Biografía de don Francisco Bastarreche y Díez de Bulnes

Posted By on 3 octubre, 2010

Biografía de don Francisco Bastarreche y Díez de Bulnes

Almirante de la Real Armada Española.

Vino al mundo en la ciudad marinera de Cádiz, el día once de agosto del año de 1882. Era hijo del vicealmirante don Félix Bastarreche y Herrera, por lo que no tuvo duda en seguir los pasos de su progenitor.

Se presentó al examen de acceso y al pasarlo sentó plaza de aspirante en la Escuela Naval Flotante, llamada así por estar a bordo de la fragata Asturias, fondeada en el Arsenal de Ferrol, en el mes de enero del año de 1898.

Aprobó todos los exámenes y se le entregó el despacho de oficial con el grado de alférez de navío en el año de 1903. Por el desastre de 1898 la falta de buques fue patente y los grados se alcanzaban con cierta lentitud.

Con este grado participó en las operaciones sobre el norte de África; así como en las posteriores acciones navales por declararse la guerra del Rif, participando en los bombardeos en defensa de Melilla y en Mar Chica, se mantuvo en estas aguas durante el año de 1909 y parte de 1910, siempre trasbordando de un buque a otro, pero cumpliendo la misma misión.

A principios del año de 1910 se le ordenó trasbordar al crucero Emperador Carlos V, siendo comisionado para transportar a la Infanta Isabel a la ciudad de Buenos Aires por celebrarse el primer centenario de la proclamación de independencia en Argentina, a su regreso se le ascendió al grado de teniente de navío, incorporándose formando parte de las dotaciones de la escuadra, permaneciendo el tiempo previsto en las ordenanzas en ella, pasando a ser destinado a los apostaderos de Cartagena primero y posteriormente al de Ferrol, en los que prestó sus servicios como ayudante personal de los dos Comandantes Generales.

(No hay error al denominarlos apostaderos a nuestros anteriores y posteriores Arsenales, pero la mencionada escasez de medios navales, provocó que el Gobierno los designara con un grado inferior, pues en ellos ya no se construían buques, a su vez no eran necesarios tantos mandos y por esta razón fueron rebajados a la categoría de apostaderos)

Como debía cumplir su tiempo de embarco en su nuevo grado, se le otorgó su primer mando, que fue el torpedero Número 2, con el que realizó alguna salida al mar y participó en unas maniobras de la Flota. Al dejar el mando cursó los estudios y prácticas, de artillería y tiro naval.

Un tiempo después se le concedió el ascenso al grado de capitán de corbeta, siendo destinado al polígono de tiro de Ferrol, pasando unos años y por tener que cumplir el requisito de mando a flote, tuvo que dejar su anterior destino, siéndole otorgado el mando del destructor Proserpina, con el que volvió a realizar navegaciones y prácticas de lanzamiento de torpedos, al dejar el mando de su unidad, el comandante del apostadero de Ferrol lo escogió como su ayudante-secretario.

En este destino permaneció hasta el año de 1928, en que se le ascendió al grado de capitán de fragata, pasando en el mismo Arsenal a tomar la jefatura de Armamento, donde de nuevo estuvo un tiempo, siendo destinado como segundo comandante del crucero Reina Victoria Eugenia, ya con una experiencia y formación que le facilitó ser destinado con el mismo cargo al crucero Almirante Cervera, entonces de las unidades más modernas de la Escuadra, en el que por ausencia de su titular tomó el mando interinamente, estando en el mando de esta unidad se proclamó la 2ª República.

Cesó en el mando y se le otorgó el del aún más moderno destructor Alcalá Galiano, al pasar el año de su mando a flote, se le destinó de ayudante mayor del Arsenal de Ferrol y conservando el cargo anterior, se le otorgó la dirección de la Escuela de Tiro Naval Janer. Estando en este destino en el año de 1935 se le ascendió al grado de capitán de navío, continuando en el mismo.

Aquí se encontraba al sobrevenir el alzamiento del día dieciocho de julio del año de 1936, uniéndose desde el primer momento al bando sublevado y poniéndose a disposición de la Junta de Defensa Nacional él y todo el personal a sus órdenes.

Al ser nombrado por la misma Junta comandante en jefe de la flota sublevada al capitán de navío don Francisco Moreno, que estaba cumpliendo su destino en Ferrol como comandante de quilla del crucero Canarias y no poder hacerse cargo de todo, lo nombró su primer comandante, con las informaciones que le pasó don Francisco le resulto fácil el completar la dotación y sus destinos dentro del buque que fue entregado en septiembre, por eso al quedar medio listo el crucero y sabedores de que la escuadra popular de la República estaba en aguas del Cantábrico, don Francisco Moreno pensó que era el momento de navegar al Sur.

Se unió al crucero Canarias el también Almirante Cervera, los dos zarparon de noche con todas las luces apagadas y solo con una pequeña bombilla en la perilla que se veía en un sector de 20º por la popa del Canarias, al que seguía el Cervera, al mando del capitán de fragata don Salvador Moreno, durante la travesía se hizo fuego con las piezas principales por primera vez comprobando que al menos las piezas estaba bien ajustadas, ya que los proyectiles cayeron muy juntos.

Así de improviso el día veintinueve de septiembre del mismo año de 1936 se presentaron en el Estrecho, donde el Canarias hizo blanco sobre el destructor Almirante Ferrándiz de la escuadra roja, a la tercera salva y a veinte mil metros de distancia, lo que dejó ya libre para el resto de la guerra esta vital línea de abastecimiento de los sublevados, ante la pasividad de la flota enemiga, que solo circunstancialmente fue algo activa.

En el tiempo que estuvo al mando del crucero en la guerra, bombardeo el puerto de Sagunto y su factoría, el puerto de Cullera, se acercó también al de Rosas para tratar de hundir los mercantes allí atracados, apoyó con sus fuegos el avance del ejército sublevado sobre las poblaciones de Estepona, Marbella y la ciudad de Málaga.

También a su mando se obtuvo el hundimiento del mercante soviético Konsomol, que trajo graves consecuencias por la propaganda emitida desde Moscú a todo el mundo, dando a entender que los ‹ fascistas españoles › eran unos asesinos sin mayores apelativos y que toda lucha por el bien de la Libertad, sic. debía continuar con el apoyo de todo el planeta.

La flota sublevada tomó como base principal la bahía de Mallorca, porque quedaba en un punto central para atacar a toda la costa Mediterránea de la Península, siendo nombrado Bastarreche jefe de las fuerzas navales de este nuevo apostadero, que es en lo que se convirtió la bahía de Palma de Mallorca, pasado un tiempo se le ascendió a contralmirante en el mes de marzo del año de 1937, siendo el que puso de nuevo en servicio la base de submarinos de Sóller, así como reforzar la de Mallorca como una verdadera base, ya que fue visitada por buques de la Marina Real Británica en muchas ocasiones y con permanencias en ellas de varias semanas, llegando a ser un invitado de honor el ‹ orgullo de la marina británica › el crucero de batalla Hood.

En el mes de octubre del año de 1937 se le destinó como Comandante General del Departamento marítimo de Cádiz, donde al terminar la campaña del Norte donde ya había sido vencido el ejército Popular de la República, se vio forzado a abandonar el puerto de Bilbao el destructor José Luís Díez, que permanecía en él desde que había arribado al principio de la guerra con el resto de la escuadra, pero ahora lo tenía que hacer solo ya que sus compañeros de Cartagena no salían casi nunca.

Enterado de ello, se diseñó un dispositivo para evitar que pudiera burlar la vigilancia, de hecho fue visto por el crucero Canarias ahora al mando de don Ramón Agacino Armas, ya ascendido a capitán de navío; como el destructor tenía más velocidad que el crucero, éste le fue dejando acercarse y al arrumbar hacía él comenzó una serie de movimientos dando giros y bordadas, ya que el destructor intentaba ponerse en posición de lanzamiento de torpedos, mientras el crucero solo quería apresarlo, pero viendo que se le iba con rumbo al Peñón, en una de la giñadas abrió fuego, pero lo hizo con la torre 2 blanca (la de proa más alta) casi al límite de su capacidad de giro para tirar hacía popa, más con el primero y segundo cañón de la secundaria, teniendo el acierto de abrirle un gran boquete en la aleta de babor proa, pues llevaba un impacto de 203 casi a flor de agua y uno de 120 algo más alto y hacía popa del primero. Sucediendo todo el día veintiocho de agosto del año de 1938.

El parte que le pasó el contralmirante Basterreche al almirante jefe de las fuerzas del bloque don Francisco Moreno dice así: « J.L. Díez no apercibido por el Almirante Cervera. Cruzó de vuelta encontrada con la Flotilla de destructores; V. Ceuta le disparó diez salvas sin alcanzarlo y lo perdió de vista antes de llegar al meridiano del Faro de Punta Europa. Fue avistado por Canarias, que lo cañoneó con 203 y 120 mm, alcanzándolo por dos veces, impidiéndole paso Estrecho; Canarias lo vio a 8 horas, asegurándose de los impactos por babor proa. Elevadas velocidades destructor y Canarias y obscuridad noche impidieron captura »

Los británicos como siempre muy amables, ya que permitieron la estancia del destructor más de tres meses, tiempo que les llevó reparar las averías, ya que eso sí, los británicos no les prestaron ni una grúa y todo el trabajo se tuvo que hacer con los medios de abordo, siendo lo más importante tener que romanear el buque para que la proa quedara así fuera del agua, lo que obligó incluso a desmontar artillería ligera y trasladarla a popa. Pero todo esto quedaba a la vista de la marina nacional, por lo que en ella no hubo alteración alguna, ya que el buque estaba inmovilizado y los cruceros que se habían dispuesto para su caza volvieron a sus tareas de protección del tráfico marítimo propio y estorbar al máximo el enemigo.

Cuando a mediados de octubre se observó que el destructor estaba regresando a su posición de flotabilidad normal, se dio la alarma de que en cualquier momento podía zarpar. Pero al parecer también estaban informados en Cartagena de cómo iban las cosas, así que comenzaron a emitir informaciones falsas, como un intento de desembarco en la costa de Motril, que aunque no era creíble en principio, el almirante jefe del bloqueo persona nada partidaria de jugar, por si acaso dio la orden de zarpara a la división de cruceros, formada con los Canarias, Cervera y Navarra, acompañados de los destructores, Huesca, Teruel y Velasco-Ceuta haciéndolo de la bahía de Palma de Mallorca.

A su vez se pide información a la zona y efectivamente se desmiente que eso esté ocurriendo, pero ya en la mar la división se les da la orden de cruzar sobre las costas de Argelia, ya que las autoridades de francesas les daban auxilio a los mercantes que abastecían a la zona de la oficialmente reconocida como República, de esa forma los fijaban en los puertos y no podían salir a dar el salto final. Pero todo esto fue provocado para dar una posibilidad de zarpar al destructor, ya que las unidades restantes que le podían frenar, eran solo los cañoneros y minadores que todos eran inferiores en velocidad, incluso alguno a la mitad de la que podía desarrollar el destructor.

Por eso a las 2300 horas del día veintinueve de diciembre, visto que las calderas del destructor estaban encendidas, Bastarreche emite un comunicado al comandante del minador Marte, que dice: « Ante casi seguridad de que José Luís Díez saldrá esta noche ordenado al Vulcano salga de Ceuta antes de las 2200 horas. Vigilará Norte-Sur Punta Europa, navegando Norte-Sur también, a cuya línea no deben llegar ni Marte ni Júpiter durante la vigilancia. Si no hay novedad se retirará Vulcano a las 0400 horas, haciendo relevo mañana, 30 a las 12 horas »

Informado a su vez el almirante jefe del bloqueo, desde su cuartel general en Palma de Mallorca emite al jefe de la división la orden de: « Ante eventualidad salida José Luís Díez esta noche conviene que la Escuadra navegue hacía Alborán, para estar en condiciones de intervenir »

Por lo que todo el dispositivo para evitar cruzara el Estrecho el destructor de la Marina Revolucionaria Roja, queda de la siguiente forma: el cañonero Calvo Sotelo al mando de capitán de corbeta don Alejandro Molins, en la bahía de Algeciras vigilando al destructor; del límite de la misma bahía a Punta Europa con rumbo EW. a NS., el minador Júpiter, al mando del capitán de fragata señor Fernández de Henestrosa; vigilando del NS. al NE. terminando en punta Europa, el minador Marte al mando del capitán de fragata don Luís Vierna y el Vulcano como se ha dicho, al mando del capitán de fragata don Fernando Abarzuza, con rumbo N. a S. dividiendo la zona en dos; navegando con rumbo al N. quedaban el Júpiter a babor y el Marte a estribor de su rumbo.

Efectivamente, a las 0045 del día treinta, el comandante del cañonero Calvo Sotelo avisa a todos que el destructor está con todas sus calderas encendidas y a las 0110 lanza al éter la señal de alarma  ‹ PPP. . . ›, el destructor en esos momentos con toda la presión en sus calderas da una arrancada y se encara a salir de puntas del pantalán del puerto de Gibraltar, con rumbo a Punta Europa, pero le da tiempo al cañonero de encender su reflector consiguiendo alumbrarlo y marcar a sus compañeros el punto exacto donde se encuentra, pero no satisfecho su comandante, porque al zarpar a tan alta velocidad ya lo había dejado atrás, lo sigue iluminando con las balas trazadoras de sus ametralladoras.

El Júpiter es ahora el que tiene que intentar frenarlo, lo alumbra con su reflector y el Díez le abre fuego, al que contesta el Júpiter, pero de pronto se da la orden de cesar el fuego; las dos salvas que le ha lanzado iban bien centradas pero cortas. ¿Pero porque no sigue abriendo fuego?

El Vulcano se acerca a diecinueve nudos, el buque no tiene la velocidad del destructor, pero si le logra cortar la proa su desplazamiento es más del 50% del de su enemigo y esa baza hay que jugarla, pero queda cegado el buque por un reflector, esto les impide apuntar y por lo tanto disparar, pero mantiene el rumbo ya que a pesar de la oscuridad se consigue ver la espuma de la proa del destructor, pero de pronto el Díez vira de vuelta encontrada, pero los dos mantiene el rumbo hasta que él minador cae a estribor para evitar la colisión frontal, que es lógicamente la que menos le favorece por la diferencia de velocidad, pero el destructor vuelve a virar a su estribor para colocarse de nuevo en posición de lanzar sus torpedos, lo que evita el comandante del Vulcano dejándose caer esta vez a babor, llegando a estar casi abarloados, por esta razón el Júpiter a dado la orden de no abrir fuego, ya que podría haberlo recibido el Vulcano, puesto que la luz que ciega al Vulcano era del reflector del Júpiter y éste sí sabía la posición de su compañero.

Ahora ya no valen los cañones, solo hablan las ametralladoras y los fusiles de los infantes de marina y de la marinería del destructor, viéndose tan agobiado el Díez lanza un torpedo, el cual pasa por la toldilla del minador sin tropezar con nada, pero al caer al mar se deja parte de su sistema de propulsión, al tropezar éste con la regala de estribor, pero por el rumbo que ambos llevaban, al ser superado el minador por el destructor le disparó con su artillería, pero al mismo tiempo para no encallar, paró la máquina de estribor y metió el timón a la banda pues ya se encontraba a menos de doscientos metros de la arena de la playa de los Catalanes en el mismo Peñón, acción que le evitó seguir el destino del Díez que sí se quedó varado en la playa.

El Vulcano encajó cinco impactos enemigos, los cuales hirieron a cinco hombres y otras averías de menor importancia. El Díez recibió un proyectil en la cámara de máquinas, otro que le cortó las tuberías de vapor principales, otro que arrancó una pieza antiaérea matando a todos sus sirvientes y al embarrancar, sufrió un desgarrón de sus fondos en la banda de estribor así como desperfectos en los tanques número 4 y 5. Las bajas fueron en el combate de cuatro muertos, un desaparecido, dos que se lanzaron voluntariamente al mar y trece heridos, pero hubo uno anterior que no se sabe su final, ya que al virar los montajes de los torpedos cuando aún estaba en el puerto de Gibraltar un hombre cayó al agua.

Continuó en su puesto, siendo uno de los elegidos para representar a España en la embajada extraordinaria, que se formó para acudir a Roma a la coronación del nuevo Pontífice Pío XII a primeros de marzo del año de 1939, al regresar siguió en su puesto hasta la finalización de la guerra, siendo ascendido a vicealmirante por Decreto Ley del día veintisiete de julio del año de 1939, siendo destinado como almirante en jefe de los Servicios en el Ministerio de Marina en el mes de septiembre siguiente.

Un tiempo después fue ascendido al grado de almirante y destinado como comandante General del Departamento Marítimo de Cartagena, donde permaneció hasta la edad de jubilación, pasando su residencia a Madrid, donde el día doce de mayo del año de 1962 le sobrevino el óbito.

No paró de trabajar durante toda su vida y sobre todo después de sufrir la desgraciada guerra civil, en la que tantas cosas faltaban en España y toda ayuda para reponerlas o crearlas no eran vanas, como el caso de la falta de oficiales para la Armada, por los asesinados en masa por la insensatez de los llamados por sí mismos ‹ luchadores por la Libertad ›, que casi dejó huérfana a la Armada al ser fusilados y arrojados al mar vivos, la mayor parte de toda la oficialidad.

Para remediarlo a él se le ocurrió montar la estructura de los Flechas Navales y al ser aceptada, toda su formación y sistema de estudios se pudo en parte paliar el crudo problema. Fue el primer consejero de Falange de la Armada, siendo uno de los cuarenta representantes en las Cortes nombrados por el Jefe del Estado. Al organizarse el Consejo del Reino, pasó a ser uno de sus integrantes hasta su muerte.

Entre otras condecoraciones, estaba en posesión: Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo; Gran Cruz del Mérito Naval con distintivo roja, del Mérito Militar y del Mérito Aéreo; Gran Cruz del Mérito Naval con distintivo blanca, del Mérito Militar y del Mérito Aérea; Gran Cruz del Yugo y las Flechas; Medalla de oro del Tiro Naval; Medalla de oro del Trabajo y las Medallas del Mérito Agrícola y Civil, de las extranjeras: Gran Cruz de la Orden de San Benito de Avis de Portugal; Oficial de la Corona de Italia; Gran Cruz de San Silvestre de la Santa Sede y Gran Cruz del Águila Alemana.

De los cargos que se le otorgaron están principalmente: Rector de la Sociedad de Estudios Internacionales y Coloniales; presidente perpetuo de los Congresos Arqueológicos Nacionales; presidente de la Real Sociedad Geográfica de España; presidente de la Mancomunidad de los canales de Taibilla; presidente honorario de la Caja de Ahorros en el Sudeste de España; presidente honorario del Patronato de Monegros e hijo adoptivo de Cartagena, Puerto de Santa María y Badajoz.

Como se puede apreciar, no sólo fue un hombre de armas y grandes decisiones, si no que su apoyo se alargó a toda obra que pudiera engrandecer a España y los españoles.

Bibliografía:

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Compilada por Todoavante.

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