Biografía de don Francisco Antonio de Montes y Pérez

Posted By on 29 diciembre, 2013

 

Teniente general de la Real Armada Española.

Caballero de la Real y Militar Orden de Santiago. 1789, sig. 5.155.

Gentil hombre de Cámara de S. M.

Nació en San Mamés, provincia de Palencia el día 15 de mayo del año 1753, fueron sus padres don Pedro de Montes Caloca y de su esposa, doña Ángela Pérez Alonso.

El día 2 de enero del año 1768, sentó plaza de guardiamarina en la Compañía del Departamento de Cádiz. Expediente N.º 1.030.

Terminados sus estudios básicos, se le ordenó embarcar para el periodo de prácticas en el navío Terrible, zarpando en comisión de protección del tráfico marítimo, cruzando entre los cabos de Santa María y San Vicente, al regresar a la bahía de Cádiz se le ordenó trasbordar Atlante, con él pasó a Cartagena, de donde zarpó de nuevo con rumbo al puerto de San Esteban en comisión de transporte de caudales al Reino de Nápoles, regresando a Cádiz, zarpando en un tornaviaje con rumbo a la islas Afortunadas.

A su regreso desembarcó por ser llamado a la Compañía, donde el día 22 de agosto del año 1770, fue ascendido a alférez de fragata.

Recibiendo la orden superior del día 5 de diciembre del año 1772, para embarcar en la fragata Palas, realizando un tornaviaje a las islas Filipinas, fondeando en la bahía de Cádiz el día 8 de agosto del año de 1774, siéndole entrega la Real orden del día 28 de abril próximo pasado, comunicándole su ascenso al grado de alférez de navío.

El día 6 de diciembre siguiente se le ordenó embarcar en la fragata Astrea, realizando un segundo viaje a las islas Filipinas, arribando a la bahía de Cádiz el día 8 de agosto del año 1776. (Fijémonos en las fechas, zarpa casi el mismo día y regresa de un tornaviaje el mismo que el anterior, lo que nos dice que, era la mejor época del año para realizarlo y al mismo tiempo que, ese tornaviaje, dicho con esa sola palabra costaba casi veinte meses de navegación) Quedando desembarcado y destinado en el mismo Departamento, donde se le entrega la Real orden del día 16 de marzo próximo pasado, con su ascenso al grado de teniente de fragata.

En el año de 1777 se crearon las nuevas Compañías de Guardiamarinas en los departamentos de Ferrol y Cartagena, habiendo demostrado sus grandes conocimientos náuticos, fue destinado por recomendación de sus jefes y firmado por el Gobierno, como Primer Ayudante de la Compañía de Ferrol.

Arribó a Ferrol de transporte en la urca Presentación, fondeando el día 17 de marzo del propio año, permaneciendo en éste destino, hasta recibir la Real orden del día 23 de mayo del año 1778, siéndole notificado su ascenso al grado de teniente de navío.

El día 21 de septiembre siguiente se le ordenó embarcar en el navío Arrogante, pero a los pocos días se le ordenó trasbordar al San Vicente Ferrer, siendo el buque insignia del general don Antonio de Arce, comandante de la escuadra de Ferrol, incorporándose éste con su escuadra como subordinado del general don Luis de Córdova, que ya venía desde Cádiz unida a la escuadra francesa al mando del conde de D’Orvilliers, realizando la primera campaña del canal de la Mancha.

La aparición de la escuadra fuerte sobre aguas del canal, obligó a la escuadra del Reino Unido a buscar refugio en sus puertos y Arsenales y solo por el ataque de dos fragatas francesas y un navío español se pudo capturar al navío británico Ardent del porte de 74 cañones, ínfimos beneficios de tan gran armamento, no encontrando enemigos a los que combatir la escuadra combinada, la francesa arrumbó a su Arsenal de Brest y la española, al mando del general don Antonio de Arce fondeó el día 7 de febrero del año 1780 en su base de Ferrol, quedando desembarcado por pasar a desarme el navío insignia.

Al ser reactivado el navío en el mes de abril siguiente, regresó a su bordo, zarpando con rumbo a la bahía de Cádiz, desde donde pasó al Apostadero de Algeciras de transporte en el jabeque Mallorquín por haber comenzado el gran sitio de Gibraltar, donde se le destinó como Ayudante de la Mayoría de la escuadra destinada al bloqueo del Peñón, por ello pasó al jabeque Pilar, siendo el insignia del general don Antonio Barceló, comandante del bloqueo.

En la noche del día 26 de junio del año 1780, se le dio el mando de una división, compuesta por las goletas Golondrina y Concepción, junto con varias lanchas cañoneras; la orden incluía que las goletas no entraran en fuego si no era totalmente necesario, pues el ataque lo realizaban las cañoneras contra los buques atracados y fondeados en Gibraltar, encontrándose en ese día el navío Panther, de 74 cañones, una fragata de 36 y varios mercantes.

A pesar de no tener la orden se acercó con las goletas, hasta una distancia donde sus fuegos fueran efectivos, llevando a cabo el ataque contra los buques británicos, el cual duro sobre dos horas, causando al enemigo pérdidas y recibiendo un nutrido fuego de los mismos.

En la noche del día 16 de julio siguiente, volvió a realizar otro ataque, recibiendo la orden del propio general Barceló, llevándolo a efecto a total satisfacción de éste, con una duración aproximada de tres horas y contando sólo con cuatro lanchas cañoneras.

El día 30 de octubre continuo, fue cesado como Ayudante del general Barceló, por cambio de destino, trasladándose a la ciudad de Cádiz.

El día 5 de diciembre del año 1780, por orden, embarcó en el navío San Pascual, perteneciente a la escuadra del general don Luis de Córdova, realizando cruceros con esta escuadra, por las aguas de los cabos de San Vicente y de Santa María, al regreso de uno de los cruceros, su navío pasó a las órdenes del brigadier don Buenaventura Moreno, para dar escolta junto a otros diecinueve buques de guerra a un convoy de setenta y tres mercantes con destino a la reconquista de la isla de Menorca, comenzando así el asedio de la fortaleza de San Felipe.

El día 20 de septiembre del año 1781 por orden trasbordó al navío Atlante, continuando en los combates de la plaza y puerto de Mahón, hasta ser rendida el día 4 de febrero del año 1782, por su gran derroche de valor y acertadas disposiciones en momentos difíciles, fue recomendado por su general para el ascenso, lo que se tradujo en la Real orden del día 2 de marzo siguiente, notificándoles su ascenso al grado de capitán de fragata.

Regresó de esta campaña, dando protección a bordo de la fragata Juno, a los 102 mercantes que devolvían a las tropas victoriosas, viajando el general en el mismo buque.

El día 7 de septiembre, se embarcó con el general Ventura Moreno, en la batería flotante insignia Pastora, del porte de 21 cañones participando en el desafortunado combate contra Gibraltar de estos ingenios el día 13 siguiente, resultando herido al igual que muchos otros, pues el parte de bajas fue de, trescientos treinta y ocho muertos, seiscientos treinta y ocho heridos, ochenta ahogados y trescientos prisioneros.

Resultando pronta su recuperación, se le ordeno embarcar en el navío Rayo, perteneciente a la escuadra del general don Luis de Córdova, con ésta participó en el combate del cabo Espartel, contra la británica del almirante Howe, cuando se hizo a la vela al regresar de aprovisionar el Peñón, al que había entrado aprovechando un fuerte temporal con vientos favorables, pues por efecto del bloqueo español estaba muy necesitado el valeroso general Eliot.

Por todos estos méritos y la recomendación de su general, se le entregó la Real orden del día 21 de diciembre continuo, comunicándole su ascenso al grado de capitán de navío.

El día 11 de abril del año 1783, por Real orden se le otorgó el mando del navío San Justo, en conserva del Galicia, salieron en comisión de cruzar entre los cabos de San Vicente y de Santa María, con la misión de prestar protección a los buques provenientes de ultramar.

En el año 1783, se firmó la paz con el Reino Unido, por el reconocimiento de ésta nación a la Independencia de los Estados Unidos de América, a sus trece primogénitos estados, a la que tanto había contribuido España, pues sin el apoyo de nuestra Armada, quien consiguió fijar a la mitad de los buques británicos en nuestras aguas, la francesa sola en las de América, hubiera sido borrada de las aguas de la colonia de Gran Bretaña, por sus fuerzas navales que eran muy superiores.

Se le ordenó incorporarse a la escuadra del general don Antonio de Osorno, por ello zarpó con rumbo a Ferrol, donde al arribar quedó desembarcado por pasar su navío a desarme, siendo destinado a la Mayoría General del Departamento, donde permaneció hasta el día 17 de febrero del año 1789.

En este mismo día se le otorgó el mando de la fragata Santa Elena, del porte de 34 cañones, estando incorporada a la escuadra del general Félix de Tejada, zarpando de Ferrol y arribando a Cartagena, donde se estaba formando la escuadra de evoluciones, por estar comisionada para transportar unos regalos del nuevo rey de España don Carlos IV, quien los enviaba a su hermano el Rey de las Dos Sicilias, haciéndose a la vela y arribando a la ciudad de Nápoles el día 7 de junio del año 1789, donde fueron agasajados durante un tiempo, pasando posteriormente a Liorna a entregar los suyos a los Duques de la Toscana, cuya Duquesa era la hermana de con Carlos IV, doña María Luisa, quien al ver el inmejorable estado de los buques abordaron la insignia pasando una pequeña revista naval.

A su regreso a Cartagena quedo sin mando, por ello de transporte embarcó en el fragata Florentina, para desembarcar en su Departamento de destino en Ferrol, pero al llegar se le dió la orden de volver a embarcar con rumbo al Departamento de Cádiz.

El día 26 de marzo del año 1793, se le otorgó el mando del navío San Ramón del porte de 68 cañones, perteneciente a la escuadra del general don Gabriel Aristizábal, zarpando de la bahía el día 11 de junio siguiente, dando escolta a un convoy de mercantes con rumbo a la Guaira, donde fondeó el día 25 de julio continuo, zarpó dando escolta a un convoy con quinientos hombres del ejército, siendo desembarcados en Santo Domingo, de donde se hizo a la vela junto al resto de buques de la escolta arribando a Puerto Cabello el día 11 siguiente.

Con ésta escuadra se hizo a la mar el día 10 de diciembre siguiente con rumbo a la Guaira, donde se les unieron varios mercantes con más tropas y pertrechos, poniéndose a rumbo de Santo Domingo desembarcando aparte de ellos y con el resto con rumbo a Puerto Rico donde fueron desembarcados, pasando inmediatamente a cruzar sobre las misma aguas, comisión de unos días, pues por orden pusieron rumbo a Manzanillo y de aquí a fondear en Monte Cristi, donde lanzaban las anclas el día 3 de enero del año 1794.

Pero él recibió la orden de zarpar con su navío y la fragata Agueda, con rumbo a Bahiaja donde interceptó a una balandra con bandera de los nuevos Estados Unidos que intentaba desembarcar en la playa contrabando, siendo apresada y unida a la escuadra, continuando su derrota a Guarico, donde al arribar fondeó.

Esta escuadra, en aguas de las Antillas, llegó a poseer once navíos, siete fragatas y nueve bergantines, con un total de mil ciento noventa y nueve cañones, realizando cruceros entre los puertos de Santo Domingo, Puerto Cabello, Manzanillo, Bahiaja, la Habana, Puerto Rico y la isla de Trinidad de Barlovento.

Unos días después se le ordenó arribar a la Habana, donde fue embarcado en su buque el segundo batallón fijo de la plaza, para ser desembarcado en Manzanillo, lo que verificó el día 26.

El general Aristizábal, dispuso al fin el día 27 seguido que se realizara un ataque a los fuertes de Bahiaja, con su navío el San Ramón y la fragata Águeda, junto a otros buques menores y transportes con tropas, estando todos a sus órdenes, se presentaron ante el fuerte Delfín que protegía la entrada al puerto, no conocía el lugar pero esto no pudo evitar que se colocase a medio tiro de cañón, por ello los franceses vista la actitud tan decidida y hostil demostrada por los españoles, se rindieron; firmando la rendición el comisionado francés en la noche del día 29 de enero.

En su buque y tres mercantes, transportó al apostadero de la Habana a las tropas francesas prisioneras, donde fueron desembarcadas, se hizo de nuevo a la vela el día 16 de marzo dando escolta a veintidós mercantes y en su navío embarcando setecientos cincuenta mil pesos fuertes, dinero de caja a repartir en las plazas de Puerto Rico, isla de Trinidad de Barlovento y Santo Domingo, y en sus bodegas víveres para repartir entre las distintas dotaciones, dió escolta a los mercantes hasta dejarlos a salvo en el meridiano del Gran Cayco, virando para arribar a Bahiaja el día 1 de abril continuo.

El día 5 zarpó de nuevo para entregar el situado en las tres plazas, pero al llegar a Santo Domingo, por tener vientos contrarios no pudo entrar en su puerto, por ello se arrió el bote del navío y de paso que hacia un primer viaje salieron varios más para agilizar el transporte, al terminar y ver a salvo el situado en el puerto, cazó el viento con rumbo a la bahía de Manzanillo, donde fondeó el día 5 de mayo, al calmar un poco el temporal volvió a hacerse a la mar con rumbo a Bahíaja, donde tomó el mando de todos los buques de la zona.

El día 7 de julio de 1794, se produjo un asesinato en masa de setecientos cuarenta y dos franceses que habían hecho juramento de fidelidad a España, a manos de una rebelión de negros, por su juramento sus vidas eran responsabilidad de los españoles. Al ser conocido el desmán por Montes, ordenó disparar sobre los negros, mientras se iban abordando todos los botes y lanchas de le escuadra de su mando, salvando la vida a más de quinientos entre hombres, mujeres y niños, ya a bordo y a salvo se les prestó todos los auxilios necesarios incluido dinero para que pudieran al menos rehacer sus vidas.

Por este acto de humanidad, su conducta fue reconocida por los franceses y españoles que la presenciaron, pero al ser conocida también lo fue por el gobierno de Francia, con una carta muy laudatoria y por el de España, siendo el propio Rey quien se lo agradeció, pero esto fue algo más tarde. Las cosas de palacio van despacio.

Permaneció en el puesto hasta el día 14 de septiembre siguiente, por serle concedida la licencia que tantas veces había elevado por no encontrarse bien de salud, pero no abandonó su mando hasta llegar el jefe de escuadra don Antonio Ocarol para tomarlo.

Por Real orden del día 16 de diciembre del año 1794, fue ascendido al grado de brigadier en reconocimiento de todos los servicios prestados, pero en especial por la gran labor llevada a efecto, con la revolución de los negros en la isla de Santo Domingo.

El día 22 de julio del año 1795, al ser firmada la Paz de Basilea, recibió del gobierno francés una comunicación honorífica que decía: «…por su conducta humanitaria y digna…», entre otros halagos.

El día 20 de julio del año 1795, viajó hasta Acapulco, con la misión de reorganizar la Armada en aquellos mares.

El Virrey de Nueva España lo destinó por orden del día 24 de octubre siguiente, como Comandante de marina de los puertos de Acapulco, de San Blas y Manila, estando al frente de una flota compuesta por tres fragatas, un paquebote, un bergantín, tres goletas y una balandra; con tan escasas fuerzas, mantuvo el prestigio de la Armada española en aquellas aguas, a pesar de los constantes intentos de los numerosos corsarios británicos, quienes no cejaban con ello su empeño de dejar en ridículo a nuestro pabellón, terminando su mando sin pérdida de ninguno de sus buques.

Por orden superior dejó el mando en el Pacífico, pasando por tierra a Veracruz donde embarcó de transporte el día 28 de mayo 1797 en la fragata Minerva, con rumbo a la Habana, donde al arribar se le otorgó el día 19 de septiembre el mando del navío Ángel de la Guarda, del porte de 74 cañones, zarpando al poco tiempo en división con las fragatas Juno y Nuestra Señora de la O, con rumbo a cruzar sobre los dos canales de la isla, cuando el día 15 de diciembre siguiente en aguas de la Tortuga, divisaron dos velas las cuales fueron cazadas tras un breve combate siendo las fragatas mercantes británicas, la Enrique y Rosela, evaluándose las presas en 100.000 pesos fuertes.

Zarpó de la Habana el día 28 de marzo del año 1798 con una división y varias fragatas dando escolta a un convoy de ocho mercantes, más el buque correo con rumbo a la península, dejándolos a salvo al desembocar el canal de Bahamas, regresó y se le incorporaron otras dos fragatas más un convoy con cuarenta velas navegando con rumbo a Trujillo, Campeche, Nueva Orleans y Veracruz, donde los fue dejando a la vista de su destino, regresando a la Habana con el navío de su mando y el San Ramón, con las fragatas Anfitrite y Juno, más la goleta Isabel, en su rumbo se encontraron con la goleta británica la Lavin-Milé, que fue apresada, con diecisiete británicos y cuatro españoles de dotación.

Recibió la orden del día 12 de julio del año 1799, pasando a tomar el mando del navío Asía, zarpando el día 16 siguiente cargado con azogue y destino Veracruz, al llegar se puso a sus órdenes la fragata Anfitrite y entre los dos buques se embarcaron 4.000.000 de pesos fuertes y 1.000.000 en frutos preciosos, burlando a los buques enemigos que estaban apostados para impedirlo, arribando de nuevo a la Habana sin sucesos reseñables.

El general al mando de la escuadra, le encomendó nuevas comisiones, por ello con su navío y la fragata Anfitrite, fueron repartidos 1.700.000 pesos fuertes, dando protección a una goleta cargada a su vez con 80.000, ésta con rumbo a la Florida, siendo acompaña y dejada a salvo en la barra de San Agustín, continuando con una correo y seis mercantes que llevaban rumbo de regreso a la península, siendo dejados libres de peligro al desembocar el canal de Bahamas, de donde viró con rumbo a Puerto Rico, donde al arribar fueron desembarcados 586.000 pesos como dinero de caja, levaron anclas y zarparon con rumbo a Santo Domingo, al encontrase a unas doce millas de Puerto Rico divisaron tres velas, siendo un navío, una fragata y un bergantín con pabellón británico, por ello forzó de vela y aprovechó la noche para burlarlos, arribando a su destino donde desembarcó el 1.114.000 pesos restantes, zarpando al terminar el trabajo, en su rumbo se encontró con una fragata y una goleta británicas que fueron capturadas y marinadas a la Habana donde fondeó el día 16 de diciembre, llevándose una gran alegría al comprobar que la carga militar de la fragata enemiga, era parte muy importante de respetos para los buques que estaban haciendo mucha falta en el Apostadero. Todas estas presas se evaluaron en 400.000 pesos fuertes.

El día 26 de septiembre del año 1800, se le otorgó el mando del navío San Pedro, perteneciente a la escuadra del jefe de escuadra don Francisco Javier Muñoz, con esta fuerza se hicieron a la mar desde la Habana, en persecución de unos buques británicos que estaban amenazando nuestro tráfico comercial, los que al ver a los españoles decidieron dejarlo para mejor ocasión.

Arribaron de nuevo a la Habana y el día 13 de octubre siguiente, tuvo que desembarcar, por pasarle factura su salud al permanecer tantos años en aquellas aguas, sin el debido descanso.

El día 4 de mayo del año 1801, se le otorgó el mando de la fragata Anfitrite, zarpando en conserva del navío San Ramón, pero éste también a sus órdenes, más seis lanchas cañoneras, para dar escolta a un convoy con la comisión de repartir pertrechos en todo el seno mejicano, pero por un golpe de viento y mar quedó separado del navío, lo que fue aprovechado por cuatro fragatas británicas, quienes comenzaron a bombardear su buque, pero gran conocedor de vientos y corrientes logró arribar a la Habana, aunque las enemigas no dejaron de perseguirle hasta verlo entrar en el fondeadero, una vez más por sus conocimientos y habilidad marinera salvó a su buque, sus hombres y él.

A los pocos días volvió a zarpar con su fragata y a sus órdenes los navíos Asía y San Ildelfonso, arribando a Veracruz para dar escolta a un convoy de cincuenta velas cargadas con azúcar, para dejarlos a salvo en la Habana. Por todos estos buenos servicios recibió las Gracias Reales.

Al firmarse el Tratado definitivo de paz entre el Rey de España y las repúblicas francesa y bátava de una parte, y el Rey del Reino Unido de la Gran Bretaña y de Irlanda de la otra; concluido en Amiens el día 27 de marzo de 1802, el día 17 de agosto siguiente se le ordenó regresar a la península, cesando en el mando de su fragata y embarcando de transporte en la urca Polonia, desembarcando el día 12 de octubre continuo en la bahía de Cádiz.

Transcurrieron poco más de dos años en paz, pero el día 5 de octubre del año 1804, cuatro fragatas británicas atacaron a otra cuatro españolas al mando de Bustamante en aguas del cabo de Santa María, todo ello estando en supuesta paz, un acto de piratería típico de la Gran Bretaña, por ello le España declaró la guerra a Albión el día 12 de diciembre siguiente.

Por ello se le otorgó el mando del navío San Rafael, del porte de 84 cañones, incorporado a la escuadra del general don Federico Gravina, se hizo a la vela desde la bahía de Cádiz un día después que el resto de la escuadra, cruzando en solitario el océano e incorporándose a ella en Fort Royal, en la Martinica, siendo el día 18 de mayo.

En unión de la escuadra francesa del almirante Villeneuve, la española de don Federico Gravina, realizó todas las operaciones, que se llevaron a cabo en las Antillas. El día 8 de junio al regreso de la escuadra combinada a la península, encontrándose sobre la isla Antigua se divisó a un convoy de quince velas de transporte británicas, Villeneuve dio la orden a dos fragatas que lo apresaran y escoltaran hasta San Juan de Puerto Rico, las capturaron ordenándoles tomar el rumbo a su destino, cuando estaban en ello divisaron en la lejanía a dos goletillas enemigas, las cuales efectuaron unos disparos de aviso e izaron señales, aparentemente para avisar a una escuadra que estaría fuera de la vista, lo que llevó a confusión a los dos capitanes franceses, quienes para evitar el supuesto enfrentamiento le pegaron fuego a todo el convoy, perdiéndose por los documentos de los respectivos capitanes, algo más de cinco millones de francos.

En el viaje de regreso a la península, se realizaron tres presas más, entre ellas la represa de una fragata mercante española, que regresaba cargada con un rico cargamento de frutos y dinero, procedente de la ciudad de Lima.

El día 22 de julio del año 1805, al llegar a la altura del cabo de Finisterre en derrota al arsenal de Ferrol, compuesta la combinada por seis navíos y una fragata españoles, y catorce navíos, seis fragatas más dos bergantines franceses, tuvieron que enfrentarse a la británica del almirante Calder, quien contaba con quince navíos, de ellos cuatro de tres puentes, dos fragatas, una balandra y un lugre.

El combate se llevó a cabo desde las 1700, hasta después de anochecer, pasadas las 2100 y en medio de una espesa niebla, el San Rafael fue uno de los españoles, batido constantemente por dos navíos enemigos, siendo uno de ellos de tres puentes, por efecto del duro castigado se sotavento, siendo arrastrado por la corriente con rumbo a la escuadra enemiga.

Montes que ya había sufrido al principio del combate dos fuertes contusiones, recibió un metrallazo, obligándole a entregar el mando del navío a su Segundo siendo bajado a enfermería, al ir acercándose a la línea enemiga, su navío fue atacado por tres enemigos, siendo uno de ellos de tres puentes, a los que se unió una fragata, la cual fue barrida por las descargas de artillería y fusil, pero mantenerse era una sinrazón que solo aumentaría las bajas, pues el buque había embarcado veinte pulgadas de agua en la bodega, se encontraba con más de la mitad de su dotación muerta o herida, lo que impedía por completo realizar ninguna maniobra, por todo ello se arrió el pabellón de España, trasbordó una dotación de presa del navío británico Malta, siendo llevado a remolque por estar totalmente inservible el aparejo la fragata británica Lily, hasta dejarlo en el Arsenal de Plymouth, llegando en tan mal estado que se hundió en él mismo fondeadero, por ello los británicos no pudieron aprovecharlo.

De este combate el propio Napoleón dijo: «…los españoles se habían batido como leones. », unos pocos años después lo sufriría en sus propias carnes.

Fue canjeado, regresando a España donde se le sometió al consabido Consejo de Guerra, saliendo con veredicto de absuelto, siendo aprobada su conducta y como prueba de ello, S. M. firmó la Real orden del día 9 de noviembre del año 1805, siendo ascendido al grado de jefe de escuadra.

Se encontraba en el Departamento de Cádiz en el año de 1808, participando en los combates que se dieron entre los días 9 y 14 de junio, dando como resultado la rendición de la escuadra francesa del almirante Rosilly, realizándose el apresamiento de cinco navíos y una fragata; en esta ocasión a falta de buques su contribución a la victoria la llevó a cabo desde las baterías del Arsenal de La Carraca.

El botín de guerra fue cuantioso: prisioneros, tres mil seiscientos setenta y seis, 442 cañones de á 24 y á 36, mil seiscientos cincuenta y un quintales de pólvora, mil cuatrocientos veintinueve fusiles, mil sesenta y nueve bayonetas, ochenta esmeriles, cincuenta carabinas, quinientas cinco pistolas, mil noventa y seis sables, cuatrocientos veinticinco chuzos, ciento una mil quinientas sesenta y ocho balas de fusil, más toda la carga de munición de la artillería de los buques y sobre todo, fueron los víveres los que calmaron al menos el hambre de los españoles.

El día 6 de abril del año 1809, fue nombrado por la Junta Gobernador militar y político de Cartagena de Indias, para desempeñar la Comandancia General e Intendencia de su provincia y la Subinspección general de las tropas del virreinato del Nueva Granada, por ello embarcó de transporte con rumbo a su nuevo destino en la corbeta Paloma.

Desempeño con su acostumbrado acierto su cargo hasta finales del año 1810, por recibir la Real orden de regresar a la península, zarpando con rumbo a la Habana, donde embarcó de transporte en la corbeta Sebastiana, arribando a la bahía de Cádiz el día 2 de junio del año 1811.

Al presentarse se le nombró Vocal de la Junta de Asistencia de la Dirección General de la Armada y poco tiempo después por la Regencia del Reino se le otorgó la Comandancia General del Departamento de Cartagena, por Real orden del día 11 de mayo del año 1813, zarpando de transporte a su nuevo destino en la fragata Esmeralda.

Encontrándose en su destino recibió la noticia del regreso a España de su cautiverio del rey don Fernando VII y poco después se le entregó la Real orden del día 14 de julio del año 1814, comunicándole su ascenso al grado de teniente general.

Por Real orden del día 14 de agosto del año 1815, se le encomendaba la comisión de hacer llegar a la península la escuadra refugiada y fondeada desde un poco después del combate de Trafalgar en el puerto de Mahón, por ello estaba compuesta de unos buques medio desarmados y faltos de casi cualquier elemento, para un navegación provechosa, debiendo entregarlos en los Arsenales de Cádiz y de Cartagena, sin más medios que los propios disponibles a bordo, pues el erario público estaba exhausto; no fue un gran inconveniente pues cumplió como siempre con su deber y realizó la  tan difícil como complicada comisión, haciéndola llegar a buen fin y los buques en los destinos que le fueron ordenados, regresando a su destino del Arsenal de Cartagena.

Fue llamado a la Corte, donde no había estado nunca a lo largo de su ya larga carrera; es una curiosidad a mencionar por lo mucho que dice de su carácter, a diferencia de otros muchos que a veces estaban más tiempo en ella que a bordo de sus buques.

En el año 1815, al ser creada la Orden de San Hermenegildo, por cumplir todos los requisitos para obtenerla, le fue entregada en su máxima categoría de Gran Cruz.

Pero curiosamente no le sentó nada bien su estancia en la Corte, pues falleció el día 12 de noviembre del año 1817, en la misma Villa y Corte, cuando contaba con sesenta y cinco años, cinco meses y veintisiete días de edad, de ellos cuarenta y nueve, de ejemplares y muy dignos servicios a España.

Bibliografía:

Aragón Fontela, Miguel.: La Rendición de la Escuadra Francesa de Rosilly (14 de junio de 1808) Cuaderno Monográfico del Instituto de Historia y Cultura naval, N.º 55. Madrid, 2007. Págs. 67 a 90.

Barbudo Duarte, Enrique.: Apresamiento de la escuadra francesa del almirante Rosilly en la bahía de Cádiz, el 14 de junio de 1808. Colección Fragata. Cádiz, 1987.

Cárdenas Piera, Emilio de.: Caballeros de la Orden de Santiago. Siglo XVIII. Ediciones Hidalguía. Madrid, 1977 — 1996. Del volumen VI al IX. De IX.

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1957. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. 1918, tomo 36, páginas.594 y 595.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895—1903.

Guardia, Ricardo de la. Notas para un Cronicón de la Marina Militar de España. Anales de trece siglos de historia de la marina. El Correo Gallego. 1914.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

Terrón Ponce. José L.: El Gran Ataque a Gibraltar de 1782 (Análisis militar, político y diplomático). Ministerio de Defensa. Madrid, 2000. Premio Ejército 1999.

Válgoma y Finestrat, Dalmiro de la. Barón de Válgoma.: Real Compañía de Guardia Marinas y Colegio Naval. Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1944 a 1956. 7 Tomos.

Compilada por Todoavante ©

About the author

Comments

Comments are closed.