Biografía de don Cristóbal Pérez de Herrera

Posted By on 30 julio, 2011

Biografía de don Cristóbal Pérez de Herrera

Protomédico de las galeras de España.

Cristóbal Pérez de Herrera

Nació en la ciudad de Salamanca, en el año de 1558.

Cursó los estudios de medicina en la ciudad de Salamanca y comenzó el ejercicio de la profesión cuando solamente tenía diecinueve años.

Fue destinado a las galeras de don Álvaro de Bazán, muy pronto por su valer, se granjeó su voluntad, acompañándole en todas las acciones de guerra, distinguiéndose en manejar la espada, con la misma facilidad con que lo hacía con el cuchillo y la sierra, para curar lo mejor posibles a sus pacientes.

Viniendo de Cartagena en la patrona de don Juan Portocarrero, con otras seis galeras, se encontraron con veinte buques redondos holandeses, en el estrecho de Gibraltar.

Ante el peligro que se cernía, se brindó para ir a dar aviso al adelantado de Castilla, don Martín de Padilla, que se encontraba en la bahía de Algeciras.

Propuso además el ataque nocturno, poniendo en los buques gran número de luces, para aparentar constituir una fuerza muy superior; se aceptó el plan y salió bien, pues los holandeses forzaron velas y se pusieron en franca huida.

En otra ocasión, yendo a Lisboa en una urca mercante sin artillería, que transportaba la impedimenta personal del marqués de Santa Cruz y cuatrocientos mil ducados en metálico, se encontró con dos corsarios de La Rochelle.

Preparó la urca como si de buque de guerra se tratara, poniendo banderas en el alcázar y en el castillo y haciendo tocar las trompetas.

Simulando estar empeñado en trabar combate, se dirigió a los corsarios, a los que puso también en franca huida.

Cobró por su mano, en decididos y valerosos abordajes, realizados durante sus viajes, unos trofeos de gran calidad: dos banderas turcas, dos holandesas, dos inglesas y una de un corsario de La Rochelle.

El Rey le concedió colocar en su blasón dichas siete enseñas con la divisa: « Non armis obstant litterae »

En las dos jornadas de las Azores demostró, como en ocasiones anteriores, su valor a toda prueba; improvisó un hospital en la isla de San Miguel.

Cuando se produjo el desembarco, ocurrió que en un momento dado las fuerzas españolas se retiraron, por el empuje de los enemigos, dejándole a vanguardia a cargo de los heridos, los contrarios quisieron rematar a los que yacían en el hospital, pero Pérez de Herrera espada en mano los defendió, recibiendo un arcabuzazo en un hombro que no le impidió realizar su valeroso gesto, consiguiendo que los enemigos no dañaran más a los ya heridos.

Al regreso ya fondeados en la bahía de Cádiz, asistió a más de tres mil heridos y enfermos de la armada.

En el año de 1584, le fue conferido el nombramiento de protomédico de las galeras de España, por todos los brillantes servicios prestados.

Más tarde el de médico de la Casa Real, que ejerció durante veintiún años, tanto durante el reinado de Felipe II, como el de sucesor Felipe III, dedicándose después de esto ya retirado, a la filantropía, a la profesión médica y también a la literatura, escribiendo treinta y cuatro obras, entre ellas un elogio del rey Felipe II, dotado de una gran erudición, era tan modesto, que no escribía nada sin someterlo al parecer de sus colegas y amigos.

Entre otras obras benéficas fundó en Madrid el Albergue Real, que después fue el Hospital General, gastando en ello dieciséis mil ducados de su peculio particular, más aportaciones que pudo recoger de amigos y entidades.

Hay que ponerse en la piel de muchos españoles y de otros que no lo eran pero habían servido a España, en estos servicios muchos quedaban mutilados, e incluso tarados, pero no exitista ningún tipo de ayuda económica para poder vivir, lo que les llevaba a mendigar, con ello a sobrevivir de la caridad de la Iglesia y de la ayuda de otros muchos españoles, pero que obviamente no era una solución para siempre y más bien temporal, por lo que a veces pasaban días sin comer, un estado de miseria total que a veces les abocaba a buscarse la vida por otros medios ya no tan pacíficos.

En el año de 1616, imprimió una autobiografía, terminando la misma pidiendo merced por estar necesitado. Hasta este punto llego un protomédico que no era otra cosa que el jefe del resto de médicos de la Armada, a pesar de ello nada le quedó, era el justo agradecimiento a sus trabajos por su Rey y España, muy propio de los Austrias.

Falleció en Madrid a lo largo del año de 1625, siendo ya un anciano.

A él se deben entre otras las obras siguientes: « Discurso de la forma y traza como se pudieron remediar algunos pecados y desórdenes » Madrid, 1598.

« Discurso del amparo de los legítimos pobres, y reducción de los afligidos, y de la fundación y principio de los albergues de estos reynos y amparo de la milicia de ellos » Madrid-1598.

« Dubitationes ad maligni, popularisque morbí qui num in tota fere Hispania grassatur, exactam medellam sapientissimis a Regis cubiculo, eisdem Protomedicis tuente, Animadversiones aliquot, ad  Profesores Artis Medicae » Valladolid, 1604.

« Defensa de las criaturas de tierna edad » Valladolid, 1608;

« De carbunculis animadversionis, Compendium totius Medicinae », 1614.

« Elogio a las esclarecidas virtudes del rey don Felipe II y Carta oratoria a su hijo don Felipe III »

« Proverbios morales y consejos chistianos  muy provechosos para consejo y espejo de la vida, adornados de lugares y textos de las divinas y humanas letras » Madrid, 1612, obra en verso.

« Brevis et compendiosus tractatus de essentia, causis, etc, faucium et gutturis anginosorum ulcerum morbi soffocantis « garrotillo » hispane appellati » Madrid, 1615.

Bibliografía:

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1957. por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. tomo 43. 1921. página, 687.

Compilada por Todoavante.

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