Biografía de don Ricardo Fernández de la Puente y Patrón

Posted By on 20 julio, 2010

Biografía de don Ricardo Fernández de la Puente y Patrón

XXXV Capitán General de la Real Armada.

Cortesía del Museo Naval de Madrid.

Vino al mundo en la ciudad de Badajoz el día seis de julio del año de 1855.

Ingresa en la Escuela Naval Flotante instalada en la antigua fragata Princesa de Asturias, que por la revolución de 1868 pasó a llamarse Asturias, estando fondeada en el arsenal de Ferrol como aspirante en el año de 1871, por sus buena preparación anterior pasó el examen y se le ascendió a guardiamarina de 2ª clase en el año de 1872, continuando sus estudios hasta el año de 1875 en que abandona la Escuela con el grado de alférez de navío.

Pasa a realizar sus estudios náuticos como guardiamarina de 2ª clase y sobre la mitad de su formación, recibió la orden de embarcó en la fragata Victoria, en la que estuvo varios meses, para luego trasbordar a la Concepción con la que ya navegó por las Antillas, en viajes medio de instrucción medio de contrarrestar el contrabando de armas a la isla, regresando a la Península a principios del año de 1875 y recibiendo su despacho de oficial.

Se le ordenó embarcar en la fragata Carmen, por ser este buque destinado a las islas Filipinas, arribando a su apostadero de Manila ya en el año de 1876. La fragata se convirtió en el buque insignia de las fuerzas navales de éste, llegando en un momento en el que los combates contra los piratas de la isla de Joló estaban al máximo, fue destinado en el buque a mandar una banda de la batería, participando en la toma de la misma isla de Joló, la de Parang y posteriormente la de Mainbun.

Permaneció en las islas los tres años preceptivos, al término de ellos regresó a la Península ya a principios del año de 1879, siendo destinado a servicios en el Arsenal de Cádiz, pasando esa época que todo oficial necesita, que no es otra que aprender a ser un oficinista para saber rellenar partes, libros de bitácora y la variada documentación necesaria para obtener el mando, a ello se dedicó hasta el año de 1883, en que por Real Orden se le ascendió al grado de teniente de navío.

Siendo destinado al Departamento de Cartagena, donde se incorporó a las clases de la nueva arma, el torpedo, ya que era imprescindible en esos momentos contar con técnicos en ellos. Y no los perdió la Corporación, ya que al terminar fue designado para montar el sistema en el crucero Navarra, (antigua corbeta de construcción en madera) al terminar con su instalación y comprobar su buen funcionamiento se le otorgó en el año de 1885 el mando del torpedero Retamosa, pero pasando a ser el jefe de un división de ellos en el Arsenal de Cádiz, quedando compuesta por el de su mando e insignia de la división, más los Barceló y Orión.

Al dejar el mando de la unidad y de su buque, pidió se le incluyera en un curso de Ingeniera Naval, el cual cursó en la escuela ente los años de 1887 a 1891, al salir con buenas notas quedó destinado en el Arsenal de la Carraca, donde recibió la Real Orden del año de 1895, en la que se le comunicaba su ascenso al grado de teniente de navío de 1ª clase (que paso posteriormente a ser el actual de capitán de corbeta), continuando en su trabajo en el Arsenal.

Recibió la orden de embarque en el año de 1897 como tercer comandante en el crucero Emperador Carlos V, por pasar este buque a reparaciones en el puerto francés de El Havre, se le incorporó a la comisión de inspección de las mismas, en el ramo que más entendía de los torpedos, pero que como ingeniero le tocó de todo un poco. Se encontraban aquí al declarase la guerra con los Estados Unidos de Norteamérica, por lo que ante el riesgo de que fuera inmovilizado el buque por el Gobierno francés que se había declarado neutral, tuvo que hacerse a la mar sin estar completadas las obras.

Con él navegó en la escuadra del contralmirante Cámara hasta cruzar el canal de Suez, por estar destinada a recuperar las islas Filipinas, pero fondeados a la salida del canal recibieron la noticia de la destrucción de la división de cruceros en Santiago de Cuba y por ello la orden de regresar a la Península dada por el Ministro de Marina.

A su regreso y una vez firmada la paz, se le destinó de nuevo al Arsenal de la Carraca, donde en el año de 1905 se le nombra jefe de los trabajos Ingeniería Naval, permanecía en esta misión cuando recibió la Real Orden de su ascenso al grado de capitán de fragata, continuando en el puesto hasta el año de 1909, en que se le nombra segundo comandante del crucero Príncipe de Asturias, con el que navega enseñando bandera por varios países, tanto del Mediterráneo como del Atlántico.

Al desatarse la guerra del Rif en el mismo año de 1909, se le otorga al año siguiente el mando del cañonero Álvaro de Bazán, con el que apoya con sus fuegos a las tropas españolas, al terminar el mando en el mismo año de 1910, es llamado por el Rey don Alfonso XIII para formar parte de la Casa Militar de S. M., pero no estuvo mucho tiempo, ya que a principios del año de 1911 se le entrega la Real Orden con su ascenso al grado de capitán de navío, siéndole otorgado el mando de la fragata acorazada Numancia, que en esta época estaba ya convertida en acorazado guardacostas.

Al terminar su tiempo de mando en la Numancia se le otorgó el del buque planero Urania, con el que se estaban realizando los levantamientos náuticos de las costas de Galicia, que ya tenían fama de cobrase demasiadas vidas y se intentaba poner fin a ese gran problema. Dejó el mando del buque por recibir la Real Orden de su ascenso en el año de 1913 al grado de contralmirante, con el que estuvo en los destinos de jefe de Sección de Material en el Ministerio de Marina, pasando un tiempo después a ser el segundo jefe del Estado Mayor Central, puesto que ya marcaba su carrera y futuro, pues en las ausencias de su jefe lógicamente era él el que tenía el mando.

Al año siguiente de 1914 se le nombra Director General de Navegación y Pesca Marítima (algo redundante el nombre, pero que por nombre no sea) y al año siguiente, se le entrega la Real Orden con su ascenso al grado de vicealmirante (que era el máximo en la época) con este grado se le nombra Comandante General del Apostadero de Cádiz (por el desastre del 98, perdieron su categoría de Departamentos, por eso se convirtieron en apostaderos), pasó un tiempo y se le nombró Consejero del Supremo de Guerra y Marina, como le correspondía por ser de los pocos de su agrado en la Corporación.

En el año de 1919 se le entregó la Real Orden con su ascenso al grado de almirante y por una nota de prensa del diario La Vanguardia de fecha del día tres de noviembre del año de 1821, sabemos que le es concedida la Gran Cruz al Mérito Naval con distintivo Blanco. Mientras permaneció en sus altos cargos

Como muchos militares y marinos de esos años se presentó a unas elecciones para el Senado, de las que salió elegido y se le admitió con fecha del día diez de mayo del año de 1922, pero no pudo tomar posesión de su sillón, porque justo el día antes, el nueve de mayo del año de 1922 se le otorgaba la dignidad de Capitán General de la Armada, pasando inmediatamente a ocupar la Presidencia del Consejero del Supremo de Guerra y Marina.

Permaneció en su alta posición desempeñando su misión, como lo que realmente era, un hombre de ciencias, adornado de gran modestia y exquisitos modales, pero todo esto se truncó el día veinticuatro de noviembre del año de 1928, por sobrevenirle el óbito en su casa de Madrid, contaba con setenta y tres años de edad, de los que cincuenta y siete estuvo al servicio de España y su Rey.

Era tal su modestia, que pidió que no se le dieran los honores de su alta dignidad, por considerar que no era merecedor de ellos.

Entre otras muchas condecoraciones estaba en posesión de: Placa y la Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo; Placa del Mérito Naval con distintivo rojo; Placa del Mérito Naval con distintivo blanco; Gran Cruz al Mérito Naval con distintivo Blanco; Cruz del Mérito Naval con distintivo rojo; Medalla de Joló y Medalla de Melilla.

(Hay que hacer mención especial, a que fue de los pocos que no contaba con las condecoraciones de Carlos III ni Isabel La Católica, por ser de las concedidas por el Rey como gracia personal y todas la que podía lucir, eran por méritos de guerra o paz o estrictamente por antigüedad en la Corporación, más mérito imposible)

Bibliografía:

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1968. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. Apéndice Tomo 5. 1931, páginas, 744.

Estado General de la Armada para el año de 1877.

Estado General de la Armada para el año de 1890.

Estado General de la Armada para el año de 1896.

Estado General de la Armada para el año de 1913.

Estado General de la Armada para el año de 1917.

Fernández Gaytán, José.: Extremadura y la Mar. Revista de Historia Naval. N.º 27, págs. 81 y 82 Madrid, 1989.

González de Canales, Fernando.: Catálogo de Pinturas del Museo Naval. Tomo II. Ministerio de Defensa. Madrid, 2000.

González de Canales, Fernando.: Galería de los capitanes generales de la Armada. Revista General de Marina. Cuaderno del mes de octubre de 2004, páginas 505 y 506.

Compilada por Todoavante.

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