Biografía de don Manuel María Montes de Oca y García de la Torre

Posted By on 20 octubre, 2014

Manuel María Montes de Oca y García de la Torre

Manuel María Montes de Oca y García de la Torre

Teniente de navío de la Real Armada Española.

Ministro de Marina.

Vino al mundo en el domicilio paterno de la calle de San Agustín, nº 12, de Medinasidonia (Cádiz) en el mes de diciembre de 1804, siendo sus padres don Francisco Montes de Oca y Villacreces y doña María Josefa García de la Torre y Alzugaray.

Sentó plaza de guardiamarina en la Compañía del Departamento de Cádiz el 26 de febrero de 1821. Expediente N.º 2.419.

En 1822 embarcó en la fragata Sabina, navegando entre los cabos de San Vicente y Santa María en comision de protección del tráfico mercante, pero al poco tiempo por enfermedad desembarcó.

A principios de 1823 se presentó en el Departamento, siéndole ordenado embarcar en la corbeta Diamante, zarpando con destino al Ferrol para recoger allí al General Francisco Dionisio Vives, quien había sido nombrado Capitán General de la Isla de Cuba, zarpó el 15 de marzo siguiente, realizando escalas en las isla Canarias, San Juan de Puerto Rico y la Habana.

A su llegada se le ordenó trasbordar a la corbeta María Isabel, zarpando con destino a San Juan de Ulúa, en Veracruz, durante la travesía el 24 de diciembre se desató un duro temporal, era necesario aferrar la gavia, pero la dotación asustada se negaba, siendo Montes quien saltó a la jarcia y al verlo le siguieron otros compañeros, no sin grave riesgo de sus vidas lo consiguieron salvando al buque y su tripulación. Por este hecho recomendado por sus jefes por Real orden del 17 de noviembre de 1827 se le concedió la Cruz de la Marina de Diadema Real. Aun así el mal estado general de la división obligó a su comandante el capitán de navío don Ángel Laborde a regresar a la Habana.

A su llegada y puesto el hecho en conocimiento del Gobernador de la isla el general don Miguel Gastón lo habilitó de oficial, trasbordando a la corbeta Zafiro, con este buque continuaron las misiones frente al castillo de San Juan de Ulúa, hasta que su gobernador el brigadier José Coppinger, se vio obligado a capitular el 18 de noviembre de 1825, consiguiendo transportar a la Habana al resto de la guarnición.

En la corbeta Zafiro, prosiguió sus cruceros por aquellas aguas al estar infestadas de corsarios de los nacientes países, en una noche desafortunada en el Canal de Bahamas, se abordaron con la fragata mercante El Gran Turco, quedando desarbolada del palo de trinquete e inutilizado el bauprés, al amanecer, comprobaron la extensión de las averías, tras lo cual y después de celebrar una consejo de guerra de oficiales, se tomó la decisión de abandonar el convoy y arribar a San Juan de Puerto Rico.

Montes de Oca fue uno de los oficiales que combatió esta medida, se comprometió ante el comandante del buque a reparar las averías, cuando se encontraba montando bandolas en medio del trabajo apareció el buque corsario colombiano General Soublet, quien intentó capturar a los mercantes que pudiera pues no tenía enemigo, pero se iba recuperando velocidad, esto le permitió ir acudiendo en auxilio de los buques más necesitados, tanto fue el esfuerzo y el buen hacer que a pesar de ser de muy superior fuerza, el corsario se vió obligado a abandonar las aguas sin lograr ninguna captura, el combate en sí duro casi siete días, consiguiendo atravesar el Estrecho y dejar a salvo al convoy en Cartagena, de donde regresó a la bahía de Cádiz.

A su arribada desembarcó, siendo destinado a otros buques para proseguir con diferentes cruceros, sobre todo entre los cabos de Santa María y San Vicente, pidiendo y siéndole concedida licencia para pasar a su casa a recuperarse a mediados de 1826, tiempo aprovechado para perfeccionar sus estudios literarios a los que era muy aficionado.

Ya recuperado se incorporó el 13 de febrero, embarcó en la corbeta Forastera, desembarcando por ser destinada al desguace el 25 de mayo de 1827, pasando destinado al Arsenal de La Carraca, por esta época fue ascendido al grado de alférez de navío.

El 1 de septiembre embarcó de nuevo hasta el 15 de noviembre y el 22 de diciembre vuelve a trasbordar a la fragata Perla, desembarcando por pasar a desarme el 14 de marzo de 1828, embarcando por orden superior el 1 de abril en la Restauración.

El 18 de mayo volvió a ser destinado al Arsenal de La Carraca y allí continuó hasta el 30 de enero de 1829, siendo en esta fecha destinado al bergantín Manzanares, desembarcando el 19 de abril siguiente.

En 1829 puso de manifiesto sus grandes dotes oratorias, al encallar un bergantín pirata en las playas de Cádiz y ser capturada toda su dotación, fue nombrado defensor en el juicio de la tripulación de éste buque, siendo tan brillante su defensa que varias páginas de ella fueron publicadas en los diarios de todo el país.

Después de un breve destino en el bergantín Realista, en el que realizó un viaje a Mallorca para transportar al brigadier don Baldomero Espartero a tomar el mando del regimiento de Soria, nació una gran amistas entre ambos, a su regreso, el 28 de febrero de 1830 se le dio licencia para recuperarse de su enfermedad pasando a su casa en Medinasidonia, prolongándose por espacio de siete meses, hasta el 27 de septiembre siguiente.

Publicó trozos de poesías, tradujo las églogas primera y cuarta de Virgilio, escribió una oda llena de ternura y sencillez a su amigo y protector el cura párroco de Medina don Manuel Moreno, y escribió una sátira compuesta en tercetos contra la manía de las óperas, publicándola en Mallorca.

Fue ascendido al grado de teniente de navío, al presentarse se le nombró Ayudante personal del capitán general del Departamento don José de Quevedo, la grave enfermedad del Rey y el tema de la sucesión vaticinaban una nueva época de conflictos internos.

Continuando en su destino anterior, por la gran influencia del general don Cayetano Valdés y su recomendación, fue elegido procurador en las Cortes por la circunscripción de la provincia de Cádiz, por ello abandonó la carrera militar para dedicarse de lleno a la política.

En este terreno se movía como pez en el agua, pues su oratoria abrumaba por su elocuencia y sentido común, por ello recibió grandes elogios del Conde de Toreno.

Decidió afiliarse al partido moderado, en contra de los carlistas y a los partidarios de la defensa de la Constitución de 1812, por considerar la mejor solución para España pasaba por defender el trono de doña Isabel II, en sus argumentaciones fue defendido por el adalid de la política del momento el Conde de Toreno.

Todo esto le llevó a ser nombrado para una segunda legislatura, al ser elegido fue nombrado Secretario del Estamento de Procuradores participando en la reestructuración que Mendizábal, muy bien aconsejado por Valdés, pretendía realizar en la Marina.

Fue suprimida la Junta Superior de Gobierno de la Armada y la Dirección General, y se potenció la Secretaría del Despacho de Marina como centro de todos los asuntos relativos a la Armada, como era necesario para evitar una cabeza bicéfala, por convertirla en lenta e insegura.

Dentro de la Secretaría de Despacho se crearon cuatro secciones con otros tantos Jefes de sección; uno de ellos fue Montes de Oca; reunidos los cuatro Jefes de sección en junta diaria, presidida por el Ministro, y en su ausencia, por el subsecretario, formaban lo que se llamó entonces «Consejo de Marina», pero Mendizábal cometió el error de nombrar a personas no cualificadas, provocando desde el principio un mal funcionamiento.

Se presentó a las siguientes elecciones, pero no fue elegido, por ello pasó como jefe de sección al Ministerio de Marina.

Prestó su apoyo al gobierno de Galiano e Istúriz, saliendo nuevamente elegido diputado pero Montes de Oca no compartía todas las opiniones de sus anteriores enemigos políticos, no obstante sus bien razonados y elocuentes discursos, le llevó a ser considerado por Istúriz su mejor colaborador, pues todo lo aprobado siempre tenía una larga duración, llegando a entablar una gran amistad entre ambos, basada sobre todo en la franqueza de carácter.

Al estallar el motín de la Granja, llevado a cabo por los sargentos Gómez y García, autores del rocambolesco golpe de estado, obligaron a doña María Cristina de Borbón a ceder en sus dos principales pretensiones: la proclamación de la Constitución de 1812 y la bajada del precio del tabaco.

Tras el golpe cambió también el gobierno de la Marina, restableciéndose el existente en 1823, por esta razón fue separado de la Secretaría de Marina y se le ordenó salir para el Departamento de Cádiz, donde volvió a sus estudios, estando en ellos conoció y entabló amistad con los escritores Lista y Reinoso.

En 1837 en unas nuevas elecciones, salió elegido por su partido el moderado como diputado a Cortes, además había conseguido la mayoría en la cámara, regresando a Madrid para ocupar su sillón en el Congreso, de estas Cortes nació la Constitución de 1837: «moderada en el fondo, progresista en la forma» y en su conjunto, simplemente liberal.

Se le ofreció y aceptó el 16 de noviembre de 1839 la cartera del Ministerio de Marina, de Comercio y Gobernación de Ultramar, en el gobierno presidido por Pérez Castro, tomando parte en todos los debates parlamentarios, donde se puso de manifiesto de nuevo su extraordinaria oratoria.

Este gabinete solicitó de la Reina Regente la disolución de las Cortes y la nueva convocatoria que daría como resultados unas Cortes de mayoría moderada, al ser celebradas fueron inauguradas por doña María Cristina el 18 de febrero de 1840. Por primera vez la Reina no consultó con el duque de la Victoria, demostrando que el Gobierno actuaba por propia voluntad y no guiado por el Jefe del Ejército.

Por un comunicado del brigadier Lianje, secretario particular del Duque, una gran muchedumbre se agolpó en la puerta de las Cortes, pidiendo la disolución de éstas, Montes de Oca se hizo cargo de la situación, saliendo a hablar al pueblo con una pequeña escolta de agentes del órden público, con sus razonamientos los contuvo hasta la llegada de las fuerzas del ejército.

El general Espartero, pidió al Gobierno el ascenso a mariscal de campo de Linaje, a ello  se opuso Montes de Oca, esto provocó un nuevo enfrentamiento obligando a convocar una reunión de urgencia del gabinete presidio por la Reina Gobernadora, Montes de Oca en pocas palabras expresó el erro de mantener en tan poderoso lugar al Duque una persona que solo defendía otras cuestiones, y si se consentía el ascenso demandado seria una muestra de fragilidad del Gobierno, terminando con estas palabras: «Acceder á las ambiciosas exigencias del Duque de la Victoria, valdría tanto como arrancar la corona de las augustas sienes de la Reina para ponerla en la cabeza de Espartero: mi deber es advertir á S. M. el precipicio en que se quiere hundir á la Monarquía, y antes que autorizar tal despojo, ni autorizarlo con mi presencia, dejaré un puesto que no pudiera conservar sin el sacrifico de mi honor.»

Pero ni la Reina pudo evitar fuera complacido el deseo del Duque, por ello los ministros de Marina, Guerra y Gobernación dimitieron, Montes de Oca se retiró a su escaño dando por hecho los grandes nubarrones que se cernían sobre la monarquía española, sobre todo se lo confirmó la Salida de SS. MM. en viaje a Barcelona.

En el verano de 1840 viajó la Reina Regente a Cataluña y estalló un motín en Barcelona inspirado claramente por Espartero, como consecuencia la Reina Regente salió en dirección a Valencia, donde el 12 de octubre firmó su renuncia, embarcando en el Grao de Valencia en el vapor Mercurio el 17 siguiente, siendo transportada a Marsella.

Fue nombrado Regente de España el Excmo. Señor don Baldomero Fernández-Espartero Álvarez del Toro; Grande España, Toisón de Oro, Laureado de San Fernando, duque de la Victoria, duque de Morella, conde de Luchana, vizconde de Banderas y General del Ejército.

La Reina Regente con un grupo de seguidores se exilió en París, donde contó con el apoyo del Rey de Francia, Luis Felipe, donde se formó un gobierno provisional en el exilio, estando compuesto por don Francisco Javier de Istúriz, el conde de Belascoain y don Manuel Montes de Oca.

Desde esta capital se planificaron una serie de golpes contra el general Espartero que no habrían de tardar en producirse, siendo el  primero de ellos en octubre de 1841, fue una de las más típicas estampas del romanticismo político español, dando el primer paso el general O’Donnell en la ciudad de Pamplona.

El conde de Belascoain y el general don Manuel de la Concha, fueron los segundos en Madrid, donde fracasó siendo fusilado el Conde.

Montes de Oca acompañado por el general Piquero, estaba al frente del golpe revolucionario en las provincias vascongadas, para ello se traslado a Vitoria, logrando formar una Junta revolucionaria que lanzó proclamas y en ellas se ponía precio a algunas cabezas de los enemigos, el general al mando de las tropas del Regente, contestó poniendo a su vez precio a la cabeza de Montes de Oca ofreciendo 10.000 duros.

Se le comunicó el fracaso de Madrid y la salida de O’Donnell a Francia, decidiendo abandonar Vitoria acompañado por el marqués de la Alameda y Giorroga y Egaña con un grupo de miñones que les daban escolta, caminaban en dirección a Vergara, al llegar a Mondragón dieron permiso a los miñones para que les dejaran, a ello se negaron continuando con ellos, ya de noche llegaron a Vergara y cada cual se alojó en un lugar distinto.

Sobre el amanecer un grupo de bandidos actuando por la recompensa, aparecieron en la población, los miñones gritaron ¡Zurbano! ¡Zurbano! al oírlo todos salieron corriendo en distintas direcciones, menos Montes de Oca por no despertarse a pesar del gran ruido producido, dado que los demás no tenían precio ni se molestaron en perseguirles, subieron dos de ellos a la habitación abrieron la puerta y zarandeándolo le despertaron, se vistió y salieron.

Regresaron a Vitoria por sendas y caminos inhóspitos, después de diecisiete leguas de caminar llegaron sobre las nueve de la noche, fue avisado el general Aleson y los condujeron a las Casas Capitulares, donde se presentó el Jefe político, quien dio la orden de trasladarlo de lugar por no ser seguro, pero el capitán general se negó.

Fue obligado a declarar siendo indagado por un jefe militar, entre otras cosas contestó: «Me llamo Manuel Montes de Oca, he sido oficial y luego Ministro de Marina, mis principios políticos son la Reina Doña Isabel II, las leyes fundamentales del país y la Regencia de Doña María Cristina de Borbón, puesto que jamás he aceptado como válida la llamada única del Duque de la Victoria.» Se le presentaron las proclamas y documentos de su breve administración en las provincias, reconociendo su firma, añadiendo: «No soy rebelde ni traidor; estos son lo que cargados de beneficios por una Reina, la han colmado de ultrajes y arrancado su autoridad; mientras yo, para devolverle su poder legítimo, he usado de los mismos medios que había empleado el duque de la Victoria para despojarla.» Se le preguntó si tenía cómplices, les dijo: «Todos los corazones leales eran sus cómplices de su nobel intento, soy un miembro de un gobierno provisional que no ha llegado a constituirse y mi honor de caballero me impide revelar nombre alguno.»

Se le dio de cenar, pues llevaba todo el día sin pegar bocado, siendo acompañado a un camastro donde se entregó al sueño sin ningún temor. A las siete de la mañana le despertó el jefe comisionado a tal efecto, anunciándole que iba a ser puesto en capilla para ser fusilado a la una.

Se dedicó durante la mañana al aseo personal, dictó testamento y encomendó su alma con un sacerdote que acompañó al general Aleson, pidió poder ordenar el fuego, el general no vio objeción alguna, pero el sacerdote se lo impidió por considerarlo un suicidio, se alargó la controversia, pero Montes de Oca decidió darle la razón, no obstante pidió al general poder dirigirse a los soldados, para indicarles que, no era falta de valor no dar la orden, sino por otros considerandos, a lo que el general asintió. Siempre a favor y siempre encontrándose, la religión y el honor militar.

Sonó el redoble de tambor y salieron al lugar predestinado, puesto en su punto enfrente de la tropa, se le volvió a acercar el sacerdote dándoles los últimos consuelos, poco antes con sus manos en los bolsillos del gabán, gritó: «¡Viva Isabel II! ¡Viva la Reina Gobernadora!» No habían terminado de salir de su boca las últimas letras cuando sonó la primera descarga, por su efecto tres proyectiles le atravesaron el vientre, pero no cayó, sonó una segunda descarga, esta vez otros tres impactaron en su pecho, se balanceó y cayó, un último disparo en la sien acabó con su vida, era el 20 de octubre de 1841, cuando contaba con treinta y seis años de edad.

Tras la caída del Regente por la armas, obligado a salir de Madrid por postas para llegar a la bahía de Cádiz, donde embarcó en el vapor de bandera británica Malabar saliendo así de España con rumbo al Reino Unido, por ello cesó todo el Gobierno el 23 de julio de 1843, al día siguiente tomó la Reina “niña” doña Isabel II los poderes, siendo al poco tiempo cuando por Real decreto se ordena la exhumación en Vitoria, de los restos mortales de Montes de Oca y su traslado a Madrid con escolta, recibiendo cristiana sepultura en el cementerio de la Sacramental de San Isidro del Campo.

Bibliografía:

Bordejé y Morencos, F. Fernando de.: Crónica de la Marina Española en el siglo XIX, 1800-1868 (Tomo I) Editorial Naval. Madrid, 1993.

Bordejé y Morencos, F. Fernando de.: Crónica de la Marina Española en el siglo XIX, 1868-1898 (Tomo II) Editorial Naval. Madrid, 1995.

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1957. por el contralmirante don Carlos Martínez-Valverde y Martínez.

Guardia, Ricardo de la.: Notas para un Cronicón de la Marina Militar de España. Anales de trece siglos de historia de la marina. El Correo Gallego. 1914.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

Revista, Puerta del Sol nº 9. Juan Luis Barroso Mendoza.

Válgoma y Finestrat, Dalmiro de la. Barón de Válgoma.: Real Compañía de Guardia Marinas y Colegio Naval. Catálogo de pruebas de Caballeros aspirantes. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1944 a 1956. 7 Tomos.

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