Biografía de don Nicolás Estrada

Posted By on 23 junio, 2009

Biografía de don Nicolás de Estrada.

 

Teniente general de la Real Armada Española.

 

Vino al mundo en la población de Villaviciosa en el año de 1750, debiendo ser entre los meses de octubre y diciembre.

Con catorce años sentó plaza de Guardiamarina en la Compañía del Departamento de Cádiz, en el mes de septiembre del año de 1765.

 

Realizó sus estudios con muy buenas notas, pasando a realizar la instrucción náutica, en la escuadra de protección de la recalada de las flotas de Indias, navegando entre los cabos de San Vicente y Santa María.

 

Por sus formas y rápido aprender, se le ascendió al grado de alférez de navío en el año de 1771, siendo destinado a la escuadra del mando del general Reggio.

 

En el año de 1775, se declaró la guerra al sultán de Marruecos, Sidi Mohamad ben Abdalá, para hacer frente a ella, se envío una escuadra al mando del General don Pedro Castejón, con la misión de apoderarse de Argel, en ella formaba parte como aviso de descubierta el jabeque Pilar, a cuyo mando iba Estrada.

 

Participó con su bote armado en el desembarco de las tropas al mando del general O’Reilly, pero ante el desastre de esta acción, tuvo que reaccionar con mucha energía, para poder salvar a la mayor parte posible de las tropas desembarcadas, por lo que fue mencionado entre sus jefes, por la demostración de valor ante la adversidad del momento.

 

Casi sin descanso, en el mes de febrero del mismo año volvieron a hacerse a la mar para acudir al socorro de Melilla, cubrió con una maniobra de diversión, la salida de las tropas de la plaza, para que atacaran las posiciones de artillería del enemigo, sirviendo de mucho su apoyo al tener que estar pendientes los berberiscos de dos frentes, por lo que las tropas consiguieron desmontar las piezas enemigas.

 

Pasó destinado a la fragata Santa Teresa, que asignada a las fuerzas navales del departamento de Cádiz, tenían la misión de proteger las aguas del Estrecho, en cuya comisión permaneció poco tiempo.

 

Ya que en el año de 1776, se formó la expedición para desalojar a los portugueses del Brasil, siendo la escuadra del mando del marqués de Casa-Tilly y el ejército al mando del general Ceballos, por lo que se le dio ya el mando de la fragata Júpiter, a pesar de no tener el grado para su mando, lo que dice mucho de él, siendo muy distinguido en la acción de la toma de la isla de Santa Catalina.

 

A su regreso, se le destinó al apostadero de Tánger, teniendo a sus órdenes los jabeques Mallorquín de su mando y el Garzota, un día en los que se encontraban realizando su crucero, divisaron a tres velas, ordenando navegar a su encuentro para su reconocimiento, pero al ir acercándose los españoles, los sorprendidos desplegaron su pabellón que era el británico, siendo tres bergantines se confiaron de su mayor número, así que los esperaron y entablaron combate, siendo los Sally-Raquel, Polly y Delfín, después de enconado combate se tuvieron que rendir, fueron apresados y marinados hasta el apostadero de Tánger.

 

Un tiempo después y en otro crucero de vigilancia, volvió a encontrarse con otros tres jabeques berberiscos, pero estando en su persecución de pronto la mar se arboló, lo que le obligó a desistir e intentar buscar refugio, consiguiendo por su pericia náutica el arribar al puerto de Cartagena, pero al entrar se asombraron de ello los que estaban en tierra, ya que por el temporal lo hacía sin los palos trinquete y mayor, así que solo a base de remos consiguió su objetivo.

 

En el año de 1781, navegaba en conserva con el jabeque San Sebastián, que estaban al mando del capitán de navío don José de Salazar, realizando los consabidos cruceros de protección a la recalada de las flotas de Indias.

 

Estando a la altura del cabo de San Vicente, avistaron una vela, rápidamente buscaron el rumbo de vuelta encontrada, al estar cerca advirtieron que era una fragata británica, la cual por su mayor potencia de fuego les esperó, así se entablo combate que terminó sobre dos horas después, con la rendición del buque corsario, que fue apresado y marinado hasta Cádiz.

 

La fragata resultó ser la Emperor del porte de 26 cañones, que fue reparada y pasó a formar parte de la Real Armada con el nombre de Salazar.

 

Pasó a formar parte de la división de don Francisco de Vera, en uno de los habituales cruceros, se encontraron con un paquebote danés, que a su vez había sido apresado por corsarios mahoneses, a los que combatieron, consiguiendo represar a la Galera de Amsterdam, así devolvieron la libertad a los apresados y a su nave, pasando los corsarios a los buques españoles.

 

Su buque encalló en una laja a la altura del fuerte de Santa Ana, así que procedió a verificar los daños, y viendo que era recuperable, ordenó el desembarcar todo lo que se transportaba, pero al hacerlo con la pólvora hubo una explosión seguida de un incendio, lo que produjo la baja de un hombre muerto y varios heridos, entre ellos el alférez de fragata Antonio Van Halen. Se pudo apagar el incendio y remolcar al jabeque al interior del puerto, donde fue reparado en breve tiempo volviendo al servicio activo.

 

Participó en la toma de Mahón, que tuvo lugar el día veintinueve de agosto del año de 1781, habiendo concurrido a cuantas acciones le fueron ordenadas, desde el bloqueo inicial hasta la rendición de la ciudad y parte de las fortalezas. Pie a tierra concurrió como un infante más a la conquista del castillo de San Felipe, hecho que tuvo lugar el día cuatro de febrero del año de 1782, siendo ascendido a capitán de fragata por su demostrado valor.

 

Al poco pasó de nuevo a Cádiz, participando en el gran bloqueo de Gibraltar, en el que se le dio el mando de la batería flotante Tallapiedra, en la que estaba el jefe de las tropas de desembarco el príncipe de Nassau. Al ser incendiada por el efecto de las < balas rojas >, se mantuvo firme en su puesto a pesar de estar herido y del fuego que lo rodeaba todo, pero no la abandonó hasta que el último de sus hombres no lo había ya realizado.

 

Pasado informe del príncipe de Nassau a sus Jefes, estos decidieron el ascender a Estrada al grado de capitán de navío, así que en el mismo año fue ascendido dos veces.

 

A lo largo de estos diez años, tuvo el mando de diferentes navíos, con los que se perfeccionó en su manejo, por Real Órden del día veintiséis de abril del año de 1793 se le otorgó el mando del navío San Dámaso, con el que se unió a la escuadra del general don Francisco de Borja, participando en el mes de mayo en la campaña de Cerdeña, regresando al Arsenal de Cartagena en el mes de julio, desde donde zarpó con órden de regresar a la escuadra y permanecer en protección de ella cruzando entre las costas de Francia y de Península Itálica. Al terminar la guerra con la firma de la paz se le destino de nuevo al Arsenal de Ferrol, donde permaneció cruzando por aquellas costas y las del mar Cantábrico.

 

Con fecha del día veinticinco de enero del año de 1794 recibió la Real Órden por la que era ascendido al grado de brigadier, pasando un tiempo destinado en tierra, hasta que con fecha del día uno de julio del año de 1795, se le otorga el mando del navío Mejicano en el que un tiempo más tarde fue elegido por el general don José de Córdova como su buque insignia, estuvo realizando cruceros con la escuadra por el mar Mediterráneo, hasta que a fines del año de 1796 la escuadra arribó al Arsenal de Cartagena, recibiendo orden de desembarcar.

 

Al sufrir la escuadra el desafortunado combate del cabo de San Vicente, fue destituido el general don José de Córdoba y entregado el mando de ella y su reorganización al general don José de Mazarredo, quien le llamó para otorgarle el mando del navío Guerrero, que formaba parte de la escuadra del general don José de Mazarredo, que se encontraba bloqueada por la escuadra británica, participando en la salida que ordeno su general en el año de 1798, en persecución de la bloqueadora cuando ésta tuvo que abandonarlo, pero el intento de darle alcance fracasó.

 

Realizaron una segunda salida con rumbo a Cartagena, donde se unió a la francesa del almirante Bruix, zarpando con rumbo al Arsenal de Cádiz y desde aquí pasaron al arsenal francés de Brest, teniendo muy a su pesar dejar el mando y desembarcar por enfermo, siendo trasladado al Arsenal de Cádiz por tierra, llegando al dicho Arsenal el día uno de febrero del año de 1801.

 

El día dieciséis de febrero del año de 1802, se le entregó el mando del navío Santo Domingo, con el que realizó un típico tornaviaje con arribada a Veracruz cargado de azogues, desembarcó estos y cargo los caudales de las rentas, zarpando con rumbo a la Península arribando en el mes de septiembre del mismo año a la bahía de Cádiz.

 

Fue ascendido por Real Órden del día cinco de octubre del mismo año al grado de Jefe de Escuadra, por lo que desembarcó de su buque.

 

El día nueve de julio del año de 1803, se le nombró Comandante General de los Tercios Navales de Poniente.

 

El día veintisiete de diciembre del año de 1807 se le nombró Comandante General del Arsenal de Cartagena, estando ya en él al siguiente año, sucedió el luctuoso asesinato del general Borja que era el capitán general del Departamento marítimo, por un motín, que como todos eran una multitud que llevo a cabo el execrable acto, siendo avisado de lo que ocurría, ordenó abrir las puertas del Arsenal, pero salió él solo increpando a pecho descubierto a todos los que allí estaban, quienes bajaron las cabezas y se fueron desperdigando por la ciudad.

 

El día siete de julio del año de 1809 se le ascendió al grado de teniente general, quedando como Comandante del Arsenal.

 

En el año de 1810, se le nombró vocal de la Junta de asistencia del mismo departamento, pasando posteriormente a tomar el mando como Comandante General del Departamento.

 

Viendo que nada se avanzaba en aquella guerra en el estado de la Armada presentó su dimisión del cargo en el año de 1812, aduciendo; que le era imposible el mantener la disciplina, estando en la mayor desobediencia el personal, por la falta de todo y que si no se cumplía lo pedido por él, su persona no podía ser responsable de lo que pudiera ocurrir.

Su escrito dice:

< Mi ciega obediencia y respeto al decreto de S. A. el Consejo de Regencia, que V. S. me comunica en su órden de 16 de Enero próximo pasado, me hará entregarme del mando interino de este Departamento desde luego que este Capitán General guste resignarlo; pero esta misma obediencia y mis deseos en cumplir los deberes de cuanto se me ordena, no me permiten prescindir del comprometimiento en que me ponen las obligaciones y responsabilidad que constituye en sí este mando, con respecto al total aniquilamiento y desorganización en que se hallan todos los ramos que dependen de él, y no representar por el conducto de V. S. con la más sumisa veneración; pero al mismo tiempo, con la energía de que es capaz mi corto talento para convencer y hacer conocer las verdades de cuanto expongo, sobre los inconvenientes que obstruyen mis desempeño en este mando, para que V. S. lo eleve al conocimiento de S. A.

En primer lugar, es el olvido en que hasta el presente se ha tenido á este Departamento, por dejarle 21 meses sin pagarle, motivo por qué todos los de la jurisdicción de marina mendigan para buscar el alimento para ellos y sus afligidas familias, de las que me consta que hay muchas que á veces pasan 24 y más horas sin tomar el menor alimento; el estremo de miseria á que están reducidos es tal, que ya reclama los derechos de la hospitalidad; es necesario la vista material para concebir una idea de la espantosa imágen que representan estos desgraciados vasallos, abandonados á sí mismos y á los horrores de sus desdichas; su triste situación, la apatía en que se ha estado y el sistema que se ha seguido de desentenderse desde los principios de los abusos á que dieron márgen la falta de pagas y las necesidades, lo han paralizado todo, ha trastornado el órden económico establecido en los trabajos y demás ramos del arsenal; ha introducido el desórden que experimenta, hecho desaparecer la subordinación y el respeto hasta la más inferior clase, y originado más frecuentes robos del arsenal, aumentando las dificultades de atajarlos, así como la de descubrir los delincuentes, porque mútuamente se encubren unos a otros, y todos contribuyen al robo; la Maestranza no cumple en sus trabajos y devenga indebidamente sus jornales, ni su despido es justo sin pagarla sus atrasos; en una palabra, sólo prevalecen los prejuicios contra los intereses del Estado, porque donde todo falta, hasta la justicia pierde su poder.

Esta es la realidad del estado en que se halla este Departamento: yo confieso, con la ingenuidad que me es característica, que no me considero con la suficiencia necesaria para desterrar tamaños males, reorganizarle y enmendar los pecaminosos abusos que la falta de pagos, la tolerancia y el tiempo has dejado tomar demasiadas raices y connaturalizarse en el corazón de todos, fáciles á acortar en sus principios y ya imposible sin el castigo; este le prohiben la leyes cuando no se cumplen los contratos estipulados con que entraron en el servicio.

Las consecuencias de este mando, con respecto á las circunstancias insinuadas que en él concurren, demuestran con la mayor evidencia que sólo proporciona responsabilidad, que inquietan la conciencia y comprometen el honor del que le tiene, á la crítica general de un público que no conoce el origen de las causas y sólo sabe acriminar á las autoridades como causa primaria de los males que padece. No se crea que es el temor quien me hace hablar de este modo, como lo tengo acreditado en 47 años que sirvo á S. M.; sólo son mis deseos por el mejor servicio del Rey y por no hacerme delincuente con el silencio para que con V. A. y la nacion en unos asuntos de tanto interés y gravedad, que llaman sériamente la atención del Gobierno.

En esta inteligencia, y á las ventajas que resultan al Estado de la renuncia que hago de este mando, espero de la justificación y la bondad de S. A. la reciba bien de un vasallo que, libre de ambición é intereses, solo desea ser empleado en el destino de su profesión, que S. A. tenga por conveniente. Pero no en este mando, en el que la falta de todo, sólo envuelve un caos de confusión y perplejidades invencibles al hombre de los mayores conocimientos y experiencia.

En vista de las sólidas razones que dejo expuestas y que espero merezcan la aprobación de S. A., no dudo convencerá su recto proceder para concederme la gracia que sumisamente suplico.

Dios guarde á V. S. muchos años. Cartagena 2 de Marzo de 1812.—Nicolás de Estrada.—Sr. D. José Vazquez de Figueroa.

 

Pero el Gobierno, no le quiso admitir la dimisión hasta no encontrar a un sustituto y que mientras, se le intentaría dar todo lo que pedía para volver al orden el Arsenal.

 

Recibiendo como contestación el siguiente: <Excmo. Sr.—He dado cuenta á la Regencia del reino de la carta de V. E. de 2 del actual, en que manifestando sencillamente la miserable situación, no sólo de los individuos sino de todos los ramos de ese Departamento, hace V. E. presente que no se halla capaz de desempeñar el mando que interinamente se le ha confiado; pero este modo franco é ingénuo de producirse V. E., ha estimulado más á S. A. á no admitirle la dimisión que hace; muy al contrario, fia del celo de V. E., de su nervio y entereza, no menos que de su patriotismo y prudencia, que procurará reorganizar todos los ramos del Departamento, haciendo cumplan con sus deberes aquellos individuos que, olvidados de ellos momentáneamente los hayan abandonado, bajo el seguro concepto de que su S. A. ofrece á V. E. socorrer á ese Departamento de Real Órden para su gobierno y cumplimiento. Dios guarde á V. E. muchos años. Cádiz 22 de marzo de 1812.—José Vazquez de Figueroa.—Señor D. Nicolás de Estada.

 

Como ejemplo de la grave situación, en la que se encontró él y su familia, se vio obligado a vender el puño de oro de su bastón de mando para poder comer, único objeto de valor que poseía toda la familia.

 

A finales del mismo año, se le nombró ministro del Tribunal de Guerra y Marina. En el año de 1814, se le nombró, ministro del Consejo Supremo del Almirantazgo, hasta su disolución en el año de 1818, pasando a ser ministro del Consejo Supremo de Guerra y anexo el de Director General de la Armada, pero interino.

 

Cuando se instituyó la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, se le concedió la Gran Cruz. Acompañó a los < Cien mil hijos de San Luis > primero a Sevilla y a continuación al bombardeo de la plaza de Cádiz, con lo que quedo abolido el periodo institucional, regresando al absolutismo del Rey “Deseado”, por lo que de alguna forma quedó ya regularizada la situación política de España.

 

A pesar de todo este esfuerzo, no fue repuesto en el cargo por el Rey, ello le hizo sentirse muy dolido en lo más profundo de su carácter, por lo que en el mismo año de 1823, realizó una exposición de sus méritos contraídos con España a lo largo de toda su vida y que ahora no se le reconocían, elevándola a S. M.

 

El documento dice:

 

<<Señor:

D, Nicolás de Estada, Teniente General de la Real Armada, A. L. R. P. de V. M., con la más respetuosa sumisión expone: Que para dar á V. M. un exacto conocimiento de su buen proceder y conducta en las ocurrencias que son bien notorias, y poder conservar íntegra su reputación, no le queda más recurso que hacer á V. M. un manifiesto de su vida pública y privada, asegurando en su honor y conciencia que la ambición, el interés, la intriga y la adulación, jamás tuvieron el menos lugar en su modo de pensar; esta verdad la justifica el hecho de haber permanecido diez años empleado en la córte sin haber importunado á V. M. con la menos pretensión, cuyo sistema siguió igualmente en tiempo del Gobierno constitucional, en el que el interés y la intriga tenian el mayor ascendiente para obtener los empleos y destinos; por cuya razón salió como entró en la córte, con sólo la diferencia de los mayores empeños que le ocasionaron los viajes y el atraso de pagas.

Bajo estos principios, su defensa sobre dichas ocurrencias es tan sencilla que la reduce a dos puntos: primero, cuando se estableció el Gobierno constitucional se hallaba el que representa con destino en el Consejo Supremo de la Guerra; á muy pocos dias se nos comunicó por el nuevo Gobierno una Real órden para que el Capitán General D. Pedro Mendicueta, el Teniente General D. Martin Menchaca, el Jefe de escuadra D. Joaquín Molina y el exponente, pasasen al Tribunal especial de Guerra Y Marina; si hemos cumplido ó no nuestro deber, las actas los justificaran; es verdad que despues hubo alteraciones en los que componian dicho Tribunal; el motivo de esta novedad siempre le fué desconocido. El segundo punto, está reducido á si ha delinquido por haber obedecido al Gobierno que mandaba á la nacion, para ir á las leyes podrán determinarlo, si es que las hay para este caso que no tiene ejemplar, de que se sigue que si no hay ley a que gradúe como delito en aquella época y circunstancias el simple hecho de la obediencia, cualquiera providencia en contrario seria contravenir á los derechos del hombre que tan sábiamente protejen las leyes.

Para convencerse de la ninguna malicia que tuvo en su proceder, basta la consideracion que un militar que ha servido 58 años a tres Reyes y expuesto varias veces su vida hasta derramar su sangre en defensa de sus Reales armas, pueda cometer una bajeza que tanto ultraja su honor, faltando al juramento que tiene hecho de obedecer y ser fiel al Rey: este argumento, Señor, no admite interpretaciones, y por consiguiente su inocencia es tan clara como la luz del medio dia.

Y por último, Señor, el honor y la delicadeza con que piensa el que suscribe, no podrá, poseido del mayor sentimiento, tranquilizar su espíritu el corto tiempo que le queda de vida, mientras el Real ánimo de V. M. no sea satisfecho de sus servicios y fidelidad á su Real Persona, como así lo espera de la recta y justificacion que es característica de V. M.—Cádiz 12 de diciembre de 1823.—Señor.—A. L. R. P. de V. M.—Nicolás de Estrada.

 

Pero a este escrito no obtuvo respuesta, lo que es casi seguro provocó el adelanto de su fallecimiento (como ya indica él mismo en su escrito) teniendo lugar en la ciudad de Cádiz el día dieciocho de marzo del año de 1825, sumido en la mayor de las injusticias, con los sinsabores del final de una vida dedicada por entero a tratar de conseguir lo mejor para España y su Rey.

 

Bibliografía:

 

Enciclopedia General del Mar. Garriga 1957.: Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

 

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa.: Tomo 22, 1924, páginas 1034 y 1035.

 

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid 1873.

 

Compilada por Todoavante.

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