Biografía de don Nicolás de Cardona

Posted By on 23 julio, 2014

Capitán de Mar y Guerra español del siglo XVII.

Descubridor

Astrónomo.

Hidrógrafo.

Geógrafo.

Vecino de la ciudad de Sevilla.

Señor: El capitán y cabo Nicolás de Cardona, dice: «Que sirve a Vuestra Majestad desde el año de 610 en la carrera de las Indias, de que tuvo experiencia en el asiento que hizo con Vuestra Majestad el capitán Tomás de Cardona, su tío, y demás partícipes, para el descubrimiento de nuevos ostiales de perlas en el mar del Norte y Sur, y buscar los galeones perdidos del general don Luis Fernández de Córdova, y otros efectos, y pasar al mar del Sur al descubrimiento del rico reino de la California; y que en virtud de sus poderes, empezó el dicho descubrimiento desde el año de 613, yendo por almirante de los seis bajeles que salieron el dicho año del puerto de Sanlúcar de Barrameda; y continuando su viaje, vio y fondeó todas las islas de Barlovento que están en cordillera de norte-sur, como son la de San Cristóbal antiguo, las Nieves, Guadalupe, la Dominica, Matalina; San Vicente, Santa Lucía, la Granada, y otras muchas que corresponden a este paraje. Y así mismo la Tierra Firme, desde la punta de la Esmeralda, la Margarita, Cumaná y su costa, hasta Puerto Velo; y bojeó las islas de Puerto-Rico, Santo Domingo, Xamaica, las Vívoras, el Caimán grande y chico, la costa de Bacalar y Cusumel, Cabo de Cotoche, Campeche, la laguna de Términos, y todos los varaderos y anegadas de San Juan de Lua, en que se ocupó más de un año de tiempo, pasando en estas peregrinaciones grandes riesgos e incomodidades, y en particular en las dichas islas de los Caribes, adonde estuvo dos meses, trayéndolos de paz de muchas dellas, y sacando algunos negros y negras, y criaturas que los indios tenían captivas de los navíos que dan al través. Y así mismo sacó algunos indios cristianos de la doctrina de Paria, y cinco indios caribes, que voluntariamente se pasaron con él a tierra de cristianos, donde recibieron el agua del Santo Bautismo, y mediante el buen tratamiento y afabilidad que tuvo con los dichos indios, los redujo de paz, como lo están hoy, lo cual ha sido gran servicio a Dios y de Vuestra Majestad.

Y que estando en Puerto-Rico, por la mucha necesidad que aquel año de 614 hubo de mantenimientos, y que los soldados del presidio de Vuestra Majestad perecían, el dicho capitán despachaba cada semana dos tartanas de las que llevaba a cargar de tortugas, y las hacía repartir, así a los soldados del Morro, como a las religiones y vecinos, y a los pobres; y esto se hacía sin género de interés, antes de los bastimentos que tenía para el sustento de su gente, partía con todos; pasando después el dicho año de 614 a la Nueva España, para ir al descubrimiento del reino de la California, que es en el mar del Sur, en conformidad del asiento hecho con Vuestra Majestad. Y habiendo muerto en la ciudad de Méjico Francisco Basilio, cabo de la dicha jornada, quedó en su lugar el dicho capitán Nicolás de Cardona, y con poderes de los asentistas tomó a su cargo el dicho descubrimiento, juntamente con el capitán Juan de Iturbe, y sargento Pedro Álvarez de Rosales; y pasó al puerto de Acapulco a fabricar tres navíos para el dicho efecto, conduciendo gente de mar y guerra.

Y estando apercibido para su viaje, por haber llegado nueva que cinco galeones de holandeses andaban en la costa, el virrey, Marqués de Guadalcaçar ordenó a don Juan de Villela, alcalde mayor del dicho puerto, le pusiese en defensa, para lo cual el dicho alcalde mayor pidió al dicho capitán se encargase de la guarda y defensa del dicho puerto, y así lo hizo, asistiendo dos meses y medio a su costa con treinta arcabuceros de su gente en fortificar el dicho puerto con fajina y en hacer cercas y trincheras, y los demás reparos necesarios, con excesivo gasto de su hacienda y peligro de su salud; hasta que el general don Melchor Fernández de Córdova, que había llegado con gente de socorro, visto que no llegaba el enemigo, le dio licencia para salir a su descubrimiento, el cual empezó saliendo en 21 de marzo de 1615 con tres navíos y una lancha en que llevaba la gente de mar y guerra, y muchos negros buzos con que fue costeando la costa que hay desde Acapulco, que está en diez y siete grados, hasta llegar a las islas de Mazatlán, que están en veinte y tres grados y un tercio, y de allí atravesó a tomar la tierra de la California, en que tardó veinte y cuatro horas, hasta dar fondo en ella; y otro día por la macana, desembarcó con dos padres de la orden de San Francisco, que llevaba, y con sus soldados; y en nombre de Dios Nuestro Señor, y de Vuestra Majestad plantó la cruz santísima de nuestra redención, y tomó posesión de la tierra por fe de escribano, en la forma que se acostumbra en tales descubrimientos; y luego empezó a costear por la banda de dentro de la dicha California, descubriendo placeles, islas y ostiales de perlas, que corren hasta veinte y siete grados; y en muchas partes entró la tierra adentro, y descubrió muy ricos cerros de minas y minerales de plata y oro, que habiéndose ensayado, mostraron gran riqueza: y trató de paz con los indios en todos los parajes adonde se hallaba, haciéndoles presentes y regalos, con que cuitó no tener con ellos ninguna refriega de consideración; y en una que tuvo en veinte y siete grados, se portó en tal forma, que los redujo de paz; por donde juzga la facilidad grande que habrá para traer todo aquel reino al servicio de Vuestra Majestad. Y llegando a treinta grados por la mesma costa, atravesó el brazo de mar para descubrir si había tierra a la banda del este; y habiéndola descubierto, subió por ella a la vuelta del norte hasta treinta y cuatro grados, y de aquí volvió a atravesar a la California, y fue descubriendo por la una y otra parte toda la costa, y reconociendo grandísimas serranías peladas, y ricos minerales de plata y oro en ellas, como lo demostraron sus metales, en lo cual gastó tiempo de nueve meses; y por la falta grande de mantenimientos que tenía, dio la vuelta a las islas de Maçatlán, jurisdición de la Nueva Vizcaya, desde donde se dividieron, y quedaron los dos bajeles a cargo del capitán Juan de Iturbe, que volvió a Sinaloa para tomar bastimento y salir otra vez para la California a ranchear en las pesquerías.

Y el dicho capitán Nicolás de Cardona con la capitana y la lancha se encaminó al puerto de Acapulco para abastecerse, y volver asimismo al dicho descubrimiento, y para dar cuenta de lo visto y descubierto a Vuestra Majestad y al Virrey, y avisar a los asentistas. Y habiendo llegado al paraje que llaman de Zacatula, encontró con cinco galeones de holandeses, cuyo general era Jorge Spilberg, el cual le echó cinco lanchas armadas para coger el dicho navío, como lo hizo, y el dicho capitán con algunos pocos soldados se echaron a la mar, y saltaron a tierra, llevándose el enemigo la nao con los frailes y la demás gente, y todo lo que traía de muestras de metales, y algunas perlas y otras cosas de las que produce la dicha tierra de la California, y otras partes, y metiéndose la tierra adentro, topó con el general Sebastián Vizcaíno en el puerto de Zalagua con gente de guerra, para defender que el enemigo no tomase tierra, agua ni refresco.

Y habiendo el enemigo entrado en el dicho puerto y echado gente en tierra, se le hizo toda la resistencia y defensa posible a que asistió el dicho capitán, hasta hacerle embarcar con pérdida de alguna de su gente, y cautivándole cinco hombres, que después se llevaron a Méjico; y éstos dieron noticia de los intentos del enemigo, que iba a Filipinas para juntarse con otra armada y tomar a Terrenate y a Manila, y de camino esperar las dos naos que venían cargadas de Filipinas al puerto de Acapulco para tomallas: en todo lo cual se halló el dicho capitán Nicolás de Cardona, y por orden del dicho general Sebastián Vizcaíno, tomó la posta y fue a dar cuenta al Virrey para que se diese luego aviso a Filipinas de la ida del enemigo: y habiendo cumplido con la orden que se le había dado, volvió al dicho puerto de Acapulco, adonde ayudó a hacer el fuerte de San Diego, y la fundición de las culebrinas, do ocupado en su fortificación y fábrica, supo que por mandado de la audiencia de Guadalajara, Bartolomé Juárez de Villalva le había embargado la fragata almiranta de su descubrimiento en Sinaloa, para salir a buscar las naos que se esperaban de Filipinas, y dalles el aviso del enemigo, y la orden que habían de guardar, y el rumbo que habían de tomar para desviarse dél; mediante lo cual, llegaron a salvamento las dichas dos naos de Filipinas, con que la dicha fragata almiranta, a causa de lo mucho que resistió de temporales, llegó destrozada y abierta al dicho puerto de Acapulco; adonde, considerando los daños recibidos del enemigo, para restaurar algo, pidió licencia al Virrey para hacer un viaje al Callao de Lima, a llevar los mercaderes, y se la dio; con lo cual la aderezó y fletó en más de catorce mil ducados; y habiendo gastado en levantar de obra la dicha fragata más de seis mil pesos, el dicho Virrey la volvió a embargar, y la envió de aviso a Filipinas, dejando al dicho capitán muy empeñado, y destruido el asiento y dueños dél.

Y viéndose el dicho capitán falto de caudal y sin bajeles para continuar el dicho descubrimiento, se determinó a venir a estos reinos, como lo hizo, y asentando plaza en la capitana del marqués de Bedmar, en la compañía del capitán Pedro de Solís; y habiendo llegado a esta corte y dado cuenta al dicho capitán Tomás de Cardona, de lo sucedido a él y a Juan de Iturbe, la dio a Vuestra Majestad, y con nuevas órdenes, cédulas y caudal, volvió el dicho capitán Nicolás de Cardona a continuar el dicho descubrimiento, llevando orden de comprar o fabricar dos o tres bajeles en Panamá, y de allí seguir el dicho su descubrimiento, para el cual salió a fin del año de 619, en compañía de los galeones del marqués de Cadereita; y en Panamá compró dos fragatas y una lancha, y las tripuló y basteció de pertrechos, municiones: y con conducta, que el presidente don Diego Fernández de Velasco le dio de capitán de infantería, levantó gente de mar y guerra para ir a ranchear en la dicha California; y estando para salir, llegó aviso con orden del príncipe de Esquilache, virrey del Pirú, al presidente de Panamá, de que respeto de haber parecido sobre el puerto de Cañete doce naos de enemigos, estuviese prevenido para la defensa de la ciudad de Panamá; con lo cual, el dicho presidente, pidió al dicho capitán que suspendiese su viaje y sirviese a Vuestra Majestad, que lo hizo así con mucha voluntad, gastando y sustentando toda su gente, que fueron cien soldados, más de dos meses, sin que se le diese ningún socorro de la hacienda de Vuestra Majestad. Y habiéndose tenido segundo aviso, que la armada del enemigo había pasado por altura a Filipinas, se le dio licencia para que saliese y continuase su jornada, como lo hizo; y salió de Panamá con sus dos fragatas y lancha, costeando la costa de Veraguas, pasando grandes tormentas, por ser en tiempo de invierno, por haberse detenido en Panamá el tiempo conveniente para navegar, con que se le abrió su capitana; y porque se iba a pique, le obligó a tomar tierra para aderezalla, como lo hizo en el río de Chiquiri, donde se le quemó el uno de los navíos y se perdió la lancha. Y habiendo quedado con solo la fragata en que él iba embarcado, siguió su derrotar costeando toda la costa, descubriendo los puertos della, barras, bajos y esteros, y halló algunos de muy gran consideración para el servicio de Vuestra Majestad, en particular uno, para por él socorrer a necesidad las islas Filipinas, y desde allí llegó a la playa de Souconate, y desembarcó y tomó la posta para Méjico, que hay trescientas y cincuenta leguas, a presentar las cédulas reales de Vuestra Majestad al Virrey, como lo hizo; y tomando los despachos y nombramiento que en él hizo de cabo de los navíos y gente de mar y guerra que llevaba para el dicho descubrimiento, fue al puerto de Acapulco a esperar la dicha fragata capitana y aderezar otra que allí había del asiento, donde supo que se había perdido en la costa de Teguantepeque; y viéndose sin navíos, le fue fuerza empeñarse y buscar dineros, y empezó a cortar maderas y prevenir materiales para fabricar dos fragatas.

Y estando entendiendo en lo susodicho, porque no cesase el servicio de Dios y el de Vuestra Majestad (a que ha atendido siempre), el virrey, marqués de Gelves, le despachó correo, en que le ordenaba fuese luego a Méjico y llevase los buzos que tenía, porque así importaba al servicio de Vuestra Majestad, a lo cual obedeció y fue con el dicho correo. Y habiendo llegado a la presencia del Virrey, le ordenó que al punto se fuese a embarcar al puerto de la Veracruz con los buzos, en una fragata que le mandó dar para ir a la Habana a ayudar a sacar el tesoro de los dos galeones que se habían perdido en los Cayos de Matacumbe, del cargo del marqués de Cadereyta, con que le fue fuerza obedecer, y desamparar la fábrica y continuar el dicho descubrimiento. Se embarcó en el puerto de la Veracruz con catorce buzos, y con mucho trabajo y tormentas de nortes, en que se vio perdido muchas veces, llegó a la Habana, donde luego, Tomás de la Raspur, almirante de la armada, le hizo salir en busca del Marqués que estaba en el paraje de los Cayos buscando la plata, y en tres días que estuvo forcejando y batallando con tormenta; no lo dejó llegar, antes hubo de arribar a la Habana, adonde halló que el Marqués había entrado; y habiéndole hecho sabidor de cómo el marqués Gelves le enviaba con los buzos y instrumentos para ayudar a buscar la plata, el dicho marqués de Cadereyta se volvió a embarcar, llevando en su compañía al dicho capitán Nicolás de Cardona con sus buzos, y fueron a los Cayos de Matacumbe, adonde asistieron algunos días, haciendo extraordinarias diligencias en buscar la plata; y por causa de los malos tiempos que corrieron, se volvió a la mar el Marqués, y se partió con la armada a España, dejando al dicho capitán en compañía del capitán Gaspar de Vargas, piloto mayor, y con don Pedro de Ursúa, para que continuasen la busca del dicho tesoro perdido, a que asistió con los susodichos muchos días, en lo cual hizo muy grandes gastos de su hacienda, pasando muy grandes riesgos y trabajos, hasta que se le dio licencia.

Y el año de 623 se embarcó en plaza de soldado en la flota, general don Carlos de Ibarra, y vino a España a dar noticia al marqués de Cadereyta de lo sucedido en razón de la busca de los galeones; y al dicho Tomás de Cardona, el estado de su asiento, desgracias, gastos y desavíos recibidos. Todo lo cual consta por sus papeles, cédulas, certificaciones y testimonios presentados, sin que hasta el presente se le haya hecho ninguna merced.

Y habiendo llegado a estos reinos el año de 623, y dado cuenta de lo sucedido, así al dicho Marqués, como al dicho Tomás de Cardona, que ya era maestro de la Cámara de Vuestra Majestad en el ínterin que se tomaba alguna resolución, fue sirviendo a Vuestra Majestad asistiendo al dicho maestro de la Cámara, su tío, a la jornada del Andalucía: y el año de 626, a la de Aragón y Cataluña; y el año de 627, con el licenciado Gregorio López Madera, de vuestro Consejo; y al dicho maestro de la Cámara al reconocimiento de las minas y escoriales del Andalucía, y asistió al dicho maestro de la Cámara en el despidiente de su oficio, y se ocupó en escribir y disponer un libro de sus descubrimientos, así de la mar del Norte, como la del Sur, que dedicó y entregó al Conde Duque. Y el año pasado de 632, por orden de la Real Junta de Minas, fue a Estremadura a poner en tiro de labor las minas de azogue nuevas, que se habían descubierto en la villa de Usagre. En todo lo cual ha hecho muchos gastos considerables, sin habérsele hecho merced ninguna.

Y atento a que en la flota pasada que vino de la Nueva España, hubo avisos de algunas de las personas que acompañaron al dicho capitán Nicolás de Cardona en el dicho descubrimiento, de cómo habían entrado en el dicho reino de la California, por vía de rescate, y le dan cuenta de la riqueza de perlas, oro y plata, ámbar y otras drogas preciosas que tiene el dicho reino, y la facilidad que habrá de reducillos de paz, y poblar, que es lo mismo que el dicho capitán tiene dicho en este descubrimiento, por lo haber visto y considerado y penetrado todo muy de cerca en el tiempo que le hizo. Y porque en esta parte el virrey marqués de Cerralvo y oficiales reales y personas particulares, han dado cuenta a Vuestra Majestad, no lo hace el dicho capitán, remitiéndose al libro de sus descubrimientos, en que por menor da cuenta de la cualidad, bondad y riquezas del dicho reino, su temple, costa, puertos, ensenadas y todo lo necesario que ha visto y costeado; apuntando sólo por mayor lo conviniente a la inteligencia desta materia, con la larga experiencia que tiene del dicho reino y sus circunvecinos, por lo haber navegado por mar y tierra, y haberlo comprehendido con atención, para poder con certeza dar cuenta a Vuestra Majestad; y también por la que tiene de la ciencia marítima, que con particular cuidado y estudio ha deprendido en la experiencia de tantas y tan largas navegaciones, en que es singular, con el cual ha descubierto cosas importantísimas para ella, siendo su principal intento y interés, cono leal vasallo de Vuestra Majestad, de poner este rico reino debajo del vasallaje de Vuestra Majestad, y hacer un tan gran servicio a Dios Nuestro Señor, en que se reduzcan tantos millares de almas al gremio de nuestra sancta fe católica, y que reciban el agua del sancto baptismo, como lo espera en la misericordia de Dios, Nuestro Señor, y sancto celo de Vuestra Majestad, tomándose el expediente que pareciere más ajustado al buen acierto, sin dilatarlo más, por estar la materia dispuesta a conseguir el efecto que se pretende en servicio de ambas majestades, divina y humana.

Para lo cual es de advertir que el dicho reino de la California, empieza del cabo de San Lucas, que esta en veinte y tres grados y medio de altura, y va corriendo por el rumbo de norueste sueste por la parte de afuera del dicho cabo, hasta cuarenta y cuatro grados; y por la banda de dentro, que corre de nornorueste, susudueste hasta treinta y cuatro grados, que es la parte que el dicho capitán tiene reconocido, que conforme la cuenta matemática, son más de seiscientas leguas. Es isla, aunque algunos han querido afirmar ser Tierra Firme; mas la más cierta opinión es la dicha, como lo refiere el padre fray Antonio de la Ascensión, carmelita descalzo, cosmógrafo, que fue a la jornada que se hizo en tiempo del conde de Monterrey, por la parte de fuera de la dicha California, porque por la de dentro, no se sabe que otro la haya bojeado, sino el dicho capitán Nicolás de Cardona, hasta el dicho paraje de treinta y cuatro grados.

Por la banda de dentro estará como veinte leguas de la Tierra Firme de la Nueva Vizcaya y puerto de Sinaloa, que es el más cercano y cómodo para hacer las entradas.

La primera población que se debe hacer, ha de ser en el puerto de la Paz, que está en veinte y cinco grados de altura por la banda de adentro. Y este puerto, es el más a propósito y seguro de todos los que ha reconocido el dicho capitán, para poder poblar y hacer en él un fuerte a la lengua del agua, para tener segura la mar y los socorros, y dél empezar la pacificación de los naturales, por ser bahía de más de ocho leguas de entrada, con muchos placeles, con que no pueden entrar naos grandes, que es el seguro de la infestación que se pueda temer del enemigo holandés.

Tiene este puerto para fundar muchas comodidades de tierra llana, a propósito para sembrar y producir y criar ganado mayor y menor, con dos lagunas de sal, y agua y leña, y tiene muy cerca muy lindas islas, a propósito para todo lo necesario cuando se funda la población.

El temple de todo este reino es sanísimo, porque participa de poca y mucha altura, que concuerda con la de estos reinos, y viene a ser antípodas de ellos; bañado de vientos nortes y nordestes, y tiene cerca muchos cerros pelados, de minerales de plata y oro, que se han ensayado muchas veces, y muestran gran riqueza. Los árboles que produce la tierra, que llaman mezquites, crían goma olorosa como incienso; y en esta costa, en más de cien leguas, están reconocidos muchos placeles, que crían ostias de perlas, que porque los indios no las saben sacar, sino por fuego, las queman. Y las que se han visto y traído a estos reinos, son bajas; mas beneficiándolas a nuestro modo, son más perfectas y orientales que las de la Margarita y Panamá, y más redondas y mayores en gran cantidad. La cual experiencia ha hecho el dicho capitán de las que sacaron los buzos que llevó.

Los naturales es gente muy dócil, fácil de reducir de paz y a nuestra sancta fe: y esto se ha reconocido, porque de ordinario vienen a ver misa, donde se hincaban de rodillas y hacían las demás ceremonias que nos veían a los cristianos, y dello hacían grande admiración. Tienen muchas poblaciones la tierra adentro, y se gobiernan por rey y caciques; y todos reconocen vasallaje a una mujer, que ellos decían era muy alta, y la pagaban tributo de perlas, plata y oro y ámbar y otras drogas odoríficas que produce la tierra; y que destos tributos tenía un gran templo lleno, cuya riqueza no se sabe numerar; y así lo certificaban los indios de quien nos informamos, cuya lengua tiene casi los mismos acentos que la de la Nueva Vizcaya. Los hombres andan desnudos, y las mujeres de la cintura abajo traen unos ramales de algodón y pluma. Es gente corpulenta, membruda y baja; sus armas son arcos, flechas y dardos tostados. Son nobilísimos de condición, domésticos, y aficionados a los rescates de cosas de hierro y bujerías, y amigos de comunicación.

De hacerse esta población, surtirán muchos y grandes efetos de riquezas para los vasallos de Vuestra Majestad y de su real haber, y muy gran servicio a Dios Nuestro Señor, y en todo se irá aumentando noticias de lo importante de la tierra adentro, que no puede ser menos sino ser la tierra más rica de todas las Indias, de plata y oro, de que hay verdaderas tradiciones por los informes que los indios nos hacían, y por las muestras de la tierra y minerales, y cría de ostias de perlas. Y todos los aprovechamientos que a Vuestra Majestad tocaren de sus quintos y derechos, pueden venir a estos reinos todos los años en las flotas de la Nueva España.

Asimismo por este paraje se ha de descubrir el estrecho de Anian, que corresponde a la mar del Norte y costa de Terranova, que comúnmente llaman los Bacallaos, con que será más cierta la comunicación de la mar del Norte con la del Sur, que por el estrecho de Magallanes, porque se entiende que el mismo brazo de la California lo es.

Lo necesario y importante para poblar es lo siguiente: en el puerto de Sinaloa, que cae en la Nueva Vizcaya, ha de ser la escala principal para el dicho reino de la California, y de allí se ha de salir por no haber más que veinte leguas de travesía, que se suele hacer en veinte y cuatro horas, y pueden navegar barcos y fragatas de poco porte, y excusar navíos.

De principio se ha de entrar de paz y por vía de contrato y rescates con los naturales, atrayéndolos con afabilidad, amor, y hacerles buen tratamiento, regalándoles con dones de bujerías; y con eso y su beneplácito, fundar en el dicho puerto de la Paz una villa con su fuerte en defensa, para tener abrigo para lo que puede suceder, y ser señores de la mar, y irles poniendo freno poco a poco, y se irán continuando las demás poblaciones en las partes que el tiempo mostrare más a propósito.

Para lo cual, en el principio, será necesario hacer en el dicho puerto de Sinaloa cuatro o seis fragatas de poco porte, así para pasar la gente, como los materiales, ganado y provisiones de la Nueva Vizcaya, que es la parte más circunvecina y más a propósito que otra, y muy abastecida de trigo, maíz, carnes, maderas y gente; y a la fama de la riqueza, acudirán de toda la Nueva España mucha gente de la que está baldía, que no sirve sino de embarazo, y gente perdida, que desean ocasiones de hacerse ricos. Y dellos y de los que voluntariamente se quisieren alistar debajo de bandera, se ha de hacer la gente de paga necesaria para pasar a esta población para la primera entrada; y a éstos, y a los demás vecinos que se avecindaren, se les ha de hacer repartimiento de solares y tierras, conforme ordenanzas, y se han de nombrar por Vuestra Majestad o por la persona que fuere a esta población, oficiales reales, para que tengan cuenta y razón con la hacienda de Vuestra Majestad, así de los cuentos de las pesquerías de perlas, como para las minas e aprovechamientos dellas, como para todos los demás que tocaren a la Real Hacienda.

El dicho capitán Nicolás de Cardona representa a Vuestra Majestad que ha gastado los años referidos en este descubrimiento, y su patrimonio, y muchos millares de ducados de su tío Tomás de Cardona, conforme al asiento que él y los demás consortes hicieron con Vuestra Majestad. Así, que para conseguir este intento, poblar y reducir aquel reino al servicio de Vuestra Majestad, propone el dicho capitán Nicolás de Cardona, la facilidad que de presente hay para conseguillo, tanto por lo mucho que por su persona ha visto, penetrado y considerado de la costumbre y dulzura de condición de los naturales, como por la comodidad de la tierra, puertos de mar y sus riquezas, y por lo que nuevamente le avisan las personas que dejó en la Nueva España, que han entrado de paz a rescatar con los dichos naturales de la California, como porque asimismo el Virrey y oficiales reales, concuerdan en el hecho y facilidad de tan gran obra y de tanta consideración, al servicio de ambas majestades. Y para conseguirle, propone el dicho capitán a Vuestra Majestad dos medios para que se elija el más conveniente a vuestro real servicio, y ofrece su persona para lo continuar hasta ponerlo efectivamente poblado, quieto y pacífico, como leal vasallo, celoso de la honra de Dios y acrecentamientos desta católica monarquía.

Si Vuestra Majestad fuere servido de que se continúe el asiento hecho con el dicho Tomás de Cardona y con los demás partícipes que le ayudaren a ello, atento a tener gastado tantos años y caudal en esto, que mediante esto se consigue esta grandiosa obra, en pliego aparte se suplicarán a Vuestra Majestad la merced que les ha de hacer para lo continuar a su costa y poner debajo de la obediencia de Vuestra Majestad el dicho reino, hasta dar hecho dos poblaciones y puerto de paz.

Y si Vuestra Majestad fuere servido que por cuenta de su Real Hacienda se haga, también propondrá lo conveniente, para que sin mucha costa della se consiga.

Suplica a Vuestra Majestad, atento a la gravedad e importancia de lo dicho, se sirva que con toda brevedad se tome resolución en el caso, y se ofrece a dar los informes necesarios y satisfacer las dudas que se ofrecieren, por tener bien entendida la materia, en lo cual recibirá merced.»

Éste documento no está fechado, por investigaciones posteriores se le data en 1634.

Por ser entregado al Rey en el mismo año: «Descripciones de muchas tierras y mares del N., y S., de las Indias, en especial del descubrimiento del rio de la California» Dedicada á don Gaspar de Guzmán. Conde de Olivares y duque de Sanlucar; acompañado de dibujos de los puertos y ciudades.

En octubre siguiente vuelve a escribir al Rey una: «Peticion de Nicolás Cardona sobre exclusiva a proseguir las expediciones a California»

Y el 6 de noviembre seguido: «Memorial de Nicolas Cardona proponiendo condiciones para proseguir las expediciones a California»

El problema se encontraba en las distintas y distantes noticias que llegaban al Consejo de Indias, entre ellas no estaba aclarado si realmente California era un isla o formaba parte del continente, ante ello este grave problema el Rey decide escribir con fecha de agosto de 1628 a la Real Audiencia de Méjico para que se envíe a alguien para aclarar el problema, recibiendo la respuesta fechada el 20 de marzo de 1632 del virrey de Nueva España, marqués de Cerralbo, de enviar a Francisco de Ortega en una expedición para confirmar los datos, zarpó poco después a bordo de una fragata de setenta toneladas pasó por el cabo San Lucas, bahía de San Bernabé y puerto de la Paz, regresando a finales de junio a Sinaloa desde donde informaron al virrey, incluso le enviaron una gran perla pescada a pesar de no llevar la licencia para ello, mientras el Consejo de Indias seguía recibiendo demanda de permisos para pescar las perlas, pero estos estaban concedidos a Cardona.

Al enterarse expuso una reclamación, pues ya eran varias las licencias dadas a otros, por la confusión total en la que se movía todo aquello, al llegar el nuevo virrey marqués de Cadereyta de acuerdo con el Consejo de Indias y la Audiencia de Méjico, por escrito del 11 de noviembre de 1636 revocó todas las licencias concedidas.

A partir de aquí se le pierde la pista a Cardona, ignorando donde y cuando falleció.

Bibliografía:

Fernández de Navarrete, Martín.: Biblioteca Marítima Española. Obra póstuma. Imprenta de la Viuda de Calero. Madrid, 1851.

Portillo y Díez de Sollano, Álvaro del.: Descubrimientos y exploraciones en las costas de California, 1523-1650. CSIC. Publicaciones de la Escuela de Estudios Hispano-Americanos. Madrid, 1947.

VV. AA. Historia General de España y América. Ediciones Rialp. Madrid, 1985-1987. 19 tomos en 25 volúmenes.

Compilada – trascrita por Todoavante ©

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