Biografía de don Manuel López Almonacid Pintado

Posted By on 6 diciembre, 2010

Manuel López Almonacid Pintado. Museo Naval. Madrid.

Cortesía del Museo Naval. Madrid.

Teniente general de la Real Armada Española.

Caballero de hábito de la Militar Orden de Santiago.

Marqués de Torre Blanca de Aljarafe.

Vizconde de Cabrejas.

Veinticuatro perpetuo de la ciudad de Sevilla.

Familiar de la Santa Inquisición.

Vino al mundo en la población de Tembleque, el día doce de marzo del año de Señor de 1677, siendo sus padres de la alta nobleza de la ciudad de Toledo, diócesis a la que pertenecía el lugar de nacimiento.

En la numerosa prole que tuvieron sus padres, con ocho hijos, él ocupaba el sexto lugar, las primeras letras las aprendió en casa de la mano de su madre, pasando al cumplir los doce años en el año de 1689 a la ciudad de Sevilla, donde continuó su perfeccionamiento en las diversas materias.

Se vuelve a saber de él, al figurar como consignatario para el transporte de mercancías desde Indias a la Península, siendo su primer viaje en la Flota de Nueva España al mando del General don Manuel Velasco y Tejada, que fue la que se refugió en Vigo a su arribada en octubre del año de 1702, por la constante persecución de las escuadras anglo-holandesas.

La escuadra española la componían dieciséis buques y otros diecisiete franceses más un brulote. Sobre las 1400 horas del día veintitrés de octubre, los enemigos consiguieron romper la cadena de protección de la entrada a la ría, momento en que Velasco dio la orden de prender fuego a todos sus buques, haciendo lo mismo el general francés Chateaurenault, el ataque no resulto tan fructuoso en cuanto a esquilmar el tesoro que transportaban, pues se había en gran parte desembarcado.

Al arder los cables de las anclas, los buques se fueron yendo por el viento contra tierra, de ellos los británicos consiguieron poner a flote a cinco españoles, pero dos de ellos se perdieron en el viaje a Albión, de los buques franceses no se pudieron llevar ninguno por su mal estado y los británicos perdieron a su navío insignia el Prince George al mando de Hopson, que fue alcanzado de lleno por el brulote francés.

Se estuvo buceando y recuperando monedas hasta el año siguiente en que se decidió dado que ya no se encontraban muchas paralizar los trabajos, pero en cambio, mucho si salió a la superficie, pero era el que no se había podido transportar y alejar del puerto y sus dueños lo habían enterrado en tierra, como los seis mil pesos de don Pedro Chapote, un paisano que recuperaba sus beneficios en la aportación de materiales para las Indias y así varios más, por lo que la cantidad que pudieron llevarse los enemigos fue mínima comparada con la transportada, en lo que más beneficio obtuvieron fue en las sacas de tabaco, que pudieron ser trasbordadas casi todas a los buques.

La escuadra y flota de Nueva España más la francesa que le daba escolta, se cifra en unos cincuenta bajeles, mientras el despliegue de los enemigos, se calcula en más de ciento cuarenta buques, para poder cubrir todas las posible rutas de arribada de la Flota española, sumado al poco rédito de lo capturado, no deja lugar a dudas que fue a pesar del destrozo de las dos escuadras, una autentica ruina comercial. Pasados unos meses, de los buques que los propios enemigos apagaron los incendios para poder sacar la mercancía, pero no pudieron remolcarlos, se les dio a la banda y fueron recuperados algunos.

(Hay que advertir, que por la diferencia de calendario en ésta época, puesto que los británicos estaban en el Juliano y los españoles en el Gregoriano, las fechas contrastadas de los británicos están siempre diez días adelantadas)

Entre el año de 1703 a 1709 realizó otros tres viajes a Indias, con el cargo de maestre de plata, uno de los más importantes dentro de la Casa de Contratación, siendo el responsable de lo embarcado y entregado de este material, de cuyo transporte y seguridad se hacía responsable, por ello cobraban una comisión del 1 %, pero debían de depositar una fianza en la Casa de Contratación y llevar a un escribano a sueldo, más dos persona de confianza para vigilar la carga y descarga de ella.

Contrajo matrimonio el día doce de mayo del año de 1709 con la hija de un noble sevillano, doña Inés Solano de León, asegurándose así un buen ascendente e influyente suegro, que efectivamente le abrió otras puertas en su escalada al poder.

Lo que se tradujo inmediatamente, que al año siguiente de 1710 se le entrega el mando de un buque, con asiento del Monarca transportando  siete mil quintales de azogue, con destino a las minas de plata que tan bien conocía, en los buques mercantes Nuestra Señora de Begoña y las Ánimas y Nuestra Señora de la Mar y Santa Teresa de Jesús, pero estaban en tal mal estado, que al arribar al virreinato de Nueva España se les dio a la banda, verificando que estaban materialmente podridos por lo que decidió pasarlos a desguace y aprovechar lo que se pudiera de ellos para construir en parte otros.

A principios del año de 1711 regresa a la Península, donde al tiempo se le nombre Diputado Real en la Flota de Nueva España que al mando de don Andrés de Arriola, zarpa en el mes de agosto siguiente de la bahía de Cádiz, con rumbo a Tierra Firme y Veracruz, al arribar a éste puerto el virrey duque de Linares, le ordena realizar una comisión de investigación sobre la pérdida del galeón almirante de la Armada de Barlovento, que al mando de don Diego de Alarcón y Ocaña había naufragado, las causas en su declaración no estaban muy claras. Del resultado de su investigación, a don Diego, en el Consejo de Guerra se le sentenció como culpable del desastre.

Cuando hubo cobrado sus transportes embarcó en un buque francés con rumbo a la Península, sabemos de lo acontecido en este regreso ya que en la Gaceta de fecha del día cinco de julio del año de 1712 dice: « Se ha tenido aviso de haber arribado a Puerto Luis, en la costa de Francia, el barón de la Fauche, habiéndose salvado con gran fortuna del recio combate de algunas horas que tuvo en el canal de Inglaterra, con el navío de guerra holandés  La Perla, de mayor porte, y se ha debido el feliz suceso a la conducta, valor y destreza del capitán de mar y guerra don Manuel López Pintado, diputado de la flota de Nueva España, a cuyo cargo venían 500.000 pesos fuertes »

El rey Felipe V mantenía un contrato con su abuelo Luis XIV, de ayuda y apoyo a su monarquía, el cual resultaba más caro el pago del alquiler de los buques que comprarlos, por ello intentó realizar la compra pero el Rey francés se negó de todas todas (no le era rentable). Esto le obliga a llegar a acuerdos con asientos de buques de particulares españoles, para poder seguir llegando a la Península los caudales necesarios para mantener la guerra de Sucesión, que tan vital le era para poder seguir en el trono de España.

Se le propone al Rey construir una flota de diez buques en la Habana, pero ante la falta de materiales para poderse hacer en tan lejano astillero, contrata con López Pintado para realizar el transporte de todos lo necesario incluida la artillería, pues éste contaba en ese momento con diez buques de los que tres se los acababan de entregar, ya que el proyecto era la construcción de diez galeones de ochocientas toneladas y del porte de 60 cañones cada uno, pero justo en el momento de estar preparado para salir a la mar, recibe la contraorden de pasar con la misma carga a la ciudad Condal, por estar ésta bloqueada por los enemigos y sus buques, eran prácticamente los únicos existentes y disponibles, por lo que el día doce de noviembre del año de 1713, consigue aprovechando unos buenos vientos zarpar de la bahía de Cádiz rumbo al Mediterráneo, arribando a ayudar a la ciudad bloqueada, la cual resistió gracias sobre todo a la gran cantidad de artillería que se transportaba.

Al desembarcar su preciada carga y a forma de la época sus buques a pesar de ser mercantes iban armados, se incorporaron a la escuadra al mando de don Andrés del Pez, aumentando así considerablemente el número de unidades, que impidió a los enemigos seguir aprovisionando a los invasores, por este motivo S. M. le ascendió al grado de General de la Mar, en agradecimiento a sus desvelos, valor y aportación material para el buen fin de su causa.

Desde el mes de agosto del año de 1715, zarpó de la bahía de Cádiz en un viaje redondo a Tierra Firme con una Flota de Nueva España, formada por diez mercantes con la escolta de tres de guerra. A la ida se cruzó el océano en setenta y tres días (los mercantes no daban más velocidad, porque encima siempre iban sobrecargados, lo que aún limitaba más sus condiciones náuticas) después de hacer el típico recorrido de la Guaira, Cartagena de Indias, Veracruz y la Habana, en este puerto se encontró con otra escuadra española al mando de don Fernando Chacón, que había transportado al nuevo virrey señor Marqués de Valero y de paso fueron cargados los caudales reunidos ya en la Habana, por lo que se unieron para darse mutua protección, formando así una escuadra de doce galeones de guerra, zarpando con rumbo a la Península, donde arribaron al mismo puerto de partida el día veinticinco de agosto del año de 1716, después de tan solo cuarenta y siete días de navegación.

Después de esta navegación y por la pugna entre las ciudades de Sevilla y Cádiz para mantener el monopolio de la Casa de Contratación, cuando ya en el año de 1715 se había trasladado oficialmente la Casa de Sevilla a Cádiz, por este motivo varios de los grandes contratistas de Sevilla, entre ellos López Pintado deciden abandonar sus empresas y dedicarse a vivir en su casas cercanas a la capital hispalense y entre otras ocupaciones fue nombrado alcalde de Bollullos.

Por el año de 1722 recibe una Real Orden para que con un buque de ochocientas toneladas, pruebe por su experiencia el paso por el río Guadalquivir hasta arribar al puerto de Sevilla, ya que a pesar de haber pasado varios años la discordia no cesaba. En la prueba se demostró que no era posible para ese tonelaje poder ascender por el cauce hasta el puerto, quedando definitivamente fijado para las salidas y entradas el de Cádiz, terminando con este dictamen la validez del puerto hispalense. (Eso con buques de ochocientas toneladas, cuando se fue aumentando el desplazamiento y en esta época, resultaba imposible arribar al puerto, que indiscutiblemente era mucho más seguro que el de Cádiz)

Continuó prestando algún servicio a la corona, hasta que recibió la Real Orden del día ocho de marzo del año de 1728, por la que el Intendente General don José Patiño, le ordenaba reincorporarse al servicio del Rey en su Real Armada, siendo reingresado en ella con el grado de jefe de escuadra, dándosele por Real Orden la antigüedad en éste empleo con fecha del día doce de diciembre del año de 1712, la misma en que se le dio el título de Almirante, ahora confirmado oficialmente.

Embarcado de nuevo ya, enarboló su insignia en el navío San Luís el día doce de mayo del año de 1728, que junto a otros formó otra escuadra que zarpó de la bahía de Cádiz con rumbo a Cartagena de Indias, para servir de apoyo a las unidades allí destacadas, prosiguió en sus cruceros por estas aguas hasta a principios de febrero del año de 1729 por ser le ordenado regresar a la Península arribando a la bahía de Cádiz el día treinta y uno de marzo siguiente.

Justo este día se encontraba en la bahía de Cádiz el Rey con toda su familia, para asistir a la botadura del navío Hércules, el primero construido en el astillero de Puntales, dando la casualidad de poder asistir a la arribada de la Flota de Nueva España, por lo que siendo conocedor López Pintado de la presencia Real, acudió a besar las manos de sus miembros, a partir de aquí siempre recibió un trato especial por parte del Monarca, por haberle ayudado tanto en sus inicios y demostrado un gran aprecio, que sucesivamente el Rey le fue devolviendo.

Desembarcó y se fue a descansar con licencia a su casa, de donde fue vuelto a llamar, recibiendo la Real Orden el día trece de septiembre siguiente, para con otra escuadra realizar un viaje a Tierra Firme, regresando a la bahía de Cádiz el día veintiséis de junio del año de 1730, volviendo a enarbolar su insignia en el navío San Luís, ya todo listo zarpó con rumbo a la América septentrional, transportando los azogues y cargando los situados, en los puertos de Puerto-Cabello, la Guaira y Cartagena de Indias, arribando sin novedad el día veintiséis de junio del año de 1732, al desembarcar se le entregó la Real Orden, por la que debía presentarse en la Corte para dar el informe de cómo se encontraban aquellos territorios de España. Para ello en postas viajó a la Villa y Corte.

Pero al llegar a la Corte, primero por Real Orden del día cinco de octubre del mismo año, se le otorgan los galones de teniente general, al mismo tiempo el Rey por ser un gran experto en los asuntos de las colonias de América, le nombró vocal de la Junta Consultiva de Indias, que se reunió en la Villa y Corte, donde destacó en las deliberaciones por ser un gran conocedor de los problemas de aquellas tierras.

En el año de 1735, se le volvió a dar el mando de una Flota con destino a América, para ello se desplazó de la Villa y Corte a la bahía de Cádiz para verificar su armamento, zarpando con rumbo a la Guaira, Cartagena de Indias, Veracruz y la Habana, donde desembarcó azogues y cargó el situado, zarpando de éste último puerto arribando a la bahía de Cádiz el día tres de septiembre del año de 1737.

El Rey de nuevo lo llamó a la Corte, al llegar después de un fatigoso viaje por tierra, le concedió los títulos de Castilla de marqués de Torre-Blanca de Aljarafe y vizconde de Cabrejas, por sus méritos y para sus descendientes, al mismo tiempo que le dispensó de la media annata.

En el escudo de armas de su apellido se puede leer:

«Fueron con sol y vinieron

los que á los moros vencieron»

El día cuatro de noviembre del año de 1738 se le otorgó el mando del departamento de Cádiz y sin dejar éste, el de una escuadra compuesta por los navíos: Asía, Real Familia, Fuerte, Nueva-España, San Antonio, San Luís y Andalucía, más las fragatas: Galga, Griega, Júpiter y Marte. Con esta escuadra zarpó el día treinta de mayo del año de 1740 de la bahía de Cádiz, para desempeñar una comisión Real reservada, la cual cumplió y arribó al puerto de Ferrol, donde entregó el mando de ella al general don Rodrigo de Torres, desplazándose López Pintado a la Villa y Corte por tierra, para informar personalmente a S. M. del resultado de la comisión encomendada.

Al terminar las conversaciones con el Rey y después de un breve descanso viajó de nuevo por tierra hasta la bahía de Cádiz, incorporándose a su puesto cómo jefe del Departamento. Decidió pedir una nueva licencia al Monarca para viajar a su casa en la capital de Sevilla y encontrándose en ella, le sobrevino el óbito el día dieciocho de octubre del año 1745. Contando con sesenta y ocho años de edad, de los que cincuenta y cinco había estado al servicio de su Rey y de España.

Fue enterrado en el convento de las Dominicas de Santa María de los Reyes, en un sepulcro a los pies del altar de la Santísima Trinidad, al lado de la epístola donde se encuentra el panteón familiar, sobre él una lápida de mármol blanco con la inscripción siguiente:

« AQví Iace el EX. S. D. Manvel

Lopez Almonacid Pintado,

Cav. del Orden de Santiago,

MarQ de TorreBlanca del Al

jarafe, Visconde de Cabrejas,

Theniente Gral de la R. Ar

mada de S. M., Que falleció a 21

de Octubre de 1745 á los 68 años

de svedad.

Pide rveguen á Dios por él.

R. I. P. »

Sucediendo un caso quizás único, ya que para sucederle en el cargo se nombró al conde de Bena-Masserano, pero éste se encontraba muy a gusto en su cargo de embajador plenipotenciario en Rusia, en su capital San Petersburgo, por lo que renunció al ascenso y cargo, siendo nombrado en su puesto un tiempo después don Juan José Navarro, marqués de la Victoria, quien por la nueva ordenanza de la Armada del año de 1748, obtenía al mismo tiempo que el cargo de Capitán General del Departamento, el de Capitán General de la Real Armada que le iba anexo, siendo así el primero de los de éste título y cargo.

Bibliografía:

Álvarez Pinedo, Francisco Javier.: Catálogo de Expediciones a Indias (Años 1710 a 1783) Ministerio de Cultura. Madrid, 2005.

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1957 por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

González de Canales, Fernando.: Catálogo de Pinturas del Museo Naval. Tomo II. Ministerio de Defensa. Madrid, 2000.

Guardia, Ricardo de la.: Notas para un Cronicón de la Marina Militar de España. Anales de trece siglos de historia de la marina. El Correo Gallego. 1914.

Juega Puig, Juan.: La Flota de Nueva España en Vigo. 1702. Do Casto. A Coruña, 2001.

Lang, Mervyn Francis.: Las Flotas de la Nueva España (1630-1710) Muñóz Moya. Sevilla-Bogotá, 1998. Escrita en español por el mismo autor.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

Pérez-Mallaina Bueno, Pablo Emilio.: Política Naval Española en el Atlántico 1700-1715. Escuela de Estudios Hispano-Americanos de Sevilla. Sevilla, 1982.

Tapias Herrero, Enrique.: El Teniente General López Pintado, cargador a Indias, Jefe de Escuadra y Marqués de Torreblanca del Aljarafe. Artículo en Revista General de Marina, cuaderno de Octubre de 2010. Madrid, 2010.

Compilada por Todoavante.

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