1804 Ataque británico ignominioso. 9 / VIII

Posted By on 18 julio, 2010

Cuando se firmó el pacto de familia, la musa popular había ya captado la situación de España, cantándose la siguiente letra:

¿A quién se ofende y se daña?

Á España.

¿Quién prevalece en la guerra?

Inglaterra.

¿Y quién saca la ganancia?

Francia.

Con que así saco en substancia

que con peligro inminente

amenazan claramente

á España, Inglaterra y Francia.


Pero los británicos no veían con buenos ojos el tratado de San Ildefonso, por ello se dedicaron a hacer todo lo posible para atacar a España, así no se dejaban posibles enemigos a la espalda y por ello surgió la provocación.

La ocasión propicia se presentó; cuando el jefe de escuadra don José Joaquín Bustamante y Guerra al mando de cuatro fragatas de guerra, pero utilizadas como trasportes por estar en Paz con el Reino Unido, zarpando de Montevideo el día nueve de agosto del año de 1804 trasportando ciudadanos y unos caudales que ascendían a 4.733.153 pesos de plata, con mercancías de productos muy valiosos procedentes de aquellas tierras; su división la formaban las Medea, de cuarenta y dos cañones, comandante, don Francisco Piédrola; Fama (a) Santa Victoria, de treinta y cuatro, comandante, don Miguel Zapiaín; Ntra. Señora de las Mercedes, de treinta y cuatro, comandante, don José Goicoa y Santa Clara, de treinta y cuatro, comandante, don Diego Alesón, con rumbo a la bahía de Cádiz.

Su navegación era la clásica de fila, pues no había nada que temer, pero el día cinco de octubre del año de 1804, en las cercanías del cabo de Santa María, fueron avistadas otras cuatro fragatas de guerra con el pabellón del Reino Unido, siendo éstas de mayor porte que las españolas y con toda su artillería, al contrario que las españolas, que para poder dar cabida a bordo de todo lo que transportaban, se les habían desmontado algunos cañones.

En el parte de Bustamante se puede leer: « La navegación ha sido feliz; sólo experimentamos en la fragata Medea ciertas calenturas epidémicas, dimanadas tal vez del calor y humedades de los chubascos de La Línea »

Las fragatas británicas, al darle alcance, muy sutilmente se fueron colocando cada una abarloada a una de las españolas. Eran la Indefatigable, insignia un navío rebajado, con veintiséis cañones de á 24, dieciséis carronadas de á 42 y cuatro obuses de á 12, capitán Graham Moore; la Lively, con veintiocho de á 18, dieciocho carronadas de á 32 y cuatro obuses de á 9, capitán Graham Eden Hamond; la Amphion, con veintiséis de á 18, dieciocho carronadas de á 32 y dos obuses de á 9, capitán Samuel Sutton y la Meduse, con veintiséis de á 18, doce carronadas de á 32 y cuatro obuses de á 9, capitán John Gore.

De la que era la insignia de la británicas, se le preguntó a la española « de que puertos de salida procedía y cuáles eran los de llegada », a lo que se les respondió, que de los de América y con destino a Cádiz.

Por lo que regresamos al parte de Bustamante, para mejor que nadie dar una idea de lo acontecido y la forma en que se le obligaba a combatí o sucumbir, pues no hay mejor pluma para ello, que de quién ha vivido la experiencia:

« No puedo, señor Excmo., explicar a V. E. la admiración que causó a todos el decirme este oficial cuando subió a bordo que aunque no estaba declarada la guerra y habían reconocido y dejado libres varias embarcaciones españolas, tenía orden particular el comodoro de su Majestad Británica para detener la división de mi mando y conducirla a los puertos de la Gran Bretaña, aunque para ello hubiese de emplear las superiores fuerzas con que se hallaba y que no con otro objeto se le había confiado tres semanas antes, entrando en un reñido combate »

Ante la perplejidad del jefe de la división española, ordenó consejo de oficiales, en él se acordó el presentar combate y por ello enviar a un oficial, para así ganar tiempo e ir preparando a los buques españoles para él, encargado de decirle al oficial británico, que permanecía a bordo, que los buques españoles estaban preparados para defender el pabellón español, por lo que inmediatamente se hicieron señales al resto de la división, para que se alistaran lo más rápidamente posible, así como en el propio buque, se corrió la voz para que los civiles se pudieran a cubierto y la dotación en sus puestos.

Al ser notificado el oficial británico: « A esto, el oficial inglés salió al alcázar, hizo cierta señal con un pañuelo blanco a sus buques, y diciendo al intérprete que volvería por la respuesta o decisión del consejo de guerra, se retiró con su bote »

Los españoles entre tanto hicieron señales a sus buques, para que estos se reunieran y formaran la línea de combate, pues al estar al pairo, la marea los había esparcido y por ello se habían quedado separados los unos de los otros.

Nada más arribó el bote del oficial al costado de contrafuego de sus buques, estos rompieron el fuego, siendo iniciado por el buques insignia británico, con un disparo con bala, al que le siguió el de la fragata que estaba casi abarloada a la Mercedes, con dos descargas cerradas de fusilería y la de artillería, con esto se comenzó el combate y se generalizó.

Sobre media hora después, parece ser que una bala enemiga logró llegar a algún lugar donde se hallaba la pólvora en la Mercedes, por lo que resultó de pronto volada con la sorpresa de los españoles y no mucha menos por los británicos.

Por lo que dos de las británicas rodearon con gran ventaja para sus fuegos a la Medea: « dos fragatas más poderosas de artillería del 18 y 24, con carronadas del 32 y 42, servidas con llaves y por una marinería escogida »

Con esta ventaja no es de extrañar, que dos horas y media después de comenzado el combate, éste estuviera ya prácticamente decidido.

La fragata del comodoro; « era un navío rebajado, que en otro tiempo había batido y hecho varar a otro francés de 74 cañones »

Pero por lo decidido en el consejo de guerra, cada comandante quedaba libre de actuar a su mejor forma de hacer y entender, por ello la Clara, fue la última que se rindió, pues ya estaba rodeada por las dos británicas Indefatigable y Amphion; mientras que la Fama, intentando huir basándose en su velocidad, casi se había perdido de vista desde el cuerpo principal del combate, pero era seguida por las Lively y Meduse.

De los restos de la Mercedes, fueron rescatadas unas cincuenta personas, pues estaban flotando utilizando los desperdigados restos del buque, que para ello les servía, entre los que se pudo recuperar estaba el segundo comandante de ella, el teniente de navío don Pedro Afau. En esta explosión fallecieron entre otros muchos, casi todos los hijos y esposa de don Diego Alvear, capitán de navío y mayor general de la división, que aprovechando la paz intentaba ponerles a salvo en España, pero este fue su trágico fin.

Al final la Fama fue también apresada, pero en el diario de Alvear dice: « . . al rendirse la Medea, estaba enteramente desmantelada y sin gobierno, y lo que es más, toda su gente abatida y llena de consternación por el reciente é infeliz suceso de la Mercedes; no pocos heridos, y aun muertos, retirados muchos más, y sobre 40, á título de convalecientes, en la enfermería, y las baterías, finalmente, desamparadas, de que se habían quejado repetidas veces los oficiales que las mandaban »

Se formó un conjunto entre británicas y españolas, arrumbando a la isla arribando la Fama el día diecisiete a Portsmouth, la Medea y Clara el día diecinueve a Plymouth, donde al llegar y por haber sido abordadas con las tripulaciones británicas para marinarlas, como en las españolas ya se había declarado un principio de epidemia, pasaron a estar en cuarentena todos.

Al ser canjeados y regresar a España, Bustamante pidió a S. M. se viera su conducta en consejo de guerra. Por ello se reunió la junta de generales en Cádiz, oyeron al implicado y a casi todos los que pudieron acudir, pero la sentencia, para juzgar tanto la derrota efectuada, como sus decisiones en el combate que era lo pedido por el brigadier, se le dictó de la siguiente forma: « procedió con todo el pulso que se requería » y que « se batió hasta donde lo permitieron las circunstancias contra fuerzas tan superiores como eran cuatro fragatas contra tres », terminando de explicar que « declarándolo libre de todo cargo y apto para ser empleado en los mandos y comisiones que Su Majestad tuviese por conveniente conferirle »

Conclusión:

Una vez más a lo largo de la Historia Naval de España, el Reino Unido, (antes Inglaterra) le provoca por sus intereses a entrar en guerra. Una ignominiosa forma de conseguirlo, ya que eran sabedores que España respondería como lo hizo. (Pero que igualmente lo hubiera hecho otro país) porque el ataque se realiza en tiempo de Paz, por ello no deja de ser un acto de piratería más, de los muchos que este país ha cometido con otros muchos países (como el ataque a la escuadra francesa en Mers-el-KebirMazalquivir— en 1940 ó el caso del submarino Conqueror con el hundimiento del crucero General Belgrano argentino en Malvinas en 1982, estos son sólo unas muestras recientes, que demuestran que en nada han cambiado)

Estos datos comprobables en varias obras, demuestran que los isleños no son de fiar en ningún momento, solo si ellos mandan y se les sigue como un perrito faldero, es posible ser su aliado o amigo, de cualquier otra forma atacan cuando ellos ya están preparados y te obligan a combatir. Como consecuencia de esta declaración de guerra, sobrevendría el combate naval de Trafalgar, donde consiguieron por fin ser la primera potencia mundial.

Una simple curiosidad, es que este ataque lo efectúan unas unidades navales, que aparentemente eran iguales, pero no era así. De hecho el almirante Horacio Nelson, conocedor de la acción que se iba a llevar a cabo, envío a un navío para que no corriera la sangre, pues ante su presencia era más convincente la superioridad, pero el buque no llegó a tiempo. ¿Qué casualidad? ¡Nunca hemos creído en ellas! Lo que nos hace pensar que, primero: no se quiso involucrar a tan honorable almirante en este acto de piratería. Segundo: si lo envía ¿Por qué no lo hizo una semana antes? ¡Otra falacia para darle buen nombre al almirante, pero fuera de lugar por increíble! y Tercero: ¿Por qué no envío él a una de sus divisiones de navíos? ¡Muy sencillo, porque habría quedado involucrado de por vida con un acto de piratería!

Quedando a su vez demostrado, que una vez más los Gobernantes españoles no estuvieron a la altura de las circunstancias. Pero a esto, los que algo sabemos de Historia ya estamos curados de espanto.

Nota: Aclarar que el número de piezas de artillería dado en las fragatas españolas, es el máximo para entrar en combate, pero al ser tiempos de Paz es más que probable que no llegaran al cincuenta por ciento de su armamento.

Bibliografía:

La aportación principal es del diario del Mayor de la división don Diego Alvear.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Museo Naval. Madrid, 1973.

González Cañibano, Modesto.: Génesis de los Bustamante. Biografía de Joaquín Bustamante y Quevedo. Editado por el Ayuntamiento de Santander, 2000.

VV. AA.: El Buque en la Armada Española. Silex. Madrid, 1981.

Compilada por Todoavante.

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