1937 Combate del cabo Machichaco

Posted By on 22 febrero, 2020

En este encuentro naval entre los dos contendientes en la guerra civil española de 1936-39, hay que advertir la gran importancia que tuvo el no reconocimiento de las aguas territoriales de España, pues Gran Bretaña sólo reconocía 3 millas, mientras que España en la última conferencia internacional de 1930, (no se llegó a ningún acuerdo), pero tanto Italia, Portugal, Yugoslavia, Turquía y varios países hispanoamericanos, más España daban por buena la de 6 millas. Pero esto iba en contra del interés británico, de ahí los constantes enfrentamientos sobre todo en el Cantábrico que tuvieron lugar, entre las fuerzas navales de estos y las nuestras, además de imponer su poder al resto del mundo y según su conveniencia, daba por buena una u otra distancia de aguas territoriales.

En el caso concreto de Bilbao, al disponer de artillería de costa que superaba el alcance de las 3 millas, proporcionando un campo muy estrecho de actuación a los sublevados, por estar bajo el fuego de estos cañones, facilitando con ello, a pesar de no ser beligerante, que los bajeles con pabellón británico pudieran entrar tranquilamente en la capital Vizcaína, para seguir manteniendo su comercio abierto, como el caso de importar a su isla mineral de hierro y como pago, entraban víveres, carbón y otros productos, muy necesarios por la precaria situación de Bilbao, a ello se sumaba que el Reino Unido no reconocía la guerra civil en la península ibérica. (1)

Por esta razón el tráfico marítimo de la costa Este de Francia, de donde se abastecía la zona aún en manos de la República en todo el Mediterráneo español, se ejercía por dentro de esas 3 millas, de forma que la zona entregada para el control a Italia y Alemania, que cubría la primera desde la frontera con Francia hasta Castellón y de aquí al Cabo de Gata en Almería por la segunda, impedía a estas naciones ejercer su misión de prohibir, como no beligerante, el mencionado ir y venir de buques mercantes, a una de las zonas en guerra, una forma muy sutil del Reino Unido de mantenerse al margen, pero siempre ejerciendo su interés al resto del mundo, de hecho G. B., sólo se quedó con la zona del Cantábrico, entre la frontera con Francia, hasta unos 100 kilómetros al Oeste de Gijón, donde comenzaba la zona francesa y esta proseguía en la desembocadura del Guadiana, hasta el Cabo de Gata en Almería.

La presencia del crucero sublevado Canarias en Ferrol fue fortuita, y no como otros autores quieren dejar constancia de su presencia en este combate, como signo del poder de la España sublevada, esto nos lleva indicar que el crucero llegó a Ferrol el 27 de febrero, al mando del recién ascendido al grado de capitán de navío don Salvador Moreno, por haber sufrido una abordaje en el Estrecho con un mercante, el cual le doblo unas palas de una de sus hélices, obligándole a ponerlo en seco para su cambio por otra nueva, e instalarle alguna pieza de 120 m/m de la DCA, porque cuando salió con prisas al Estrecho, no llevaba ninguna de ellas.

Al concluir la reparación, y enterado el Almirante de la Flota, don Francisco Moreno, comunicó a Salamanca la necesidad imperiosa de su presencia en el Mediterráneo, por ello salió de Ferrol el 3 de marzo, con rumbo al Estrecho, pero encontrándose en el paralelo de Vigo, se recibió a bordo la orden de regresar a Ferrol, quedando incorporado momentáneamente a las fuerzas navales del Norte, por saberse que en pocos días el vapor Mar Cantábrico estaría en aquellas aguas, el cual previamente había atracado en Nueva York, de donde se hizo a la mar muy rápido por saber la decisión del Gobierno, contraria a su presencia, cruzó toda Norteamérica y entro en Tampico y Veracruz en Méjico donde al completar su carga, el 19 de febrero zarpó con rumbo a Bilbao.

Mientras esto sucedía, el Almirante de la Flota volvía a enviar un comunicado a Salamanca en estos términos: «La ausencia del Canarias del Mediterráneo disminuye en más de la mitad el valor de la Flota…Espero que, resuelto lo del Mar Cantábrico, se incorporará Canarias inmediatamente y solicito, además, la confirmación de mis deseos»

Así el 4 de marzo a las 22:00 zarpaba el Canarias de Ferrol, con la intención de apresar al mercante, pero estando a rumbo se le comunico la presencia de la moto-nave Galdames, quien procedente de Bayona navegaba con rumbo a Bilbao con material sanitario y pasajeros, dándole escolta varios bacaladeros vascos armados, de la empresa PYSBE y muy posiblemente se les uniría el destructor José Luis Díez, por ello vario de rumbo a interceptar este convoy, por todo ello al comandante del Canarias desde Ferrol se le dio libertad de acción.

Sobre las 10:20 del 5 de marzo el crucero se encontraba al nordeste del cabo Machichaco, cuando avistó al mercante estoniano Yorkbrook con rumbo a Santander, éste buque estaba en la lista de sospechosos, no en balde pertenecía a una naviera de Londres, la cual estaba al mando de un judío alemán y operaba con todos sus buques, para favorecer al gobierno de Valencia, arbolando a su voluntad bandera de uno u otro país, amparando en su legítima defensa su pertenencia al Reino Unido. No obstante el comandante del crucero comunicó con el del Velasco, la posición del mercante al ser divisado, a pesar del mal tiempo, para que se hiciera cargo de él. Pero los medios de la época a veces fallaban por ello el destructor no supo nada de la orden emitida por el crucero.

La mar estaba muy alborotada, chubascos y fuerte marejada, por ello el mismo crucero daba bandazo de más de 20º a estribor y babor, lo que obviamente dificultaba poder hacer fuego con la artillería de 120 m/m, por no tener dirección de tiro, y ser apuntado a ojo, como si fuese un navío del siglo XVIII, dificultando ampliamente poder hacer blanco en buques tan pequeños, a no ser que se acercara mucho a ellos.

A las 12:30 el crucero se encontraba a unas 18 millas al Norte de punta Gadea, de forma que estaba, sin saberlo, metiéndose entre los dos grupos, en que se habían dividido los bacaladeros escoltas del mercante Galdames, al norte los Nabarra y Donostia, y algo más al sur el Bizkaya y Gipuzkoa, estos dos muy cerca de tierra.

A las 12:55 el Canarias avistó al Gipuzkoa a unas 20 millas al norte de Bilbao, y a unas 10 del crucero y tierra, y como a 6 por la proa del Bizkaya, por navegar ambos en paralelo a la costa, al poco se dio la alarma en el crucero, pasando a ocupar la dotación sus puestos, aunque precisamente les había pillado comiendo, pues la noche anterior no habían cenado por la mala mar y su permanencia de guardia.

El Bizkaya comunicó a las 13:30 el avistamiento del crucero, a unas 20 millas al NW de cabo Machichaco. Por ello puso proa a tierra para acercarse lo máximo posible con la intención, de que si era alcanzado varar en la playa de Baquio, por ello el crucero no llegó a avistarlo.

El comandante del Gipuzkoa en principio al saber la presencia del enemigo, puso rumbo a Bilbao, pero se encontraba a 10 millas de Castro Urdiales, poniendo rumbo de inmediato para acercarse a tierra, tratando de protegerse en los campos minados, ante ello el crucero aumento la velocidad a 30 nudos, para evitar que lo lograra, a las 13:35 las distancia se había reducido a unos 7 kilómetros, dando la orden abrir fuego con la artillería de 120 m/m, pero por la ya mencionado de carecer de dirección de tiro para estas piezas y el mal tiempo reinante, fue la consecuencia de no poder hacer blanco, a pesar de ello, el bacaladero al encontrarse a 6 kilómetros, abrió fuego sobre el crucero muy valientemente con su pieza de 101’6 m/m, procedentes de la visita anterior del acorazado Jaime I, viendo el comandante del crucero la nula eficacia de su fuego, dio orden de efectuarlo con las piezas de 203 m/m, lo que se tradujo inmediatamente en hacer blanco en el bacaladero en su cañón de popa, puente, chimenea y superestructura; para aligerar peso y ganar velocidad lanzó las cargas de profundidad y comenzó a zigzaguear, para acercarse lo más posible a tierra, pero ya iba con fuego a bordo, al ver la humareda el comandante del Canarias, y comprobar arrumbaba para varar en la playa de Sopelana, lo dio por hundido, por ello vario rumbo. Pero el bacaladero logro entrar remolcado por el Alteu-Mendi a las 15:00 en el puerto de Bilbao, en el combate sufrió cinco muertos y doce heridos.

Mientras esto sucedía desde punta Galea, su torrero había dado la voz de alarma en toda la costa, pero sin saber exactamente quién era el atacante, pues al crucero sublevado se le situaba en el Mediterráneo, por ello la comandancia de Bilbao no dio la orden al Nabarra y Donostia, quienes daban escolta al Galdames, pusieran rumbo de alejamiento con el buque enemigo, craso error que pagarían muy caro.

Sin saberlo a ciencia cierta, la artillería de costa de punta Lucero, con tres piezas Vickers de 152’4 m/m, abrió fuego muy centrado y rápido sobre el crucero desde 18.000 metros, pero no lograron acertarle, continuo acercándose y al llegar a los campos minados decido virar y alejarse del peligro de las piezas de costa. Un impacto de este calibre en el buque podía hacerle mucho daño e incluso hundirlo, y los sublevados no iban a poner en tal riesgo, al único buque que podía combatir con la escuadra enemiga.

Por aquello de confiar en las comunicaciones, retomamos al mercante Yorkbrook, a quien el Canarias había obligado a dirigirse a Pasajes, el cual en su huida tocando casi tierra, el Bizkaya regresaba a Bilbao, porque al Velasco no le había llegado la orden de dar escolta a puerto amigo, siendo encontrado por el bacaladero, quien le obligó a seguirle, logrando entrar ambos en Bermeo a las 15:35. Azares de la guerra que unas veces salen bien y otras, todo lo contrario.

A las 14:00 el Canarias viró rumbo a Norte, siendo las 14:40 avistó a mucha distancia un mercante, escoltado por dos patrulleros armados y otros dos de menor tamaño, por ello se aumentó la velocidad a 25 nudos, transcurridos unos minutos, por la telemetría se reconoció era uno de los bacaladeros, el Nabarra, quien algo más a su popa y estribor le acompañaba el Donostia y algo más retrasado el Galdames, yendo a su estela la pareja de pesqueros, el Pantsezka y Josefa Mikel, estos en realidad sólo les seguían por seguridad, pues venían de pescar en Gran Sol y pretendían entrar en su puerto de partida, Bilbao. Cómo es natural el crucero no sabía que hacían allí estos buques tan pequeños, pues tan sólo desplazaban 103 tn. cómo curiosidad del funcionamiento de los bacaladeros, se sabe que el Donostia al llegarle la noticia pidió información al Nabarra, quien le respondió por señales de banderas de la cercanía del crucero sublevado, pero no pudo saber que le decían, pues se había dejado en tierra el libro señales, por ello tuvieron que navegar a rumbo de colisión, para que a viva voz fuera informado, regresando cada uno a su anterior puesto. Mientras desde la comandancia se pedía ayuda al José Luis Díez e incluso se reclamó el apoyo de la aviación.

El Canarias arrumbo al más grande, el mercante Galdames, al que se le hicieron señales para parar máquinas, pero no hizo caso, ante ellos se le disparó por dos veces con los cañones de 120 m/m, dando un proyectil en el puente bajo y el otro en la carbonera central, no le quedó más remedio que izar bandera de rendición y al mismo tiempo parar máquinas, por ello el crucero se le acercó y le indico arrumbara a Pasajes, donde debía entrar para su seguridad. Más tarde se pudo saber que el fuego del crucero, había causado la muerte a nueve hombres de la dotación y seis heridos. Los pesqueros asustados, comenzaron a virar cada uno a una banda, al mismo tiempo que hacían sonar sus sirenas, el crucero se acercó a 300 metros de ellos, advirtieron no llevar armas a bordo, por lo que el comandante del crucero estimo no eran peligrosos.

Entre tanto los dos bacaladeros se habían alejado un tanto, aproando a ellos, a las 15:07 abrió fuego sobre el Nabarra, a una distancia de 7.000 metros, pero con los cañones de 120 m/m, dado el estado de la mar con marejada gruesa del Oeste, dificultó más si cabe el tiro, lo que fue aprovechado por el bacaladero para responder con su artillería 101’6 m/m, siendo muy rápido y certero, de todo lo que se cruzaron ambos buques, uno de los de éste acertó por un rebote en la mar, en dar entre las cuadernas 23 y 24 del crucero, siendo el pañol del contramaestre, abollando el forro de babor, a su vez uno del crucero dio en la proa, destrozando el molinete, estopores y ambas anclas arrojadas a la mar, y otros dos impactos, causaron un incendio a bordo, uno a proa y el segundo en mitad de la cubierta, pero no se rendía, por lo que el Comandante volvió a dar la orden de utilizar las piezas de 203 m/m. esto se tradujo en que a las pocas salvas el Nabarra fue acertado rindiendo su palo, que junto con la chimenea, cayeron estrepitosamente por la banda de estribor, ante esto se decidió de nuevo a utilizar la de 120 m/m, volviendo esta vez a acertar con varios proyectiles, uno dio en el puente y otro en el cañón de proa, quedando fuera de combate; pero para conseguir esto, se empleó más de una hora de fuego que, por no desgastar en demasía las piezas el crucero viraba de borda y se efectuó el fuego por ambas bandas. (2)

El comandante del crucero dio por perdido al buque, por ello puso proa al Donostia (ex Virgen del Carmen), y maniobró para colocarse en posición de hacer fuego con los cañones de 120 m/m de estribor, poco más tarde se observó haber acertado con algunos proyectiles, pero en ese momento el Nabarra izó señal, que fue repetida inmediatamente por el Donostia, virando ambos para reunirse, lo que fue interpretado por don Salvador Moreno símbolo de rendición.

Sucedió que en esos momentos, en el Nabarra, tres supervivientes del cañón de proa intentaron abandonar el buque, para ello lanzaron un chinchorro al agua, pero su comandante cortó el conato de deserción inmediatamente,(3) se había trabajado en el cañón de popa y ahora estaba listo para seguir lanzando fuego por su boca, dada la cercanía del Canarias, pues se estaba acercando para recoger a los heridos que hubieran, al comenzar a recibir el fuego del bacaladero, viro rápidamente y se alejó, la sorpresa fue en contra de su enemigo, pues de nuevo el crucero abrió fuego con la artillería secundaria, dada la poca distancia muy pronto hizo blanco, pues de nuevo fue acallado el cañón y otro proyectil penetró en la cámara de calderas, quedando ya sin posibilidades de defenderse, ante este revés, el Comandante del bacaladero dio orden de abandonar el buque, a las 16:00 se arriaron los botes sanos, en el primero iban los heridos, en el segundo el resto acoderándose al Canarias, mientras el Nabarra se quedaba con una parte de la dotación. En el crucero sólo fueron embarcados 18 (4) personas, entre heridos y algo más sanos, de los 49 miembros de la dotación.

Mientras esto sucedía, en el Nabarra el jefe de máquinas ordeno abrir las válvulas de fondo, y poco más tarde se produjo una explosión, comenzando a hundirse inmediatamente de popa a las 17:30, desapareciendo por completo de la superficie a las 18:00, con él murió su Comandante y varios subordinados que, llevaron al último extremo su lealtad. Aprovechando esta circunstancia el Donostia que, había quedado muy mal parado, todavía pudo ponerse a navegar, pero el comandante del Canarias lo dio por destruido, por ello lo dejo ir, pues apresado tampoco le serviría a la marina sublevada. Más tarde se supo que, el humo de un supuesto incendio era ficticio, por ello pudo dar la máquina y huir aprovechando la confusión del momento. La picaresca española llevada a sus últimos extremos.

El Donostia aprovechando la noche, puso rumbo al Norte, para más tarde y de acuerdo todos los tripulantes, arrumbó a Arcachon, donde al atracar las autoridades francesas, le dieron de tiempo esa misma noche de descanso, para que a las 07:00 del día siguiente saliera del puerto. Pero informado el cónsul español, urdió una estratagema, se hizo a la mar a la hora indicada, pero aproo sin salir de las aguas francesas a Le Verdon, pero al llegar de noche, varó en un banco de arena a las 00:00 del 9 de marzo, quedo tumbado sobre estribor, se realizaron todos los esfuerzos posibles pero no se ponía a flote, hasta que la pleamar de la madrugada, logro dejarle salir de su varada, no sin causarle un avería en la sentina, a pesar de ello pudo abarloarse al Aloña-Mendi, quien le presto todos los auxilios y reparando la avería causada, de acuerdo con las autoridades francesas al estar en condiciones de navegar, salió del puerto, permaneciendo siempre en aguas francesas, pasando al socaire de la isla d’Oleron, y entrar por fin en La Pallece, atracando en la Rochelle para una estancia de 24 horas, pero se llegó a un acuerdo con los franceses, por ello quedo amarrado en su lugar, la dotación desembarcada y desmontada toda la artillería, donde permaneció hasta finalizar la guerra, cuando fue devuelto a las autoridades españolas, quienes le cambiaron el nombre por el primitivo de Guimerá, prestando sus servicios en España hasta su desguace en 1964.

Mientras tanto el Canarias, regresó a su primera comisión, no siendo otra que formar parte de los buques que estaban esperando la llegada del Mar Cantábrico.

Para finalizar este relato, copiamos fidedignamente lo escrito en la obra de los hermanos Moreno, en su tomo 2º página 1.058, dicen: «Al cabo de los años, se van alterando intencionadamente los hechos sin el menor respeto a la realidad histórica. Una cosa es que algunos patrulleros, concretamente el Nabarra y Gipuzkoa, combatiesen con bizarría, en especial el primero, como así los reconoce el Comandante del Canarias (Parte de la campaña del crucero Canarias), y otra muy distinta que alcanzaran el éxito. El Donostia no tuvo una actitud tan gallarda y mucho menos el Bizkaya que se quitó de en medio enseguida»

  • (1) En la obra de los hermanos Moreno una llamada nos dice: «No debemos olvidar que desde hacía más de un siglo, el Reino Unido –constituido por Gran Bretaña y el Norte de Irlanda- era el corazón del Imperio Británico sostenido por la Flota más poderosa del mundo. En aras del comercio –factor primordial del bienestar del Reino Unido y, por ende, de la libertad de los mares por donde se desarrollaba-, el interés británico consistía en disponer de la mayor superficie libre de aguas internacionales donde pudiesen ejercer su influencia, su control y su dominio, según los casos, sus poderosas flotas desplegadas y apoyadas en bases dispersas en toda la geografía mundial. Por supuesto que el Reino Unido reconocía y defendía para su propio Imperio la extensión de las aguas jurisdiccionales hasta sólo las 3 millas. ¿Qué más le daba si él resto también podía disponer de él en cuanto quisiese?
  • (2) En aquella época las ánimas de la artillería sólo soportaban algo más de 200 disparos, a partir de ahí el fuego era errático, como se demostró cuando el crucero Almirante Cervera bajo al Estrecho junto al Canarias, y mientras éste toco de muerte la primera vez al destructor Almirante Ferrándiz a más de 19.000 metros, su compañero no pudo acertar al destructor Gravina a pesar de llegar a estar a menos de 6.000 metros, por tener la artillería desgastada por el apoyo al cuartel de Simancas, lo que le permitió entrar en Casablanca. Hay algún listo por ahí que en la Red atribuye el fracaso a la mala puntería de la dotación. En fin.
  • (3) Pero hay algo más duro en el tema, relacionado en el diario del crucero, pues se dice textualmente: «Inmediatamente suspendí el fuego y maniobre para recoger a los náufragos, varios de los que se tiraron al agua fueron muertos a tiros disparados desde su propio barco, otros debieron ahogarse rápidamente pues solo pude encontrar y tomar a mi bordo a los que se salvaron en los botes…»
  • (4) Los apresados eran todos gente de mar, y por ello don Salvador Moreno los defendió, escribiendo al Generalísimo fueran perdonados, pues no había encontrado a nadie entre ellos que fuera ajeno al trabajo en la mar, y por ser casi obligados a prestar su servicio de armas en la Marina, por ello no eran responsables de sus actos, pues a bordo siempre había un jefe, y ellos solo obedecían órdenes, razón de más para no ser juzgados; a ello el Franco admitió ese parecer, y los mantuvo encerrados hasta finalizar la guerra, quedando todos ellos en libertad de movimiento y libres de toda culpa.

Bibliografía:

Fuentes, Álvaro.: El Crucero Canarias Proa a la Victoria. Espasa-Calpe. S. A. Madrid, 1940.

Gretton, Peter.: El Factor Olvidado. La Marina Británica y la Guerra Civil Española. Editorial San Martín. Madrid, 1984.

Moreno de Alborán y de Reyna, Fernando y Salvador.: La Guerra Silenciosa y Silenciada. Historia de la campaña naval durante la guerra de 1936-39. Impreso en Gráficas Lormo. S. A. 1998. Reconocida por la Real Academia de la Historia en 2004, como la mejor y más imparcial obra publicada hasta la fecha con referencia a la Campaña Naval de la Guerra Civil 1936-1939.

Mortera Pérez, Artemio.: Los Bacaladeros de PYSBE en la guerra Civil Española. Quirón Ediciones. 2002.

Valles Collantes, Francisco.: Páginas de gloria de la Marina nacional. Cádiz, 1938. Compilada por Todoavante ©

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