Biografía de don Francisco Alsedo y Bustamante

Posted By on 26 octubre, 2010

Biografía de don Francisco Alsedo y Bustamante

Capitán de navío de la Real Armada Española.

Caballero de la Militar Orden de Santiago.

Cortesía del Museo Naval de Madrid.Cortesía del Museo Naval de Madrid.

Vino al mundo el día tres de septiembre del año de 1758, en la ciudad de Santander, siendo sus padres don Francisco de Alcedo y Agüero. Coronel y Comendador de Fradel en la Orden de Santiago. Gobernador de lo político y militar de Ocaña y Laredo, y de su esposa, doña María Antonio de Bustamante Alcedo Riba Herrero. Marquesa de Villa Torres y Señora de la Villa de Cabañas. Expediente n.º 1.280. (Obsérvese que el primer apellido del padre es Alcedo y por éste figura en el Expediente el biografiado)

Recibió sus primeros estudios en su misma ciudad, pero inclinado a la mar decidió solicitar y se le concedió Carta-Orden de ingreso en la Compañía de Guardiamarinas del Departamento de Cádiz, sentando plaza el día veintisiete de abril del año de 1774. Fue en esta Compañía porque era la única existente, ya que hasta el año de 1776 no se crearon las de Cartagena y Ferrol.

Muy pronto pasó los exámenes de las materias teóricas, pasando a realizar las prácticas de mar, siendo destinado al navío Paula, que pertenecía a la escuadra del general Arce, con el buque dio protección a un convoy que desde la bahía de Cádiz debía llegar al Arsenal de Cartagena, al arribar a éste se le ordenó trasbordar al jabeque Gamo, que estaba en la escuadra del mando del general don Pedro Castejón, participando en la expedición a Argel. En ésta plaza se le ordenó al comandante de su buque que batiera la fortaleza para facilitar el desembarcó el cual se efectuó, pero un contraataque de la caballería argelina dio al traste con lo ya conseguido, siendo arrollada la vanguardia y el resto se puso en franca huída, por lo que de nuevo para proteger al ejército al mando del conde de Orelly, tuvo que pasar a armar su lancha en cañonera y así acercándose más a la costa seguir protegiendo el desorganizado reembarque.

Regresó la escuadra y flota al puerto de Alicante el día diez de julio, pasando posteriormente a la bahía de Cádiz, donde al arribar se le dio la orden de trasbordar a la fragata Santa Marta, con la que practicó el corso contra las regencias norteafricanas, en una de sus arribadas trasbordó al jabeque Atrevido, con el que prosiguió el corso en el Mediterráneo, arribando a la bahía de Cádiz, desde donde pasó al océano para arribar a Ferrol, donde quedó desembarcado el día veintiuno de octubre del año de 1775.

En el año de 1776 se le ordenó embarcar en la fragata Dorotea, con la que navegó hasta las Antillas menores y de éstas a la Habana, siendo destinado a viajar a Veracruz para cargar el situado y trasportarlo al puerto de salida, trabajo en el que el buque permaneció casi tres años, recorriendo todo el seno mejicano, arribando a Cartagena de Indias, siendo siempre la misma misión.

A principios del año de 1779, se le ordenó trasbordar a la fragata O, con la que permaneció de guarda en aquellas aguas. El año de 1781 formó parte de las fuerzas navales que tomaron Penzacola y para poder apoyar mejor al ejército se le entregó el mando de lancha del buque armada en cañonera, participando con ella a partir del día veintiuno de abril del mismo año, una vez la fuerza estuvo segura en tierra su buque zarpó con rumbo a la Habana.

Sobre medio recorrido se encontró con dos fragatas británicas, que a pesar de ser algo inferiores eran más, pero el comandante de la O supo combatir muy bien, pues en ningún momento se dejó rodear lo que le permitió primero rendir a una y luego a la restante, consiguiendo arribar a la Habana con las dos capturas.

Permaneció poco tiempo en la Habana pues recibió la orden de regresar a la Península, arribando a la bahía de Cádiz en el mes octubre del mismo año, no hizo nada más que poner el pie en tierra se le ordenó embarcar en navío San Vicente, que pertenecía a la escuadra del mando del general don Luis de Córdova, siendo destinado a cruzar en protección del tráfico marítimo procedente de Tierra Firme o Antillas, entre los cabos de Santa María y San Vicente.

Permaneció en éste buque hasta el día veinte de marzo del año de 1782, en que trasbordo por orden al San Dámaso, que pertenecía a la escuadra del general don Antonio Osorno, compuesta de doce buques. Ésta se unió a la del contralmirante francés conde de Guichen, con la que zarpó con rumbo a las islas Azores y Puerto Santo. A su regreso de esta misión se unió a la escuadra del mando del general don Luis de Córdova, con la que se realizó la segunda campaña naval del Canal de la Mancha.

El día trece de septiembre del mismo año se produjo el ataque de las baterías flotantes invento del ingeniero francés D’Arçon, pero mandadas por el general Ventura Moreno, se le entregó el mando de lancha de su buque armada en cañonera, como apoyo a las baterías cuando estás comenzaron a arder por efecto de las ‹ balas rojas › que disparaban los defensores, siendo herido pero negándose a abandonar su puesto hasta el día siguiente en que todo había terminado.

En los incendios y voladuras de estas pesadas baterías en teoría insumergibles e incombustibles, con la circulación de agua ‹ como la sangre por el cuerpo humano ›, hubieron trescientos treinta y ocho muertos, seiscientos treinta y ocho heridos, ochenta ahogados y trescientos prisioneros; pero los efectos fueron superados en mucho por el bombardeo de las lanchas cañoneras inventadas por Barceló, que lo hacían seguro y muy efectivo.

No se había recuperado de sus heridas, cuando se le ordenó trasbordar al navío San Pascual, como ayudante del general don Juan de Lángara, que tenía la orden de zarpar con rumbo a las Antillas. Por todos estos hechos de armas se le entregó la Real Orden fechada el día veintiuno de diciembre del mismo año de 1782, con su acenso al grado de teniente de navío. Por los acontecimientos que habían ocurrido en la independencia de las Trece Colonias no se llevó a cabo la salida, quedando sin misión y por ello inmediatamente se le ordenó trasbordar al navío San Fermín y un tiempo después al Santa Isabel, pero al pasar una revisión de su herida, el cirujano recomendó que lo mejor era darle una licencia y que se recuperara de verdad, ya que de no hacerlo podía traer peores consecuencias, aprovecho la ocasión y viajó hasta su casa natal donde pronto se recuperó.

Se presentó a sus superiores y lo destinaron a los Batallones de Infantería de Marina, permaneció en ellos y con fecha del mes de junio del año de 1786 se le ascendió como alférez de ellos. A principios del año de 1787 se le ordenó embarcar en la fragata Paz, con el cargo de oficial de órdenes del general don Gabriel de Aristizabal, con la misión principal de hacerse cargo de los guardiamarinas de la Compañía de Ferrol, que iban embarcados en su instrucción de prácticas en la escuadra, al concluir el periodo de instrucción quedó desembarcado. En el transcurso cambió de Jefe, ya que se nombró al general don Juan de Lángara, quien lo mantuvo en su puesto.

Con fecha del día doce de julio del año de 1791, recibió la Real Orden por la que se le notificaba su ascenso a capitán de fragata, siéndole entregado el mando de todos los guardiamarinas, que estaban destinados en la escuadra del mando del general don Francisco de Borja, estando a bordo del navío Europa. Al terminar este nuevo periodo de instrucción y arribar a la bahía de Cádiz, se le ordenó trasbordar al navío Salvador y fue nombrado primer ayudante de la Mayoría de la escuadra del mando del general don José Solano, zarpó la escuadra y puso rumbo al cabo de Finisterre, donde realizó la campaña de éste nombre, al concluirla regreso a la bahía de Cádiz.

Continuó en el cargo, a pesar de los cambios de sus generales al mando, pasando a las órdenes del general don Gabriel Aristizabal, al que sucedió en el mando el general don Francisco de Borja y a éste el general don Felipe López de Carrizosa. Pasando con fecha del día doce de julio del año de 1792 a ser ascendido a teniente de la Compañía de Guardiamarinas de Ferrol.

Permaneció en ella hasta recibir la orden de embarque en el navío San Eugenio el día quince de mayo del año de 1793, con el cargo de Mayor General de la escuadra, que estaba al mando del general don Gabriel Aristizabal, destinada a las Antillas, cuando zarpó constaba de seis navíos y dos fragatas, pero al final se reforzó alcanzando un total de once navíos, siete fragatas y nueve bergantines. La principal causa de ser enviada, eran los actos piráticos que desde la parte francesa de la isla de Santo Domingo se llevaban a cabo contra el tráfico marítimo español, aparte de hacer el transporte de los situados con cierta seguridad.

El general Aristizabal eligió como base de sus operaciones a Puerto Cabello. En la noche del día veintisiete de enero del año de 1794, se le entregó el mando de una fragata y un bergantín, primero se dirigió al fuerte de la Boca y en él a la batería de Llars, las cuales por haber desembarcado sigilosamente con cuatrocientos hombres, sorprendió a la guardia y la rindió, al dejar sin protección la entrada se introdujo con los dos buques he intimidó a la rendición al fuerte del Delfín, los cuales al ver los buques en el interior era de suponer que habían conquistado el del antepuerto, por lo que se rindieron sin preguntar nada más, lo muy curioso es que eran muchos más los defensores que los atacantes, pero al utilizar el citado ardid le dio la victoria y con solo tres heridos de los enemigos, sin ninguna baja española, todo un logro de la astucia.

Al terminar con ésta misión regresó a la Habana, donde bien en un buque o bien en otro se mantuvo en la mar constantemente, protegiendo nuestro tráfico marítimo, así como el transporte del situado para ser embarcado en la Habana con rumbo a la Península, fueron tan buenos los informes que se enviaron a S. M. de sus superiores, que tuvo a bien con fecha del día veintinueve de octubre del año de 1796, firmar la Real Orden por la que se le ascendía al grado de capitán de navío, permaneciendo en las Antillas el tiempo reglamentario entonces de tres años, al finalizar los cuales regresó a la Península.

El día seis de mayo del año de 1801, por Real Orden se le entrega el mando del navío San Román, que pertenecía a la división del brigadier don Francisco de Montes, que curiosamente enarbolaba su insignia como a tal jefe en la fragata Anfitrite, recibiendo la orden de zarpar el día ocho del mismo mes y año, para dar escolta a un convoy con rumbo a las tierras e islas de Barlovento. Al terminar la comisión pasó a la Habana, pero en el transcurso de la noche quedaron separados los dos buques.

Al día siguiente al amanecer se vio rodeado de un navío, dos fragatas y una corbeta de guerra británicas, puso rumbo a cazar el viento para conseguir separarse de ellos, pero una de las fragatas del porte de 40 cañones algo más rápida consiguió darle alcance, como los primeros disparos enemigos fueron a la arboladura para restarle velocidad y que le dieran caza el resto de buques, se tuvo que batir en retirada, pero no antes de conseguir dejar fuera de combate a la fragata enemiga, a pesar de ésta medio victoria e intentar reparar las  averías en las velas, el resto le iba acortando distancia pero todo debió de suceder muy lentamente, ya que se volvió a hacer de noche y esto le permitió entrar en el placer de la Cruz del Padre, para al amanecer del siguiente día, hacerlo en el puerto de Matanzas, pero ya con todo el trapo reparado.

Fue descubierto por los enemigos y bloquearon el puerto, lo que le obligó a permanecer en esa situación dos meses, ya que los británicos abandonaron momentáneamente el bloqueo, lo que aprovecho para zarpar, justo en el momento en que un convoy de mercantes españoles cruzaban, así que decidió darles escolta a pesar de estar a la vista de los enemigos que no se movieron, consiguiendo arribar a la Habana todos y a la vista de su general, por lo que recibió sus gracias. Tiempo después enterado S. M. por su general, también le remitió las Reales Gracias.

En el mes de diciembre del año de 1801, se le entregó el mando del navío Asía, con el que zarpó con rumbo a la Península, pero en esas fechas eran normales los grandes temporales, lo que le llevó a sufrir uno consiguiendo salir de él gracias a su pericia marinera, ya que ni árboles le dejó y haciendo siete pulgadas por hora de agua, pero lo puso en bandolas y consiguió arribar a San Juan de Puerto Rico, donde se reparó lo imprescindible y continuó viaje a la bahía de Cádiz, al arribar le dieron la orden de trasladar el buque para realizar un recorrido de fondos total al Arsenal de Cartagena.

Mientras esperaba la reparación de su navío, se le concedió licencia para viajar a su casa natal, al reincorporarse se le destino al Departamento de Ferrol como Mayor General, donde permaneció hasta el día veintinueve de marzo del año de 1804, en cuyo momento por orden del general Grandallana que había dejado su puesto en el Ministerio en Madrid, se hizo cargo de la escuadra a formar en el departamento citado, para ello eligió a los mejores y a Alsedo le entregó el mando del navío Montañés por Real Orden del mes de junio del año de 1805. Aunque era de esperar el mando de ese navío pues había sido construido por suscripción popular en la villa de Santander, su tierra natal y sabedor de ello el general Grandallana, quiso unir las dos causas de que un buque pagado por sus paisanos, fuera mandado por uno más de ellos.

Unidas las escuadras del almirante Villeneuve compuesta por dieciocho navío y varias fragatas, a la del general don Federico Gravina, con quince navíos y varios bergantines, estando la combinada a las órdenes del primero, zarpó el día trece de agosto de la ría de Ares, para en vez de cumplir las órdenes del Emperador francés de intentar arribar a Brest, solo puso el rumbo contrario, ya que la escuadra combinada arribó el día veinte del mismo mes a la bahía de Cádiz.

Aquí permaneció fondeada la escuadra, hasta que llegaron noticias de que Napoleón había destituido a Villeneuve y nombrado en su puesto al almirante Rosilly, lo que movió a Villeneuve a dar la orden de zarpar, comenzando a salir el día veinte de octubre de 1805.

Al principio se estuvo navegando en cinco columnas con la intención de que los buques no se separan por la noche, pero al amanecer del día veintiuno la escuadra formó la línea con rumbo al Este; avisado el almirante Nelson por sus fragatas dispuestas con una separación apropiada se fue pasando la comunicación de la salida de la combinada, al llegar a conocimiento de Nelson éste dio la orden de formar dos columnas y de esta forma llegó al contacto.

El destino quiso, que Alsedo y su Montañés estuvieran formando parte de la escuadra del mando del general Gravina, llamada de Observación por lo que iba en vanguardia de la línea, pero el almirante francés dio la orden de virar por avante, (maniobra que todos los expertos la consideran la principal causa de lo que después ocurrió) dando la excusa que así la escuadra navegaría de regreso a la bahía de Cádiz y en caso de que las cosas no fueran bien, siempre facilitaría el que los navíos ya estuvieran en rumbo de arribada a la bahía de salida.

Lo bien cierto es que dio la orden a la vista de la escuadra británica, y la línea se convirtió más bien en algo parecido en forma al traslado serpenteante de un áspid, dejando abandonados a varios buques y al mismo tiempo, el Montañés se encontró en el centro del combate, sobre el que se le vino encima la segunda línea de la escuadra británica al mando del vicealmirante Collingwood, por lo que rota la firmeza de la línea los buques fueron fácilmente doblados. Sobre el buque de Alsedo casi se le abarloó un navío de tres baterías británico, pero el suyo era de dos, siendo muy inferior, soportó el bombardeó que estuvo respondiendo hasta que una bala enemiga le acertó en la espalda, dejándolo tendido sobre la cubierta del alcázar y muerto en el acto. (1)

Era Caballero profeso de la Real y Militar Orden de Santiago. Y perdió la vida con cuarenta y cinco años de edad, con un brillante porvenir. Pero los proyectiles no saben de conocimiento.

Al ser lanzado su cuerpo a la mar, no se le pudo enterrar en el Panteón de Marinos Ilustres, pero la Armada lo recuerda con una placa situada en la tercera capilla del Oeste, con una inscripción que dice:

A la memoria

del Capitán de Navío

Don Francisco Alsedo y Bustamante

Muerto gloriosamente sobre el navío de su mando

«Montañés» en el combate de Trafalgar

el 21 de octubre de 1805

El Montañés fue uno de los pocos que regresó a la bahía de Cádiz y también murió en el combate su segundo don Antonio Castaños, pero la oficialidad y tripulación debieron causar graves daños a su enemigo, que les dejó marchar por imposibilidad de apresarlo y estamos convencidos de ello, ya que la norma del combate era apresar a todo lo que se mantuviera sobre el agua y en su caso pudo zafarse al enarbolar el general Gravina la orden de retirarse a la bahía de Cádiz.

Bibliografía:

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Vargas y Ponce, Joseph de.: Elogio Histórico de D. Antonio de Escaño. Editorial Naval. Madrid 1962. Escrito por el autor en el año de 1814 por acuerdo de la Real Academia. Publicado con notas por el Contralmirante don Julio F. Guillen. Secretario Perpetuo de la misma Real Academia.

Compilada por Todoavante.

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