Biografía de don José de Vargas y Ponce

Posted By on 4 septiembre, 2014

José de Vargas y Ponce. Cortesía del Museo Naval. Madrid.

José de Vargas y Ponce. Cortesía del Museo Naval. Madrid.

Capitán de fragata de la Real Armada Española.

Director de la Real Academia de la Historia.

Escritor.

Vino al mundo en la ciudad de Cádiz el 10 de junio de 1760, siendo sus padres don Tomas de Vargas y de Alarcos, y de doña Josefa Ponce Seep.

Sentó plaza de guardiamarina en la Compañía del Departamento de Cádiz, el 4 de agosto de 1782. Llamando la atención su avanzada edad de ingreso, pues lo hace con algo más de veintidós años. Expediente N.º 1.706.

Por ello al entrar en la Compañía ya estaba perfectamente instruido, llegando incluso a estarlo en la matemáticas superiores, por ello pasó el examen con facilidad, en lo que se llamaba de ‹Cuatro salas› Pues aparte de estas materias propias de la Armada, llegó con un alto grado de conocimiento en las humanidades y en idiomas como el latín, francés, inglés y el antiguo lemosín.

Por todo ello se le eligió para formar parte de la guardia de honor del conde de Artois, quién después sería el rey Carlos X de Francia, quien estuvo presente en el bloqueo de Gibraltar.

Participó en el ataque efectuado el 13 de septiembre por las famosas y desafortunadas baterías flotantes inventadas por ingeniero francés D’Arçon, en la nombrada Tallapiedra, por ir también el inventor de ellas para comprobar in situ, el buen funcionamiento de su invento.

Pero al fallar el sistema de humedecer la madera, fueron todas pasto de la llamas por efecto de las famosas «balas rojas» disparadas por los británicos, por ello a duras penas fue uno de los pocos que se pudo salvar del fuego y su posterior explosión siendo herido por ella.

Después de curar su herida se le ordenó embarcar en el navío San Fernando, perteneciente a la escuadra combinada al mando del general don Luis de Córdova, participando en el combate del 20 de octubre, sobre el Cabo de Espartel contra la escuadra británica del almirante lord Howe.

Mientras esto sucedía, en la Real Academia Española se deshacían en elogios hacia su persona, por el erudito trabajo realizado en su obra «Elogio de D. Alfonso el Sabio», que había presentado con anterioridad, por ello llamó mucho la atención que un simple guardiamarina, poseyera tanta elegancia en su escritura, lo que le abrió las puertas de la Academia, por el aprecio y las atenciones que le dedicaron todos sus miembros.

Fue ascendido al grado de alférez de fragata, al ser firmada la paz en Versalles el 20 de enero de 1783 se le destinó al Observatorio Astronómico de San Fernando, de donde partió embarcado en una de las fragatas que al mando de don Vicente Tofiño, quién había recibido el beneplácito, para realizar las cartas hidrográficas de todas las costas del Mediterráneo, más las de nuestras plazas norteafricanas.

Al terminar esta comisión, el propio Tofiño lo dejó encargado del cuidado de la impresión del «Atlas marítimo», para ello realizó los dibujos, grabados y estampado, de todo él y la supervisión de las descripciones evitando posible errores, por ser muy graves sus consecuencias si se producían.

Por sus meritos con fecha del 17 de febrero de 1786, fue admitido en la Real Academia de la Historia, de la que pasado un tiempo se le nombró su Director, siendo además de los pocos reelegido en el cargo.

Con fecha del 6 de diciembre de 1789, fue así mismo elegido para formar parte de la Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando.

Al sobrevenir la guerra contra los franceses en 1793, se le ordenó dirigirse al Departamento de Cartagena, donde embarcó en el navío San Fulgencio, al mando de don Antonio de Escaño quedando incorporado a la escuadra del mando del general don Juan de Lángara.

Con esta escuadra participó en cuantas acciones tuvieron lugar en esta campaña, como el desembarco en Tolón y posterior reembarco. Realizando posteriormente unas comisiones en Génova y Cerdeña.

En esta aproximación a la península itálica, fue llamado por el embajador español señor Azara, para que pasase a la ciudad de Roma, donde lo presentó ante la curia eclesiástica y a todo el cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede.

Al necesitar una gran carena su buque, se le puso en seco en el Arsenal de Cartagena y después se termino de reparar su arboladura en el Arsenal de Cádiz, por ello quedó desembarcado aprovechando la licencia para ir visitando lugares, en las ciudades primero de Murcia y la propia Cartagena, en la que encontró varias lápidas e inscripciones romanas, una vez reconocidas las donó al Ayuntamiento de la ciudad y el consistorio agradecido las fue colocando en el propio edificio de la corporación, como muestra de su antigüedad y esplendor.

Así mismo aprovechó estar cerca de Sevilla para visitar sus archivos, lo que le proporcionó grandes conocimientos y curiosidades, sobre las ciudades citadas, traduciéndose después en sendas historias de ellas escritas por él.

Siendo ministro de Gracia y Justicia don Melchor Gaspar de Jovellanos, en 1797 le nombró individuo de la Junta de Instrucción Pública, la cual debía de realizar un estudio, sobre las enseñanzas que debían impartirse a los futuros pajes de Su Majestad, para su mejor desarrollo en tan alto lugar de estancia.

Pero sin saber razones en el mismo año se recibió una prevención por la que fueron extrañados de Madrid, todo al parecer porque un tiempo antes había formado parte como secretario de un Junta que se formó por orden del Consejo de Castilla, la cual desarrolló: «Plan de gobierno y estudios para los seminarios de educación de la nobleza y gentes acomodadas en las capitales de las provincias.», siendo impreso en 1790, pero sufrió el desamparo, por la oposición hacía estas normas de muchos de los afectados, a pesar de los esfuerzos realizados en su favor por el conde de Campomanes.

Pero gracias a los amigos que tenía con gran influencia, consiguió ser destinado a la isla de Menorca, encontrándose aquí y sin mucho trabajo se dedicó a recorrer la isla buscando documentación de la ciudad y pueblos, consiguiendo reunir una importante colección de documentos históricos de la zona.

A mediados de 1800 el Gobierno consideró enviarlo a San Sebastián, de camino a esta ciudad pasó por Zaragoza y se acercó a Barbuñales, donde por los típicos forcejeos de la diplomacia y la Corte, se encontraba desterrado el anterior embajador español ante la Santa Sede señor Azara, al ser de conocimiento de don José de Vargas Ponce, éste quiso agradecerle lo que había hecho por él en la anterior ocasión en la ciudad de Roma y con esta visita demostrarle su reconocimiento personal.

Al alcanzar por fin su destino, se dedicó a la investigación de cuantos archivos se encontraban en la ciudad y poblaciones principales, consiguiendo escribir un estado sobre la población, agricultura, industria y comercio, a lo largo del siglo XVIII, realizando con ello una «Memoria»

Fue tal la recopilación de documentos, copiados, examinados y revisados que llegó a deducir sobre la procedencia de los pobladores, sus fueros, antigüedades y otros muchos objetos que quedaron recogidos como parte de la colección de sus apellidos.

Al concluir la comisión regresó a Madrid, se encontraba en ella cuando en 1804, se agitó de nuevo el problema de jurisdicciones de provincias, suscitándose sobre todo en la ciudad de San Sebastián, si el puerto de Pasajes, debía de ser incluido en esta provincia o no.

Por sus anteriores conocimientos adquiridos, se había convertido en persona de alto valor para resolver este tipo de cuestiones, le fue encomendada la comisión sobre la realización de un informe, para que el Rey pudiera tomar una decisión, no siendo otras que la reclamación de Navarra, sobre si el puerto de Fuenterrabía debía pasar a pertenecer a su provincia, de ellos realizó el consiguiente informe siendo elevado a S. M., quién dirimió la cuestión.

Como no perdía ocasión en ampliar sus conocimientos a su paso por la ciudad de Pamplona, paso a entrevistarse con el virrey de Navarra, para llegar a un acuerdo sobre lo anteriormente mencionado, pues visitó el antiguo archivo de la cámara de Comptos, de la que una vez más extrajo copias y apuntes, de los que posteriormente dio cumplida explicación en la Real Academia de la Historia.

En 1807 se terminaba su mandato como Director de la Academia de la Historia, pues era de tres años, por ello promovió algunas empresas de gran utilidad para ella, hizo redacciones que fueron leídas a cerca de sus viajes por la península y como colofón a ello, regalo una colección de monedas antiguas que había ido reuniendo.

Al sobrevenir la invasión napoleónica, se propuso componer las biografías de ilustres marinos, más otras obras, pudiéndolas completar no sin antes pasearse por los archivos parroquiales de diversas iglesias y visitando la Biblioteca Real, a la que además se había trasladado los archivos de El Escorial y de Monserrart, con ello pudo recoger suficiente información para componerlas.

En el mes de octubre los invasores abandonaron Madrid, por ello libres de la opresión de aquellos, se puso a trabajar para realizar la tirada de un nuevo «Diario Militar», para transmitir a la opinión pública el entusiasmo y el heroísmo derrochado por éstos, basándose en los hechos de antiguos militares españoles, pero al poco de estar la publicación en la calle, regresaron de nuevo los ejércitos franceses.

Esto le obligó a abandonar la capital a escondidas y procurar llegar a zona libre, planificó y realizó el trayecto dirigiéndose primero a la ciudad de Ávila, de esta a Salamanca y por Extremadura, sorteando a las patrullas enemigas consiguió llegar a la ciudad de Cádiz.

Al llegar a esta capital la Regencia lo empleó en una Junta de Instrucción Pública, pasando después al celebrarse las elecciones a Cortes del año 1813 y salir elegido, como diputado suplente por la jurisdicción de Madrid, al poco tiempo por fallecimiento de quien lo ostentaba en propiedad, fue designado.

Regresó el Rey don Fernando VII al ser expulsado del territorio peninsular los ejércitos napoleónicos, lo hizo sobre la ciudad de Valencia, donde dicto el Real decreto con fecha del 4 de mayo de 1814, siendo abolida y declarada nula la Constitución, dando la orden de poner en prisión a todos los que en esos momentos y antes había usurpado su poder, por ello el general Eguía detuvo en Madrid, donde se encontraba la Regencia y las Cortes, por haber viajado todos desde Cádiz a la capital al saber la puesta en libertad de S. M., de ahí solo se libraron los que pudieron escapar de la persecución, por haber sido Diputado a Cortes se le confinó primero en Cádiz y posteriormente en la ciudad de Sevilla.

Pero sus inquietudes le llevaron a una laboriosa investigación, pues se le autorizó a poder entrar en el Archivo de Indias de esta ciudad, donde procuró recoger la máxima información sobre algunos de los descubridores y conquistadores de aquellas tierras, por ello pudo componer las biografías de Colón, Hernán Cortés, Vasco Núñez de Balboa y Alonso de Ercilla, más el «Análisis ó comentario de su Araucana», siendo presentado en la Academia Española.

Por esta época y casi al mismo tiempo, compuso un «Discurso sobre educación», del cual obtuvo el premio por la Sociedad Sevillana, pero las ideas preconizadas en su escrito, estaba en oposición al sistema implantado a la llegada del Rey, impidiendo por esta razón pudieran ver la luz de la imprenta.

Fue admitido en la Sociedad de Cádiz, donde también se le otorgó el premio por un «Discurso» que retrataba los servicios de esta ciudad entre los años de 1808 á 1816, este sí vió la luz en 1818.

Por el levantamiento de Riego en Cabezas de San Juan el 1 de enero de 1820, dio lugar a la implantación de la Constitución, obligando por ello al Rey a jurarla el 7 de marzo siguiente, por ello regresó a Madrid y volvió a ocupar su puesto en las Cortes, al ser elegido por la jurisdicción de la capital.

Pero por desgracia estuvo poco tiempo, pues le sobrevino la muerte en la noche del 6 de febrero de 1821, a la edad de sesenta años y ocho meses; un final algo anticipado para uno de los mejores escritores de Historia Naval de España.

Entre sus obras, mencionadas por Cambiaso, siendo su número de sesenta y cuatro, sobre la Historia Naval se pueden mencionar las siguientes:

«Derrotero del océano» y «Descripción de las islas Pithiusas y Baleares.» Madrid, 1787, en 4º mayor.

«Relación del último viaje al estrecho de Magallanes de la fragata de S. M. Santa María de la Cabeza en los años de 1785 y 1786, al mando del capitán de navío D. Antonio de Córdoba. Extracto de todos los anteriores desde su descubrimiento, impresos y manuscritos. Y noticia de los habitantes, suelo y clima y producciones del estrecho. Trabajada de orden del Rey.»  Madrid, MDCCLXXXVIII, en 4º mayor.

Completándose con «Apéndice á la relación del viaje al Magallanes de la fragata de guerra Santa María de la Cabeza, que contiene el de los paquebotes Santa Casilda y Santa Eulalia para completar el reconocimiento del estrecho en los años de 1778 y 1789. Al mando del capitán de navío D. Antonio de Córdoba. Trabajado de orden superior.» Madrid, MDCCLXXXXIII. (No hay error en la (X) al menos por nuestra parte)

«Importancia de la Historia de la marina española, precisión de que se confíe á un marino, y plan y miras con que de orden superior la emprende D. J. de V. — Discurso presentado al Almirante —» Madrid en la imprenta Real, año 1807, en 4º.

«Varones ilustres de la marina española. Vida de don Pedro Niño, primer conde de Buelma, sacada de autores coetáneos y documentos inéditos.» Madrid, Imprenta Real. 1807, en 8º.

«Vida de Don Juan José Navarro.» Madrid. Imprenta Real. 1808, en 8º.

«Dictamen sobre almirantazgo.» Impreso en 1820.

«Disertación histórica sobre el río Vidasoa con su plano.» Probando que perteneció siempre a España: trabajo de orden del Ministro de Estado, con licencia para imprimir, un tomo en 4º, 1783. Pero sin publicar.

«Informe histórico-político de cuanto contiene el puerto de Pasajes, y sus incidencias desde el siglo XIII, de orden del Rey.» Un tomo en folio presentado al Ministro de Marina, 1783. Sin publicar.

«Historia general de la marina, que contiene su origen en todos los pueblos del mundo, sus progresos, su estado actual, y las expediciones marítimas antiguas y modernas.» Traducción del francés, tres tomos en folio menor.

«Varones ilustres de la marina española. Vidas del conde Pedro Navarro y D. Hugo de Moncada.»; «Elogio del teniente general D. Antonio de Escaño.» y «Historia de la marina española» Primer tomo.

«Disertación histórico-legal que prueba el legítimo y no alienado derecho de España á la posesión y pesquerías de Terranova.»

«Vida de Juan Sebastián de Elcano.» y «Vidas de los tres Generales Oquendos.»

«Descripción é historia de Cartagena y de su departamento de marina.»

«Elogio de D. Vicente Tofiño.» Mandado imprimir por la Academia de la Historia.

«Elogio de Marinero Sículo.»; «Plan para los colegios de San Telmo.» Escritos en 1804.

Y su obra postrera: «Vida de Ercilla.» Más la última que redactó y terminó poco antes de fallecer: «Elogio histórico de Ambrosio de Morales»

«Diccionario náutico» Como ya queda dicho, es esta magna obra tuvo una participación muy activa, pues logró reunir catorce mil voces puramente técnicas del lenguaje marinero. Cada letra estaba en un tomo, con la amplitud que esta requería, pero no estaba definidas todas ellas, por ello llegado el informe de este gran trabajo a manos de don Antonio Valdés, a la sazón ministro de Marina y valorando el gran empeño realizado, más la importancia de su enseñanza de poseer un vocabulario facultativo, ordenó fueran enviadas copias a los subinspectores de los Arsenales, para que estos corrigiesen o añadiesen todo aquello que fuera útil para su perfeccionamiento.

Lo que motivó que el Diccionario obtuviera muchas mejoras, pero como casi todas las grandes obras en materias muy concretas, no se le prestó después el debido interés, por ello quedó inédito, a falta solo de serle dado el visto bueno, quedando como un boceto en espera de que con posterioridad se pudiera realizar su impresión. Al parecer esa posteridad no ha llegado, habrá que seguir esperando.

Bibliografía:

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1958. Compilada por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Enciclopedia Universal Ilustrada. Espasa. Tomo 67, 1929, páginas 17 á 19.

Fernández de Navarrete, Martín. Biblioteca Marítima Española. Obra póstuma. Madrid. Imprenta de la viuda de Calero. 1851.

González de Canales, Fernando. Catálogo de Pinturas del Museo Naval. Tomo II y III. Ministerio de Defensa. Madrid, 2000.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

Válgoma y Finestrat, Dalmiro de la. Barón de Válgoma.: Real Compañía de Guardia Marinas y Colegio Naval. Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1944 a 1956. 7 Tomos.

Compilada por Todoavante ©

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