1824 – Parte del combate de la goleta Condor

Posted By on 15 agosto, 2013

 

Dibujo de una goleta, eran los buques de la Armada más rápidos por su velamen y por tener muy poco calado, profundidad del casco en el agua, llevaban dos palos con velas cangrejas, vela de forma trapezoidal, inclinada en la parte superior, más alta hacía popa, que se anuda a éste palo, así como al árbol o palo normal y por bajo a otro palo llamado botavara, de forma que se podía orientar y navegar casi cara al mismo viento, de ahí que fueran los elegidos para las misiones más rápidas, como correos reales o llevar noticias de declaraciones de paz o guerra, así como participar en ellas casi siempre muy pegadas a la costa, lo que les permitía su muy poco calado incluso refugiarse de un enemigo en cualquier lugar por muy poca profundidad que hubiera, eran los mosquitos que picaban cuando les convenía a ellos, no al enemigo, solían llevar como máximo hasta dieciséis cuatro cañones y pequeños.

Dibujo de una goleta.

« Excmo. Sr.: El día 5 del corriente mes al amanecer, hallándome al NE. de Punta Maternillos, á 40 millas de distancia en la goleta de guerra Condor, que V. E. puso á mis órdenes para el desempeño de la comision que tenia encomendada, me dió parte su Comandante el alférez de fragata D. José Montojo de que una goleta de velacho con señales de corsario venia sobre nosotros; de acuerdo con él, dispuse no hacer movimiento para no darle á conocer nuestras fuerzas; pero así que estuvo á dos tiros de cañon, no pudo ocultársele que era este un buque de guerra, y al momento se puso a ceñir el viento en vuelta del NNE.: inmediatamente tomé la misma vuelta, y con fuerza de vela emprendí la caza, largando la bandera colombiana, que igualmente largó y afirmó él.

A las dos horas viró en vuelta del SSE., y yo lo esperé al cruzar la bordada, en cuyo momento le hice fuego con la coliza, afirmando la bandera española, é inmediatamente viré sobre él: viendo el enemigo que en la posicion de bolina le sacaba alguna ventaja, se puso en popa navegando al ONO.; seguí su movimiento, y á poco rato me puse á tiro de metralla, y segun la fuerza de las fugadas del viento llegaba al de fusil, haciendo fuego de cada arma en su caso.

Como dos horas duró la caza á tiro de cañon, haciéndole y recibiéndole con actividad; y al punto del medio dia, habiendo refrescado el viento, viendo la buena disposicion de la tripulacion y á instancias del Comandante Montojo, dispuse terminar la accion abordando al enemigo: este, conociendo nuestra intencion, se dispuso á recibirlo y sostuvo un fuego vivísimo sobre nosotros; pero yo, que queria de un golpe decidir la accion, economicé los nuestros para momento más importante.

El muy benemérito alférez de fragata D. Pablo de Llanes, encargado de los fuegos de la coliza, lo quedó entonces del primer trozo de abordaje, y el Comandante Montojo, con el acierto y serenidad que le son propios, dirigió los movimientos del buque.

Serian las doce y media cuando abordándole de proa por su portalon, haciendo una descarga general de artillería y fusilería, y á la voz de ¡viva el Rey! saltaron á bordo del enemigo, donde cada uno de los individuos de esta goleta hizo prodigios de valor para rendir la tenacidad con que se defendian los colombianos, pues faltándoles municiones y rotas muchas armas blancas, se batian tirando á mano toda clase de efectos con que pudieran dañar á sus contrarios, llegando su desesperacion hasta el caso de poner fuego al pañol de la pólvora; pero nuestra gente, que aun en lo más encarnizado del combate siempre estuvo pendiente de mi voz, acudió con agua tan oportunamente, que no consiguieron volar más que algunos cartuchos que tenian sobre la escotilla.

A la hora y media de carniceria terminó el combate por falta de combatientes, pues de 50 plazas que tenia el corsario sólo quedaron 24, y entre estos muchos heridos, siendo de los muertos el Comandante, el segundo y el escribano; mostrando en este momento su generosidad nuestra gente, pues no necesitaron del órden para no incomodar á los ya rendidos, y prodigaron sus cuidados á los que de estos estaban heridos.

Por nuestra parte hemos tenido 21 entre muertos y heridos de gravedad, (la dotación era de 45) contándose entre estos el bizarro alférez de fragata D. Pablo de Llanes, que despues de ser el primero que puso el pié sobre la cubierta del bajel enemigo, y de haber hecho por su mano un destrozo considerable, recibió un tiro de pistola en la cara, que le llevó la mandíbula inferior.

Creo excusado recomendar á V. E. el mérito de este oficial, pues lo conoce bien, y no es la primera ocasion que muestra su excesivo valor y celo por el servicio del Rey. V. E. que es mejor regulador de las virtudes militares, sabrá apreciar las de Llanes y hacer á S. M. la recomendacion que se merece.

En el resto de la tripulacion es muy raro el que no sacó una muestra de combate tan sangriento. Faltaria á la razón si no manifestase á V. E. el acierto, serenidad y valor que el comandante D. José Montojo manifestó desde el principio de la caza hasta concluir el combate, pudiendo servir de modelo y admiracion. El oficial tercero del Ministerio de Marina, Contador del buque, D. Antonio J. Fernandez, se olvidó de su clase, y con sable en mano acudió á todas partes donde podia ser útil; el piloto D. Manuel Duzán, dió una prueba nada equívoca del buen concepto en que se le tiene; y sin particularizar á nadie, la tropa y marinería rivalizando entre sí, todos se excedieron dirigidos por el ejemplo del sargento segundo de marina Eugenio de Castro, del condestable Antonio Alonso y del contramaestre Casiano Monzo. Varios sujetos de Puerto-Rico se transportaban en la goleta para esta ciudad; asistieron á todos los trabajos; se batieron y cuidaron de los heridos en unos términos que merecen elogios. El práctico del canal José Orduña, por su buen comportamiento en esta ocasion, es acreedor á que lo recomiende á V. E.

A mí, Excmo. Sr. no me cabe más gloria en este brillante suceso que la de haber sido espectador de tanto buen proceder, pues nadie tuvo necesidad de mi mandato, y la de ser quien dé á V. E. noticia de tan feliz acontecimiento; teniendo al mismo tiempo la satisfaccion de presentar á V. E. los 24 prisioneros que quedaron vivos, y una embarcacion que, aunque de poca fuerza, hubiera causado grandes daños á nuestro comercio por su buenas propiedades marineras, y por el arrojo y teson de los que la tripulaban.

El día 7 á las dos de la tarde, hallándome N—S. con Cayo Bahía de Cádiz, avisté dos goletas por el OSO.; procuré reconocerlas; y despues de asegurado que una de ellas era corsario y de una fuerza muy superior á este, ceñí el viento con proa al N.N.O. para conservar el barlovento desde luego que ella emprendió cazarme: al cabo de dos horas conocí que su andar era superior al de la presa, y que por esta circunstancia, ó la habia de perder, ó exponerme á perder los dos buques; en vista de lo cual dí órden al piloto D. Manuel Duzán, a quien encargué del mando de la presa, que virase en vuelta de tierra y procurase tomar el puerto de Matanzas ó este, y que en caso apurado echase la coliza al agua.

Viró efectivamente, y desde entonces pudo forzar de vela: serian las cinco cuando por la mura de sotavento descubrí cinco buques, de los cuales los dos más adelantados reconocí ser dos corbetas; en esta disposicion no me quedaba más esperanza que la noche; llegó esta, y aprovechando algunos celajes que cubrian la luna, me puse en popa con toda vela en vuelta del OSO., para atracarme á la costa.

Al amanecer del día 8 ví aun los buques de la tarde antes por la aleta de sotavento que me daban caza; como á las siete los perdí de vista; y á las nueve avisté á la division naval mandada por el señor capitán de navío Laborde, con quien comuniqué; y despues de darle noticia del paradero de los enemigos, su señoria siguió en demanda de ellos y yo de este puerto; pero hallándome N. S. con el de Matanzas, viendo algunas velas por sotavento sin reconocer, ser tarde y muy urgente la primera cura de los heridos que tenia en mucho número, me decidí á tomar este último puerto, desde donde he venido por tierra en desempeño de mi comision, dejando allí la goleta Condor con órden á su comandante que espere las de V. E., la presa los heridos en el hospital y los prisioneros en tierra.

De los 21 entre muertos y herido que hemos tenido nosotros, estos últimos quedarán la mayor parte inútiles: los recomiendo á V. E. para los premios á que los juzgue acreedores. El nombre del corsario apresado es la Juanita, mandada por Mr. Peneau, por enfermedad de Mr. Bernal, que era el dueño.

Dios guarde á V. E. muchos años. Habana 10 de abril de 1824. — Excmo. Sr. Ignacio María Chacón. — Excelentísimo Sr. Comandante General del apostadero de la Habana. »

« Excmo. Sr.: He dado cuenta al Rey Nuestro Señor de la carta del Comandante General del apostadero de la Habana de 30 de Abril del corriente año, núm. 237, y parte que acompaña del teniente de navío D. Ignacio María Chacon, relativo al apresamiento de la goleta insurgente Juanita, que en 5 del mismo mes hizo la de S. M. nombrada Condor, en que regresaba este oficial de la comision de conducir pliegos á las autoridades de Martinica, despues de tres horas y media de un reñido y tenaz combate en las inmediaciones de la punta de Martenillos, en la isla de Cuba, que terminó al abordaje. Y visto cuanto resulta de los indicados documentos é informa V. E. sobre los particulares de esta sangrienta accion en oficio de 20 del próximo pasado Julio; conformándose con su parecer acerca de las recompensas que juzga podrán dispensarse á los oficiales y demás indivíduos de la Condor por su bizarro comportamiento, se ha servido resolver S. M. que respecto á que Chacon es el 86 de su clase, se le den las gracias en su Real nombre por el distinguido mérito que ha contraido, y que esto se tenga presente para lo sucesivo; previniéndose al Comandante del apostadero aproveche su bella disposicion y amor al servicio de S. M., procurando tenerle siempre empleado en utilidad del mismo.

Al alférez de fragata D. José Montojo, Comandante de la Condor, en atencion á la buena direccion que dió á los movimientos del buque durante el combate, se ha dignado S. M. confirmarle en el empleo de alférez de navío que obtuvo en 1.º de Mayo de 1823, y quiere se le den igualmente las gracias en su Real nombre. Asimismo ha determinado que el bizarro alférez de fragata D. Pablo de Llanes sea ascendido á la inmediata clase en la primera promocion; y en razon á haber sido el primero que saltó al abordaje, recibiendo una herida en la cara que lo desfigurará para toda su vida, S. M. le ha concedido la cruz de San Fernando, mandando que el Consejo Supremo de la Guerra consulte si considera á dicho oficial merecedor de la primera ó segunda clase, segun lo expreso en el art. 25 del reglamento de esta militar órden; y por último; es su soberana voluntad que á los individuos de la goleta Condor se le den las gracias sobre cubierta en su Real nombre, enterándoles al propio tiempo de un mes de sus haberes sin cargo; y formando asiento á los de la tropa de marina, se pasen á sus jefes las noticias convenientes por el Comandante del buque, á fin de que se anote en las respectivas filiaciones y les sirva de mérito en adelante.

Dios guarde á V. E. muchos años. Madrid 10 de Agosto de 1824. — Firmado. — Luis María de Salazar. »

Bibliografía:

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

Transcrita s. e. u. o. por Todoavante ©

About the author

Comments

Comments are closed.