1792 – 1795 Expedición científica al seno mejicano

Posted By on 7 julio, 2017

Al serle entregada a don Cosme Damián Churruca la Real orden del 10 de noviembre de 1791 puso fin al descanso del marino, pues inmediatamente se puso en camino con postas a Madrid, permaneciendo durante un tiempo con don José de Mazarredo para planificar perfectamente los trabajos, a su vez fue felicitado por el Baylío y al terminar los preliminares se desplazó a Cádiz, donde estaban preparados los dos bergantines, llamados Descubridor y Vigilante, por orden de Churruca se le dio el mando del segundo al de su mismo grado don Joaquín Francisco Fidalgo, al mismo tiempo se le nombraba también segundo de la expedición, por estar más terminado su alistamiento zarpó de la bahía de Cádiz el 4 de junio de 1792, mientras Churruca lo hizo el 17 seguido.

Quedaron reunirse en la isla de Trinidad de Barlovento, para comenzar en esta los trabajos, arribó primero el 21 siguiente a Puerto España, para dar el salto final a la isla de Trinidad, donde al llegar lo primero fue montar un observatorio y con él, se fijó el primer meridiano del continente, tomando como punto el fuerte de San Andrés, siendo su demarcación de 10º 38’ 40’’ N. y la longitud a Cádiz, en 55º 22’ 44’’ prosiguieron los trabajos y al estar concluidos se fueron a poner en marcha, justo en el momento en que llegó un correo dando la mala noticia de haberse declarado la guerra a la república francesa, Churruca conocedor del estallido de la guerra no quiso dejar de trabajar, por ello pasó a reconocer y fijar la isla de Granada, arribando el 28 de enero de 1793, dejando en sus notas la situación de la isla.

Las cosas se fueron complicando y decidió pasar a la isla Trinidad de Barlovento, donde con sus dos bergantines inició su propia campaña naval, pues la orden del correo era sólo de conocimiento, no de regresar a la península y al ver la isla sin defensas prefirió quedarse realizando cruceros, en los cuales consiguió importantes presas, evitando con su presencia que la isla se perdiera, de hecho al calmarse un poco la tensión, decidió regresar a la península por estar de nuevo su salud perdida, para ello embarcó de segundo comandante en la Habana en el navío Conquistador, realizando el viaje de regreso, habiendo permanecido en los trabajos científicos dos años y cuatro meses.

En un escrito al Ministro fechado en Cádiz el 12 de abril de 1794, transmite todo lo realizado durante su estancia en la isla: «Es casi imposible concebir la enorme diferencia que hay de hacer esta clase de operaciones en España á hacerlas en los climas ardientes y enfermizos de la zona tórrida, y la constitución más robusta no deja de padecer aquí; aun en medio del ócio y descanso, no puede ocultarse á la penetracion de V. E., lo que sufrirá el marinero, condenado en estos buques á un trabajo más activo y contínuo que en otro alguno cuando está en la mar y en los puertos á un remo perpétuo, preciso para las sondas y demás operaciones que exige la construcción de sus planos.»

Uno de los datos más puros que sacó de todas las Antillas, ocurrió el 21 de octubre de 1793 (que coincidencia de fecha) pues pudo observar la entrada y salida de Aldebarán por el disco de la Luna; por esta observación y la realizada el 2 de junio anterior en la isla de Trinidad, de la emersión del tercer satélite de Júpiter, y otra del primer satélite también de Júpiter realizada en la Habana, le llevó a rectificar las longitudes absolutas de la isla; basándose en la de Aldebarán estableció la de Puerto Rico y partiendo de ésta, calculó con precisión absoluta apoyándose en las ya conocidas de la península, al llegar a Cádiz las remitió a todos los observatorios de Europa, para que estudiaran la posibilidad de error y si no lo había le fuera comunicado.

Fueron verificadas por todos y sólo supieron darle el aplauso y reconocimiento de tan efectivo como exacto trabajo. Esto le dio un nombre imperecedero aprovechándolo para publicar «Memorias», las cuales por circunstancias vieron la luz de la imprenta en 1802, pero en ésta sólo están las Antillas, a pesar de ello fue tal la celebridad alcanzada que lo situó entre los más afamados en el mundo científico. Tanto que su obra se publicó añadida en el «Almanaque Náutico» publicado en 1804.

La expedición tuvo una duración de dos años y cuatro meses, al mando del capitán de fragata don Cosme Damián Churruca, embarcado en el Descubridor, concluyendo en el Caribe en mayo de 1795.

Bibliografía:

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895-1903.

González-Ripoll Navarro, María Dolores.: Bajos pólvora y estrellas. Churruca y otros marinos vascos de la ilustración. Museo Naval Guipúzcoa. San Sebastián, 2000.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

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