Biografía de don Juan Claros de Guzmán

Posted By on 22 febrero, 2011

Biografía de don Juan Claros de Guzmán

Capitán general de la Armada de Flandes.

Maestre de Campo General de Flandes.

Caballero cruzado de la Militar Orden de Calatrava.

Comendador de Piedrabuena, en la misma Orden.

II Marqués de Fuentes. Por matrimonio con la II marquesa, doña Beatriz de Fuentes Enríquez.

IV Conde de Saltés.

Adelantado Mayor de las isla Canarias.

Gentil hombre de Cámara del Rey Felipe IV.

Consejero de Guerra, en el Consejo de Estado.

Fue el 8º hijo de don Alonso Pérez de Guzmán el Bueno VII duque de Medina Sidonia, el que fuera Capitán General de la Gran Armada contra Inglaterra, por lo tanto hermano del VIII duque Juan Manuel Domingo Francisco de Paula Pérez de Guzmán el Bueno.

A pesar de su alta posición no se ha podido saber la fecha y el lugar de nacimiento.

Y casi nada se sabe de él hasta recibir en el año de 1635 el mando de una escuadra con base en Dunkerque, para contrarrestar el peso que comenzaban a tener las escuadras holandesas, que ya habían actuado en el Cantábrico y el Estrecho.

Se construyó toda una nueva escuadra, compuesta de dieciocho galeones y doce fragatas. Éstas eran de entre doscientas y trescientas toneladas, armadas con 20 á 30 piezas de artillería y se diferenciaba de los galeones, sobre todo por no llevar castillo y toldilla elevadas, por lo que quedaba como lisos, solo conservaban el aparejo de vela latina, ya que éste les permitía navegar casi con cualquier viento.

Se le entregó el mando y permaneció unos días adiestrando a las tripulaciones, a partir de aquí se lanzó a la mar y los éxitos se sucedieron con rapidez, ya que en el mismo año de 1635 consiguió capturar un gran número de bajeles enemigos, entre ellos un galeón capitana de la armada holandesa con 60 cañones, un tiempo después otro galeón de 64 cañones, pero esta vez de nacionalidad francesa que era de lo más grandes del momento. Unos días después atacaron a un convoy francés compuesto por sesenta y cuatro velas, de las que cayeron en sus manos cuarenta y dos, arribando en olor de multitud.

Zarparon de nuevo el día catorce de agosto, formando la escuadra catorce galeones y seis fragatas, el día diecisiete encontraron faenando a ciento cuarenta buzas protegidas por un buque de 26 cañones, siendo éste el elegido por el galeón capitana, al que rindió después de un duro combate, mientras tanto las fragatas iban dando caza a los buzas, pero antes recogían a la gente y luego los echaban a pique, resultando setenta y cinco de ellos hundidos, el resto se pudo poner a salvo. En el combate de la capitana perecieron cuarenta y seis españoles.

El día veinte de nuevo avistaron otra flotilla de los pescadores con sus buzas, pero esta vez la escolta era de seis galeones, solo que al ver a las escuadra pusieron aguas por medio abandonado a sus compatriotas, por lo que fueron apresados otros veinte buzas. El día veinticinco, se encontraban reunidos once de los buques de la escuadra, mientras el resto estaba persiguiendo y hundiendo buzas, cuando en el horizonte se divisaron veintidós buques holandeses, por lo que se entabló combate, pero los españoles no abrieron fuego hasta estar a tocapenoles tanto la artillería como los arcabuceros, lo que se tradujo en una gran destroza de la mayor parte de los buques enemigo, de resultas de este envite la capitana holandesa y tres de sus buques quedaron mochos, viendo esto sus compañeros prefirieron huir que combatir.

Ya al ir oscureciendo se divisaron de nuevo otras dieciocho velas holandesas, que acudían como refuerzo de los primeros, pero gracias al haberse deshecho de los primeros con rapidez y contundencia, al llegar estos se vieron en inferioridad y resolvieron retirarse sin entablar combate. Al arribar a puerto desembarcaron a setecientos setenta y ocho prisioneros, pero de ellos unos doscientos eran ancianos o muy jóvenes, por lo que a estos se les embarcó en un buque neutral y se les devolvió la libertad.

Para tener más cerca el apoyo de su escuadra, mandó construir otro puerto en Gravelinga, en el que poco después sumaban más de cuatro mil hombres trabajando en él, para tratar de evitarlo por tierra atacaron catorce mil franceses, con caballería e infantería y por mar el mismo Príncipe de Orange, habiendo coordinado el ataque  para converger a la vez, pero el previsor de don Juan Claros pudo con ellos, ya que el ejército enemigo fue derrotado por completo y al verse solo el Príncipe no entabló combate por la mar. Tan aprisa se trabajó en la construcción que en el mes de octubre de 1637, al alcanzar los veinte pies de calado pudieron ya entrar en él los galeones.

En el año de 1638, al mando de solo cinco de sus galeones se encontró en el Canal con una escuadra de diecisiete holandeses, pero no se arredró, de hecho enderezó su rumbo navegando directo a abordar a la capitana, con la que por las corrientes se fueron a encallar en la costa, al ver el peligro consiguió desaferrarse y le dio fuego a la enemiga, el resto, tras duro enfrentamiento por la inferioridad numérica de los españoles, a pesar de ello se consiguió apresar a varios de sus buques, entre ellos uno cargado con doscientos caballos, ya que todo aquello iba para reforzar al ejército francés. Sufriendo los españoles entre heridos y muertos unos seiscientos, mientras que los holandeses perdieron más de mil setecientos.

Continuó solo con las fragatas combatiendo el tráfico holandés y consiguiendo, entre el mes de mayo y hasta finalizar el mismo año de 1638, apresar a ciento dieciocho buques bátavos lo que les impidió realizar su trabajo normal.

Al fallecer se le hizo un elogio, en el cual queda demostrado que en los treinta meses que tuvo el mando de la escuadra de Dunkerque, perdió solo un buque, pero apresó a más de ochocientos enemigos, eso sin contar los que echó al fondo. Consiguiendo por todas estas victorias, que sus galeras fueran conocidas como las « reinas del mar »

La confirmación del título de la época, de Capitanes de Mar y Tierra, en este caso se confirma plenamente, pues en el abril del año de 1639 se le nombró Maestre de Campo General de Flandes. Por lo que embarcó en la escuadra que participó en el combate de las Dunas con cargo de Maestre de Campo.

Participó a las órdenes de don Miguel de Horna en el combate naval de las Dunas, en el que un proyectil de artillería le arrancó la vida, siendo el fatídico día veintiuno de octubre del año de 1639.

(Fecha que no es fácil olvidar, porque ciento sesenta y seis años después, tuvo lugar el combate naval de Trafalgar. Dándose la fatal coincidencia que las Dunas fue el principio del fin de la Marina de la Dinastía de los Austrias y la de Trafalgar, el fin de la Real Armada de la Dinastía de los Borbón. Nunca hemos creído en las coincidencias, pero hay datos en la Historia que te hacen pensar que sí existen.)

Bibliografía:

Álvarez de Toledo y Maura, Luisa Isabel.: Alonso Pérez de Guzmán. General de la Invencible. Junta de Andalucía. Cádiz, 1994. La autora es la Duquesa de Medina Sidonia y el libro escrito de los propios fondos de su biblioteca.

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1968. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Museo Naval. Madrid. 1973.

Martínez Friera. Coronel.: Las Batallas de España en el Mundo. Editorial Gran Capitán. Madrid 1950.

San Juan, Víctor.: La batalla de las Dunas. Silex. Madrid. 2007.

Compilada por Todoavante.

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