Biografía de don Pedro Fernández de Quiros

Posted By on 19 septiembre, 2011

Navegante y escritor portugués, al servició de España.

Piloto Mayor.

Vino al mundo en la ciudad portuguesa de Evora en 1565.

Realizó sus primero estudios en Lisboa, pasó luego a especializarse en náutica, por sus brillantes notas, ya que era de carácter abierto y todo le resultaba fácil de aprender, se unió a la famosa Rua Nova lisboeta, en la que terminó de aprender el arte de navegar, por ello se le otorgó el cargo de escribano (actual de sobrecargo) en un buque de la marina mercante, permitiéndole aprender sobre la mar sus verdaderas formas de comportamiento, convirtiéndose en uno de los mejores de su tiempo, lo que poco tiempo después le hizo ser nombrado Piloto Mayor.  

Entre los años de 1588 y 1589, había pasado a Madrid, donde contrajo matrimonio con una española doña Ana Chacón, nacida en la capital y de la que tuvo dos hijos.

Sobre finales del siglo navegó hasta aguas del virreinato del Perú. En ocasión de que don Álvaro de Mendaña preparaba su segundo intento de colonización de las islas Salomón, se presentó y fue admitido como Piloto Mayor de ella, dando comienzo al zarpar del Calló en abril de 1595.

Pero a la muerte de Mendaña en octubre y el fracaso de la expedición, consiguió arribar pasando grandes sufrimientos, como todos lo que los consiguieron, a las islas Filipinas a su puerto y ciudad de Manila el 11 de febrero de 1596. Descansó un tiempo y de nuevo zarpó de Manila en agosto de 1597, arribando a Acapulco en febrero de 1598. Arribó al virreinato de Nueva España, cruzó la franja de tierra, volviendo a embarcar para arribar al puerto de Sanlúcar de Barrameda en el mes de febrero de 1600, después de haber vuelto a pasar por una autentica odisea.

Estando ya en la Península se propuso el conseguir el apoyo financiero, para realizar de nuevo la exploración y colonización de las islas Salomón, pero en la Península no encontró a nadie que le prestara el apoyo necesario.

Coincidía que este año de 1600 era Año Jubilar en Roma, así que no se lo pensó y viajó hasta esta ciudad, al llegar a ella se dirigió al embajador español ante la Santa Sede, que lo era el duque de Sesa, por mediación de éste se entrevisto con el Papa Clemente VIII y éste sí que le apoyo, pero más bien le facilitó el camino, pues lo recomendó muy elogiosamente al monarca español don Felipe III.

Regresó a España y se presentó al Rey, ya que por medio de su embajador disponía de todos los escritos del Papa, por ello le firmó una cédulas que le facilitaron enormemente l conseguir lo que anhelaba.

Se pudo incorporar a la flota, que zarpaba de la bahía de Cádiz, con rumbo al virreinato de Nueva España que transportaba al nuevo virrey marqués de Montes Claros. El viaje fue tortuoso, ya que incluso el buque en el iba se perdió por un fuerte temporal, teniendo la suerte de ser rescatado por otro de la flota.

De nuevo cruzó la tierra de Nueva España y se pudo embarcar para arribar a la ciudad de Lima, donde se presentó al virrey del Perú conde de Monterrey, en el que no encontró ningún tropiezo, más bien una sana ayuda que le ayudo mucho a conseguir los buques, hombres y materiales para la colonización de las islas Salomón.

Así se pudo completar el armamento de tres buques y por un año de tiempo, ya todo preparado zarpó del puerto del Callao el 21 de diciembre de 1605, con el grado de Capitán General de la expedición, formada por las carabelas San Pedro, San Pablo de 150 tn., la San Pedro, de 120 y el patache Tres Reyes, con alguna artillería, tripuladas por ciento treinta hombres, seis frailes de la Orden de San Francisco y cuatro hermanos legos de San Juan de Dios como enfermeros-practicantes.

Desde el principio se puso rumbo a la isla de Santa Cruz (en la que Mendaña intento crear la primera población de las islas Salomón, la Graciosa, que no pudo llevar a cabo), pero al igual que le había pasado a Mendaña no consiguió encontrarla, así se pasaron cinco meses, hasta que dieron con una nueva isla, la cual fue bautizada con el nombre de Tierra del Espíritu Santo.

Al mismo tiempo decidió fundar un establecimiento, al que bautizó con el nombre de Nueva Hierusalém, así como crear una condecoración con el fin de favorecer a todos aquellos que tanto habían trabajado para conseguir arribar a aquella tierra, y a la cual le llamó La Cruz del Espíritu Santo. Al conjunto de todas estas tierras descubiertas las bautizó como Austrialia del Espíritu Santo, (lo de Australia, por la casa reinante de España: los Austrias)

Se equivocó al hacer las cosas, pues sabedor de que los indígenas no eran muy dados a la compañía de extranjeros, en vez de actuar de una forma natural e intentar congraciarse con ellos, se dedicó con excesivo boato a hacer resplandecer las fuerzas que llevaba, por lo que casi no pudieron salir de la población, a la cual se le había bautizado como San Felipe y Santiago.

Para aumentar el problema, un día se desató una gran tormenta, que partió los cables de las anclas de las dos naos que le quedaban, quedando éstas a merced del fuerte oleaje, que por su cercanía a la costa les obligó a lanzarse a por ellos para poderlos recuperar, acción que fue oportuna pero solo en parte, pues uno de ellos se perdió quedando el restante.

Así, que decidió regresar a Acapulco, pues no quería dejar de hacer saber al Rey todo lo que había conseguido, pasando otra vez por grandes calamidades, ya que el rumbo y la distancia no favorecían llegar pronto, consiguiendo arribar a tierras de Nueva España, dirigiéndose inmediatamente a la capital, Méjico.

A su llegada y después de explicar todo lo ocurrido, fue fuertemente reprendido, sobre todo por los que habían aportado dinero para la expedición y que ahora veían que se había perdido todo, a tanto llegaron las protestas de los “inversores” en su contra, que tuvo que permanecer un tiempo a resguardo de ellos, al apaciguarse algo las aguas se le concedió pasaporte para regresar a la Península.

En una de las flotas pudo ser embarcado, arribando al puerto de Sanlúcar de Barrameda, pero llegó tan pobre, que para poder llegar a Sevilla tuvo que vender hasta sus anillos, que era de lo poco que aún le quedaba.

Al llegar a la ciudad hispalense, se dirigió al Consejo de Indias, para que le pudieran aportar algún dinero y lograr llegar a la Corte. Se apiadaron de él y le donaron quinientos reales, con éstos prosiguió viaje llegando a la Corte el 9 de octubre de 1607 y al ir a entrar, para pedir la audiencia con S. M. don Felipe III, se le acercó un pobre y le pidió limosna, no disponía de más y se lo dio todo, consistiendo todo su capital en dos maravedíes.

El Rey le concedió la audiencia y lo primero que mando fue, que le fueran entregados quinientos ducados, pero él seguía con su idea primogénita de que le volviera a favorecer, para conseguir de nuevo realizar lo que no había podido terminar, pero esto ya le costó más.

Pues fue el 21 de octubre de 1614, cuando el Rey firmó una Real cédula, en la que se le ordenaba al virrey del Perú, a la sazón el príncipe de Esquilache que había sido nombrado recientemente, se le facilitara los medios para volver a intentar la colonización de las islas Salomón y se le proveyera de los medios adecuados.

No perdió de vista ni un instante al príncipe, por lo que viajó y zarpó con él, en la flota que los transportaba para tomar posesión de su cargo. Pero en el viaje ya Quiros se encontró mal, sus trabajos anteriores unidos a sus penalidades le comenzaban a pesar,  sobreviniéndole el óbito durante la derrota, por lo que debió de suceder en los primeros meses de 1615.

Fue un gran escritor, al menos nos dejó impresa prácticamente su vida y la de los que con él compartieron algo de ella, así sus obras más importantes son la siguiente:

«Relación de su vida»; «Relaciones de los viajes á las islas de Salomón y tierra austral»; «Historia ó relación del segundo viaje del adelantado Alvaro de Mendaña á las islas de Salomón»; «Memorial al rey sobre la población de las tierras australes»; «Relación sumaria de la que le dió el capitán mayor de Maluca, Rui Gonzalez de Sequera, de lo que vió y supo de la tierra austral durante su gobierno» en 1610. «El descubrimiento de la tierra austral» en 1612. «Narración de la tierra de los Samojedes y Teugoesios en Tartaria» en 1612. «Memorial que dió S. M. sobre el descubrimiento que hizo en 1606 de las tierras australes» y «Sumario breve y derrotero del viaje que hizo el capitán P. F. Quirós, de nación portugués, en descubrimiento de las tierras incógnitas de la parte austral del mar del Sur, que salió del Perú por fin del año 1605»

Así como más de cincuenta sumarios diferentes, que entregó a S. M. dando notas y dibujos, de las tierras y pobladores de las islas Salomón.

Falleció en el virreinato de Nueva España en 1615, cuando iba embarcado con rumbo al Callo.

Bibliografía:

Enciclopedia General del Mar. Garriga 1957. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. Tomo 23, 1924. Página 803.

Fernández de Navarrete, Martín.: Biblioteca Marítima Española. Obra póstuma. Madrid. Imprenta de la Viuda de Calero. 1851.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895—1903.

Compilada por Todoavante ©

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