Biografía de don Pedro Autrán y Díaz-Barcenilla y Torre

Posted By on 16 octubre, 2010

Biografía de don Pedro Autrán y Díaz-Barcenilla y Torre

Teniente general de la Real Armada Española.

Caballero de la Orden de Santiago.

Vino al mundo en la villa de Puerto Real (actual provincia de Cádiz) el día dieciocho de julio del año de 1734. Sus padres fueron el constructor francés don Ciprian d’Autran y de su esposa, doña Lucía Teresa Díaz-Barcenilla y Torre.

Realizó sus estudios alcanzando la licenciatura de ingeniería, por lo que se presentó en la Compañía del Departamento de Cádiz y pasó los exámenes con excelentes notas, y con fecha del día once de noviembre del año de 1747, se le ascendió directamente al grado de alférez de navío graduado, siendo agregado al Cuerpo e Ingenieros de Marina.

Aquí en su escuela perfeccionó sus estudios durante un poco más de un año y con fecha del día uno de enero del año de 1749 se le destinó al Arsenal de la Carraca a dirigir la construcción de dos bombardas. El día seis de noviembre siguiente, se le destinó a verificar sobre el terreno los montes de Andalucía, para situar los bosques que se podían cortar, los que había que esperar y donde se podía plantar, permaneciendo en eta comisión hasta el día veinte de septiembre del año de 1750, en que se le ordenó trasladarse al Arsenal de Ferrol, para seguir los pasos de la construcción de dos navíos.

Por Real orden del día veinticuatro de marzo del año de 1753, se le ascendió al grado que ya ostentaba, pero a partir de esta fecha en propiedad. Con el ascenso regresó a su departamento recibiendo la orden en el año de 1757 de embarcarse en el navío Castilla, con el que se mantuvo en los cruceros de protección de la recalada de los buques proveniente de Tierra Firme, navegando entre los cabos de Santa María y San Vicente.

En una de sus arribadas, se le entregó la Real Orden con fecha del día nueve de marzo del año de 1758, por la que se notificaba su ascenso a teniente de fragata, con este grado estuvo navegando por el océano Atlántico y Mediterráneo, realizando cruceros sobre las islas Baleares y las Canarias, bien transportando tropas y pertrechos de guerra, así como a los mismo efectivos del ejército que unos dejaban el servicio y otros los reemplazaban, por ello hay un cúmulo de trasbordos entre navíos, siendo por orden su primer embarco en el Rayo, pasando de nuevo al Castilla, después al Glorioso, Aquilón y Héctor.

Su comportamiento era muy bien considerado por sus superiores, ya que en varios de estos cruceros los buques sufrieron algún tipo de avería y su experiencia les venía muy bien, ya que para todo encontraba solución con los materiales y herramientas de abordo, por eso solo dos años después, recibió una Real Orden con fecha del día trece de julio del año de 1760, por la que se le ascendía al grado de teniente de navío, regresando a la misma misión, embarcando primero en el navío Princesa, pasando al Rayo de nuevo y posteriormente al Buen Suceso, con todos estos permaneció en las mismas aguas ya citadas.

Se le dio la orden de trasbordar al navío San Lorenzo, el cual debía de arribar al Callao, por lo que zarpó de la bahía de Cádiz, con rumbo a Puerto Soledad, donde se preparó al buque para doblar el cabo de Hornos, pasando al océano Pacífico, arribando a Valparaíso y posteriormente a el Callao de Lima, donde se dejaron los pliegos y ordenes al Virrey, para zarpar de nuevo y doblando el cabo de Hornos para arribar a la bahía de Cádiz el día seis de agosto del año de 1772, quedando de momento desembarcado.

No pasó mucho tiempo, cuando recibió la orden de embarcar en la fragata Santa Catalina y un tiempo después a la Rosalía, en ambas ya como segundo comandante y realizando la misión de corso contra la piratería de las regencias norteafricanas, en una de sus arribadas a la bahía de Cádiz, se le ordenó trasbordar al navío San Rafael, con el que cruzó el océano con rumbo y destino a Cartagena de Indias, donde al arribar se le otorgó su primer mando, siendo la urca Santa Florentina, la cual fue cargada con tropas para ser transportadas a la bahía de Cádiz, misión que cumplió a satisfacción del mando.

Recibió una Real Orden con fecha del día veintiuno de abril del año de 1774, por la que se le ascendía al grado de capitán de fragata, y al poco tiempo se le otorgó el mando de la Liebre, que pertenecía a escuadra del general don Pedro Castejón, en cuya escuadra pasó a la expedición contra la regencia de Argel al año siguiente, como su buque era de menor calado fue de los que se acercó lo máximo posible a la costa para con sus fuegos facilitar primero el desembarco y posteriormente el reembarco de las tropas del ejército, al ser estas atacadas por más de doce mil jinetes, los cuales causaron daños importantes por no haberse podido desembarcar la artillería, lo que les obligo a retroceder, en cuyo momento todo apoyo naval por fuego de la artillería embarcada no era suficiente, aunque las bajas fueron relativamente pocas gracias precisamente a la perfecta concentración del fuego realizado por todos los buques.

Un tiempo después se le entregó el mando de la Esmeralda, con la que se mantuvo en corso en el Mediterráneo, pasados unos meses se le ordeno trasbordar al navío San Miguel, ya como segundo comandante, con el que realizó un tornaviaje a la isla de Cuba, a su regreso se le ordenó cruzar sobre la costa norteafricana en protección de nuestro tráfico marítimo. Unos meses después se le entregó el mando de la urca Presentación, con la que pasó a Veracruz y Cartagena de Indias, cargando en ambos puertos maderas para ser transportadas al Arsenal de Ferrol para ser utilizadas en la construcción naval.

Al regresar de este tornaviaje, se encontró con la Real Orden del día trece de mayo del año de 1779, por la que era ascendido al grado de capitán de navío, al poco tiempo se le otorgó el mando del navío Dragón y formando división a sus órdenes las fragatas Margarita y Escolástica, con la orden de permanecer cruzando sobre las aguas del mar Cantábrico, al terminar su misión las fragatas se quedaron en Ferrol y él permaneció sobre las aguas de Cuervo y Flores, estando en ellas le sobrevino un fuerte temporal que le obligó a navegar con rumbo al S; fue tan fuerte que al navío se le tuvieron que dar seis tortores, para evitar que se terminase de abrir, arribando de esta guisa a su Departamento de Cádiz.

El buque pasó directamente a dique pasa ser reparado, quedando en tierra pero vigilando la reparación, al terminar y serle entregado el buque fue incorporado a la escuadra del general don José Solano, zarpando la escuadra y el convoy de la bahía de Cádiz el día veintiocho de abril del año de 1780 con rumbo a Cartagena de Indias, el general le encomendó la vigilancia exclusiva del convoy.

De nuevo un temporal separó a la escuadra de la flota, pasando cada comandante a solucionar sus problemas, pero Autrán se mantuvo firme no perdiendo de vista a sus veinte transportes, logrando llegar y guarecerse en las aguas de las islas de Barlovento, para ello debió de despistar a sus perseguidores y una vez logrado viró de rumbo arribando a la Habana donde lanzaban las anclas el día cuatro de agosto.

Participó con su buque en todas las salidas que hizo la escuadra, en una de sus arribadas, siendo el día siete de febrero del año de 1781, se le ordenó tomar el mando del navío San Luis, con el que participó en la expedición a la Florida y posteriormente a la toma de Penzacola, concluidas las operaciones con la victoria de las armas españolas, arribó de nuevo a la Habana, donde por tener que ausentarse don José Solano, le entregó el mando interino del Apostadero en el mes de mayo de 1782, encontrándose en este puesto le llegó la Real Orden con fecha del día veintiuno de diciembre del año de 1782, con la notificación de su ascenso a brigadier, continuó en el cargo hasta la llegada de su propietario el día tres de junio del año de 1783, regresando a la Península de transporte en la fragata Cecilia a la bahía de Cádiz.

Permaneció unos años sin mando ocupando diversos puestos dentro del Departamento de Cádiz, hasta que recibió la Real Orden del día veinticuatro de marzo del año de 1789 por la que se le otorgaba el mando del navío San Ramón, el cual fue abordado por el nuevo virrey de Nueva España, el II conde de Revillagigedo para ser transportado a tomar posesión de su nuevo cargo y con él viajaba don Juan Francisco de la Bodega y Quadra, que también viajaba para tomar el cargo de comandante de marina de San Blas, para aprovechar el viaje el buque iba cargado con azogues, zarpando de la bahía de Cádiz con rumbo a Veracruz. Ya cumplida esta misión se le dio el mando de la Flota que cargada con el situado, realizó una escala en la Habana y de aquí arribó a la bahía de Cádiz sin novedades dignas de mención el día cinco de mayo del mismo año.

A los pocos días se le incorporó a la escuadra de don José Solano, ya en estos momentos era el marqués del Socorro, con el que zarpó de la bahía de Cádiz con rumbo a Finisterre realizando la campaña de este nombre, al darse por terminada, su general le ordenó arribar al Departamento de Cartagena, para dejar allí su navío que no estaba en muy buenas condiciones y tomar el mando del San Vicente.

Ya al mando de éste navío a principios del mes de septiembre del año de 1790, se le dio la orden de acudir lo antes posible a la ciudad de Orán por estar siendo atacada, lo verificó con tal rapidez y eficacia que las tropas que había transportado consiguieron neutralizar la situación, quedando más estable y tranquila la ciudad, aunque los ataques eran contantes pero no tan intensos, por lo que recibió una nueva orden para que tomara el mando como comandante de marina, permaneciendo en ella hasta que fue vencida la resistencia enemiga; al quedar ya con refuerzos y bien protegida, se le ordenó regresar a Cartagena, arribando el día veinticuatro de diciembre del mismo año.

Por Real orden del día uno de marzo del año de 1791, se le asciende al grado de jefe de escuadra, entregándosele el mando de una compuesta por seis navíos, dos fragatas y dos bergantines, zarpando de la bahía de Cádiz con rumbo a Ferrol a adonde arribó el día doce de junio, adonde arribó el día doce de junio, quedando desembarcado puesto que la escuadra pasó entera a desarme.

Se le entrega otra por Real Orden del día dieciocho de septiembre del año de 1793 compuesta por los navíos Europa, Pelayo y Soberano las fragatas Cecilia y Brígida y un bergantín para arribar al puerto de Túnez, transportando a una comisión de negociación ante la regencia, las negociaciones con los moros siempre han sido de armas tomar por la lentitud en tomar decisiones, lo que obligó a la escuadra a permanecer cinco largos meses anclada en el fondeadero del puerto, al darse por concluida zarparon de Túnez con rumbo a Cartagena arribando en el mes de marzo del año de 1794.

Aquí se le añadió el navío Salvador, por lo que pasó a él su insignia, e incorporado a la escuadra del general don Juan de Lángara, quien le nombró su segundo al mando. Para desempeñar una comisión especial, al mando de su división se separó de la escuadra, permaneciendo un tiempo cruzando sobre Argel y la isla de Cerdeña, al terminar esta demostración de fuerza, se unió a su escuadra en el puerto de Cartagena.

La escuadra zarpó por haberse declaro la guerra a la República francesa, navegando con rumbo a la isla de Santa Margarita y de aquí al verificar que la escuadra francesa se había ocultado en Tolón, se puso rumbo para defender la plaza de Rosas, lo que se consiguió y para protegerla se quedó la escuadra cruzando sus aguas, estando aquí se desató un temporal, causando la dispersión de la escuadra, pero al ser de N. algunos arribaron a la misma Cartagena, entre ellos la división de Autrán, quien desembarcó y arrió su insignia el día ocho de febrero del año de 1795.

Al terminarse la guerra con la República francesa, pasó a Cádiz, ya que permanecía en el Arsenal de Cartagena por si era necesario suplir a algún compañero, al llegar a su Departamento de destino, se le comisionó para cumplir servicios en el mismo, de acuerdo a su alto grado.

Pasó el desastre del día catorce de febrero del año de 1797, con el amargo sabor de una derrota inmerecida. Continuó en el Departamento, hasta que recibió una Real Orden del día cinco de octubre del año de 1802, por la que era ascendido al grado de teniente general.

El destino quiso que no disfrutara de este último ascenso, pues tan solo treinta y dos días después, el seis de noviembre del mismo año de 1802, le sobrevino el óbito. Contaba con setenta y cinco años de edad de los que cincuenta y cinco estuvo al servicio de España y su Rey.

Bibliografía.

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1968. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895—1903.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

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