Biografía de don José Rodríguez de Arias y Álvarez de la Campana

Posted By on 25 marzo, 2014

 

José Rodríguez de Arias y Álvarez de la Campana. Cortesía del Museo Naval. Madrid.

José Rodríguez de Arias y Álvarez de la Campana. Cortesía del Museo Naval. Madrid.

XXI Capitán General de la Real Armada Española.

 

Gran Cruz de la Muy Distinguida Orden Española de Carlos III, pensionada.

 

Gran Cruz de la Real Orden Americana de Isabel la Católica.

Vino al mundo el 26 de septiembre de 1761 en la ciudad de Palma de Mallorca, siendo sus padres don Sebastián Rodríguez de Arias y Mariño, Comisario de Marina de esta provincia y doña Josefa Álvarez Campana y La Vega.

Sentó plaza de guardiamarina el 13 de abril de 1776, en la Compañía del Departamento de Cádiz. Expediente N.º 1.445.

Al finalizar sus estudios teóricos, por orden superior del 12 de noviembre de 1776 embarcó en el navío San Dámaso, perteneciente a la escuadra del marqués de Casa Tilly, participando en misión de protección de los transportes que llevaban a las tropas del general Cevallos, en la expedición contra los portugueses de Brasil, quienes había ocupado tierras pertenecientes a la corona de España, participó en la toma de la isla de Santa Catalina y demás operaciones, hasta ser firmada la paz con éste país el 1 de octubre de 1777 en San Ildelfonso y otro de amistad y garantía firmado en el Pardo el 24 de marzo de 1778.

Regresó a la bahía de Cádiz en el mes de noviembre de 1778, recibiendo la orden de desembarcar para serle entregados sus primeros galones de oficial, alférez de fragata, pues lo era desde el 28 de febrero de 1777.

Se le ordenó embarcar en las fragatas Gertrudis y Bárbara, sucesivamente con las que realizó cruceros de protección del tráfico marítimo proveniente de ultramar, hasta recibir la orden en el mes de mayo de 1779 de trasbordar al navío Vencedor, participando en la campaña naval llevada a efecto por las escuadras combinadas española, al mando del general don Luis de Córdova y francesa, mandada por el conde d’Orvilliers, sobre el canal de la Mancha, obligando con su presencia a la escuadra británica a buscar refugio en sus puertos, razón por la que solo se pudo dar caza al navío Ardent del porte de 74 cañones.

Regresó la escuadra a la bahía de Cádiz, estando en ella se le entregó la Real orden del 16 de septiembre de 1781, siendo ascendido al grado de alférez de navío, en el mes de enero de 1784 se le ordena embarcar en la fragata Bibiana, zarpando rumbo a Tierra Firme donde quedó destinado su buque en comisiones de guardacostas, siéndole ordenado trasbordar a las fragatas Matilde y Rosalía, con las que prosiguió sus servicios en aquellas aguas.

Regresó a la bahía de Cádiz a finales de 1785, siéndole entregada la Real orden del 15 de noviembre de 1784 próximo pasado, comunicándole su ascenso al grado de teniente de fragata, por la misma se le destina a los Batallones del Departamento.

En el mes de febrero de 1787, se le ordena embarcar en la fragata Santa Cecilia, destinada a la escuadra llamada de Evoluciones, al mando del general don Juan de Lángara, realizando cruceros por el Mediterráneo y Atlántico, hasta principios de 1788 por ser desactivada la escuadra, recibiendo la orden en el mes de mayo de embarcar en el navío San Ildefonso, perteneciente a la escuadra del general don José de Córdova, participando en las pruebas de algunos de los navíos recién construidos.

Por Real orden del 12 de julio de 1790, se le ascendió al grado de teniente de navío, recibiendo poco después la orden de embarcar en el navío Miño, zarpando junto a la fragata Minerva con rumbo a Tierra Firme, donde realizó varios cruceros hasta el mes de marzo de 1791, al serle otorgado el mando de la goleta Magdalena continuó realizando misiones de guardacostas por el intenso contrabando, tanto de negros como de armas en las costas de la isla de Cuba, a su vez fue comisionado para verificar las zonas de corte de madera para nuevas construcciones en la zona, realizando la elección de ellas y designar las dársena apropiadas para su carga y transporte al Arsenal de la Habana.

A finales de 1792, se le ordenó embarcar de transporte en la urca Florentina, regresando a la bahía de Cádiz, al poco tiempo se le ordenó embarcar en la fragata Nuestra Señora de la O, perteneciente a la escuadra del general don Gabriel de Aristizábal, zarpando de la bahía de Cádiz con rumbo a Tierra Firme, en prevención de algún ataque a nuestro virreinatos por haberse declarado la guerra a la república francesa.

En el mes de enero de 1793, se le nombró segundo comandante del navío San Juan, en la misma escuadra del general don Gabriel de Aristizábal, participó en las operaciones muy señaladamente contra Bahiaja y Fuerte Delfín, en la isla de Santo Domingo.

En el mes de noviembre de 1795, el general de la escuadra le otorga el mando del bergantín Habanero, estando de crucero se enfrentó en combate contra doce lanchas y botes de un navío y una fragata británicos que le atacaron, siendo rechazados con graves pérdidas.

En el mes de abril de 1797 se le otorga el mando del bergantín Galgo, combatiendo contra uno británico llamado Héroe, posteriormente en noviembre se enfrenta a la fragata de la misma nación Crescent, de 44 cañones, resultando apresado por aplastante superioridad del enemigo, no sin antes haberle causado graves daños.

Se restituyo a la Habana como prisionero, donde se le formó el consabido consejo de guerra, con la sentencia de absuelto, sin menoscabo de su valor y lealtad, con todos los pronunciamientos favorables.

Regresó a la península en el mes de diciembre de 1801, comisionado con pliegos para el Gobierno, al entregarlos se le ordenó embarcar en la fragata Rufina, zarpando de la bahía de Cádiz el 20 de febrero de 1802, transportando los pliegos de la nueva paz con los británicos con rumbo a Valparaíso y el Callo.

Regresó a la bahía de Cádiz de su tornaviaje al mar del Sur, el 30 de mayo de 1803, al desembarcar le fue entregada la Real orden del 5 de octubre de 1802, próximo pasado notificándole su ascenso al grado de capitán de fragata, siendo destinado como sargento Mayor a las Brigadas de Infantería de Marina.

Cuando el 5 de octubre de 1804, fue ataca la división de fragatas del general don José de Bustamante, por otra británica, a la altura del cabo de Santa María, hallándonos en paz con el Reino Unido, España ante este acto de piratería declaró la guerra el 12 de diciembre siguiente.

Por éste motivo se activaron todos los mecanismos, para poner en orden de combate a los buques que se habían desarmado por la paz, por ello se le ordenó embarcar en el navío de tres baterías y 118 cañones, Santa Ana, como ayudante del general don Ignacio María de Álava, quien enarbolaba su insignia.

Participando muy honrosamente en el combate de Trafalgar, el 21 de octubre de 1805, en el que se batió valientemente al lado de su general, demostrando un gran valor ante causas tan adversas, su navío fue uno de los que logró regresar a la bahía de Cádiz el 23 siguiente.

Por Real orden del día 9 de noviembre del año 1805, por la promoción general para todos lo que había participado en el combate anterior, se le ascendió al grado de capitán de navío.

El 7 de de junio de 1806 se le nombró segundo comandante del navío de tres puentes Príncipe de Asturias, insignia del jefe de escuadra don Juan Ruiz de Apodaca, quien al producirse el alzamiento nacional del 2 de mayo de 1808, participó a su bordo en los combates entre los días 9 a 14 de junio a la escuadra francesa al mando del almirante Rosilly, compuesta por los restos del combate de Trafalgar, obteniéndose la rendición de los ahora enemigos de España.

En este mismo mes, el 16, se le otorgó el mando de uno de los navíos apresados, el Héroe, permaneciendo en él hasta el mes de julio siguiente, por haber sido nombrado encargado de negocios y cónsul General de España ante el Sultán de Marruecos, residiendo en la ciudad de Tánger, hasta el 16 de enero de 1809.

Por Real orden del 13 de febrero de 1809, se le otorga el mando de la fragata Cornelia, realizando un viaje de transporte con los prisioneros franceses con rumbo a las islas Baleares, a su regreso fue comisionado para embarcar en su buque al Ministro Plenipotenciario de España en Estados Unidos, don Luis Onís, zarpando de la bahía de Cádiz con rumbo a New York realizando previamente escalas en otros puertos de aquel país, al desembarcar en la ciudad de destino, zarpó  de regreso a la península, fondeando en el bahía de Cádiz en el mes de diciembre seguido.

Unos días después volvía a hacerse a la vela desde la bahía de Cádiz cargado con situado con rumbo a Vigo, aquí después de desembarcar lo transportado abordó el buque el reverendo Obispo de Orense don Pedro de Quevedo y Quintano, por ser miembro del consejo de Regencia de España e Indias, transportándolo a la bahía de Cádiz, siendo de nuevo cargado con situado, zarpando con rumbo a Lisboa, donde lo entregó a los ejércitos aliados para su lucha en la península contra el invasor napoleónico. Así que el coste era a nuestra costa.

Volvió a hacerse a la mar en el 13 de septiembre de 1810 en derrota a Costa Firme, en cuyos mares estuvo al mando de una división naval de nueve buques, encontrándose aquí le fue entregada la Real orden del 24 de mayo de 1811, notificándole su ascenso al grado de brigadier, continuó con la misión encomendada del bloqueó de las costas de Venezuela, tomando una parte muy importante con sus decisiones al contribuir en la pacificación de aquellas tierras hasta 1812, por recibir la orden de regresar a la Habana, donde su fragata en muy malas condiciones pasó a desarme, regresando a la bahía de Cádiz de transporte en una fragata privada.

El 22 de agosto de 1814 fue nombrado Vocal del Consejo de Guerra de Oficiales Generales, para juzgar a todos los marinos que habían permanecido en las filas del Rey intruso o en territorio ocupado por el enemigo.

El 14 de noviembre de 1815, se le nombró comandante general de una división, compuesta por el navío Asía, fragatas Prueba y Esmeralda, más el bergantín Cazador, con una comisión diplomática ante las regencias de Argel, Trípoli y Túnez.

En la corte de Túnez por orden de su Sultán, estaba prohibido presentarse ante él con arma alguna y menos con espadas o puñales, de fácil manejo en espacios pequeños, por ello muy peligrosos en las cortas distancias, además el mencionado Sultán, a buen seguro que lo haría por su propia seguridad.

Pero Rodríguez de Arias hizo caso omiso de esta rigurosa orden, presentándose portando prendido de su cintura su sable de honor; el Sultán le recriminó su actitud y él parsimoniosamente pero con gran energía en sus palabras le respondió: « Siempre llevo mi espada para usarla contra los enemigos de mi Rey y de mi Patria, y contra cualquiera que directa o indirectamente me faltare. »

Ésta contestación fue del agrado del Sultán, permitiéndole permanecer en su presencia portando su espada, por la misma razón, no tuvo objeción en desprenderse de su yatagán (1) y entregárselo como regalo personal a su demostrado valor y como muestra de su aprecio y amistad. A su regreso se le comisionó con su división para realizar los típicos cruceros sobre los cabos de Santa María y San Vicente, en protección del tráfico marítimo proveniente de ultramar.

En el mes de enero de 1819 por pasar a desarme el navío Asía, trasbordó su insignia al Fernando VII, prosiguiendo en los cruceros anteriores, en una de sus arribadas se le comisionó para un viaje a Mahón, regresando a la bahía de Cádiz en el mes de mayo.

Por Real orden del 25 de octubre de 1820, S. M. le concedió por los distinguidos servicios prestados, la Gran Cruz de la Muy Distinguida Orden Española de Carlos III, pensionada.

En 1821 habiendo siendo nombrado comisario General de las Brigadas de Infantería de Marina, pues ya eran de su propiedad las del Departamento de Cádiz, permaneció al mando hasta el 4 de julio siguiente por ser destinado a las provincias de Ultramar como comisario regio, realizó viajes a Costa Firme durante algún tiempo, hasta recibir la orden de regresar, para ello embarcó de transporte en la fragata Pronta desembarcando en la bahía de Cádiz, donde regresó a su destino de las Brigadas de Infantería de Marina.

Por Real orden del 14 de enero de 1823, fue nombrado Comandante General del Arsenal de Ferrol, arribando de transporte en el bergantín Vengador, permaneciendo hasta el 1 de agosto siguiente regresando a Cádiz, donde volvió a tomar el mando de su Brigada el 20 de noviembre siguiente.

Fue ascendido a jefe de escuadra en la promoción del 6 de diciembre de 1829, como un regalo a la Corporación que se llevo a cabo por contraer matrimonio el rey don Fernando VII con la Princesa del reino de Nápoles doña María Cristina de Borbón. Nos dice mucho la situación de la Armada, al comprobar que un marino tan eficaz, horrado y demostrado valor, permaneciera solo dieciocho años con el grado de brigadier.

Redactó un reglamento de pertrechos para los buques de guerra de los diferentes portes, escrito en la ciudad de Cádiz donde tenía su residencia.

En 1829 por tener cumplidos todos los requisitos de la Orden S. M. le concedió la Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo.

El 3 de noviembre de 1836, se le otorgó el mando interinamente del Departamento de Cádiz, por Real orden del 23 de julio de 1837, se le otorgó el ascenso a teniente general, siéndole concedido en propiedad el cargo que ocupaba, permaneciendo en él hasta el 7 de febrero de 1839.

Se retiro a descansar y recuperar su maltratada salud, por los graves sufrimientos padecidos, por los sinsabores de los acontecimientos, hasta ser llamado otra vez.

Como consecuencia del fallecimiento del capitán general del Departamento de Cádiz, por ser el más antiguo de los tenientes generales se le nombró el 20 de abril de 1840 para ocupar el cargo interinamente, al llegar su propietario le entregó el mando el 25 de junio siguiente.

Por los acontecimientos políticos de 1843, se le volvió a nombrar interinamente, Comandante General del Departamento de Cádiz, permaneciendo en el cargo unos pocos meses, pero en esta difícil época acrecentó más que nunca el aprecio y respeto, del que ya gozaba entre todos los miembros de la Corporación y del Gobierno.

En agradecimiento de S. M. doña Isabel II, por Real decreto del 9 de noviembre siguiente le concedió la Gran Cruz de la Real Orden Americana de Isabel la Católica.

El 15 de septiembre de 1847, fue ascendido a la máxima dignidad de la Armada con el grado-cargo de Capitán General y nombrado presidente de la Junta Directiva y Consultiva de la Armada, cargo que en atención a sus muchos años y achaques, sólo lo desempeñó de una forma nominal.

Falleció en la noche 26 de enero de 1852 en la ciudad de Cádiz, contando con noventa y un años de edad, de ellos setenta y seis de servicios, bien se puede afirmar fue toda una larga vida dedicada al servicio de la Armada y de España.

El Gobierno dispuso la traslación de sus restos al Panteón, pero las obras y dilaciones que hubo de sufrir, retrasó su enterramiento en tan sagrado lugar, por ello su hijo el teniente de navío don Rafael de Arias y Villavicencio, solicitó al estar concluido su mausoleo en el año 1857 su traslación definitiva.

Se dispuso que el 5 de febrero de 1858 se verificara sin ceremonia alguna, en expectación de la inauguración oficial del Panteón, pero no termino de realizarse.

Por fin en la mañana del 29 de abril de 1870 se verificó, pasando los restos desde el cementerio de San Fernando al Panteón, con todos lo honores de ordenanza.

El 1 de mayo de 1870 se inauguraba oficialmente el Panteón, recibieron en ese acto cristiana sepultura, con toda la pompa y solemnidad, en unión de los restos del Marqués de la Victoria, don Andrés Reggio, don Gabriel Ciscar, don Luis de Córdova y don Ignacio María de Álava.

Las inscripciones de su tumba dicen:

D. E. P.

Al Excmo. Sr. D. José Rodríguez de Arias

Capitán general que fue de la Armada

Caballero Gran Cruz de la Real y dis-

tinguida Orden de Carlos III de la

Americana de Isabel la Católica y

de la Militar de San Hermenegildo.

Nació en la ciudad de Palma de Ma-

llorca el XXVI septiembre de MDCCLXI

y falleció en San Fernando el XXVI

de enero de MDCCCLII

Ilustróse en su larga carrera con muchas acciones dis-

tinguidas y asistió al combate de  Trafalgar en el navío

« Santa Ana »  de ayudante mayor del Excmo. Sr. D. Ig-

nacio María de Alava.  Español amante de su Patria, ma-

rino esclarecido, padre y esposo tierno y fiel amigo, era

además respetado y querido por representarse en su

persona las antiguas glorias de nuestra Marina.

Su viuda e hijos le erigieron este monumento.

Mausoleo en el Panteón de Marinos Ilustres de don José Rodríguez de Arias y Álvarez de la Campana. Cortesía del Museo Naval. Madrid.

Mausoleo en el Panteón de Marinos Ilustres de don José Rodríguez de Arias y Álvarez de la Campana. Cortesía del Museo Naval. Madrid.

(1) Yatagán: sable o cuchillo, corvo, ricamente adornado con perlas y piedras preciosas. Y que a su fallecimiento, por testamento, pasó al Museo Naval, donde hoy se puede admirar, siendo una verdadera joya.

Bibliografía:

Alcalá Galiano, Pelayo.: El Combate de Trafalgar. Instituto de Historia y Cultura Naval. Madrid, 2003. Facsímil de la edición del primer tomo en 1909 y el segundo en 1930.

Barbudo Duarte, Enrique.: Apresamiento de la escuadra francesa del almirante Rosilly en la bahía de Cádiz, el 14 de junio de 1808.

Cantillo, Alejandro del.: Tratados, Convenios y Declaraciones de Paz y de Comercio desde el año de 1700 hasta el día. Imprenta Alegría y Chalain. Madrid, 1843.

Cervera y Jácome, Juan. El Panteón de Marinos Ilustres. Ministerio de Marina. Madrid. 1926.

Cervera Pery, José.: El Panteón de Marinos Ilustres, trayectoria histórica, reseña biográfica. Ministerio de Defensa. Madrid, 2004.

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Ferrer de Couto, José: Combate naval de Trafalgar. Imprenta de D. Wenceslao Ayguals de Izco. Madrid, 1851.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895—1903.

González de Canales, Fernando. Catálogo de Pinturas del Museo Naval. Tomo II. Ministerio de Defensa. Madrid, 2000.

Lon Romeo, Eduardo.: Trafalgar (Papeles de la campaña de 1805). Excma. Diputación Provincial. Zaragoza, 2005. Facsímil.

Marliani, Manuel.: Combate de Trafalgar. Vindicación de la Armada Española. Impreso de Orden Superior. Madrid, 1850.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

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Válgoma y Finestrat, Dalmiro de la. Barón de Válgoma.: Real Compañía de Guardia Marinas y Colegio Naval. Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1944 a 1956. 7 Tomos.

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