Biografía de don Domingo de Nava y Porlier

Posted By on 18 agosto, 2013

 

Teniente general de la Real Armada Española.

Gran Cruz de la Real y Muy Distinguida Orden Española de Carlos III, pensionada.

Vino al mundo en la población de San Cristóbal de la Laguna, en la isla de Santa Cruz de Tenerife, en el año 1740, fueron sus padres, don Pedro de Nava Grimón y Aguilar, teniente coronel de caballería, y doña Felipa Porlier de la Luz.

Retrato de don Domingo de Nava y Porlier. Teniente general de la Real Armada Española. Gran Cruz de la Real y Muy Distinguida Orden Española de Carlos III, pensionada. Cortesía del Museo Naval. Madrid.

Domingo de Nava y Porlier. Cortesía del Museo Naval. Madrid.

Se presentó en la Compañía de Guardiamarinas del Departamento de Cádiz, sentando plaza el día 14 de febrero del año 1754. Expediente. N.º 695.

Salió de la Compañía el día 4 de diciembre del año 1757, con el grado de alférez de fragata, como a tal oficial subalterno, navegó por los mares de América y de Europa mucho años, adquiriendo una gran experiencia marinera, siéndole entregada la Real orden del día 13 de julio del año 1760, con su ascenso al grado de alférez de navío.

Se le otorgó su primer mando, siendo una balandra del porte de 10 cañones en el año 1762, permaneciendo en las costas de Tierra Firme, en el servicio de guardacostas, ante la gran cantidad de contrabando que en ella se hacía, permaneciendo en este puesto trece años, recibiendo la Real orden del día 17 de septiembre del año 1767, con su ascenso al grado de teniente de fragata, y en el año 1771 se le entregó otra Real orden con fecha del día 13 de enero, con su ascenso al grado de teniente de navío.

Regresó a la península y participó en la expedición contra Argel del general Castejón, en el año 1775, estando a las órdenes directas de don Antonio Barceló, siendo uno de los que se mantuvo en su lugar protegiendo con sus fuegos en reembarco de las tropas.

Por su buen comportamiento en el combate anterior, le fue entregada la Real orden del día 17 de septiembre del año 1776, con su ascenso al grado de capitán de fragata y se le otorgó el mando del paquebote San Juan Nepomuceno, para combatir a los corsarios berberiscos en las costas del Mediterráneo, sirviendo al mismo tiempo como escuela flotante de los nuevos guardiamarinas.

En este mismo año y al mando de su buque, participó en la expedición del marqués de Casa Tilly, contra las costas del Brasil, participando en la toma de la isla de Santa Catalina, territorios correspondientes a España que habían sido ocupados por los portugueses.

En el año 1780, se le otorgó el mando de la fragata Magdalena, zarpando con ella y cinco jabeques todos a su mando, del puerto de Cartagena transportando diferentes materiales y hombres con destino a la ciudad de Barcelona, al cumplir la comisión regresó al puerto de salida siendo incorporado su buque a la división del brigadier de Vera.

Por la valoración tan alta que mereció de sus jefes en el transcurso de todo el bloqueo de Gibraltar, se le entregó una Real orden con fecha del día 16 de septiembre del año de 1781, por la que era ascendido al grado de capitán de navío, continuando al mando de su fragata.

Al sufrirse el desastre del ataque con las baterías flotantes el día 13 de septiembre del año 1782, fue de los primeros en acudir al rescate de las dotaciones.

Al estar su buque incorporado a la escuadra del mando del general don Luis de Córdova, y ver la entrada del convoy británico en el Peñón, se le ordenó pasar de descubierta de la escuadra para avisar en caso de regresar a la mar, teniendo lugar el día 20 de octubre del año 1782, participando así en el combate naval denominado del cabo Espartel, entre la escuadra al mando del general español y la británica al de su almirante Howe, tuvo una duración de cinco horas, sin lamentar graves daños ninguna, siendo la primera vez que los navíos británicos llevaban sus obras vivas ya forradas de cobre, por ello rehuyeron el combate al ir acercándose los navíos españoles, manteniéndose solo un bombardeo a larga distancia.

Poco más tarde se le otorgó el mando del navío San Julián, realizando varios tornaviajes a América septentrional y permaneciendo un tiempo de guardacostas de aquellas aguas del seno mejicano.

Pasó posteriormente a mandar el navío África, con el que se mantuvo en la mar entre los cabos de Santa María, San Vicente y las islas Terceras, con la comisión de proteger el punto de recalada de los buques provenientes de ultramar.

Después pasó al mando del navío San Ildefonso, perteneciente a la escuadra del marqués del Socorro, realizando la campaña naval del cabo de Finisterre en el año de 1790, en prevención de la declaración de guerra del Reino Unido, por el problema de límites en el estrecho de Fuca y la cuestión de Nutka.

Al término de ésta, se le destinó al Departamento de Cartagena, quedando a las órdenes y en la escuadra, del general don Francisco de Borja, encontrándose en este Departamento se le entregó la Real orden fechada el día 1 de marzo del año 1791, siéndole comunicado su ascenso al grado de brigadier.

La escuadra del mando del general don Francisco de Borja, compuesta por veinticuatro navíos y nueve fragatas, zarpó el día 26 de febrero del año de 1793 del puerto de Cartagena, al declararse la guerra contra la república francesa.

Con rumbo al golfo de Parma en la isla de Cerdeña, en el trayecto las fragatas Perla y Santa Casilda, divisaron una vela a la que dieron caza y apresando a la fragata de la República francesa Hèléne, del porte de 34 cañones, pasando a incorporarse a la escuadra española con el nombre de Sirena.

Arribaron al golfo de noche, su entrada no era fácil, pero la pericia de los mandos suplió la falta de luz y señales, fondeando para desembarcar a las tropas, que se unieron a las de los corsos que aún resistían, revisaron la isla de San Antíoco y los enemigos ya no estaban, regresando a embarcar las tropas, para saltar a la de San Pedro, donde encontraron alguna resistencia y a la fragata Richmond, atracada a un muelle, a la que le ofrecieron rendición, pero su capitán decidió darle fuego.

Conquistada la isla, esperaron al día siguiente a que llegaran sus propietarios a quienes se les entregó, arriando la bandera de España, zarparon de nuevo con rumbo a Barcelona donde arribo el día 4 de junio desembarcando a los prisioneros y repuso víveres, más pertrechos de guerra zarpando el día 7 siguiente rumbo a Génova y posteriormente a Córcega, ya de acuerdo con los ejércitos napolitano y piamontés, fueron apoyándoles con su fuegos en su avance por las riberas del Var, prosiguiendo hasta Niza y Villafranca, pero encontrándose aquí se produjo una epidemia por el mal estado de los alimentos embarcados, lo que obligó a don Francisco de Borja, a poner rumbo a Cartagena donde arribó entre los días 8 y 9 de agosto, donde fueron desembarcados más de tres mil hombres de las dotaciones.

A mediados del mes de agosto tomó el mando de la escuadra el general don Juan de Lángara, quien se unió a la británica del almirante Hood, con rumbo a Tolón, donde arribaron el día 27 de agosto, desembarcó la tropa y tomó el puerto, arsenal, fortalezas y plaza, de la escuadra británica entraron en él veintiún navío, de la española diecisiete y en su fondeadero se encontraban veintiuno de Francia, más los que estaban en grada construyéndose, continuó reforzándose la plaza con nuevas unidades, entre ellos cuatro navíos napolitanos, formando al final más de dieciséis mil hombre el ejército desembarcado y que había ido tomando posiciones en los fuertes de Balaguer, Mulgrave y San Luis, que daban protección a la base. El almirante Hood dividió el mando de las fuerzas ya que como jefe inicial de todas ellas se había designado a don Federico Gravina, pero se le dio solo el mando de las españolas y el resto al general O’Hara, británico.

La plaza fue contraatacada por el ejército convencionalista francés compuesto por cuarenta y cinco mil hombres, estando al mando del general Dugommier y entre sus jefes un joven comandante de Artillería llamado Napoleón Bonaparte, comenzando el ataque el día 17 de diciembre del año 1793, fue tan eficiente que propicio fueran tomados los fuertes de Faraón, Malburque, Artiga, Malga y otros, obligando al ejército aliado a reembarcar, siendo dirigida esta maniobra con el mayor de los aciertos por el Mayor General de la Escuadra española, el general don Ignacio María de Álava estando Cañas como su ayudante, siendo de los últimos en embarcar el día 19 siguiente.

El británico almirante lord Hood, dio la orden de quemar los buques franceses allí surtos o en construcción, cumpliéndola el capitán Sidney- Smith, quien dio al fuego veintidós navíos, ocho fragatas y otros veintisiete buques menores, logrando gracias a la velocidad del avance republicano salvar alguno de ellos.

Los españoles se volcaron en salvar a los franceses monárquicos, pues el rápido avance de los convencionales amenazaba sus vidas, para ello se formaron tres líneas de buques por su calado, siendo los de menor los más cercanos a la playa, así se iban transportando de una línea a la siguiente hasta dejarlos en los buques mayores, pudiendo casi embarcarlos a todos, al finalizar el rescate la escuadra arribó a Cartagena el día 31 de diciembre siguiente.

Algunos navíos  españoles se mantuvieron en estas aguas prestando los servicios y apoyos que se le ordenaba, entre el cabo de Rosas, isla de Santa Margarita y las islas Hyères, entre ellos Nava y su navío.

Por sus brillantes servicios prestados, fue recomendado para su ascenso a jefe de escuadra por los dos generales quienes habían sido sus superiores, don Francisco de Borja y don Juan de Lángara, ello se tradujo en una Real orden del día 25 de enero del año 1794, siendo ascendido al grado de jefe de escuadra.

La recomendación del general don Francisco de Borja dice: « Por su celo, inteligencia particular, buena conducta, amor al servicio y el singular mérito de haber sido el primero que fondeó en la isla de San Pedro, habiendo maniobrado con acierto para batir la fragata Rinchoud, á la cual le prendieron fuego antes que fuese apresada. »

Y la del general don Juan de Lángara dice: « Batió con su navío las baterías enemigas con viveza y acierto y mereció de resultas la aprobacion de S. M. Mantuvo el crucero sobre Marsella y despues sobre Mallorca. Ha desempeñado á toda satisfacción estas comisiones y por esto y por su inteligencia y considerarlo propio para mandar en gran escala, se le propone para General á cuyo ascenso le creo muy merecedor. »

Continuó como general subordinado en la escuadra del general don Juan de Lángara; enarbolando su insignia en el navío Bahama, al romperse las hostilidades entre España y el Reino Unido en febrero del año 1797, esta escuadra zarpó del puerto de Cartagena con rumbo al de Cádiz.

Al llegar a las aguas de Málaga, se les unió una escuadra de lanchas cañoneras, para ser protegidas por ir al mismo rumbo, pues su destino era el apostadero de Algeciras donde entraron, al llegar a la entrada de la bahía de Cádiz, recibió la orden de entrar en ella con la división formada por los navío Bahama, su insignia, Neptuno y Terrible.

Pocos minutos después se levantó un duro temporal de Levante, impidiendo la salida de sus navíos, pero al correrlo arrastró a la escuadra, al mando del general don José de Córdova hasta el cabo de San Vicente, donde se produjo el fatídico día 14 de febrero 1797, el combate naval con el nombre del mismo cabo, contra una escuadra británica al mando del almirante Jervis.

Cuando el temporal se lo permitió, volvió a hacerse a la mar con su división uniéndosele el navío África, con ellos se puso rumbo al Cabo, encontrándose de vuelta encontrada con el maltrecho navío Santísima Trinidad, viendo como se hallaba y comunicándole desde éste el resultado del combate, se decidió darle escolta para poder arribar a la bahía de Cádiz, pues precisamente por su grave estado el almirante Jervis ordenó buscaran al navío español y lo echaran al fondo, a cuatro de sus fragatas y tres corbetas, siendo la fragata Terpsichore, quien el día 28 siguiente sobre el cabo de Catín le atacó por la popa, pero la respuesta desde los guardatimones fue tan contundente que, en pocos minutos quedó tan maltrecha viéndose obligada a abandonar el combate.

Al llegar a la bahía, se prestó a dar todos los auxilios al navío y fue elegido por el nuevo general en jefe de la escuadra del océano, el general don José de Mazarredo, para que le ayudara a organizar de nuevo los restos de la escuadra, pues parte del desastre en el combate fue ocasionado por la cobardía de los comandantes, siendo varios los expulsados de la Corporación y además había que reparar los buques.

Al ocupar este nuevo cargo, se le ordenó trasbordar como general Segundo jefe de la escuadra, enarbolando su insignia en el navío de tres baterías Reina Luisa.

El día 5 de febrero del año 1798 al levantarse un duro temporal el comodoro británico Nelson se vio forzado a abandonar el bloqueo, aprovechando el momento de desconcierto en la enemiga, el general al mando don José de Mazarredo ordenó su persecución, permanecieron ocho días en la mar sin obtener resultado alguno, por ser más rápidos los buques enemigos al llevar sus obras vivas forradas de cobre.

El día 13 de mayo del año 1799, zarpó la escuadra rumbo a Cartagena para unirse a la francesa del almirante Eustache Bruix, en el viaje de ida la española sufrió un temporal, pasando por ello varios buques a reparar, al estar listos zarparon con rumbo a la bahía de Cádiz, donde descansaron unos días, para levar anclas y hacerse a la mar dirigiéndose al puerto de Brest.

Permaneció en este departamento francés, participando en cuantas acciones se vieron precisas, hasta ser firmada la paz, por ello al terminar su misión, zarparon con rumbo a Cádiz donde lanzaron las anclas el día 13 de mayo del año de 1802.

En el mes de junio zarpó de Cartagena al mando de cuatro navíos y una fragata, para realizar un crucero de protección del tráfico marítimo, regresando al mismo el día 27 siguiente.

El día 1 de agosto zarpó la escuadra rumbo a Nápoles para transportar a la futura Princesa de Asturias y al Príncipe heredero del Reino de las Dos Sicilias, arribando a la ciudad Condal el día 1 de octubre donde desembarcaron los egregios viajeros, en la misma ciudad contrajeron matrimonio el Príncipe de las Dos Sicilias, con la Infanta doña María Isabel de Borbón, verificado el ceremonial de la boda, como el nuevo matrimonio debía regresar a sus estados embarcaron de nuevo y el día 9 de octubre siguiente se hicieron a la mar, arribando al puerto de Nápoles el día 19 de noviembre siguiente donde desembarcaron.

De donde se hicieron a la mar de nuevo arribando a Cartagena el día 4 de diciembre continuo, donde le fue entregada la Real orden fechada el día 5 de octubre próximo pasado, siéndole notificado su ascenso al grado de teniente general.

En el mes de diciembre embarcó en el navío Reina Luisa a los reyes de Etruria, para ser transportados a su reino desembarcando en Liorna, regresando al Arsenal de Cartagena el día 1 de febrero del año de 1803, al pasar a desarme la escuadra, el siguiente día 3 quedó desembarcado, habiendo llevado su insignia sin descanso desde que la izó el día 25 de enero del año 1794.

Se le confirieron algunas comisiones que le obligaban a ir de una ciudad a otra recorriendo casi toda la península, todo esto y la vida pasada que siempre pasa factura, le llevaron a suplicar una licencia en el año 1803, para restablecer su salud, la cual le fue concedida.

Por ello embarcó de transporte, llegando de nuevo a la tierra que le vió nacer, pues por su templado clima era el apropiado para tratar de restablecerse, fijó residencia en la población de Realejo, en la isla de Santa Cruz de Tenerife.

A pesar de estar de baja, al serle comunicada la invasión francesa en el año 1808, se propuso volver a la península, pero la Junta Central, le dejó comisionado para que en las islas Afortunadas, fuera preparando hombres y lugares, donde poder asistir a nuestras fuerzas navales, lejos de la amenaza del invasor.

Consiguiendo formar varios batallones poner en activo la mayoría de piezas de artillería y organizar las defensas de las islas, construyendo nuevas fortificaciones ó reparando las ya existentes, aparte de conseguir enviar a la península varios batallones allí formados e instruidos, para combatir en la lucha contra el invasor común.

Actividad en la que no decayó, consiguiendo poner a las islas a salvo de cualquier ataque, o al menos de intentar rechazarlo, estaba con residencia en la población de Realejo, desde donde realizaba todo su trabajo, quedando interrumpido el día 26 de marzo del año 1812, pro sobrevenirle su fallecimiento y la triste pérdida de un marino muy singular, contaba con setenta y cuatro años de edad, de ellos cincuenta y ocho de buenos y honrados servicios a España.

A lo largo de su carrera de marino, se le habían concedido varias condecoraciones, entre ellas la Gran Cruz de la Real y Muy Distinguida Orden Española de Carlos III, pensionada y la Gran Cruz de la Orden Toscana de San Esteban.

Bibliografía:

Carlan, J. M.: Navíos en Secuestro. La escuadra Española del Océano en Brest (1799-1802). Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1951.

Enciclopedia General del Mar. Garriga, 1957. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. Tomo 37, 1918, páginas 1256 y 1257.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895—1903.

González de Canales, Fernando. Catálogo de Pinturas del Museo Naval. Tomo II. Ministerio de Defensa. Madrid, 2000.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

Terrón Ponce. José L.: El Gran Ataque a Gibraltar de 1782 (Análisis militar, político y diplomático). Ministerio de Defensa. Madrid, 2000. Premio Ejército 1999.

Válgoma y Finestrat, Dalmiro de la. Barón de Válgoma.: Real Compañía de Guardia Marinas y Colegio Naval. Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1944 a 1956. 7 Tomos.

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