Biografía de don Eduardo Bryant

Posted By on 30 mayo, 2015

 

Capitán de fragata de la Real Armada Española.

Ingeniero.

Era director de uno de los principales astilleros del Támesis, fue uno de los visitados por don Jorge Juan a quien convenció para trasladarse a España a proseguir con su trabajo, después de largas conversaciones se produjo su llegada al arsenal de Cartagena el 20 de julio de 1752.

Para poder venir S. M., debía de autorizarlo por el problema de no ser católico, a esto él a su vez añadió sus condiciones, figurando entre otras: «Cobrar 300 libras esterlinas por año (el doble que un español)… del dinero adelantado por don Jorge Juan se le restarían 5 libras mensuales hasta pagar la totalidad…el Rey de España debía pagar el viaje de su familia hasta el mismo astillero…de su sueldo se debía pagar 50 libras a su hermano Guillermo que se quedaba en el Reino Unido, uniendo a ello las posibles cantidades de ayuda a su familia.»

Al fin consintió admitir la religión de España facilitando mucho con ello poder aceptar las condiciones que demandaba, fue destinado al departamento de Cartagena, recibiendo la Real orden del 5 de julio de 1752 nombrándole constructor de navíos de la Real Armada en el mismo departamento, siéndole encomendado dar principio a la construcción de ellos, fue el primero el Septentrión, al pasar las pruebas y comprobar su buena navegabilidad y obediencia por Real orden del 6 de septiembre de 1760 se le ascendió al grado de teniente de navío.

En carta de don Jorge Juan le dice: «Sr. D. Eduardo Bryant: Muy señor mio y amigo. Ya está en mi poder el plano del navío de 80 cañones que V. ha presentado por manos del Intendente, para que examinándole esponga mi dictamen. Yo hallo, en efecto, en él las alteraciones que V. ha hecho; y temiéndome que alguna de ellas pudiera tener efecto en partes perjudiciales, aunque con otras ventajas, no me he querido responder al Ministro sin que entre nosotros tratemos primero el asunto, y escojamos lo que más convenga al servicio del Rey y honor de ambos.

El recelo que yo tengo consiste que ha adelgazado V. las líneas de popa, pues aunque se dirijan á dar mayor andar, como en efecto lo dieran, también el navío saldrá de poca resistencia en la popa, y á la caida de esta hará el agua estragos en las bobadillas, y mejor que yo sabe V. que un navío de este porte merece muy bien no tener este defecto. Los navíos de 68 sin tales delgados han probado muy bien, son veleros, gobiernan bien y son descansados, con que no sé por qué quiere V. exponerse.

No obstante esto, digo que si V. ha practicado ya lo mismo en alguno de los navíos Velasco ó San Genaro, y tiene noticia de que ha probado bien, desde luego digo que se practique así, sino, me parece que fuera bueno atenernos á lo antecedente, dejando el practicar semejante alteración en navíos de menos porte.

En cuanto a la fragata, no la he visto; pero no lo estraño, porque la proporcion que ahora hace V. la he hecho ya dos veces, y por ellas he sabido que el Rey no quiere fragatas de pino.

No me deje V. de responder á vuelta de correo: y si resolviera mandar el plano, haga V. otro sobre la marcha y remitiéndolo lo más breve que pueda, porque yo pondré el uno por el otro sin que nadie lo advierta.

Entretanto, sabiendo V. cuánto soy suyo, puede mandar á su más afecto y apasionado amigo. — Jorge Juan. — Madrid 10 de junio de 1766.»

No obstante el navío se construyó con esa modificación, saliendo con mayor andar y no tan ligero de popa en su asiento. El navío fue el San Vicente Ferrer entregado en 1768 el mismo año de su fallecimiento, al que le siguió su hermano el San Nicolás de Bari, entregado el siguiente.

En 1766 en agradecimiento del Rey le ascendió al grado de capitán de fragata.

Prematuramente un accidente le causo la muerte, transcribimos la carta de lo sucedido dirigida al Intendente General, por el capitán general del Departamento de Cartagena: «Excmo. Sr. — Muy señor mio: Para hacer en la fragata (Mahoma) de Marruecos las obras que ha mandado el Rey, se dispuso varar este buque en una de las nuevas gradas de este arsenal, y en esta faena, el día 27 á las diez del día ó poco más, hallándose ya la fragata como la mitad de la corredera por donde subía, faltó el cable que hacia la mayor fuerza, á tiempo que el constructor Don Eduardo Bryant se hallaba entre los dos cuadernales que le abozaban, de suerte que, desgraciadamente, una gran trinca que lo sujetaba, retirándose repentinamente y violentamente hácia los cabestrantes que viraban, le arrojo con tal ímpetu contra el pavimento de la grada, que dando de cerebro en él, quedo desde luego sin sentido; no obstante que inmediatamente se le sangró y no se ha omitido cuanto podia contribuir á su recobro, falleció el dia siguiente a las seis y media de la tarde.

Todo este pueblo ha sentido la trajedia, porque sobre las amables prendas personales del difunto, es notorio á todos que ha perdido el Rey un vasallo tan leal como pudiera serlo el mejor español, y el Estado un constructor tan hábil en su profesion como el mejor de Inglaterra, á más de ser tan inteligente en obras como publican las composiciones de estos diques y su poza, y tan celoso, desinteresado y activo en el servicio, que difícilmente se podrá en mucho tiempo hallar un complejo de circunstancias tales en otro que le sustituya.

Vencido de este conocimiento, he creido justo acompañar á V. E. la adjunta instancia de su viuda Doña Ana Bryant, que solicita de la piedad del Rey la mitad del sueldo de su marido (este era de 3.247 rs. y 22 mrs. rs. de vn. líquidos al mes) y que á su hijo D. Tomás se le promueva á ayudante de construccion con el grado de alférez de navío, para con esta satisfaccion vivir con algun consuelo en su desgracia y atender á la crecida familia que le ha quedado de cinco hijos sin el referido D. Tomás, que ya tiene sueldo, y otra casada, ni otro que está próxima á dar al mundo: ella tiene noticia de que la clemencia del Rey señaló, por menos años de servicio, sin muerte violenta ni tanta familia, tres pesos diarios á la viuda del constructor de Ferrol, y está tan confiada de que S. M. se apiadará más de su infortunio, que me pide que lo recuerde así á V. E., como hago, pasando al mismo tiempo á su noticia que, interin se sirve prevenirme otra cosa, he dispuesto que el ayudante de construccion D. Guillermo Jurner continúe las obras pendientes bajo las mismas reglas y planos del difunto, para que no pare el curso de estos trabajos. Nuestro Señor guarde a V. E. muchos años. — Cartagena 30 de abril de 1768. — Excmo. Sr. — Cárlos Reggio. — Excmo. Sr. D. Julián Arriaga.»

Fue acompañado a su sepulcro por casi todo el personal del arsenal y pueblo de Cartagena, recibiendo cristiana sepultura en las bóvedas de San Agustín el 29 de abril.

El Rey concedió a la viuda casa en el mismo arsenal y novecientos pesos sencillos anuales para poder hacer frente a las necesidades de su familia.

Los buques que se construyeron bajo su dirección o planos fueron: navíos: Septentrión, de 64; Tridente, de 56; Atlante, de 76; Terrible, de 74; Velasco, de 72; Santa Isabel, de 74; San Vicente Ferrer y San Nicolás de Bari, de 80. Fragatas: Perla, de 34; Dorada, de 22; Esmeralda, de 30; Astrea, de 30 y Santa Rosalía, de 28. Jabeques: Gitano, Aventurero, Garzota, Atrevido y Nuestra Señora de África. Galeotas: Vigilante, Ligera, La Golondrina y Brillante.

Bibliografía:

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Rodríguez Villa, Antonio.: Don Cenon de Somodevilla. Marqués de la Ensenada. Librería de M. Murillo. Madrid, 1878.

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VV.AA.: Modelos de arsenal del Museo Naval. Evolución de la construcción naval española, siglos XVII-XVIII. Lunwerg Editores. Colección Ciencia y Mar, 2004.

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