Biografía de don Juan Gabriel Javat y Aztal

Posted By on 29 junio, 2011

Biografía de don Juan Gabriel Javat y Aztal

Jefe de escuadra de la Real Armada Española.

Gran Cruz de la Real y Muy Distinguida Orden de Carlos III. Expediente 1.760, del año de 1819.

Vino al mundo en la población de Ochagavia en el valle de Salazar en la actual provincia de Navarra a lo largo del año de 1765, fueron sus padres don Juan José Javat y Salbo y de su esposa doña, María Josefa Aztal y Franco, tanto sus padres como sus cuatro abuelos habían nacido en la misma población.

Sentó plaza de guardiamarina en la Compañía del Departamento de Cádiz, el día quince de abril del año de 1783. Expediente N.º 1.717.

Apenas tenía los estudios preliminares terminados, cuando recibió la orden de embarcarse en el navío San Genaro, para proseguir con lo náuticos, por lo que participó en el combate naval de Finisterre.

El día veinticuatro de enero del año de 1784, recibió después de haber sido aprobado sus galones de alférez de fragata.

En el año de 1785, embarcó en el bergantín Vivo, que en conserva de la fragata Lucía, navegaron hasta Mogador llevando a bordo al embajador especial don Francisco Salinas, quien llevaba un presente del Rey al Sultán de Marruecos.

Por Real Orden del día siete de junio del año de 1788, se le comunicó su ascenso al grado de alférez de navío, al mismo tiempo la orden de embarque en la fragata Venus, con la que realizó un viaje cargada de azogues a Veracruz, trasbordando por orden superior al navío Real Carlos, con el que arribó a la bahía de Cádiz en el mes de mayo del año de 1789.

A su llegada recibió la orden de trasbordar al bergantín Infante, que estaba incorporado a la escuadra del marqués del Socorro, con la que zarpó de la bahía de Cádiz con rumbo al N., al estar a la altura del cabo de Finisterre se le unió la que estaba de destino en Ferrol, alcanzando el número de veintiséis navíos, doce fragatas, dos bergantines y una balandra, todo en prevención de la declaración de guerra del Reino Unido, por la cuestión de Nutka, pues estaban informados que España no obtendría apoyo de Francia y en cambio el Reino Unido se lo reclamó a Holanda por su tratado de alianza del año de 1788, ante ésta posibilidad fue el detonante de este gran armamento, pero la cesión por parte de Carlos IV de los límites y territorios de Nutka, evitó la guerra a costa de ser olvidada España en el Estrecho de Fuca. La escuadra puso rumbo a la bahía de Cádiz arribando el día ocho de septiembre.

No le dieron descanso, pues al arribar se le dio la orden de trasbordar a la fragata Rosario, de 30 cañones permaneciendo en ella hasta el día doce de marzo del año de 1792, realizando en todo este tiempo sobre todo misiones en corso en el Mediterráneo, para contrarrestar el que realizaban las regencias norteafricanas.

En el día citado, estaba junto a las fragatas Asunción y Preciosa transportando los regimientos de milicias de Sevilla y Jerez, con destino al puerto de Barcelona, ya a su vista pero habiéndose hecho de noche un vigía confundió una luz con la de sus compañeras y de pronto el buque encalló en el placer del río Llobregat, se tomaron todas las medidas acudiendo los botes de sus compañeras más mucho del mismo puerto, durante la noche se estuvo trabajando para desencallarla y con los mismo botes se desembarcó a toda la tropa, pero al amanecer saltó el viento de Levante, que al coger fuerza estrelló aconchando a la fragata, perdiéndose.

Su Comandante el capitán de fragata don Vicente Ferrer, a pesar de estar apoyado por todos sus compañeros, se sintió tan culpable de la pérdida, que falleció antes de celebrarse el pertinente Consejo de Guerra.

Por Real Orden del día doce de abril del año de 1793, se le ascendió al grado de teniente de navío, permaneciendo en tierra.

Al año siguiente el de 1794, recibió la orden de desplazarse a su nuevo destino, que no era otro que el Apostadero de la Habana, para ello embarcó en el navío San Leandro.

Estando a las órdenes de don Gabriel de Aristizabal, embarcando en diferentes unidades del mando del general, así como al mando de unidades pequeñas navegando por las Antillas, y el seno mejicano, estando en esta comisiones le llegó la Real Orden del día veintisiete de agosto del año de 1796, por la que se le ascendía al grado de teniente de navío.

Estando en este apostadero se le otorgó el mando del bergantín Saeta, que era de reciente construcción y con base en Veracruz, con la misión de controlar el tráfico de armas y el contrabando, que era muy habitual en estas aguas.

En el año de 1798, se le comisionó para transportar al nuevo Gobernador García Dávila, desde el apostadero de la Habana hasta Veracruz, en el trayecto se encontró con un bergantín británico, al que combatió pero no pudo apresar, resultando herido en la cabeza en el transcurso del combate el propio Gobernador, a Javat le atravesó la boca un disparo, entregando el mando a su segundo el alférez de navío don Luis Arrue, que al poco tiempo sufrió una graves quemaduras, por lo que ya curado Javat retomó el mando, al arribar a Veracruz fueron terminados curar. Por este acto se les ascendió a ambos como premio, al grado superior por Real Orden del día doce de abril del año de 1799, Javat al grado de capitán de fragata y Arrue al de teniente de fragata.

A su regreso de Veracruz, ya en el año de 1799 arribó al apostadero de la Habana el día catorce de abril, desembarcándose de su bergantín ciento noventa mil pesos y diecinueve soldados.

El día diecisiete siguiente zarpó de la Habana, como aviso de la división al mando de don Dionisio Alcalá Galiano que debía transportar a la Península los caudales que él había dejado en éste puerto, más otros que ya estaban depositados en él, y que a su vez daba escolta a un convoy cargado de mercaderías.

La flota seguía el rumbo al noroeste, para cruzar por el canal viejo de Bahamas, para así coger los buenos vientos que los traerían a la Península, estando allí al día siguiente y con permiso del Jefe, se separó de la flota para proseguir en su misión, de impedir o tratar de hacerlo, el contrabando sobre la isla de Cuba y seno mejicano.

Se dedicó a cruzar por los cayos, y en la madrugada del día diecinueve, sobre el de Bahía Honda consiguió avistar a dos balandras, que por sus formas y situación las dio por corsarias.

No se lo pensó y puso rumbo de vuelta encontrada, pero de pronto se le cruzaron en el rumbo cuatro goletas, así que utilizó el viejo truco de enarbolar pabellón británico, a lo que los enemigos izaron el suyo, que lógicamente era el mismo, pero atentos los de las balandras y pensando que el bergantín era español, levaron anclas para salir entre todos a su encuentro y así conseguir una victoria más fácil.

De las goletas, la que iba en cabeza era una corsaria de Providencia, que a su vez llevaba presas a las otras tres, pero no se dejaron engañar, por lo que arrumbó a refugiarse entre los caños, que por ser de menos calado le era relativamente fácil, pero el bergantín forzó de vela y le dio alcance antes de que pudiera llegar a tal posición, se entabló combate, pero no duró mucho pues fue capturada la goleta en pocos minutos.

Trasbordó la dotación de presa a la goleta, pero en esos momentos las tres que iban apresadas aprovecharon, para forzar vela y huir, pero además en direcciones opuestas entre ellas, para así evitar el ser de nuevo apresadas todas, pero Javat no cejó en su empeño, por lo que dispuso armar con un cañón al bote del bergantín y con tropa; les dio orden de salir tras una de ellas, mientras que el bergantín lo hacía tras otra y la goleta apresada a por la última, así consiguió apresarlas a las tres de nuevo; nada escapaba a su tenacidad.

Las balandras armadas con 10 y 12 cañones aprovecharon esta caza, de la que ellas se vieron libres y observando el resultado prefirieron dirigirse a los cayos, para introducirse despacio y sin riesgos entre ellos, donde consideraron estar a salvo por el mayor calado del bergantín y fondearon en esta posición privilegiada.

Javat llevado de su ímpetu no daba nada por perdido, así que ordenó a la lancha que fuera sondeando el lugar, para seguirle el bergantín y evitar en quedar encallado.

En esos momentos, trasbordó al bergantín uno de los patrones de una de las goletas, don José María Caldés que era por estar siempre en ellos un gran conocedor de los cayos, quien le aconsejó que no lo hiciera, pues seguro que por ser de mayor manga que el bote, éste no podría sondear todo el ancho necesario, por lo que era prácticamente imposible pasar, ya que había conocido casos parecidos.

Javat hizo caso y ordenó que el capitán de la goleta corsaria trasbordara al bergantín, éste era un conocido de la zona y por nombre Bryan Windley, a quién acompañaron otros doce miembros de su dotación, así quedaron asegurados a su bordo, nombrando al pilotín Pedro Bou como capitán de ella y la dotación de presa a sus órdenes, para que marinaran la goleta Carlota, que así se llamaba e iba armada con varios cañones, entre ellos uno de cuatro libras, más una dotación de presa en las demás.

Como se dejaba allí a las dos balandras enemigas, no era seguro el enviar las goletas por si solas, así que formó división con el bergantín Saeta y las cuatro goletas, poniendo rumbo a la Habana, al hallarse en las aguas de la isla de la Tortuga en la anochecida del día veinte de abril, sabedor de que desde allí ya no era posible darles alcance a las goletas, forzó de vela para adelantarse a ellas, llevando a remolque a una por tener rendido el palo trinquete, lo que le hacía retrasarse mucho del resto.

En la noche del día veinticinco, un típico golpe de viento, partió el cable de remolque de la goleta, pero el mal tiempo les impidió volvérselo a dar, por lo que el bergantín se dirigió a Veracruz y la goleta como pudo arribó al puerto de Campeche, llegando el resto de las goletas al puerto de La Habana.

El bergantín Saeta arribó a Veracruz el día veintinueve de abril, desde aquí envió su informe al virrey Miguel José de Azanza, en el que le indicaba, que había divisado sobre el canal de Bahamas a una división británica, en su viaje de regreso a la Habana y pocos días antes de la salida de la flota con rumbo a la Península, del mando de don Dionisio Alcalá Galiano, por eso se unió a ella para hacer de descubierta de la flota, que al dejar a esta en franquicia, mantuvo el combate y apresamiento de las goletas, y que en su viaje de regreso, fue cuando avistó sobre el cabo de San Antonio a una división británica, formada por entre tres a cuatro navíos.

Recibió la Real Orden de fecha del día doce de abril del año de 1799 por la que se le ascendía al grado de capitán de fragata, al año siguiente tuvo que entregar el mando del bergantín, quedando en Veracruz a las órdenes del virrey.

A principios del año de 1803, se le dio la orden de regresar a la Península, para ello se desplazó a la Habana y allí embarcó de transporte en el bergantín Palomo, con el que cruzó el océano y arribó a Ferrol el día treinta de octubre del mismo año, viajando en postas llegó al Departamento de Cádiz.

El día nueve de julio del año de 1804, se le entregó el mando de comandante de uno de los Batallones de Infantería de Marina del Departamento, permaneciendo en el Arsenal de la Carraca, hasta la llegada de la orden del día diecinueve de febrero de 1805, por la que cesaba en el mando del batallón y se le destinaba como comandante del navío La Ferme, que estaba en desarme, estuvo a su cargo hasta el mes de agosto siguiente, porque se le ordenó incorporarse al Departamento de Ferrol.

Tuvo lugar el combate naval de Trafalgar y por ello se le dio la orden de regresar a Cádiz con parte de la escuadra asignada a Ferrol, arribando a la bahía el día veinticuatro de junio del año de 1806.

Pero se dio cuenta de que ahora las cosas habían cambiado y le parecía que sobraba, razón por la que levó la suplica de retiro del servicio, la cual le fue aceptada por S. M. con fecha del día diecisiete de enero del año de 1807.

Pero no estuvo mucho tiempo fuera de la Corporación, ya que hay un documento de fecha del día veintisiete de diciembre del mismo año, por el que pide la incorporación de nuevo, siéndole contestado con fecha del día veintitrés de enero del año de 1808, afirmativamente por el Excmo. Sr. Baylío Frey don Francisco Gil de Lemos, siendo efectiva la incorporación el día uno de febrero siguiente.

Como se quedó sin destino en el mismo Departamento, al producirse la invasión napoleónica, pudo participar en los combates que entre el día nueve y catorce de junio del año de 1808, dieron la victoria a las armas españolas, con la rendición de la escuadra francesa del almirante Rosilly, que eran los restos del combate de Trafalgar.

En día veinticinco siguiente, la Junta Suprema de Sevilla, lo comisionó para llevar unos pliegos a los virreinatos de América, para ello se le dio en mando de la corbeta mercante Especuladora, zarpando de la bahía de Cádiz, arribando a Canarias el día dos de julio, cruzando con rumbo a Puerto Rico donde arribó el día veinticuatro siguiente, pasó a la Habana el día dos de agosto y a Veracruz arribó el día veintiséis, regresando a la bahía de Cádiz con caudales y en conserva de la fragata británica Diamante, el día veinticuatro del mes de diciembre del mismo año.

Se le ascendió por Real Orden del día veintitrés de febrero del año de 1809 al agrado e capitán de navío y se le otorgó el mando de la fragata Soledad, para tomar su mando tuvo que viajar hasta Cartagena, tomando el mando efectivo el día veinte de abril siguiente, con la comisión especial de viajar a Constantinopla como Ministro Plenipotenciario, pensando en un principio que era solo una visita, se encontró con la orden de permanecer como a tal Embajador ante la sublime puerta, por lo que entregó el mando de la fragata a su segundo, don Juan Sarraoa y permaneció en tan alto destino con gran acierto.

Recibió una gracia Real, que dice: « Excmo. Sr. — El capitán de navío D. Juan Javat, á quien la Junta Central nombró en 2 de marzo de 1809 Ministro Plenipotenciario del Rey cerca de la Puerta Otomana, y el cual ha merecido últimamente la confirmación por S. M. en este destino, se ha conducido en él con un desinterés y celo por el Real servicio tan distinguidos, que informado por mí de ello S. M., me ha mandado recomendar á V. E. su mérito á fin de que le proponga á S. M. para el premio que le corresponda en su carrera militar. Dios guarde á V. E. muchos años. — Palacio 12 de Julio de 1815. — Pedro Ceballos. — Sr. Secretario de Estado y del Despacho de Marina. »

Al ser proclamado, lo que es conocido en la Historia como el Trienio Liberal, en el año de 1820, se le designó por el nuevo Gobierno, Secretario de Estado y del Despacho de Marina por Real Decreto del día siete de abril del mismo año, razón por la que abandonó su anterior destino y regresó a España, pues las circunstancias obligaron al rey Fernando VII, a aceptar muy a su pesar, la autoridad de las nuevas Cortes. Cubriendo en ausencia del propietario, también el puesto de Ministro de Estado.

No por ser liberal desdeñó nunca al Monarca, por esta razón el propio Rey su lealtad y confiando con él, dicta un decreto que se le entregó el día veintiséis de diciembre del mismo año de 1820 y que dice así:

« En consideración á que al nombraros mi Secretario de Estado y del Despacho de Marina en 6 de Abril del presente año, teníais el carácter de capitán de navío y Ministro plenipotenciario; y en razón del empleo que ejerceis desde dicho nombramiento, tengo á bien declararos el empleo efectivo de Jefe de escuadra, lo que tendréis entendido para su debido cumplimiento. — Palacio 26 de Diciembre de 1820. — Está rubricado de la Real mano. — A Don Juan Javat. »

No terminando de estar de acuerdo con el proceder de algunos compañeros del Gobierno, pidió la dimisión de su cargo por escrito fechado el día cuatro de marzo del año de 1821, siéndole aceptado por el Monarca, quien por Real Decreto, de dice: «. . .quedaba muy satisfecho de su lealtad y apreciables servicios »

El mismo Rey le concedió los honores de Consejero de Estado y un tiempo más tarde, le concedió la Gran Cruz de la Real Orden Americana de Isabel la Católica, cuando ya pendía de su pecho, la Cruz de la Real y Muy Distinguida Orden de Carlos III, pensionada, que no era precisamente la que más se concedía, pues aseguraba un buen sustento a su poseedor.

Por Real Orden del día dieciséis de mayo del año de 1822 le designa Ministro Plenipotenciario de España ante el Reino Unido, por lo que viajó a la capital de este reino, Londres.

En el año de 1823, al ser invadida España de nuevo por los « Cien mil Hijos de San Luis », que en realidad fueron ochenta mil, por petición del “Deseado” penetraron en la Península para devolverle sus poderes absolutos, consiguiéndolo después de unos breves combates, de esta forma fue derogada la Constitución de 1812 y don Fernando VII ya no tenía ninguna vigilancia externa a su poder.

Al serle notificado el nuevo cambio político, Javat se vió obligado a abandonar su cargo, por lo que no regreso a España, sino que se embarcó como emigrado con a tierras americanas. Ya que efectivamente fue por Real Orden borrado de la Corporación. Y eso que era un buen patriota y fiel a su Rey.

Siendo un español que se añade a la larguísima lista, de los que falleció y nadie sabe donde ni cuando, pero este es el triste fin de muchos españoles, que llevados por sus ideas se vieron forzados a vivir o mal vivir, por los interminables vaivenes de la política, a lo largo sobre todo del siglo XIX, que a nuestro corto entender, fue sin duda alguna el más nefasto de toda nuestra Historia.

Bibliografía:

Arrue, Carmen. Nos ha facilitado el siguiente documento.: AGN. Instituciones Coloniales. Gobierno Virreinal. Marina (068). Volumen 46. Expediente 14.

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1957. Sin iniciales del compilador.

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Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Museo Naval. Madrid, 1973.

Fernández Duro, Cesáreo.: Naufragios de la Armada Española. Establecimiento tipográfico de Estrada, Díaz y López. Madrid, 1867.

Gómez, Santiago: Gómez, Santiago: Documento; carta fechada en Veracruz el 29 de abril de 1799. Archivo General de Indias, Estado, 28. N.33.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

Pegenaute, Pedro.: Represión Política en el reinado de Fernando VII: Las Comisiones Militares (1824-1825). Universidad de Navarra. Pamplona, 1974.

Válgoma, Dalmiro de la. y Finestrat, Barón de.: Real Compañía de Guardia Marinas y Colegio Naval. Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1944 a 1956. 7 Tomos.

Compilada por Todoavante.

 

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