1340 Combate naval en el estrecho 4 / IV

Posted By on 5 marzo, 2016

 

El Sultán Abul-Hassan, al conocer la derrota sufrida por su hijo Abomelic en los campos de Lebrija, juró venganza. En el estrecho se encontraban las escuadras de Aragón y Castilla, cuando se decidió dar un asalto a la plaza de Algeciras en él el almirante de Aragón Gilabert de Cruilles perdió la vida, lo que provocó que la escuadra se retirara a Barcelona, quedando sola la de Castilla al mando de Alfonso Jofre Tenorio compuesta por tan solo veintisiete galeras y seis naos de alto bordo.

Se avistó la escuadra mora compuesta por doscientas cincuenta velas, la desproporción de fuerzas era más que notable, lo que llevó a Tenorio a esquivarla y no enfrentarse con ella, los moros al llegar a Algeciras hicieron correr la voz, de que lo habían logrado gracias al miedo del almirante castellano por no entablar combate, esto llegó a la Corte a la sazón en la ciudad de Sevilla, donde vivía la esposa de don Jofre, quien puso en conocimiento de éste lo que se decía sobre su persona, no lo dudo un instante y dio la orden de zarpar contra la escuadra enemiga, era el 4 de abril, lanzó su reducida escuadra contra la musulmana, éstos quedaron estupefactos por tomar esta decisión de tan alto riesgo por la notable diferencia de bajeles que con ellos les atacaba, pero también los suyos no se quedaron mucho mejor.

Los moros pronto rodearon las galeras castellanas, cayendo apresadas o echadas a pique; algunos de los hombres de las tripulaciones castellanas se salvaron, transbordando a otras que se dirigieron a Cartagena. Sólo cinco galeras se salvaron a fuerza de remos. La capitana de Castilla, combatió sola contra cuatro de las moras; por tres veces consiguieron entrar en ella, siendo rechazados todas ellas.

La dotación de la capitana castellana, como solía ocurrir, estaba compuesta por gente escogida, muchos de ellos parientes del almirante, como es natural lucharon heroicamente y se cuenta, que cuando alguno se sentía moribundo y podía hacerlo, se arrastraba hasta situarse a los pies de don Jofre Tenorio, para besarle la mano antes de expirar. El almirante se vio pronto rodeado de muertos. En un cuarto abordaje un zenete, derribó a don Jofre Tenorio cercenándole un pie de un certero golpe. Al producirse la hemorragia de sangre, se fue debilitando su cuerpo y se sintió morir, se cogió con una mano del estandarte, al mismo tiempo blandiendo su espada con la otra, repartiendo tales golpes que expiró rodeado, esta vez de cadáveres moros.

Sus enemigos le cortaron la cabeza y la arrojaron al mar, guardando su tronco esperando ser recompensados por tan gran victoria y para mostrárselo al rey de Granada, quien honró muy espectacularmente y de manera que los propios no lo esperaban, los restos mortales de tan heroico como valeroso almirante.

Bibliografía:

Calderón Ortega, José Manuel.: El Almirantazgo de Castilla: Historia de una Institución conflictiva (1250-1560) Universidad de Alcalá de Henares. Servicio de Publicaciones, 2003.

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Ibáñez de Ibero, Carlos. Marqués de Mulhacén.: Historia de la Marina de Guerra Española. Espasa-Calpe, S. A. Madrid, 1939.

Montero Sánchez, Antonio.: Compendio de la Historia de la Marina Militar de España. Rivadeneyra. Madrid, 1900.

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