Biografía de don Juan Francisco de la Bodega y Quadra y de Mollinedo

Posted By on 22 enero, 2013

Don Juan Francisco de la Bodega y Quadra y de Mollinedo. Cortesía del Museo Naval. Madrid.

Don Juan Francisco de la Bodega y Quadra y de Mollinedo. Cortesía del Museo Naval. Madrid.

Capitán de navío de la Real Armada Española.

Caballero de la Orden Militar de Santiago, cruzado en el año de 1776.

Vino al mundo en la ciudad de Lima, el día 22 de mayo del año de 1744 siendo bautizado el día 3 de junio siguiente, en la parroquia del Sagrario de la Catedral de la capital.

Tuvo una preparación especial por ser descendiente de familia noble, pues su padre, don Tomás de la Bodega y de las Llanas, era descendiente de familia de la población de Somorrostro, en la actual provincia de Vizcaya, quien se casó con una criolla doña Francisca de Mollinedo, también de familia noble limeña. Su padre al fijar la residencia en la ciudad, unió su apellido al de su tío don José de la Quadra y Sandoval-Rojas, pasando a ser conocido como don Tomás de la Bodega y Quadra.

Viajó a la Península en compañía de su hermano Manuel, éste siguió los estudios de Derecho, pero Quadra con sus credenciales solicitó y se le otorgó Carta orden de ingreso en la Compañía de Guardiamarina de Cádiz (única existente entonces) sentando plaza el día 21 de septiembre del año de 1762. Expediente N.º 937.

Al aprobar los exámenes de los temas teóricos se le ordenó embarcar en el navío Terrible siendo destinado a realizar el corso sobre las regencias norteafricanas, recibiendo la orden de trasbordar al navío Princesa, con el que viajó a Nápoles y Palermo, regresando a su base en el Arsenal de Cartagena. Permaneció en la Compañía hasta el día 12 de octubre del año de 1767, cuando al aprobar todos los exámenes se le otorgó el grado de alférez de fragata.

Pasando como oficial subordinado a la fragata Garzota el día 21 de abril del año de 1767, visitando los puertos del Mediterráneo de Civitavequia, Córcega y Génova, regresando a su puerto base, donde al arribar se le ordenó trasbordar al jabeque Ibicenco el día 30 de octubre del mismo año, para cumplir la misión de corso, arribando y desembarcando el día 1 de diciembre del propio año. Quedando desembarcado y destinado a Servicios en el mismo Arsenal.

El día 15 de octubre del año de 1768, se le ordenó embarcar en el navío Septentrión del mando del capitán de navío don Antonio de Arce, con el que zarpó con rumbo a Buenos Aires, Concepción y Lima, permaneciendo un tiempo en aquellas aguas, para retornar a la Península, siguió destinado en este navío prestando diferentes comisiones y servicios, hasta el día 17 de agosto del año de 1772, quedando desembarcado en el Arsenal de Cartagena. Aclarar que es una de las más largas estancias en un mismo buque.

Se le entregó una Real orden del día 11 de enero del año de 1773, por la que se le comunicaba su ascenso al grado de alférez de navío, pero él seguía teniendo a su familia en la ciudad de Lima, por ello se decidió a escribir al Ministro de Marina por carta fechada el día 20 de abril del mismo año, para aprovechar el viaje de la Flota cargada con azogues con destino a Veracruz, siendo la respuesta negativa, pero le vino a su medida la petición del mismo Gobierno de marinos que quisieran ir a la costa del Pacífico, para realizar exploraciones y aquí se apuntó, llegando así por fin a donde quería y necesitaba, ya que las cuentas en su casa no salían por no estar él presente.

Para mejor realizar los trabajos a que se vería obligado, se le destinó un tiempo al Real Observatorio de Cádiz, donde a la sazón estaba de director don Vicente Tofiño, éste tenía escrito y entregaba a los alumnos el texto siguiente: « Para levantar planos de las costas, puertos etcétera, se necesita un semicírculo graduado de un pie de radio y una plancheta, cuyos instrumentos serán sólo bastantes para el reconocimiento y diseño de una costa de corta extensión »

Pero Bodega y Quadra no estaba de acuerdo por ser insuficientes por lo que escribió a Tofiño: « Pero si la comisión fuese de descubrimiento de costas dilatadas, de quienes se hayan de formar carta para el gobierno en lo sucesivo, deberán hacer observaciones exactas de la longitud y latitud en sus principales puntos, y para esto se necesitan instrumentos de astronomía, como son un péndulo astronómico, un cuadrante de dos y medio pies de radio y dos telescopios de 24 pulgadas de focus » Se conoce esta carta, porque a su vez Tofiño le escribe al general don Andrés Reggio, con fecha el día 24 de septiembre del mismo año de 1773 en la isla de León, para que se compren estos instrumentos. Original en el Archivo General de Simancas, legajo de Marina, nº 37.

Por el informe que dio el general don José de Rojas Comandante de Cartagena al Secretario de Marina señor Arriaga, fechado el día 21 de agosto del mismo año de 1773, en el que se dice: «…He nombrado al referido don Juan de la Bodega, en quien me hallo informado concurren ventajosamente las circunstancias de un genio quieto, dócil, bastante aplicación y demás requisitos convenientes al intento » Cuyo documento está en el Archivo General de Simancas, legajo de Marina, nº 37. Fue la razón principal de que fuera admitido para las exploraciones designadas.

El secretario de Marina señor Arriaga proveyó de todo los materiales que se le pidieron a la expedición, así fueron embarcados los siete cajones que contenían los instrumento en la urca Santa Rita preparada al efecto, zarpando el día 13 de junio de la bahía de Cádiz, con rumbo a San Juan de Puerto Rico, de donde pasó a la Habana y por último el día 26 de agosto arribaron a Veracruz, dando parte al virrey Bucareli quien les facilitó transporte por tierra, llegando a su destino en San Blas a finales del año de 1773.

A lo que se añadió que con este viaje terminaba con las navegaciones naturales que nada extraordinario aportaban a su carrera, de hecho al apuntarse para el viaje, al año siguiente de estar en el virreinato de Nueva España, recibió la Real orden del día 28 de abril del año de 1774, por la que se le ascendía al grado de teniente de fragata.

El día 16 de marzo del año de 1775, se formó una expedición al mando del teniente de navío don Bruno Heceta, zarpando con la fragata Santiago de su mando, la goleta Sonora (1) al mando de Juan de Ayala y de segundo Bodega y Quadra más un paquebote, el San Carlos, con rumbo al Norte, pero el día 18 el San Carlos toco fondo, por lo que enarboló la bandera roja acompañada de dos cañonazos, avisando así a los otros dos buques que se quedaron al pairo y Heceta envío su canoa para saber que pasaba, a su regreso vino con su comandante don Migue Manrique, que dio la sensación de estar fuera de sí, pues llegó con seis pistolas cargadas ajustadas a la cintura, diciendo que lo querían matar, por lo que se quedó en la Sonora custodiado, pero se arrimó a uno de los frailes franciscanos y se pasó la noche llorando.

Ante esta nueva situación, Heceta ordenó que don Francisco de Ayala pasara a tomar el mando del paquebote y Juan Francisco de la Bodega tomara el mando de la goleta, recibiendo un sobre cerrado para abrir sólo en caso de separación del resto de la expedición.

La misión de esta expedición era muy concreta, dejar el rastro de la propiedad de España de aquellas costas y aguas. A pesar de ir bojeando la costa, en el transcurso de la navegación se desató el escorbuto acompañado de otras diversas enfermedades, lo que fue mermando las dotaciones y como consecuencia de ello, hubo intentos de insubordinación y desobediencia que tuvieron que ser cortados de raíz, no obstante prosiguieron subiendo paralelos. De hecho descubrió la bahía que lleva su nombre en la baja California entonces perteneciente al virreinato de Nueva España y hoy a México.

El día 14 de julio del año de 1775, alcanzaron la actual población de Point Grenville, en el actual estado de Washington donde desembarcaron, al principio como siempre los indígenas se sorprendieron, pero los españoles consiguieron llevarse bien con ellos e incluso fueron ayudados los recién llegados, con frutas y comida que fue aliviando a los enfermos sobrevivientes. Se enviaron unos hombres a realizar la aguada y nadie se explica porque, los indios les atacaron y los mataron a todos. Todo esto fue visto desde los buques, que realizaron fuego con sus piezas pero por estar muy lejos de la costa no tuvo ningún efecto.

El que si sufrió el efecto fue Heceta, que dio la orden de regresar al virreinato de Nueva España, pero Bodega y Quadra le dijo que si no le importaba él proseguiría solo el viaje con el rumbo al Norte, Heceta no tuvo inconveniente en dejarlo marchar por si lograba que todas las muertes y el gasto de la expedición no fuera en vano.

Así Bodega continuo solo con su goleta, alcanzando la latitud Norte de 58º 28’, que corresponde a la actual de estado de Alaska, donde arribo el día 15 de agosto del mismo año, en el bojeo que realizaron no encontraron a ningún europeo, pero si dejaron señales, sobre todo la Cruz que identificaba en todo el planeta la presencia de los españoles, quedando por España el puerto de los Remedios y el de Bodega, más la rada de Bucareli, como el invierno se les echaba encima decidió regresar a San Blas.

A su arribada y desembarcada la marinería, escribió en su diario «…solo miraba el deseo de corresponder con honor al encargo a que he venido, sacrificando mi salud y aún mi vida por Su Majestad » a los pocos días se le entregó una Real orden del día 16 de marzo del año de 1776, por la que se le comunicaba su ascenso al grado de teniente de navío.

En esta relación que redactó del viaje incluye un « Método », que dice: « Método de la navegación que conjeturo convendrá se observe para seguir los descubrimientos de la costa septentrional de la California; pues no obstante que por los acaecimientos del DIARIO se puede colegir, me ha parecido conveniente extraer una breve recopilacion de lo que juzgo mas conducente para el acierto y brevedad de los viajes »

Era un constante escritor, nada dejaba de anotar y por ello su trabajo es casi una enciclopedia, que abreviamos por no alargan indebidamente su biografía, pero era tan meticuloso y exacto como muestra esta nota, realizada al arribar al puerto de Trinidad con referencia a sus habitantes, que dice: « Son sumamente dóciles, de mediana estatura, bien hechos y encarados, sin que se les note la fealdad de los demás indios de la América » entrando en detalles como: «…y una hierba a que son muy afectos que en el reino del Perú llaman cochaivio »

Y para completar de confirmar su forma de ser, existe una relación del viaje dirigida a don Carlos III, fechada el día 25 de junio del año de 1784, con respecto a éste primer viaje, que está escrita en tercera persona y se halla en su Expediente personal del Archivo del Viso del Marqués y dice así:

« Conducido desde Cádiz al puerto de Veracruz, se puso en marcha con la mayor aceleración para el departamento de San Blas (situado a la costa Sur), despreciando las incomodidades que ofrece un camino de más de trescientas leguas y, animado de la justa idea de este empeño, tomó el mando de la goleta Sonora y en conserva de la fragata Santiago se hizo a la vela con la orden de subir todo lo posible al Polo del Norte de la California; más, poco le duró este auxilio, pues sobre los cuarenta y nueve grados, en una tenebrosa noche, se separó el comandante y arribó al puerto más cercano contagiada la tripulación.

Avanzada ya la estación propia para estos viajes, escaso de aguada, amenazando escorbuto, falto de cirujano, sin capellán que sirviese a los consuelos espirituales y, para decirlo más breve, expuesto a las decisiones de una suerte difícil, se resolvió a continuar la expedición por sí solo, poniendo su confianza en el Todopoderoso y sus esfuerzos en el honor, y en la conducta y modo de manejar aquel corto número de hombres de su mando, que miró como unas víctimas del valor, desamparados de todo recurso humano, y hecha esta resolución, ella, la constancia y el deseo de servir a V. M. hacían posible lo imposible, resistiendo con la mayor firmeza de ánimo los desvelos, los conflictos y los continuos riesgos que a cada momento ofrecía un buque de 18 codos de quilla y 6 de manga, tripulado por diez hombres, de suerte que con la mayor admiración veía que se iba granjeando altura lidiando con los más furiosos huracanes en la mar, con los mayores riesgos en la costa y aún más que todo con el siempre temible escorbuto que apartaba la total ruina de los que iban entregados a la fortuna en la goleta.

Ni estos trabajos, ni la incertidumbre del fin que tanto mortificaba la imaginación vencieron la constancia de este vasallo de V. M., porque, convencido ya en morir antes que retroceder, y habiendo logrado poner en los corazones de aquellos infelices un heroísmo que les hacía disputar la preferencia en los peligros, consiguió llegar a los 58 grados. Tampoco pudieron estos conflictos ocupar su ánimo de modo que no dejasen hueco para atender a otras partes demasiado interesantes, y así, en medio de estos afanes, que jamás podrán manifestarse adecuadamente, tuvo bastante serenidad para advertir los defectos padecidos en las más célebres cartas que quisieron dar idea de esta navegación, levantando exactos planos de la costa y de los puertos de los Remedios, Bucareli y Bodega, que descubrió y tomó posesión en nombre de V. M., haciendo que éste lo pronunciaren sus habitantes, y que resonase en aquellas nuevas regiones tan respetable y glorioso eco con visibles demostraciones de júbilo y gustosa aclamación de los naturales.

Este buen suceso, Señor, se consiguió a los (borrón) meses, 12 días de navegación. Los 6 se vio precisado a mantenerse a media ración del caldero del equipaje, su ropa tuvo que repartirla entre los más necesitados y enfermos, y sólo de este modo y el halago pudo sostener su resolución. Si fueron grandes los trabajos, desvelos y cuidados que sufrió, mayor en la satisfacción de haber aumentado a V. M. sus dominios, y satisfecho la confianza en suma, logró volver al puerto cuasi valdado de escorbuto, con siete hombres menos que le mataron los indios y con el corto resto ya enferma y postrada »

Pero el Virrey Bucareli, siendo conocedor de lo ganado y con tan pequeño buque, envío una recomendación de su comandante y piloto a la Corte en estos términos: « La goleta en que éste ha practicado su expedición hubiera acobardado en San Blas el ánimo de otro cualquiera al considerar la empresa. Al teniente de fragata Quadra, ni esta consideración, ni el haberse embarcado primero en calidad de segundo de otro oficial igual grado, pudo retraerle de entregarse al mar y, con el propio bizarrón celo con que se dedicó a servicio tan recomendable, le ha evacuado feliz y dichosamente »

Con esta expedición España había conseguido alargar sus dominios otras quinientas leguas más al Norte, lo que impulsó al Rey don Carlos III a dar las órdenes oportunas para que se prosiguieran las expediciones hasta donde el mundo llegara.

Leído además el informe del Virrey, dio la orden que de fueran al menos buques no inferiores a fragatas, para mejorar en lo posible la estancia a bordo, por lo que se comenzó a pensar en que buques se llevaría a buen término la siguiente expedición. Pero por encargo Real, se había dado la orden de construir dos fragatas en Lima, para ello zarparon de San Blas don Ingnacio Arteaga y Bodega y Quadra, aprovechando que debía llegar al mismo puerto al visitador real don Juan José de Arechea, a bordo de la fragata Santiago con rumbo al dicho puerto.

Al arribar al puerto de Acapulco debía abordar el buque el visitador, pero justo en ese momento hacía su entrada en el puerto una fragata mercante, por lo que el Virrey ordenó que pasaran todos a éste buque y prosiguiera su rumbo, que era el mismo puerto de destino, con lo que se ahorraba dislocar uno de guerra que siempre eran más necesarios, pero el buque debía descargar y dar permiso a la dotación, razón por la que permaneció noventa días en él.

No se pudo estar quieto, así que junto al piloto don José de Cañizares, se dedicó todo este tiempo a levantar una carta náutica del mismo puerto, para así facilitar el acceso y saber exactamente en qué lugares podía fondear cada tipo de buque, consiguiendo una mejor distribución de ellos por su calados.

Zarparon con la fragata mercante el día 21 de marzo del año de 1777, arribando al puerto de Paita después de cuarenta y cinco días de navegación, pasando a la ciudad de Lima por tierra. Permaneció tres meses a la espera de que llegara un buque que reuniera las condiciones que eran necesarias para navegar por los mares del Norte, al hacerlo una fragata llamada Favorita que fue la elegida, la cual tuvo que ser embonada, carenada y artillada, teniendo un coste total incluida la compra (moneda de ocho reales y veinticinco gramos de plata de 900 milésimas), de ciento siete mil setecientos cincuenta y siete pesos, que adelantó el virrey del Perú, pero le pasó la factura al de Nueva España.

Ya reparada y revisada zarpó el día 19 de diciembre, arribando sin problemas a San Blas el día 21 de febrero del año de 1778. Pero una vez más nos dice mucho de su carácter, que no podía estar quieto ya que levantó toda una carta náutica, única en su género desde el puerto del Callao a San Blas y que él mismo refiere en su diario así:

« No sólo logré la satisfacción en esta comisión de haber conducido una fragata que con dificultad se encontrará otra de iguales propiedades para el destino; sino que conseguí ser el primero que desde el puerto de Callao de Lima hiciese viaje a San Blas sin más noticia que mi vigilancia y continuo cuidado; pues la carta construida por Monsieur Bellin tuve que corregirla en todas sus partes y dar a luz una desde el Callao hasta el cabo San Lucas con la derrota que debe practicarse y los planos de los puertos de Acapulco, Paita y Lima, donde estuve con la discreción que consideré más útil y necesaria »

Permaneció en San Blas, hasta que en el año 1779 en que se formó otra expedición, compuesta por las fragatas Nuestra Señora del Rosario alias Princesa, ésta construida en el mismo puerto de San Blas en quince mesesy laNuestra Señora de los Remedios, aunque más conocida por la Favorita (2), a las que acompañaba de exploradora la goleta Activa, al mando todas del capitán de fragata don Ignacio de Arteaga y la segunda al de Bodega y Quadra.

Zarparon con rumbo al Norte desde San Blas el día 11 de febrero del año de 1779, la navegación por ir con buques superiores fue más normal y soportable, ya que los vientos y mares duros del Norte no le afectaban tanto como a la goleta anterior; esta vez con más conocimiento de la zona, se navegó más cerca de la costa con la intención de levantar los planos de todo su contorno, arribando a los 61º Norte, donde desembarcaron y señalaron el punto hasta donde habían alcanzado, tomando a su vez posesión de los territorios en nombre del Rey de España.

Fue sin duda la mejor preparada de las expediciones al Norte, con un gasto importante, pero en cambio no obtuvo los beneficios de la anterior con peores medios, regresando al puerto (que nunca lo fue) de San Blas.

Una nota en su diario que corresponde al final del viaje dice: « Estos documentos y todos los pertenecientes a la exploración pasé a manos del excelentísimo señor virrey frey don Antonio Bucareli y Ursúa, por cuya intercesión tuve el honor de que llegasen a los reales pies, cuya soberana aprobación me fue comunicada y añadió nuevo émulo a mis deseos para no desmayar jamás en continuar con mi empeño en el servicio de Su Majestad »

La documentación consistía en los ocho diarios que Quadra había ido escribiendo con todos los sucesos, en los que se daba cuenta de haber tomado otras dos posesiones para España y un cajón con regalos de los jefes indios para el Rey de España, todo esto lo remitió el virrey a don Carlos III siendo transportado en la fragata Águila, a su entrega al Monarca éste se sintió muy halagado y se publicó el hecho en la Gazeta de Madrid, al mismo tiempo escribió al Virrey advirtiéndole que de momento se abstuviera de enviar nuevas expediciones, ya que de nuevo la guerra con el Reino Unido se había declarado, al mismo tiempo que daba instrucciones para que San Blas fuera protegido contra algún ataque de éstos.

En uno de sus diarios, encontrándose en la latitud Norte 61º, dice: « En los días primeros que tuvimos en este puerto concurrieron tres canoas de indios, que por su figura construcción nos llevaron la mayor atención. Éstas son de la misma hechura que un arpa, de manera que no se examina diferencia (entre ella) y este instrumento, pues hasta su misma proa hace la curvitud que en aquél se necesita para afianzar las cuerdas. Ellas son tan livianas que cualquier hombre las toma con una mano, por cuya razón parece que vuelan cuando navegan. Para formarlas, preparan de delgadas varas las ligazones que sirven de tales a lo interior del buque; éstas están ligadas las unas a las otras con bordones de mediana consistencia, dejando bastante claro entre cada una. Formaba la canoa en esqueleto, la forran por fuera con pieles de animales, de suerte que sólo dejan una claraboya en la parte superior de la misma hechura que la boca de una tinaja, con la precisa atención a que sólo quepa la cintura del que la maneja y, a fin de que no pueda entrarles agua alguna, usan unas camisas de vejiga particularmente cosidas, las que lían al borde de la claraboya, quedando de modo que es imposible que, por la mucha mar que se levante, les entre agua » Documento en la Biblioteca nacional de Madrid. AGN, Historia, 64, expediente, 2, folio, 86. En el que figura el dibujo de un kayak. Existiendo otra carta igual, pero con un dibujo de un kayak con dos personas a bordo.

Los constantes ataques impidieron seguir con las exploraciones, recibiendo la Real orden del día 4 de febrero del año de 1780, por la que se nombra comandante del Departamento (mucho nombre y pocas posibilidades), cumpliendo la orden Real de reforzar el puerto, se inició la construcción de una fortaleza en la entrada de éste, al mismo tiempo que se levantaba y ordenaba un batallón de milicias provinciales, con sus uniformes y armamento reglamentario del ejército, llegando a un acuerdo con los nativos, que por una cantidad se le unían los efectivos de dos compañías de indios flecheros, muy importante, no tanto por su armamento, pero si por el gran conocimiento del terreno, factor de gran importancia en toda guerra.

Este puerto tenía el inconveniente de su insalubridad, a pesar de ello don Juan Francisco de la Bodega siguió en su cargo, recibiendo la Real orden del día 10 de mayo del año de 1780, por la que se notificaba su ascenso al grado de capitán de fragata. Pero no estuvo mucho tiempo al mando, ya que por Real orden del día 4 de noviembre del mismo año, se le daba licencia para regresar a la ciudad de Méjico por estar enfermo. Donde presentó el estado de armamento de la zona de San Blas y las difíciles condiciones para su defensa en caso de ataque frontal, ya que casi no había tropa suficiente y aún menos artillería para frenar a un enemigo decidido.

Al recuperarse, ya entrado el año de 1782 volvió a San Blas, donde tomó el mando de la fragata Santiago, con la que zarpó el día 5 de junio con rumbo al Perú, arribando y dejando caer las anclas el día 17 de julio del mismo año, donde cargó azogues para San Blas, una vez cargado el buque, se hizo a la mar el día 19 de marzo del año de 1783, pero por la larga estancia en el puerto, al estar de regreso se dieron cuenta que llevaban un lastre de agua que había entrado en el casco de noventa y seis pulgadas, lo que les obligó a arribar a Panamá para reparar, una vez recorrido el casco y calafateado, volvió a zarpar arribando a San Blas el día 29 de junio. Aprovechó el viaje y cargo también armas y algunas piezas de artillería para reforzar el fuerte ya casi terminado.

Como era su costumbre, volvió a bojear la costa levantando nuevos planos con mayor detalle que los anteriores, al mismo tiempo que escribía al Virrey de Nueva España y entre otras cosas le decía «…Más, la escasez de azogues que padecen en la actualidad las minas de aquel reino, me han privado la satisfacción de socorrer la necesidad en que se hallaba éste a mi partida…»

Al arribar se encontró con una nueva Real orden, para que pasase a la ciudad de la Habana a prestar allí sus servicios, porque las expediciones seguían paradas. Se puso en camino a Veracruz, donde el día 2 de diciembre del mismo año embarcó de transporte en el navío Santo Domingo con rumbo a la Habana arribando el día 20 siguiente, Permaneció tres días a bordo, hasta recibir la orden del Comandante del Departamento para que trasbordara al navío Dichoso, que servía de depósito de oficiales sin destino.

Continuó en su — sin destino — hasta recibir la orden del día 15 de marzo del año de 1784, en el que pasó como segundo comandante del navío San Cristóbal alias Bahama, estando aquí recibió la Real orden del día 15 de noviembre del año de 1784, por la que se le notificaba su ascenso a capitán de navío (3). Permaneciendo en este mando hasta que el buque zarpó el día 14 de enero del año de 1785, con rumbo a la bahía de Cádiz, donde arribó el día 2 de marzo siguiente.

Consiguiendo esto, porque él había escrito al Rey en varias ocasiones, una que sepamos le dice: « La aplicación de instruirse en ello prácticamente sobre una buena teórica y el lleno que ha dado a sus ejercicios y funciones, con la satisfacción plena de los jefes, lo ha puesto en regulares conocimientos de la náutica…» Carta fechada el día 25 de junio del año de 1784. Bodega al Rey. Expediente personal en el Viso del marqués.

Y otra fechada el día 18 de octubre del año de 1784, en la que entre otras cosas le dice: «…la gracia de pasar a España, le atienda en sus ascensos y le proporcione nuevos empeños en que sacrificarse y poder manifestar su inclinación a servir y morir en servicio de Su Majestad »

De su estancia en la Península hay pocos datos, una carta a la Corte para que se le concediese licencia de viajar a Alcalá de Henares y de esta estancia una carta a su hermano Manuel, que estaba de oidor de Guatemala, en la que entre otras cosas le dice: «…que tratemos de nuestros asuntos y liquidemos nuestras cuentas…»

Otra carta con fecha del día 23 de enero del año de 1787, por la que eleva petición para que se le conceda el permiso de su deseo de contraer matrimonio. Y un viaje a Galicia, comisionado por el Consejo de Órdenes, para que realice las pruebas de acceso a caballero de la Orden de Santiago, al teniente de fragata don Francisco Mourelle. Esto a parte de las varias cartas dirigidas a S. M. solicitando se le concediera de nuevo el mando de San Blas.

Por Real orden del día 24 de marzo del año de 1789, el Rey lo nombra comandante del Departamento de San Blas. Pero esta vez por la misma Real orden se escogen a seis oficiales, de los grados de tenientes de navío y alférez de fragata, siendo ellos don Jacinto Caamaño, don Manuel Quimper, don Salvador Fidalgo, don Ramón Saavedra, don Francisco de Eliza y don Salvador Menéndez Valdés, a parte se le concedió también elegir al personal de maestranza, para el buen funcionamiento del Departamento, una vez todos reunidos abordaron el navío San Ramón, que zarpó de la bahía de Cádiz arribando al puerto de Veracruz el día 26 de mayo del mismo año.

Todo porque estaban en el conocimiento de las pretensiones rusas de establecerse en Nutka. También sabían de la presencia francesa del conde de Lapérouse, así como la del capitán británico Cook, por lo que se realizaron varias expediciones con la fragata Princesa y paquebote San Carlos, para evitar que se asentaran en estas tierras, puesto que al regresar del primero dieron cuenta de que se encontraban fondeados en Nutka, la fragata Columbia, la balandra Washington y la portuguesa Efigenia Nubiana, pero ésta como si no viniera el caso, al mando de un capitán británico por apellido Colnett.

La reacción del comandante español don Esteban José Martínez, después de explicar de todas las formas posibles, que aquellas tierras eran del Rey de España y viendo el nulo caso que se le hacía, decidió apresar los buques y marinarlos hasta San Blas, lo que desató inmediatamente el casus beli que como siempre estaban esperando los británicos.

Este hecho llegó a ambas Cortes, la de España ordenó reforzar la escuadra en la zona de Nutka, lo que no hizo menos el Reino Unido, ya que además se sumaban los rusos por la dominación de esas tierras y aguas, pero esta vez la diplomacia se movió bien y en principio se firmó un Convenio entre los dos Ministros, por parte española lo firmó Floridablanca y por parte del Reino Unido, Fitz Herbert.

Por este convenio firmado el día 28 de octubre del año de 1790 en El Escorial, (nombre por el que se le conoce) España debía de devolver los establecimientos de los que habían sido expulsados los británicos y el permiso reconocido por parte de España para la pesca de los buques británicos en el océano Pacífico, a lo que accedió Floridablanca para no comenzar una guerra tan alejada de la Península.

Para que no existan dudas de lo que se firmó, pasamos a transcribirlo integro porque algunas partes no tienen desperdicio:

« Estando dispuestas sus Majestades Católica y Británica a terminar por un convenio pronto y sólido las diferencias que se han suscitado últimamente entre las dos coronas, han hallado que el mejor medio de conseguir tan saludable fin sería el de una transacción amigable, la cual, dejando a un lado toda discusión retrospectiva de los derechos y pretensiones de las dos partes, arreglase su posición respectiva para lo venidero sobre bases conformes a sus verdaderos intereses y al deseo mutuo que anima a sus Majestades de establecer entre sí en todo y en todas partes la más perfecta amistad, armonía y buena correspondencia. Con esta mira han nombrado y constituido por sus plenipotenciarios, a saber: su Majestad Católica a don José Moñino, conde de Floridablanca, caballero gran cruz de la Real orden española de Carlos III, consejero de Estado de Su Majestad y su primer secretario de Estado y del Despacho; y su Majestad Británica a don Alleyne Fitz-Herbert, del Consejo Privado de su Majestad en la Gran Bretaña y en Irlanda, y a su embajador extraordinario y plenipotenciario cerca de su Majestad Católica; quienes, después de haber comunicado sus respectivos plenos poderes, han convenido en los artículos siguientes.

Artículo 1

Se ha convenido que los edificios y distritos de terreno situado en la costa de noroeste del continente de la América Septentrional, o bien en las islas adyacentes a este continente, de que los súbditos de su Majestad Británica fueron desposeídos por el mes de abril de 1789 por un oficial español, serán restituidos a los dichos súbditos británicos.

Artículo 2

Además, se hará una justa reparación, según la naturaleza del caso, de todo acto de violencia o de hostilidad que pueda haber sido cometido desde el dicho mes de abril de 1789 por los súbditos de una de las dos partes contratantes contra los súbditos de la otra; y en el caso que después de dicha época algunos de los súbditos respectivos hayan sido desposeídos por fuerza de sus terrenos, edificios, navíos, mercaderías o cualesquiera otros objetos de propiedad en dicho continente y en los mares o islas adyacentes, se les volverá a poner en posesión, o se les hará una justa compensación por las pérdidas que hubieren padecido.

Artículo 3

Y a fin de estrechar los vínculos de amistad y de conservar en lo venidero una perfecta armonía y buena inteligencia entre las dos partes contratantes, se ha convenido que los súbditos respectivos no serán pertubardos ni molestados, ya sea navegando o pescando en el Océano Pacífico o en los Mares del Sur, ya sea desembarcando en las costas que circunda estos mares, en parajes no ocupados ya, a fin de comerciar con los naturales del país o para formar establecimientos, aunque todo ha de ser con sujeción a las restricciones y providencias que se especificarán en los tres artículos siguientes.

Artículo 4

Su Majestad Británica se obliga a emplear los medios más eficaces para que la navegación y la pesca de sus súbditos en el Océano Pacífico o en los Mares del Sur no sirvan de pretexto a un comercio ilícito con los establecimientos españoles; y con la mira se ha estipulado además expresamente que los súbditos británicos no navegarán ni pescarán en los dichos mares a distancia de diez leguas marítimas de ninguna parte de las costas ya ocupadas por España.

Artículo 5

Se ha convenido que así en los parajes que restituyan a los súbditos británicos en virtud del artículo 1º, como en todas las otras partes de la costa del noroeste de la América Septentrional o de las islas adyacentes situadas al norte de las parte de la dicha costa ya ocupadas por España, en cualquiera parte donde los súbditos de la una de las dos potencias hubieran formado establecimientos desde el mes de abril de 1789, o los formaren en adelante, tendrán libre entrada los súbditos de la otra y comerciarán sin obstáculo ni molestia.

Artículo 6

Se ha convenido también, por lo que hace a las costas tanto orientales como occidentales de la América Meridional y a las islas adyacentes, que los súbditos respectivos no formarán en lo venidero ningún establecimiento en las partes de estas costas situadas al sur de las partes de las mismas costas y de las adyacentes ya ocupadas por España. Bien entendido que los dichos súbditos respectivos conservarán la facultad de desembarcar en las costas e islas así situadas para los objetos de su pesca y de levantar cabañas, y obras temporales que sirvan solamente a estos objetos.

Artículo 7

En todos los casos de queja o de infracción de los artículos de la presente convención, los oficiales de una y otra parte, sin propasarse desde luego a ninguna violencia o vía de hecho, deberán hacer una relación exacta del caso y de sus circunstancias a sus cortes respectivas, que terminarán amigablemente estas diferencias.

Artículo 8

La presente convención será ratificada y confirmada en el término de seis semanas, contando desde el día de su firma o antes si pudiere.

En fe de los cual, nosotros, los infrascritos plenipotenciarios de sus Majestades Católica y Británica, hemos firmado en su nombre y en virtud de nuestros plenos poderes respectivos la presente convención y la hemos puesto los sellos de nuestras armas. En San Lorenzo el Real, a 28 de octubre de 1790. El conde de Floridablanca. — Alleyne Fitz-Herbert.

Artículo Secreto

Como por el artículo 6 del presente convenio se ha estipulado, por lo que mira a las costas así orientales como occidentales de la América Meridional e islas adyacentes, que los súbditos respectivos no formarán en adelante ningún establecimiento en las partes de estas costas situadas al sur de las partes de las mismas costas ya ocupadas por España, se ha convenido y determinado por el presente artículo que dicha estipulación no estará en vigor más que entre tanto no se forme algún establecimiento en los lugares en cuestión por súbditos de otra potencia. El presente artículo secreto tendrá igual fuerza que si estuviese inserto en la convención. En fe de lo cual, nos, los infrascritos plenipotenciarios de sus Majestades Católica y Británica hemos firmado el presente artículo secreto y le hemos puesto los sellos de nuestras armas.

Hecho en San Lorenzo el Real, a 28 de octubre de 1790. — El conde de Floridablanca. — Alleyne Fitz-Herbert »

No tardaron mucho en ser ratificados el convenio y el artículo secreto pues se canjearon mutuamente en el mismo San Lorenzo el Real el día 22 de noviembre siguiente. Estaba claro que una vez más nuestra diplomacia había sido convencida por la británica y llevados a sus aguas.

Al desembarcar en Veracruz pasaron a la capital del Virreinato, donde se entrevistó con el nuevo virrey conde de Revillagigedo, al que le entregó un documento para que se formalizara como Ley, convirtiéndose así en él: « Reglamento provisional para el Departamento de San Blas » llevando la firma y con fecha del día 7 de diciembre del año de 1789. Lo que le permitía a Bodega y Quadra organizar a su gusto el Departamento, que no era otro que reforzar la Real Armada sin recurrir a que le enviaran buques, por esta razón entre el año de 1790 y 1792, se construyeron el bergantín Valdés del ciento treinta y nueve toneladas, que fue enviado a Cavite al mando del alférez de navío Cosme Bertodano, pero ya nunca se supo nada de él, las goletas Sutil y Mexicana de cuarenta y seis toneladas y la fragata Activa de doscientas trece.

Con estos buques reforzó a los que ya estaban y se formó una división, que alternativamente viajaban a Nutka y la abastecían de víveres y otros colonos, así como madera para construir casas y sobre todo el palacio del Gobernador, donde a su vez se hicieron cultivos que por lo menos algo se alimentaban de la misma tierra. Los indígenas eran muy apacibles, pero en apariencia, ya que en varias ocasiones desaparecieron algunas personas de las que nunca se pudo averiguar que les había pasado.

Añadiendo que el historiador mejicano don Enrique Cárdenas de la Peña dice: « Al auge de San Blas contribuye, sin discusión alguna, la figura de Juan Francisco de la Bodega y Quadra. Asesor de Revillagigedo, planea, refuerza, acciona. Hombre de dinamismo ejemplar, distínguese sobremanera por estar dotado de un gran poder de organización, una devoción hacía el deber, un don de gentes especial para manejar a su personal »

Las reclamaciones británicas continuaron y se recurrió otra vez a la diplomacia, la cual resolvió que se entrevistaran en el mes de marzo del año de 1792 en Nutka George Vancouver por parte del Reino Unido y Bodega y Quadra por parte española. La expedición quedo formada con las fragatas Santa Gertrudis, al mando de don Alonso de Torres; Aránzazu, al mando de don Jacinto Caamaño; Nuestra Señora del Rosario alias Princesa, al mando de don Salvador Fidalgo y la goleta Activa, mientras que George Vancouver, lo hizo a bordo de la fragata Discovery y el bergantín Chatham, estando en las conversaciones el día 31 de agosto se incorporaron las goletas Sutil y Mexicana, la primera al mando de don Dionisio Alcalá Galiano y la segunda al mando de don Cayetano Valdés.

Pero por ser San Blas un puerto muy malsano en todos los aspectos, los víveres no se podían almacenar en tierra, sopena de su pérdida en pocos días, por lo que se embarcaban directamente conforme el duro trayecto por tierra les permitía hacerlos llegar, cuando se dieron cuenta que la Princesa y Aránzazu estaban haciendo agua, esto iba a provocar llegar tarde a la reunión, así que se decidió que se quedasen a reparar, siendo desembarcado todo y una vez repasados sus cascos y bien calafateados se volvieron a cargadas de nuevo, con la orden de zarpar inmediatamente en cuanto se pudiera, dejando a sus comandantes unos mapas con los rumbos, que les fueron entregados por Bodega y Quadra, quién embarcó en la Santa Gertrudis y junto a la goleta Activa, zarpó a la una de la madrugada del día 1 de marzo.

Al arribar a Nutka se conocieron Bodega y Vancouver, manteniendo una formalidades propias de dos personas cultas, por lo que resultó un encuentro de total cordialidad, pero como siempre el británico no cedía en casos que Bodega no estaba conforme, todo porque no se pusieron de acuerdo en poner los límites de cada reino, ya que Vancouver no reconocía división territorial, separándose las diferencias llegando en el mes de agosto, en el que ambos enviaron relación de los inconvenientes en sendos informes a sus respectivos Monarcas.

Al investigar con más tiempo por la duración de las conversaciones, se dieron cuenta que Nutka estaba situada en una isla y los dos pensaron que sería conveniente bautizarla en recuerdo de su encuentro, llegando incluso el buen trato a que Vancouver le insinuará ponerle por nombre ‹ Isla de Quadra y Vancouver ›, anteponiendo el del español al suyo, siendo así anotada en las cartas que ambos tenían del lugar para que no hubieran errores de localización por parte de nadie.

Pero una vez más en la Historia la pluma ha ganado el combate, ya que pronto empezaron los británicos a acortar el nombre por Isla de Vancouver, a lo que más pronto todavía se unió la Compañía de la Bahía de Hudson, quedando hasta hoy con el último nombre, así se echaba en el olvido a un español más y ellos como los únicos que habían alcanzado esa tierra, desconocida por completo para España. (Así se escribe la historia en inglés)

Las reclamaciones británicas se basaban en la llegada a esas tierras de Francis Drake en el año de 1579, pero las españolas se remontaban a la partición del planeta por el tratado de Tordesillas del año de 1493, a lo que se añadía que los británicos reclamaban tierras hasta California, mientras que España lo hacía por lo menos al estrecho de Juan de Fuca, aunque la diferencia era mucha (ya que California para España, llegaba algo más arriba del límite Sur del actual estado de Washington)

Mientras, un tal John Meares, había comprado un territorio en el año de 1789 a los indígenas, pero no reconocida por España esa venta también fue expulsado al igual que el resto de británicos, además se quedó sin sus buques que fueron incautados por los españoles.

Para ratificar las peticiones españolas se permitió mientras se conversaba que fuera colonizada; ya que el buque llegó en el mes de mayo del año de 1792, cargado con cien colonos españoles quienes se establecieron en el estrecho de Juan de Fuca, pero al fracasar las conversaciones en agosto, abandonaron su establecimiento en el mes de septiembre regresando a San Blas.

Con todo lo realizado escribió y se publicó en el año de 1792: « Viajes de las fragatas Santa Gertrudis, Aransasu y Princesa y goleta Activa a la costa NW. de la América Septentrional. Carta Geográfica de la costa occidental de California, situada al norte de la línea, sobre el mar asiático, desde 17º a 18º y comento de la navegación y descubrimientos hechos en dos viajes de órden de S. M. en la costa septentrional de California, desde la latitud 21º 30’ en que se halla el departamento de San Blas ». El original se encuentra en el archivo de la secretaría de Estado de Marina en tamaño folio.

Al no llegar a un acuerdo Bodega y Quadra con Vancouver, se firmó otro Convenio, que aún daba más a los británicos. Pero no se quedaron contentos por lo que hubo un tercer Convenio, ante esto ya España prácticamente se desentendió del problema. Al parecer no valía la pena combatir por un territorio alejado e inhóspito que poco se podía sacar de él, solo enfermedades y problemas, al parecer por esta razón se firmó rápidamente, pues se hizo el día 11 de enero del año de 1794, firmando por parte española el duque de Alcudia y por la británica el barón de Saint Helens.

En el Convenio prácticamente se les entregaba todo a los británicos (4), ya que se incluían sin definir ‹ Edificios y distritos de terreno ›, por lo que se abandonó la extraordinaria fortaleza de San Miguel y el día 2 de abril del año de 1795 zarparon los últimos hombres de la zona. Como había una parte en el mismo que permitía a los españoles arribar y negociar, pero sin tener establecimiento, se le encargó al virrey de Nueva España que cada seis meses se enviara un buque para ratificar el Convenio, pero dada las pocas ganas que se demostraron, solo zarpó uno en el año de 1796.

Pero Bodega y Quadra regresó a San Blas muy enfermo, por lo que escribió al Virrey de Nueva España, con fecha del día 24 de marzo del mismo año de 1793 en la que le indica: « Ha muchos días que vivo mortificado de un dolor que ya no me es posible resistir y, asegurándome los facultativos que podré curar si me separo por algún tiempo de las atenciones del Departamento, he de merecer de vuestra excelencia me permita entregarlas al oficial que corresponda, entre tanto que logro algún alivio » Como es natural el Virrey le concedió la licencia.

Él quiso mantenerse en el puesto, pero la enfermedad fue a más, por lo que nombró a don Manuel Quimper, comandante interino de San Blas, una vez solucionado esto se puso en camino a Méjico siendo acompañado por varias personas. Al pasar por Guadalajara se vio tan enfermo que el día 13 de noviembre del año de 1793, firmó su testamento. Continuó viaje y al llegar a la villa de Querétaro dispusieron de alojamiento, a la espera de la llegada del cirujano de la Real Armada ya jubilado, don Pedro Carvajal que era su amigo y el facultativo que lo venía siguiendo en sus ya largas dolencias.

Ya bajo la vigilancia de su amigo prosiguieron el viaje hasta llegar a la capital de Virreinato, donde se alojó en una humilde casa donde le servían y ayudaban sus dos criados, don Juan Mesía natural de Ferrol y don José Antonio Navarrete, de Tepic, sin dejarlo para nada su amigo don Pedro Carvajal que le asistió hasta su último aliento, a los que se sumo por petición propia, al que Bodega había nombrado su albacea, el padre Alejandro Jordán que le ayudó espiritualmente y una mujer contratada por nombre doña Manuela Atayde, quienes lo cuidaron hasta que le sobrevino el óbito el día 26 de marzo del año de 1794. Siendo enterrado el día 29 en el convento de San Fernando de la ciudad. Falleció a punto de cumplir los cincuenta años de edad, de los que treinta y dos, estuvo al servicio de España y su Rey.

El Virrey conde de Revillagigedo, escribió al Secretario de Marina el Baylío Frey don Antonio Valdés y Fernández Bazán, capitán general de la Real Armada, para poner en su conocimiento el fallecimiento, con la siguiente nota: « El 26 del corriente falleció de muerte natural en esta ciudad el capitán de navío don Juan Francisco de la Bodega y Quadra, comandante de marina de San Blas, a quien había permitido pasar a ella con el fin de restablecerse »

(1) La goleta era de dieciocho codos de quilla por seis de manga, tripulada por un piloto, un contramaestre, un guardián, diez marineros, un paje y un criado.

(2) La fragata tenía treinta y nueve codos de eslora de quilla, por trece de manga, con un calado a proa de trece pies y de catorce a popa.

(3) Por carta fechada el día 6 de octubre del año de 1783, entre otras cosas dice: « La justa idea del ascenso es el estímulo que alienta a todo oficial de honor en los mayores trabajos, estimando por gratas las ocasiones más peligrosas del servicio » Se encuentra en el Archivo General de Indias. Guadalajara, 520.

(4) Lo curioso de esto y ya solo como comentario, hay otra causa posterior con el mismo fondo, que demuestra cuando uno es grande o deja de serlo. Ya que los Estados Unidos en esta época no le interesaba el tema, pero ya independizados y como país, en el año de 1819 firmaron un Tratado llamado el de Admas y Onís, por el que España le vendió sus derechos sobre Nutka y Juan de Fuca, lo que se tradujo en el año de 1846 en un casi enfrentamiento armado entre los nacientes Estados Unidos y el Reino Unido, en el que los grandes se comieron al pequeño, ya que ese mismo año se firmó el Tratado entre ambos países llamado de Oregón, por el que se establecía la frontera entre Canadá y los Estados Unidos, justo en el límite que defendían los españoles y que a fecha de hoy sigue vigente y exacto.

Bibliografía:

Alcalá Galiano, Dionisio y Valdés y Flores, Cayetano.: Relación del viaje hecho por las goletas Sutil y Mexicana en el año de 1792 para reconocer el estrecho de Juan de Fuca. Estudio introductorio y edición: M.ª Dolores Higueras Rodríguez y M.ª Luisa Martín-Merás. Museo Naval. Madrid, 1991. Edición facsímil, no Venal de la primera edición de 1802. Consta de una tirada de 1.500, siendo el nuestro el 1.339.

Bernabert Albert, Salvador.: Nutka 1792. Viaje a la Costa Noroeste de la América Septentrional por Don Juan Francisco de la Bodega y Quadra, Capitán de Navío. Ministerio de Asuntos Exteriores. Madrid, 1998.

Bodega y Quadra, Juan Francisco de la.: El descubrimiento del fin del mundo (1775-1792) Alianza Editorial. Madrid, 1990.

Cantillo, Alejandro del.: Tratados, Convenios y Declaraciones de Paz y de Comercio desde el año de 1700 hasta el día. Imprenta Alegría y Chalain. Madrid, 1843.

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1968. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. Tomo 8, 1910, página 1.273.

Fernández de Navarrete, Martín.: Biblioteca Marítima Española. Obra póstuma. Madrid. Imprenta de la Viuda de Calero. 1851.

Fernández Duro, Cesáreo.: Disquisiciones Náuticas. Madrid, 1996.

Guardia, Ricardo de la.: Notas para un Cronicón de la Marina Militar de España. Anales de trece siglos de historia de la marina. El Correo Gallego. 1914.

Guillén Tato, Julio Félix.: Colección de Diarios y Relaciones para la Historia de los Viajes y Descubrimientos. Instituto Histórico de Marina. Madrid 1943 a 1975.

Válgoma, Dalmiro de la. y Finestrat, Barón de.: Real Compañía de Guardia Marinas y Colegio Naval. Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1944 a 1956. 7 Tomos.

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