1823 — 1825 Callao combates y traición

Posted By on 12 abril, 2017

El 1 de octubre de 1823 se le encomendó una comisión secreta a don Roque Guruzeta, tanto que no debía abrir los pliegos hasta encontrarse a la altura de las islas Canarias, así el navío pasó por el Arsenal y se le realizó una revisión preparándolo para el viaje. Completado el alistamiento zarpó junto al bergantín Aquiles el 13 de enero de 1824, con rumbo a las islas mencionadas, al llegar a su paralelo se abrieron los pliegos y supieron debían navegar hasta el mar del Sur, por ello se puso rumbo al Puerto Soledad en las islas Malvinas, donde arribaron el 15 de marzo, se preparó el buque para remontar el cabo de Hornos, se reforzaron todos los cabos, escotas y drizas, así como los cables, se alistaron velas más gruesas y resistentes, al mismo tiempo se realizaba la aguada y se verificaba el buen estado del navío.

El 27 siguiente largaron velas y zarparon rumbo al cabo de Hornos, el cual se pasó con los típicos cambios de vientos y con un duro trabajo para la marinería, consiguiendo doblarlo y remontando el Pacifico arribaron el 27 de abril al puerto de San Carlos de Chiloé, permaneciendo en éste hasta recuperarse la tripulación. El 15 de agosto zarparon con rumbo al Callao, en el viaje se desató un fuerte temporal quedando desarbolado el navío de los masteleros de gavia y juanete, donde el guardiamarina Armero demostró a pesar de su juventud ser un experto marino, esto les obligó a realizar una escala en la rada de Quica, donde arribó el 12 de septiembre muy oportunamente, levantando con su presencia el bloqueo al que estaba sometida por los insurrectos, concluidos los arreglos del aparejo continuó viaje a su puerto de destino.

El 7 de octubre zarpó con la división formada en el Callao, compuesta por el navío Asía, la corbeta Ica y los bergantines, Aquiles, Pezuela y Constante, con la intención de batir a los buques de Perú y Colombia, habiéndose reunido bajo el mando del comodoro Gais, la fragata Protectora, una corbeta, tres bergantines y tres bergantines-goletas, quien tuvo la osadía de presentarse ante el Callao. Por aviso de pescadores, Guruzeta supo se encontraban en aguas de la isla de San Lorenzo, dando la orden de hacerse a la mar en su búsqueda, se puso a rumbo y los divisó, comenzando inmediatamente el combate, por la superioridad del navío los insurrectos se batieron en retirada y al ser más ligeros pudieron escaparse, pero los alejó tanto como duró la persecución, manteniéndola algo más de tres horas y media.

Regresó al Callao y se realizaron transportes de tropas a Chilca, Ilo y Quilca, pero el 9 de diciembre de 1824 tuvo lugar el combate terrestres de Ayacucho, donde el general Sucre venció a los realistas, el virrey Laserna capituló, firmando el documento de liberación de aquellos territorios, pero cometió un error, pues incluyó en él a los buques españoles, Guruzeta le dijo a Sucre: «mientras no sea vencido en la mar, mis fuerzas seguirán a mis órdenes y no se entregará nada que no sea ganado por la fuerza se las armas.»

Para hacerse cargo de los buques se presentó una división chilena al mando de Blanco Encalada, pero no se le dejó entrar en el puerto, mientras en el navío embarcó de transporte el virrey y varios de los generales y jefes del ejército entre ellos sus jefes, Valdés, Monet, Villalobos y el brigadier de caballería Ferraz, todo dispuesto y acomodados el 5 de enero de 1825, se hicieron a la vela el navío Asía, los bergantines Aquiles y Constante y la fragata de transporte Clarington, con rumbo a las islas Filipinas, mientras la corbeta Ica y el bergantín Pezuela, lo hacían con rumbo al Atlántico y la balandra Real Felipe y el transporte Trinidad a Chiloé.

La división de Guruzeta a los dos meses comenzó a faltar el agua, por esta razón se puso rumbo a las islas Marianas y en la rada de Umatag, en la isla de Guajan, capital del archipiélago, pudieron abastecerse de ella y se dispuso a zarpar, el 10 de marzo siendo de noche se dio la orden de levar anclas, pero los que para ello estaban se negaron, hubo un enfrentamiento del que resultó herido por dos golpes de sable en la cabeza, por su efecto le manaba sangre abundantemente, nada más se pudo hacer viéndose obligados a desembarcar todos los procedentes de la península. Igual pasó con el bergantín Constante que se sublevó al mismo tiempo; el Aquiles a los tres días y a la fragata de transporte se le dio fuego para impedir pudiera ser utilizada. Todo porque la mayoría de las dotaciones eran de origen americano y contra ellas, sólo los oficiales algún contramaestre o maestrante y los pocos marineros, se vieron impotentes no pudiendo hacerles frente, siendo los buques marinados y entregados a las marinas de los ex virreinatos del mar del Sur.

Terminado este primer combate el cirujano pudo atender debidamente a Guruzeta, quien casi ni se dejaba tocar, pero por la pérdida de sangre se quedó muy flojo, momento aprovechado por el facultativo para tratar de parar aquella hemorragia, lo consiguió al poco tiempo. Al recobrar el conocimiento, ordenó a su oficial de órdenes el teniente de navío don Antonio Doral, viajar al puerto de Apra donde seguro habría algún buque para transportar a todos a las islas Filipinas, así consiguió hacerse con el contrato de una fragata británica dedicada a la caza de ballenas llamada Suplay, habló con el patrón y tomó el mando trasladándose al puerto de Umatag, donde embarcaron todos, al estar listos zarparon el 20 de marzo, arribando a Manila el 4 de abril.

En la capital del archipiélago fueron recibos muy amablemente, por no estar herido Armero y otros compañeros embarcaron de transporte en la fragata Sabina, zarpando en enero de 1826 siguiendo la antigua ruta portuguesa doblando el cabo de Buena Esperanza, arribando para realizar escala en el isla de Santa Elena y el 7 de junio seguido fondeaban en la bahía de Cádiz, de esta forma fueron varios los que completaron la vuelta al mundo, una más de las muchas dadas por los españoles.

Bibliografía:

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895-1903.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

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