Vuelta al mundo nº 22 1849-1852

Posted By on 23 julio, 2021

Por iniciativa del marqués de Molins, a la sazón Ministro de Marina, quien quería darle un impulso a la Armada, pues desde la vuelta al mundo de Juan Sebastián de Elcano, hasta la realizada por la corbeta Descubierta al mando del teniente de navío don Alonso de la Riva, entre el 15 de junio de 1814 y su regreso el 13 de mayo de 1816, se había dado veintiuna vueltas al mundo de descubrimientos o científicas, pero todo quedó paralizado por la nefasta situación económica de España, por esta razón presentó y se le aceptó por la Reina doña Isabel II, redactando una Real orden publicada en la Gaceta de Madrid y por su interés transcribimos entera:

«Ministerio de Marina. — Excmo. Sr.: La decadencia en que muchos años há se encuentra nuestra marina militar, ha impedido el que sus buques emprendan las largas navegaciones á que á menudo se dedicaban en la época de nuestra preponderancia naval, con notable provecho de las ciencias y de la civilización en general, y con particular ventaja de las artes marítimas y de la gloria nacional. Aún estamos hoy muy lejos de poder renovar aquellas frecuentes y gloriosas peregrinaciones, á pesar del impulso que ha recibido en los últimos años este importante ramo de la fuerza pública, merced á la solícita protección que la Reina y las Córtes le dispensaron; pero tal vez este mismo crecimiento hace más necesarias esas expediciones para formar lo que ni el estudio ni los caudales pueden procurar á la Armada, hombres de mar experimentados, oficiales que, simples subalternos hoy, puedan ser mañana Jefes peritos en las ciencias navales, de que la práctica es el mejor maestro. Desde que la corbeta Descubierta llevó alrededor del mundo lo últimos oficiales de la Armada española que ha hecho este peligroso y difícil estudio de su ciencia, hasta hoy, han ocurrido además notables cambios en la política, y ha venido á ser naciones independientes las que antes eran provincias de España en Ultramar; nuevos intereses comerciales han surgido aquí, nuevos vínculos, nuevas relaciones, para cuyo fomento contribuiría grandemente la simple vista de nuestro pabellón, ya amigos y hermanos, en las costas del Pacífico y Atlántico. Estas razones de conveniencia particular del cuerpo de la Armada y de utilidad general del comercio, son por sí solas bastante fuertes para inclinar el ánimo de la Reina Nuestra Señora, siempre solícita del bien y engrandecimiento del Estado; pero en la ocasión presente aun se allega otra que ha pesado mucho en su piadoso corazón. S. M., como Reina Católica, no ha podido menos de ver con religioso afecto la misión apostólica que prepara en nuestro suelo el reverendo Obispo de Puerto Victoria: y si bien hubiera gozado mas si los esfuerzos de los sacerdotes y de los fieles españoles se hubieran dirigido á súbditos de España, ha recordado que á su ilustre título une también la cualidad de ser nieta de aquellos Príncipes que llevaron en todos tiempos los beneficios de la fé y de la civilización á donde les era posible, sin preguntar de quién era súbdito el pueblo que los recibía. Por estas razones, que fácilmente esforzará la ilustración de V. E., la Reina se ha servido mandar que desde luego y á cargo del Jefe de la Armada que se designe, se prepare en Cádiz la salida de un buque para hacer el viaje de circunnavegación; quiere además S. M. que este buque no sólo sea capaz y útil para el objeto que se destina, sino que sea de moderna construcción española, á fin de que formen favorable idea de nuestra renaciente marina aquellos pueblos, hoy amigos y aliados, que debieron su civilización á la audacia y pericia de nuestros primeros navegantes. Es asimismo la voluntad de la Reina, que ese buque no sólo sea dotado con el número de oficiales y guardias marinas que le corresponda por reglamento, sino que lleve además los que alcance y V. E. designe, para que sirva de Escuela práctica, proponiéndose S. M. recompensar convenientemente su aplicación y mérito, y últimamente, me manda decir a V. E. que en dicho buque deberá darse alojamiento al Reverendo Obispo de Puerto Victoria y á los demás misioneros que con destino á Nueva-Holanda ha reunido el mismo en los dominios de S. M., trasportándolos á aquel país, por donde deberá principiar el buque su derrotero. Para la designación de este y demás particularidades necesarias, S. M. comunicará á V. E. las Reales órdenes que estime convenientes. De la de S. M. lo digo á V. E. para su conocimiento. Dios guarde á V. E. muchos años. Madrid 7 de julio de 1849. — El Marqués de Molins. — Sr. Director General de la Armada»

Al recibir el beneplácito a su idea, eligió la corbeta Ferrolana recientemente construida en el Arsenal de Ferrol y del porte de 32 cañones, por ello aportaba toda la técnica del momento y el buque tenía una excelentes condiciones náuticas, y como no, su comandante fue el capitán de navío don José María de Quesada. Tomó el mando en el puerto de Gaeta, zarpando con rumbo a la ciudad Condal y desde aquí al Arsenal de La Carraca donde fondeó el 23 de julio para alistar el buque para su periplo mundial. Encontrándose en el Arsenal, arribaron los restos mortales del desafortunado rey Carlos Alberto, por ello se le dio aposento en la corbeta al rey de Cerdeña quien acompañaba al féretro, allí mismo recibía las condolencias, quedando muy agradecido por la acogida y respeto por el excelente trato recibido, por ello condecoró a Quesada con el título e insignia de Oficial de la Orden de San Mauricio y San Lázaro.

Elegida la dotación, de grumete a comandante, comenzaron las prácticas en el mismo Arsenal, mientras unos cargaban el buque con todo lo necesario, otros ascendían y descendían de las jarcias, aprendiéndose cada cabo de toda ella, con la vista puesta encima siempre de los contramaestres, con todo ello el buque quedó listo para zarpar. Lo hizo el 5 de octubre de 1849, pasando directamente al océano y por la ruta portuguesa puso rumbo a la costa oeste del continente Australiano, a su puerto de Swan Rive, donde al arribar desembarcó a la misión siendo todos recibidos, con verdadero entusiasmo y agradecimiento. Las autoridades de las ciudades cercanas de Perth y Freemankle, junto a sus poblaciones les obligaron a permanecer un par de días más en el puerto, porque tenían previsto un grandioso baile de despedida y no habían tenido tiempo de prepararlo debidamente, por ello retrasaron su partida para complacer a sus anfitriones.

Zarpó con rumbo a Sidney, donde al arribar recibió las mismas muestras de aprecio, posteriormente zarparon con rumbo a Cavite, después Macao, Wampoa y Hong Kong, donde embarcó el capitán general de las islas Filipinas, dándole así un gran prestigio a España, pues lo normal era lo hicieran en buques mercantes de compañías británicas, desembarcando el alto mando en el fondeadero de Manila, pasó a Zamboanga, Batavia, Singapur, Pulo Pemang, regresando a Sidney, para cruzar al Callao, Guayaquil y arribando a Valparaíso, donde en ese momento de nuevo los españoles estaban siendo perseguidos por el recién nombrado Presidente de la república de Chile, consiguiendo con su presencia se tranquilizaran los ánimos regresando a la normalidad, cumplida esta misión diplomática, no prevista en el derrotero del buque, dobló el cabo de Hornos arribando a Montevideo, zarpando con rumbo a la bahía de Cádiz, fondeando sin novedad el 11 de marzo de 1852. Durando el viaje de circunnavegación dos años, cinco meses y seis días.

Por la pérdida de comunicación lógica en la época, a su llegada se enteró al serle entregada la Real orden del 1 de abril de 1850, con su ascenso al grado de brigadier como gracia Real, la cual entre otras cosas dice: «…para darle una prueba de lo grato que fue á S. M. sus servicios como capitán de navío más antiguo de los que concurrieron á la expedición de Italia, y singularmente para recompensar el celo que desplegó para llevar á cabo el viaje de circunnavegación…» Hay muchas más que sería prolijo enumerar, pero de ella destacar otra Real orden del 4 de septiembre de 1851, por la que: «…se aprobaban todos sus actos y la conducta digna y prudente que observó con las autoridades de las repúblicas hispano americanas.» y por último a su arribada a Cádiz, el buque fue inspeccionado por los ingenieros para comprobar su estado después de tan larga derrota, así como el estado de policía del buque, todo ello quedó reflejado por ser publicado en la Gaceta de Madrid el 26 de marzo de 1852, demostrando con ello lo satisfecho que estaba el Gobierno del estado inmejorable en el que se encontraba la Ferrolana.

Bibliografía:

Guardia, Ricardo de la.: Notas para un Cronicón de la Marina Militar de España. Anales de trece siglos de historia de la marina. El Correo Gallego. 1914.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

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