 1496, con doce velas de las que salió. Hay que hacer notar, que en este regreso llegó a la Península el primer buque construido en las Indias, la carabela Santa Cruz, que al llegar se hizo famosa con el nombre de La India, siendo acompañada por la Santa Clara. Colón llego en un estado deplorable de salud, muy abatido por todo lo que había sucedido en este viaje, sobre todo por saber el trafico con los indígenas por su hermano Bartolomé, razón suficiente para que se incumplieran las órdenes de la Reina doña Isabel y si ella se disgustaba por tal comportamiento, Colón no lo iba a pasar muy bien y podía dar al traste con la colonización de las Indias.

El tercero: Zarpó de Sanlúcar de Barrameda el día treinta de mayo del año de 1498, con solo seis buques, siendo cuatro naos y dos carabelas, ya que se había corrido la voz de los problemas anteriores y al no tener seguridad en sus vidas y haciendas, fueron muy pocos los que salieron en él. Hay que decir que entre las dos fechas mantuvo fuertes controversias con Fonseca, lo que podo después dejaría un mal sabor de boca a Colón y sus hermanos. En este viaje es cuando realmente descubre el continente, ya que bojeando el posterior golfo de Paria por su Oeste y al Este la isla de Trinidad, pero por las corrientes de los grandes ríos que allí desembocan creyó que los salientes que veía no eran otra cosa que más islas.

Los Reyes enviaron a don Francisco de Bobadilla a La Española, arribando el día veintitrés de agosto del año de 1500 y no se comportó como debía, pues curiosamente solo atendía a quienes culpaban a Colón y sus hermanos, por lo que decidió cargarlos de cadenas y embarcados en la carabela La Gorda, al mando de don Andrés Mártir, yendo como custodio de los hermanos Colón el caballero don Alonso Villejo, que era una gran persona y como del buque no podían escapar, estando ya en alta mar le quiso quitar los grilletes, a lo que el Almirante se negó, ya que como lo habían mandado los Reyes, él quería presentarse tal cual iba ante ellos, como muestra del agradecimiento que le tenían. De hecho pidió que los guardaran y que se los pusieran en tu tumba, pero no fue así, al parecer los conservó su hijo Fernando quien sí los conservó y siempre colgados a su vista. Zarparon a principios del mes de octubre, el viaje fue rápido arribando el día veinticinco de noviembre del año de 1500, su llegada fue comunicada a los Reyes y éstos mandaron entregarle dos mil ducados para que se presentara en la Corte como lo que era, el Almirante de las Indias, así llegó a la presencia de los Monarcas el día diecisiete de diciembre del año de 1500.

Ante la Reina Isabel I de Castilla.

El cuarto: Se le concedió la Real Cédula con fecha del día catorce de marzo del año de 1502, la expedición se componía de dos carabelas y dos navíos, una a su mando, otra al de su hermano Bartolomé y uno de los navío al de su hijo Fernando, zarpando de la bahía de Cádiz el día once de mayo del año de 1502. La carabelas eran iguales del porte de setenta toneladas, nombradas Capitana y Santiago de Palo; los dos navíos del porte de cincuenta toneladas, llamados Gallego y Vizcaíno. Regresando a Sanlúcar de Barrameda el día siete de noviembre del año de 1504 ya muy enfermo.

Hay que dejar claro, que el Almirante a pesar de su fama de excelente navegante, (aunque nunca dijo que hubiera estado al mando de bajel alguno), cosa que no vamos a poner en duda; pero daremos unas cifras que pensamos es interesante conocer. Como queda dicho Colón llevaba dos diarios de abordo, uno a la vista de todos y el secreto, con los datos del secreto, para él la isla de La Española se encontraba, contando desde la isla de la Gomera, a mil ciento veintiuna leguas, lo que la sitúa en el meridiano 84º de longitud Oeste, pero los pilotos de las tres naves sacaron sus números y como eran mejores conocedores del andar de sus buques, dieron las siguientes: Sancho Ruiz, de la Santa María, dio novecientas noventa y dos leguas, lo que la sitúa en el meridiano 76º de longitud Oeste; la de Juan Niño, de la Niña: da novecientas setenta y ocho leguas, lo que la sitúa en el meridiano 76º de longitud Oeste y Cristóbal García Sarmiento, de la Pinta, da novecientas sesenta y dos leguas, lo que la sitúa en el meridiano 75º de longitud Oeste. Todas estas demarcaciones están sacadas con respecto al meridiano actual de Greenwich, pero de todos ellos lo que asombra es la distancia que anota el piloto de la Pinta, ya que la situación real de la isla está en el meridiano 74º 30’ de longitud Oeste, por lo que para la época éste piloto debía de pasar a la historia, por su extraordinario conocimiento y ojo al tomar el andar de su carabela.

Por Real cédula del día catorce de febrero del año de 1504 quedó fijada la responsabilidad del tráfico marítimo con Indias con la creación de la Casa de Contratación, solo en el periodo entre este año y del fallecimiento de don Fernando de 1516, tuvo el siguiente movimiento ya contrastado, sin contar los anteriores entre 1493 y 1503. Velas que salieron de Sevilla a Indias; doscientas ochenta una, transportando veintisiete mil quinientas cincuenta toneladas. Velas que salieron de Indias con rumbo a la Península; doscientas veintiocho, transportando veintidós mil seiscientas cincuenta toneladas. El año de mayor movimiento de Sevilla a Indias, fue el de 1508, siendo cuarenta y cinco velas y cuatro mil cuatrocientas toneladas transportadas. El año de mayor movimiento desde Indias a Sevilla fue el de 1514, con cuarenta y siete velas y cuatro mil setecientas toneladas. Quedando ya afianzada la conexión entre ambos mundos. Pero al mismo tiempo se observa, que al principio el descubrimiento costó mucho dinero a España y solo se ve un cambio favorable a partir del año de 1514.

Sobre la vida del almirante hay tanto escrito que no nos parece de recibo empezar en sí un biografía tal cual se entiende, ya que las plumas que figuran en la bibliografía son suficiente muestra de por quienes están escritas y nosotros no formamos parte ni siquiera de la quilla de esos majestuosos buques, por esta razón solo hemos escrito una somera relación de sus cuatro viajes, pero sí queremos añadir algo más que nos parece de vital importancia, ya que posiblemente sea el verdadero legado de Colón a la posteridad, sin negar en ningún momento sobretodo su primer viaje, que no es otra cosa que la Carta que escribió a los Reyes Católicos dándoles la noticia del descubrimiento del Nuevo Mundo.

Este documento fue impreso, (después de muchos estudios sobre él) en el mes de abril del mismo año de 1493, por los impresores barceloneses Pere Posa y Pere Bru, posteriormente el impresor italiano Giuliano Dati, la imprimió el día quince de junio del mismo año, ésta si lleva la fecha impresa y por eso se sabe hasta el día, pero en la española no se puso, aunque se sabe que los Reyes la dieron a la imprenta casi nada más leerla, ya que era una noticia muy importante y el pueblo debía de conocerla. Posteriormente se conoce una segunda edición impresa en Valladolid, por don Pedro Giraldi y Miguel de Planes, fechada en el año de 1497, ésta se tiro en 4º menor lo que la diferencia de la primera por ser de mayor tamaño el papel y se le conoce como la ‹ Ambrosiana ›, pues formaba parte de la biblioteca del barón Pietro Custodi y a su muerte pasó a la Biblioteca Ambrosiana de Milán.

Todo este prefacio es para llegar al punto de valoración del documento, porque el librero de París, J. Maisonneuve puso a la venta una de la edición Príncipe en el año de 1889, siendo el número 53 de su catálogo y por un precio de 65.000 francos. Para comparar esta cantidad hay que mencionar que en el mismo catálogo figura la Biblia de Gutenberg, 1450-55, la llamada de las 42 líneas, de dos volúmenes con más de trescientos folios cada uno, por el importe de salida de 2.500 francos. Hay que tener en cuenta que la carta de Colón solo tiene cuatro páginas en dos hojas en 4º mayor. Lo que significa que a fecha de 1947, la Carta de Colón tendría un valor de quinientos millones de pesetas y sabiendo el coste de la vida en ese año en España, actualizándolo a fecha del año 2010, el documento podría estar valorado en algo más de mil millones de €uros, cifra astronómica por cuatro pagina de papel. De aquí y aparte el gran valor del documento por su lectura, es por lo que a continuación lo transcribimos íntegro.

« Señor, porque sé que habreis placer de la grand victoria que Nuestro Señor me ha dado en mi viaje, vos escribo esta, por la cual sabreis como en 33 días pasé a las Indias, con la armada que los Ilustrísimos Rey y Reina nuestros señores me dieron donde yo fallé muy muchas Islas pobladas con gente sin número, y dellas todas he tomado posesión por sus altezas con pregón y bandera real extendida, y no me fue contradicho. A la primera que yo fallé puse nombre San Salvador, a conmemoración de Su Alta Magestad, el cual maravillosamente todo esto ha dado: los Indios la llaman Guanahani. A la segunda puse nombre la isla de Santa María de Concepción: a la tercera Fernandina: a la cuarta la Isabela: a la quinta la isla Juana é asi a cada una nombre nuevo.

Cuando yo llegué a la Juana (Cuba) seguí yo la costa della al poniente, y la fallé tan grande que pensé que sería tierra firme, la provincia de Catayo; y como no fallé asi villas y lugares en la costa de la mar, salvo pequeñas poblaciones, con la gente de las cuales no podía haber fabla, porque luego fuian todos, andaba yo adelante por el dicho camino, pensando de no errar grandes Ciudades o villas; y al cabo de muchas leguas, visto que no había innovación, y que la costa me llevaba al septentrión, de adonde mi voluntad era contraria, porque el invierno era ya encarnado, y yo tenía propósito de hacer dél al austro, y también el viento me dio adelante, determiné de no aguardar otro tiempo, y volví atras hasta un señalado puerto, de adonde envié dos hombres por la tierra, para saber si había Rey o grandes Ciudades. Andovieron tres jornadas y hallaron infinitas poblaciones pequeñas y gente sin número, mas no cosa de regimiento, por lo cual se volvieron.

Yo entendía harto de otros Indios, que ya tenía tomados, como continuamente esta tierra era isla: é así seguí la costa della al oriente ciento y siete leguas fasta donde facia fin; del cual cabo vi otra Isla al oriente distante desta diez é ocho leguas, á la cual luego puse nombre la española: y fui allí: y seguí la parte del septentrión, así como de la Juana, al oriente ciento é ochenta y ocho grandes leguas, por línea recta, la cual y todas las otras son fertilísimas en demasiado grado, y ésta en extremo: en ella hay muchos puertos en la costa de la mar sin comparación de otros que yo sepa en cristianos, y fartos ríos y buenos y grandes que es maravilla: las tierras della son altas y en ella muy muchas sierras y montañas altísimas, sin comparación de la isla de Teneryfe, todas fermosísimas, de mil fechuras, y todas andables y llenas de árboles de mil maneras y altas, y parecen que llegan al cielo; y tengo por dicho que jamás pierden la foja, segun lo pude comprender, que ví tan verdes y tan hermosos como son por mayo en España. Y dellos estaban floridos, dellos frutos, y dellos en otro término, según es su calidad; y cantaba el ruiseñor y otros pajaricos de mil maneras en el mes de noviembre, por allí donde yo andaba. Hay palmas de seis o de ocho maneras, que es admiración verlas, por la diformidad fermosa dellas, mas así como los otros árboles y frutos é yerbas: en ella hay pinares á maravilla, é hay campiñas grandísimas, é hay miel, y de muchas maneras de aves y frutas muy diversas. En las tierras hay muchas minas de metales é hay gente in estimable número.

La Española es maravilla; las sierras y las montañas y las vegas y las campiñas, y las tierras tan fermosas y gruesas para plantar y sembrar, para criar ganados de todas suertes, para edificios de villas y lugares. Los puertos de la mar, aquí no habría creencia sin vista, y de los ríos muchos y grandes y buenas aguas; los mas de los cuales traen oro. En los árboles y frutos y yerbas hay grandes diferencias de aquellos de la Juana: en esta hay muchas especierias, y grandes minas de oro y de otros metales.

La gente desta isla y de todas las otras que he fallado y habido noticia andan todos desnudos, hombres y mujeres, así como sus madres los paren; aunque algunas mujeres se cobrian un solo lugar con una foja de yerba ó una cosa de algodón que para ello hacen. Ellos no tienen fierro ni acero ni armas ni son para ello; no porque non sea, gente bien dispuesta y de fermosa estatura, salvo que son muy temerosos a maravilla. No tienen otras armas salvo las armas de las cañas cuando están con la simiente, a la cual ponen al cabo un palillo agudo, e no osan usar aquellas: que muchas veces acaeció enviar a tierra dos o tres hombres, á alguna villa, para haber fabla, y salir a dellos sin número y después que los veían llegar fuian a no aguardar padre a hijo; y esto no porque a ninguno se le haya hecho mal, antes, a todo cabo adonde yo haya estado y podido haber fabla, les he dado de todo lo que tenía, asi paño como cosas muchas, sin recibir por ello cosa alguna; mas son así temerosos sin remedio. Verdad es que, despues que se aseguran y pierden este miedo, ellos son tanto sin engaño y tan liberales de lo que tienen, que no lo creeria sino el que los viese. Ellos de cosa que tengan, pidiéndosela, jamas dicen que no; antes, convidan la persona con ello y muestran tanto amor que darían los corazones, y quier sea cosa de valor, quier sea de poco precio, luego por cualquiera cosica de cualquiera manera que sea que se les dé, por ello son contentos.

Yo defendí que no se les diesen cosas tan viles como pedazos de escudillas rotas y pedazos de vidrio roto y cabos de agujetas; aunque cuando ellos esto lo podían llevar los parecía haber la mejor joya del mundo; que se acertó haber un marinero, por una agujeta, de oro peso de dos castellanos y medio; y otros, de otras cosas, que muy menos valían, mucho mas. Ya por blancas nuevas daban por ellas todo cuanto tenían, aunque fuesen dos ni tres castellanos de oro, ó una arroba ó dos de algodon filado. Fasta los pedazos de los arcos rotos de las pipas tomaban, y daban lo que tenían como bestias: asi que me pareció mal é yo lo defendí. Y daba yo graciosas mil cosas buenas que yo llevaba porque tomen amor; y allende desto se faran cristianos, que se inclinan al amor y servicio de sus altezas y de toda nación castellana; é procuran de ayuntar é nos dar de las cosas que tienen en abundancia que nos son necesarias. Y no conocían ninguna secta ni idolatria, salvo que todos creen que las fuerzas y el bien es en el cielo; y creian muy firme que yo con estos navíos y gente venia del cielo; y en tal acatamiento me recibían en todo cabo, después de haber perdido el miedo. Y esto no procede porque sean ignorantes, salvo de muy sotil ingenio, y hombres que navegan todas aquellas mares, que es maravilla la buena cuenta quellos dan de todo, salvo, porque nunca vieron gente vestida, ni semejantes navíos.

Y luego que llegué a las Indias, en la primera isla que hallé, tomé por fuerza algunos dellos para que deprendiesen y me diesen noticia de lo que había en aquellas partes; é asi fue luego entendieron y nos a ellos, cuando por lengua o señas; y estos han aprovechado mucho; hoy en dia los traigo que siempre están de propósito que vengo del cielo, por mucha conversación que hayan habido conmigo. Y estos eran los primeros a pronunciarlo adonde yo llegaba, y los otros andaban corriendo de casa en casa, y a las villas cercanas con voces altas: ‹ Venid; venid a ver la gente del cielo › Asi todos, hombres como mujeres, después de haber el corazón seguro de nos, venian que non quedaba grande ni pequeño, y todos traian algo de comer y de beber, que daba con un amor maravilloso.

Ellos tienen en todas las islas muy muchas canoas, a manera de fustas de remo; dellas mayores, dellas menores; y algunas y muchas son mayores que una fusta de diez y ocho bancos; no son tan anchas, porque son de un solo madero; mas una fusta no terná con ellas al remo, porque van que no es cosa de creer; y con estas navegan todas aquellas islas, que son innumerables, y traen sus mercaderías. Algunas destas canoas he visto con setenta y ochenta hombres en ella, y cada uno con su remo.

En todas estas islas non vide mucha diversidad de la fechura de la gente, ni en las costumbres, ni en la lengua, salvo que todos se entienden, que es cosa muy singular; para lo que espero qué determinarán sus altezas para la conversación dellos de nuestra santa fe, a la cual son muy dispuestos.

Ya dije como yo habia andado ciento siete leguas por la costa de la mar, por la derecha línea de occidente a oriente, por la Isla Juana; segun el cual camino puedo decir que esta isla es mayor que Inglaterra y Escocia juntas: porque allende destas ciento siete leguas me quedaban, de la parte de poniente, dos provincias que yo no he andado, la una de las cuales llaman auau, adonde nace la gente con cola: las cuales provincias non pueden tener en longura menos de cincuenta o sesenta leguas; segun pude entender destos Indios que yo tengo, los cuales saben todos las islas.

Esta otra Española en cerco tiene más que la España toda desde Colibre (zona cercana a Perpiñán) por costa de mar, hasta Fuente Rabia, en Vizcaya; pues en una cuadra anduve ciento ochenta y ocho (aquí es el equivalente a veintiuna leguas) por línea de occidente a oriente. Esta es para desear é vista es para nunca dejar; en la cual puesto que de todas tengo tomada posesión por sus altezas, y todas sean mas abastadas de lo que yo sé y puedo decir, y todas las tengo por de sus altezas, cual de ellas pueden disponer como y tan cumplidamente como de los Reinos de Castilla. En esta Española, en el lugar más conveniente y mejor comarca para las minas del oro y de todo trato, asi de la tierra firme de acá, como de aquella de allá del Gran Can adonde habrá gran trato e ganancia, he tomado posesión de una villa grande, a la cual puse nombre de Villa de Navidad; y en ella he fecho fuerza y fortaleza, que ya a estas horas estará del todo acabada, y he dejado en ella gente que basta para semejante fecho, con armas é artillería é vituallas para mas de un año, y fusta y maestros de la mar en todas artes para facer otras; y grande amistad con el Rey de aquella tierra, en tanto grado que se preciaba de me llamar y tener por hermano: é aunque le mudase la voluntad a ofender esta gente, el ni los suyos non saben que sean armas, y andan desnudos; como ya he dicho, son los mas temerosos que hay en el mundo. Así que solamente la gente que allá queda es para destroir toda aquella tierra; y es isla sin peligro de sus personas sabiéndose regir.

En todas estas islas me parece que todos los hombres sean contentos con una mujer, y a su mayoral o Rey dan fasta veinte. Las mujeres me parece que trabajan mas que los hombres: ni he podido entender si tienen bienes propios, que me pareció ver aquello que uno tenia todos hacían parte, en especial de las cosas comederas.

En estas islas fasta aqui no he hallado hombres monstruosos como muchos pensaban; mas antes es toda gente de muy lindo acatamiento: ni son negros como en Guinea, salvo con sus cabellos correndios, y no se crian a donde hay impeto demasiado de los rayos solares; es verdad que el sol tiene allí gran fuerza, puesto ques distante de la línea equinocial veinte é seis grados; en estas islas adonde hay montañas grandes ahi tenia fuerza el frio este invierno; mas ellos lo sufren por la costumbre con la ayuda de las viandas; comen con especias muchas y muy calientes en demasia: asi que monstruos no he hallado, ni noticia, salvo de una isla de Quarives la segunda a la entrada de la Yndias, que es poblada de una gente que tienen en todas las islas por muy feroces, los cuales comen carne humana. Estos tienen muchas canoas, con las cuales corren todas las islas de India y roban y toman cuanto pueden. Ellos no son mas diformes que otros; salvo que tienen en costumbre de traer los cabellos largos como mujeres, y usan arcos y flechas de las mismas armas de cañas, con un palillo al cabo por defecto de fierro que non tienen. Son feroces entre estos otros pueblos que son en demasiado grado cobardes; mas yo no los tengo en nada mas que a los otros. Estos son aquellos que tratan con las mujeres de Matinino que es la primera isla, partiendo de España para las Indias, que se falla, en la cual non hay hombre ninguno. Ellas no usan ejercicio femenil, salvo arcos y flechas, como los sobredichos de cañas, y se arman y cobijan con planchas de cobre de que tienen mucho.

Otra isla me aseguran mayor que la Española, en que las personas non tienen ningún cabello. En esta hay oro sin cuento, y destas y de las otras traigo conmigo Indios para testimonio.

En conclusión, a fablar desto solamente que se ha fecho este viage que fue asi de corrida, que pueden ver Sus altezas que yo les daré oro cuanto hobieren menester, con muy poquita ayuda que sus altezas me darán: agora especería y algodon cuanto sus altezas mandaren cargar, y almastiga cuanto mandaran cargar; é de las cual fasta hoy no se ha fallado salvo en Grecia y en la isla de Xio, y el Señorío la vende como quiere, y lignaloe cuanto mandaran cargar, y esclavos cuantos mandaran cargar, é serán de los idólatras; y creo haber fallado ruibardo y canela, é otras mil cosas de sustancia fallaré, que habrán fallado la gente que allá dejo; porque yo no me he detenido ningun cabo, en cuanto el viento me haya dado lugar de navegar; solamente en la Villa de Navidad, en cuanto dejé asegurado e bien asentado. E a la verdad mucho mas ficiera si los navios me sirvieran como razón demandaba.

Esto es harto, y eterno Dios nuestro Señor, el cual dá a todos aquellos que andan su camino victoria de cosas que parecen imposibles: y esta señaladamente fuera la una; porque aunque destas tierras hayan fablado o escrito, todo va por conjetura, sin allegar de vista; salvo comprendiendo a tanto que los oyentes, los mas, escuchaban, y juzgaban mas por fabla que por poca cosa dello. Asi que pues nuestro Redentor dio esta victoria a nuestras Ilustrisimos rey reina é a sus reinos famosos de tan alta cosa, adonde toda la cristiandad debe tomar alegría y facer grandes fiestas, y dar gracias solemnes a la Santa Trinidad, con muchas oraciones solemnes por el tanto ensalzamiento que habran, entornándose tantos pueblos a nuestra Santa Fé, y después por los bienes temporales que no solamente a la España, mas a todos los cristianos ternan aquí refrigerio y ganancia. Esto segun el fecho asi en breve. Fecha en la carabela, sobre la Isla de Canaria a XV de Febrero Año Mil CCCCL XXXXIII.

Fará lo que mandareys,

El Almirante.

Anima(1) que venia dentro de la Carta.

Despues d’esta escripto, y estando en mar de Castilla, salió tanto viento conmigo sul y sueste que me ha fecho descargar los navios. Pero corri aquí en el puerto de Lisboa hoy, que fue la mayor maravilla del mundo, adonde acorde escribir á sus altezas. En todas las Yndias he siempre hallado los temporales como en mayo; adonde yo fui en XXXIII días, y volvi en XXVIII salvo que estas tormentas me han detenido XIIII días corriendo por esta mar. Dicen acá todos los hombres de la mar que jamás hubo tan mal invierno ni tantas perdidas de naves.

Fecha á IIII días de marzo.

Esta Carta envió Colón al Escribano de Ración

De las Islas Halladas en las Indias: Contenida A

Otra de Sus Altezas. »

De este documento se sabe que fue recibido por tres personas, por lo que hay tres cartas, la primera como indica, es al Escribano de Ración, que es Oficio de la Casa Real de Aragón, con su equivalente en Castilla como Contador Mayor, dándose la coincidencia, que el que la recibió por estar en ese cargo fue el mismo don Luis de Santángel, quien en su momento prestó el dinero a la corona de Castilla. La segunda la recibió el clérigo aragonés Aliander o Leander de Cosco, quien la tradujo al latín, pero no firmó como a tal sino como Gabriel (en otras como Rafael) Sánchez, y que a pesar de estar en otro idioma, casi no se puede distinguir de la del castellano, y la tercera el poeta Giuliano Dati, que la configuró como poema para ser cantada en las grandes fiestas de los distintos reinos de la península itálica, figurando en la estrofa 23 del mismo: ‹ questa pistola mafna. . . dexpofano scrita a re dispagna › (Esta gran carta escrita por Cristóbal al Rey de España) Así como la que les llegó a los Reyes Católicos.

(1)Esta palabra de Anima, no se sabe muy bien porque la puso, ya que no tiene nada que ver con el documento, aunque según investigaciones posteriores, lo que indica es: Nema, Sello o Prostcriptum.

Hay algún autor, que menciona que esta carta se debe de considerar como la primera crónica de una gran noticia, a forma de cualquier primera página de un diario actual, ya que se imprimieron miles y en poco tiempo era conocida en todos los países de Europa. Además de ser una noticia, que movió al continente europeo por completo, tanto que solo unos meses después ya salió un buque inglés a buscar más tierras y el paso del Norte, pero regresó pronto y nada encontró.

Ya el día diecinueve de mayo del año de 1506 encontrándose en la ciudad de Valladolid, otorgó testamento ante notario; al parecer existen otros y de ahí los problemas de la herencia, pero no están ratificados por la firma de ninguna persona que lo validara como a tal. Su testamento de una larga extensión, más que hablar de sus bienes y su reparto, es casi una oda de su persona, vivencias y descubrimiento, aunque hay que destacar en honor a la verdad, que se acordó de alguien muy personal y a quien de haber sido otra mujer lo hubiera pasado muy mal, pues ordena a sus hijos y hermano que la cuiden mucho por: « como persona en quien soy en tanto cargo », que no era otra que la doncella doña Beatriz Enríquez de Arana, con quien tuvo a su hijo Fernando o Hernando. Del resto de los repartos se hace notar con la orden de enviar unas cantidades a varios amigos genoveses.

El día veinte de mayo del año de 1506, estando en la misma cama en la que el día anterior dictó su testamento, se le agravó la gota y otros males entregando su alma a Dios.

Por lo que dicen, era más bien alto para la época y su constitución física acorde con ella, de cara alargada, mejillas algo altas, nariz aguileña, ojos claros, cabello rubio, aunque pronto se le hizo cano, con sus hijos era tierno, cariñoso y delicado, al igual que con sus mujeres, causado por ser una persona enamoradiza, lo que dice mucho de su forma afectuosa de ser, afable con los extraños, muy agradable con los amigos, modesto, mesurado en el comer y beber, y nunca juraba o prometía, a pesar de ser un gran devoto de la Iglesia. Las Casas dice: « de aventajada estatura, su rostro largo y grave, las canas y la nariz aguileña y los ojos claros; representaba en su persona y aspecto venerable, persona de gran estado y autoridad y digna de toda reverencia »

Como decíamos al principio, la figura de don Cristóbal Colón está inmersa en una nebulosa difícil de atravesar, la carencia de documentos anteriores a su aparición en España sobre él, no permiten averiguar nada al respecto, solo aquellas cosas que él decía, como que estaba ya más de cuarenta años en la mar habiendo visitado y navegado por todos los mares conocidos. Bien es verdad, que supo regresar, que a nuestro entender era mucho más complicado que ir, ya que debía saltar varios paralelos con rumbo Norte para que pudiera hacerlo y esto al parecer él si lo sabía. Ésta es la grandeza de esta persona, ya que los que algo sepan de náutica, el regreso de las islas Filipinas al virreinato de Nueva España por el océano Pacífico supuso una serie de fracasos anteriores, hasta que Fray Andrés de Urdaneta le dio una solución. En cambio en este primer viaje de Colón no hubo fracaso de navegación, lo que demuestra que algo si sabía e incluso que como algunos autores escriben, ya había estado en esas tierras, bien por llevarle algún temporal, bien por los documentos sacados del Vaticano, pero sí supo regresar.

Por su proceder, deja claro que él no era persona dada a obedecer a algún Rey y solo obedeció cuando encontró el apoyo de la reina Isabel, lo que nos hace pensar, que su silencio sobre su nacionalidad fuese muy premeditado, siendo solo español por haber recibido el bien para su nombre y el de sus descendientes, si esto lo hubiera conseguido de cualquier otro país a los que presentó su proyecto, a él hubiera pertenecido.

Nos parece, que está afirmación es la que él hubiera querido, ser recordado solo por sus hechos y crear esa aureola que le hiciera inmortal. Cualquier otro intento de apropiación de su nacionalidad venga de donde venga, pensamos que a él nada le importaba, porque tenía muy claro que pertenecería a quien le diera la fama y fortuna, eso solo lo consiguió con España.

Bibliografía:

Casas, Fray Bartolomé de las.: Historia de las Indias. Biblioteca de Autores Españoles. Ediciones Atlas. Madrid, 1957.

Cerezo Martínez, Ricardo.: La Proyección marítima de España en la época de los Reyes Católicos. Instituto de Historia y Cultura Naval. Editorial San Martín. Madrid, 1991.

Colón, Cristóbal.: La Carta de Colón anunciando el descubrimiento del Nuevo Mundo. 15 febrero- 14 marzo 1493. Graficas Yagües, S. L. Madrid, 1961. Traducida y estudiada por Carlos Sanz.

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1968. Compilada por Pedro Voltes Bou.

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. Tomo 14. 1912, páginas, 247 y 248.

Fernández Álvarez, Manuel.: Juana la Loca. La Cautiva de Tordesillas. Espasa. Madrid, 2002.

Fernández de Navarrete, Martín.: Colección de Viajes y Descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV. Ediciones Atlas. Madrid, 1955. Los tres tomos.

Fernández de Navarrete, Martín.: Viajes de Cristóbal Colón. Calpe. Madrid, 1922.

Fernández de Navarrete, Martín.: Biblioteca Marítima Española. Obra póstuma. Madrid. Imprenta de la Viuda de Calero. 1851.

Fernández de Oviedo, Gonzalo.: Historia General y Natural de las Indias. Edición y Estudio de Juan Pérez de Tudela Bueso. Biblioteca de Autores Españoles. Atlas. Madrid, 1992. Basada en la obra original del año de 1548.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Nao Santa María. Memoria de la Comisión Arqueológica Ejecutiva. Madrid, 1892. Dibujos de don Rafael Monleón.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Marina de Castilla. Desde su Origen y Pugna con la de Inglaterra, hasta la Refundición en la Armada Española. Madrid. 1894.

González-Doria, Fernando.: Las Reinas de España. Editorial Cometa. Madrid 1981.

Guillén Tato, Julio Félix.: El primer viaje de Cristóbal Colón. Editorial Naval. Madrid, 1990, primera edición 1943.

Irving, Washington.: Vida y viajes de Cristóbal Colón. Madrid, 1833. Traducida por J. García de Villalta. Mundus Novus. Madrid, 1987.

Irving, Washington.: Viajes y descubrimiento de los compañeros de Colón. Biblioteca Ilustrada de Gaspar y Roig Eds., Madrid, 1854. Traducida por N. Fernández Cuesta. Mundus Novus. Madrid, 1987.

Marlowe, Stephen.: Memorias de Cristóbal Colón. Mondadori España, 1987.

Olagüe, Ignacio.: El diario de a bordo de Juan de la Cosa. Ediciones Garriga, S. A. Barcelona, junio de 1958.

Ortíz de Zúñiga, Diego.: Anales Eclesiásticos y Seculares de la Muy Noble y Muy Leal ciudad de Sevilla. Guadalquivir S.L. 1988. Edición Facsímil de la Imprenta Real, Madrid 1795.

Pereyra, Carlos.: Historia de la América Española. ED. Saturnino Calleja. Madrid 1924.

Pérez-Bustamante, Ciriaco.: Libro de los Privilegios del Almirante don Cristóbal Colón (1498). Real Academia de la Historia. Madrid, 1951.

Pla Cargol, Joaquín.: Carlos I de España el Emperador. Dalmáu Cares, Pla. S.A. Gerona-Madrid. 1959.

Sin autor.: Viajes y Testamento de Cristóbal Colón. Lerner Printing. Madrid, 1986. No Venal.

Compilada por Todoavante.

About the author

Comments

Comments are closed.