1798 Parte combate del día 21/VII del bergantín Saeta

Posted By on 17 julio, 2011

Juan Gabriel Javat y Aztal, fue ascendido al grado de teniente de navío, por Real Orden del día veintisiete de agosto del año de 1796, cuando ya estaba tres en aguas de las Antillas, con este empleo se le entregó el mando del bergantín de reciente construcción Saeta, destinado al servicio de guardacostas de las del virreinato de Nueva España en el seno mejicano, estando a las órdenes directas del virrey don Miguel José de Asanza.

Se le comisionó para un viaje a la Habana y al regresar a Veracruz se encontró con un bergantín insurgente. Por ello pasamos a transcribir el parte que entregó Javat al Virrey y la clasificación y juicio facultativo que emitió del hecho de armas la Junta de Asistencia del apostadero de la Habana.

« Excmo. Sr. — Por la relación que acompaño, doy cuenta á V. E. de mi navegación al puerto de la Habana, y de mi regreso á este. Mas debiendo al mismo tiempo informarle detalladamente como á Jefe bajo de cuyas órdenes tengo el honor de servir, del combate que hube de sostener con un buque enemigo á la vista de las fortalezas de aquella plaza, sin embargo de haber sido calificada la acción en junta de Generales, como resulta del oficio adjunto, me ha parecido más oportuno hacerlo por papel separado, transcribiendo la que en conformidad de los que previene la Ordenanza dirigió con fecha del 25 de Julio al Excmo. Sr. Comandante General de Marina de dicho puerto »

« Excmo. Sr. — Consecuente á la órden é instrucciones que V. E. se sirvió comunicarme con fecha de 17 del corriente mes, dí la vela de este puerto con el bergantin Saeta de mi mando, en la del 20 del mismo, y llevando bajo de mi escolta cinco embarcaciones del comercio que seguian á Campeche y Nueva-Orleans. Las bonanzas que reinaron en aquel dia y corto andar de algunas de ellas, fue causa de que anocheciéramos á la distancia de tres leguas de la parte más E. del Mariel. El tiempo se mantuvo casi en clama toda la noche, y habiendo experimentado las corrientes fuetes al NE,. Amanecimos al S. 15º E. corregido, con el viento flojo del E. S. E. Conociendo el atraso que era preciso se infiriese á mi comision por el muy poco andar de la fragata mercante Teodora y de un bergantin de dicho convoy, determiné darles remolque y lo verifiqué a las 8 de la mañana, manteniéndolo hasta las 10 de ella resolví dejarlo, previniéndoles que continuasen el rumbo que hacían mientras reconocia yo un bergantin que apareció á sotavento por el SO. y cuyas maniobras se me hicieron desde luego sospechosas. Continuó este buque la vuelta del NE. Hasta que al observar que me dirigia á su encuentro viró por avante y derecho con la mura á babor que fue la misma que yo elegí para conservar su barlovento, observar y comparar su andar y fuerza con el de mi mando y averiguar su nacion, á cuyo fin le largué bandera inglesa en el pico; pero no contestó, como tampoco á las señales reservadas de reconocimiento que le hice. En cuya virtud, persuadido de que era el enemigo, previne al convoy hiciese rumbo cada uno á donde mas le conviniese, para evitar su encuentro, y atender á su seguridad, procurando yo al mismo tiempo retardar todo lo posible el combate á que le enemigo me empeñaba con una firmeza muy extraña para creer fuese corsario, pues que le consta á V. E. que á mi venida de Veracruz para este puerto dí caza por dos ocasiones á una goleta y una balandra corsarios que huyeron siempre. Saqué de mis observaciones el resultado que el andar del Saeta era algo mayor que el del enemigo, quien viéndome dirigir hácia el convoy y hácia el navío San Lorenzo y bergantines de guerra San Antonio y Galgo, que tenia yo avistados: como á las once largó sus insignias de gallarte y bandera inglesa, afirmando con un cañonazo con bala lo que me aseguró en el juicio que habia formado.

Mas como las embarcaciones mercantes no podían ceñir como el enemigo, decayeron en términos de que al aproximarse este á las once y media á la fragata Teodora, disparándole dos tiros, le hizo arriar su bandera y arribar sobre él, y habiéndola marinado se puso en demanda del bergantin que estaba próximo y lo rindió tambien en cuanto se acercó á él. En este estado me consideré en la urgente necesidad de volver por el honor del pabellon y desempeñar la responsabilidad en que me tenia constituido e convoy puesto á mi cargo. Por lo que, con comun acuerdo de mis oficiales, determiné virar por avante, ir sobre el enemigo y empeñarlo al combate que me habia propuesto dilatarlo en consideracion que teniendo igual número de cañones que mi buque, debía suponer incierto el éxito é imprudente el partido de no esperar el auxilio de los citados navío y bergantines que, aunque en aquel momento se hallaban muy aterrados y no podian prestármelo al pronto, habia notado que maniobraban para aproximarse hácia nosotros á consecuencia de haberles anunciado mi situacion y cuidado por medio de repetidos cañonazos que disparé á falta de señales á propósito.

A la maniobra que ejecuté de virar por avante sobre el enemigo, abandonó el bergantin mercante que iba á marinar, y me recibió en son de combate con su trinquete cargado. Efectivamente, rompimos el fuego poco despues de las doce con una descarga cerrada con toda la batería de estribor virando al propio tiempo por redondo para ceñir el viento de la otra vuelta como lo hacia el enemigo, resultándome de esta maniobra la doble ventaja de navegar para los referidos navío y bergantines de guerra y cubrir el convoy. Duró la acción hasta las dos de la tarde á tiro de pistola con el mayor teson por una y otra parte; le hice fuego con palanqueta y metralla, con sólo los nueve cañones de la batería, pues que los dos obuses de la toldilla, por estar montados sobre ruedas, se embicaron al quinto tiro, inutilizándos en términos de que no sirvieron más en la acción. Por lo que, y observando yo que no se decidia el combate según deseaba, y me prometia del esforzado arrojo y valor de la oficialidad y tripulación, y que contaba ya con un muerto y catorce heridos de gravedad, traté de abordar al enemigo persuadido de que sacaría más ventaja de esta determinación. Y habiendo dado al intento todas las disposiciones necesarias, me sobrevino la desgracia de ser herido en el lábio superior y dentadura, perdiendo los sentidos, y al volver en mí hice llamar al oficial mas antiguo el alférez de navío D. Luis Arrué, para confiarle el mando mientras que me curaba el facultativo en el pozo ó alojamiento de los oficiales mayores, á donde me habian conducido al efecto.

A penas el cirujano empezó la operación, cuando ví entrar en el propio alojamiento al enunciado oficial cubierto de llamas, y ví al mismo tiempo aclamar con gritería la pólvora al agua. Dejo á la consideración de V. E. la sorpresa, amargura y conflicto de que me ví cercado; suspendí mi cura y subí á la cubierta: me impuse de que el enemigo nos había arrojado algunos mistos, incendiarios al parecer, con algun obús de grueso calibre, lo que habiendo dado en la cofa de trinquete, descendieron al pié de él é inflamaron un cartucho de un sirviente que lo tenia en la mano para cargar su cañon, á cuya explosion se incendió el repuesto de guarda-cartuchos que se hallaba llenos en aquel paraje, causando el estrago de quemar muy gravemente como 30 hombres, contándose entre ellos dos oficiales de los tres de la dotación, el contramaestre, el primer guardian y el primer calafate; dí las providencias más activas para apagar el fuego que se había comunicado á la proa y al pañol de vela; consiguiendo en su virtud que se apagara prontamente y sin necesidad de arrojar al agua más que una caja que ardia.

En estas críticas circunstancias, obligado del trastorno y desolación de la jente que se habia desgraciado en la batería y en la proa, de la consternación que necesariamente hubo de causar este acontecimiento en el resto de la tripulación, y de que la arboladura, járcia y velamen del buque habían padecido muchos, me pareció de toda necesidad tomar el temperamento de cesar el combate que pocos momentos antes ofrecia un éxito favorable, atendida la menos actividad del fuego del enemigo respecto del calor con que empezó, y muy particularmente habiéndolo suspendido del todo como seis minutos á la misma sazon de nuestra desgracia, hasta que al vernos marcar toda vela, arribó sobre nosotros, y al emparejar su costado de babor por nuestra popa nos disparó toda la batería, poniéndose al mismo tiempo á ceñir el viento en demanda de la presa que había hecho, en lugar de continuar la acción como pudiera haberlo ejecutado por depender de su arbitrio.

Seguidamente me dirigí hácia el navío San Lorenzo, y á las cuatro de la tarde, estando á la voz, informé á su Comandante de los acaecimientos del combate que dejo referido, señalándole el enemigo, y la presa, que era de muy poco andar, á fin de que contase con su represa en la caza que iba dando con los bergantines de su division, y me contestó previniéndome que arribásemos al puerto de la salida, é informásemos al Comandante General de su escuadra de la maniobra que hacia en solicitud de los citados enemigo y presa.

A las seis y media dimos fondo enfrente del arsenal, á donde llegamos remolcados por haber entrado una turbonada en las inmediaciones del puerto. Inmediatamente se procedió al desembarco de los heridos y quemados, conforme á las órdenes y disposiciones que V. E. tenia comunicadas al efecto.

Faltaria á la justicia si hiciese distinción y particularizase algunos de los individuos que sirven al Rey bajo mis órdenes, porque todos, sin excepción alguna, llenaron sus deberes con bizarría, intrepidez, animados del celo, actividad y ardor que manifestaron mis tres compañeros, contador y piloto; y asimismos como el Sr. Brigadier D. García Dávila, Gobernador electo de Veracruz, que navegaba de transporte en el bergantín de mi mando, y hubiere asistido al combate en el sitio de más riesgo, concurriendo á su mejor éxito, no sólo dando ejemplo de marcial presencia de ánimo, sino también auxiliando con esforzar á la jente, y con su pericia militar en la parte que no es privativa á la profesión de marina, no puedo defraudarle del justo elogio á que se ha hecho acreedor, de que es buen testimonio la herida que recibió en la frente durante la acción. — Dios guarde á V. E. muchos años. — Habana 25 de Julio de 1798. — Juan Javat. — Excmo. Sr. Don Juan de Araoz. »

Documento que se cita: « Habiendo examinado en Junta de Asistencia de Direccion su oficio de usted de fecha 25 del corriente, los diarios, cuadernos de bitácora y demás que ha remitido á esta Comandancia General, conviniendo con la mia la unánime opinion de sus vocales, he aprobado su conducta de usted en la accion que empeñó el 21 del mismo con el bergantín de su mando en el combate que sostuvo con el inglés nombrado Héroe; y así en ella como en las demás ocurrencias, he comprendido llenó usted completamente sus deberes, en lo que lo imitaron á mi satisfacción sus oficiales, guarnicion y tripulacion, portándose en términos de patentizar las obligaciones á que por sus empleos están constituidos.

Lo que comunico á usted para su inteligencia, en el concepto de que en primera oportunidad daré cuenta á S. M. en términos convenientes. Dios guarde á usted muchos años. — Habana 27 de Julio de 1798. — Juan de Araoz. — Sr. D. Juan Javat, Comandante del bergantín Saeta »

« Por la exacta relación del suceso que presento á la consideración de V. E. y que fueron testigos el Sr. Brigadier Gobernador de Veracruz D. García Dávila y el oidor D. Nicolás Mesias, vendrá en conocimiento del distinguido valor con que mis oficiales y tripulación han sostenido el honor del pabellon, haciéndose digno de ser imitados por otros. Y aunque como testigo ocular y como Comandante del buque, es en mí un deber hacer presente y recomendar el mérito que han contraído, escuso prevenir el juicio de V. E., cuyos conocimientos y talento sabrán calcular con más tino su verdadero valor y la demostración ó premio que convenga dispensarles, para que siendo la primera función de armas que se ha ofrecido á los buques de la Armada en esta América durante la presente y anterior guerra, sirva de estímulo á los demás, á efecto de que la esperanza del premio apoyada del honor, les haga emprender acciones más distinguidas que cedan en gloria y utilidad de la nacion.

Quizá habré formado yo un juicio equivocado por la predilección con que miro á los que han sido compañeros de mi suerte. Pero conociendo la justificacion y generosa bondad que han caracterizado la gloriosa carrera de V. E., nada les quedará que desear habiendo de pasar por su mano el informe de este suceso á la notica del Rey. — Dios guarde á V. E. muchos años. — Bergantin Saeta, en el puerto de Veracruz á 8 de agosto de 1798. — Excmo. Sr. — Juan Javat. — Excmo. Sr. D. Miguel José de Asanza, Virey, Gobernador y Capitán General del Reino de Nueva España. »

Al respecto de esta acción se dictó la Real Orden siguiente:

« Excmo. Sr. — Por oficio del Virey de Nueva-España, de 27 de Agosto último, y documentos que acompañan, se ha enterado el Rey con satisfacción del glorioso combate del bergantín guarda-costas el Saeta contra un corsario inglés de mayor fuerza, que abandonó el combate sin embargo de las ventajas que le daba el haberse incendiado en el Saeta el repuesto de guarda-cartuchos, cuyo estrago le inutilizó 30 hombres, 16 muertos, entre ellos el alférez de fragata D. Antonio de Rojas, y los restantes mal heridos, entre ellos el alférez de navío D. Luis Arue y Alcibar. Y Su Majestad ha concedido al Comandante del citado bergantín Don Juan Javat, á D. Luis Arrue y D. Cárlos Rato sus respectivos ascensos á capitán y teniente de fragata y alférez de navío; al contador D. Antonio Ortiz y oficiales mayores la preferencia para ser atendidos en sus clases, y á la guarnicion y tripulación dos pagas de gratificación, correspondiente al haber de cada uno: todo lo que comunico á V. E., acompañándole para los fines de ordenanza los nombramientos de los espresados oficiales, y á fin de que dé las providencias correspondientes para que en la parte que le toque tenga cumplimiento esta Real resolucion. Dios guarde á V. E. muchos años. — Aranjuez 12 de Abril de 1799. — Juan de Lángara. — Sr. Director General de la Real Armada. »

Bibliografía:

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española, desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Museo Naval. Madrid, 1973.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

Transcrito por Todoavante.

About the author

Comments

Comments are closed.