Biografía de don José Lorenzo de Goicoechea

Posted By on 25 julio, 2015

 

Brigadier de la Real Armada Española.

Vino al mundo en San Sebastián en 1744, su primer embarque lo realizó en Pasajes en 1756 en el bergantín El Caballo Blanco cuando tan solo contaba con doce años, destinado al cabotaje comercial con Portugal, Francia, Reino Unido, Irlanda y Holanda, permaneciendo 10 meses de navegaciones.

Al año siguiente sus padres lo enviaron a Nantes a estudiar las matemáticas, en 1759 de regreso a su casa embarcó en Bayona en la fragata Maliciosa con rumbo a la Martinica, a costumbre de la época iba armada en corso para proteger sus mercancías, manteniendo dos combates, el primero contra una fragata británica del porte de 22 cañones, quien abandono las aguas por los daños sufridos, el segundo contra otra de 24, ocurriendo lo mismo.

El 3 de agosto de 1760 se le nombró cadete de la compañía de Caracas, en 1761 embarcó en Pasajes en el navío San Sebastián, realizando un tornaviaje a Cartagena de Indias, tocando en los puertos de La Guaira y Porto Cabello, a su regreso a finales del mismo año mantuvo un combate contra la fragata británica The Fox, sin estar en guerra, permanecieron en su defensa durante cinco horas, pero el mayor poder de la enemiga acabó imponiéndose siendo apresada, fue conducido al navío británico The Forroyan, permaneciendo dos meses a su bordo, dejado en libertad embarcó en una balandra que los transportó a San Juan de Puerto Rico, de donde regresó a Cartagena de Indias embarcando en el navío de la compañía El Santiago con la intención de regresar a la península, encontrándose sobre la isla de Puerto Rico fue capturado por un navío británico siendo desembarcado en Jamaica, habiendo pagado el rescate del navío embarcó en él arribando a Santander.

En 1763 embarcó en el navío de la compañía San Ana, zarpando del puerto de Pasajes, realizando dos tornaviajes a Cartagena de Indias, el 6 de septiembre de 1765 la Compañía le ascendió a segundo teniente de sus buques, siendo destinado como guardacostas de aquellas aguas, para llegar a ellas zarpó de Pasajes embarcado en el navío San Ignacio, al presentarse sus jefes lo destinaron como jefe de una división de lanchas cañoneras en protección de su tráfico marítimo.

Por informaciones don José Solano Gobernador de aquellos territorios supo de la presencia de un tratante holandés al mando de una goleta del porte de 4 cañones y treinta y cinco hombres en la ensenada de Cupira, poniéndolo a su vez en conocimiento de la Compañía, quien le destino para apresarla, poniéndose a rumbo para cumplir la comisión, se separó de las demás por verse obligado a realizar aguada, variando el rumbo al puerto de Chuspa, al estar algo separado del resto se le advirtió con dos tiros de cañón de la presencia de la goleta en el fondeadero, a pesar de encontrase solo por estar más cerca no se lo pensó, varió el rumbo y puso proa a por el buque, al llegar se abarloó y abordó, fue tal la sorpresa de los traficantes que todos se lanzaron al agua menos Pereyra que sostenía el trabuco con su mano pero no lo utilizó, como premio de su acción se le nombró segundo del jabeque San Pablo de la Compañía.

Permaneció un año a bordo del buque, en este tiempo participó en el apresamiento de dos balandras bátavas, como premio a su valor la Compañía lo ascendió como segundo de sus navíos, siéndole entregado el mando del bergantín guardacostas Nuestra Señora del Coro, manteniendo varios combates siempre con victoria, regresando  a la bahía de Cádiz en 1769 como segundo capitán del navío San Gabriel, después de aprovisionarse de nuevo zarpó con el mismo buque con rumbo Cartagena de Indias, regresando al año siguiente fondeando en Pasajes.

A finales de año la compañía lo nombró segundo de los guardacostas de Caracas, embarcando en el navío San Francisco Javier pasó a la ciudad donde al llegar obtuvo el mando de las balandras San Antonio y Nuestra Señora de Aránzazu, continuando en su misión de combatir el contrabando, hasta que su Jefe le entregó el mando de la fragata San Miguel destinada como los demás buques a combatir la piratería, siendo comisionado por el Gobernador marqués de la Torre para arribar a Cumaná y embarcar sesenta mil pesos de la Real Hacienda, al mismo tiempo debía arribar a la isla de Trinidad de Barlovento para embarcar un destacamento de tropas de Caracas que provisionalmente había sido destinado como parte de su guarnición, ambas comisiones las cumplió al desembarcarlas en La Guaira, demostrando su desinterés al no admitir el porcentaje en efectivo que le correspondía como capitán.

Su Jefe fue llamado a la península quedando él al mando de las fuerzas, aprovechó la presencia de los holandeses y británicos en Maracaibo, para atacarles con su buque y dos balandras, siendo apresados o hundidos catorce buques enemigos en tan solo cuarenta días, prosiguiendo sus ataques durante cuatro meses, en este tiempo desembarcó en La Guaira veinte mil fanegas de cacao, regresado su Jefe le ordenó cruzar entre el río Unari y La Guaira, consiguiendo obligar a varar tres balandras bátavas y después de un combate de tres horas corrieron la misma suerte dos británicas, por todo ello la compañía le ascendió a capitán el 10 de octubre de 1773.

Casi sin descanso se le dio el mando del navío Nuestra Señora del Rosario, arribando en diciembre siguiente a Pasajes, al año siguiente se le dió el mando del San Julián, zarpando de Pasajes con rumbo a Cartagena de Indias y a su regresó a la bahía de Cádiz, se le volvió a dar la orden de zarpar al mismo punto, regresando al de salida.

A primeros de 1777 el Comisario de Marina de San Sebastián don Joaquín Gutiérrez de Rubalcaba le comunicó la oportunidad de pasar a la Armada, a esto contesto: «Si la Armada necesita oficiales no puedo negarme, solo pedir que al concluir lo encomendado pueda regresar a mi casa a cuidar a mi anciana madre» Puesto en conocimiento de S. M., por Real orden del 19 de julio siguiente fue ascendido al grado de teniente de navío graduado, pasando a Ferrol presentándose al Comandante General del Departamento, siendo destinado a Arsenales, al poco le llegó la noticia del fallecimiento de su madre, por ello ya no era necesario abandonar el servicio, enterado el Rey por Real orden del 24 de junio de 1778 le ascendió en propiedad al grado ostentado.

Se le ordenó embarcar en el navío Santísima Trinidad, zarpando con rumbo a Cádiz, quedando el buque como insignia del general don Luis de Córdoba, zarpando en junio de 1780 junto a la escuadra francesa al mando del conde D’Orvillers realizando la primera campaña del canal de la Mancha, en la que la presencia de la escuadra aliada obligó a la británica al mando del almirante Hardy a buscar refugio en sus puertos y arsenales, siendo apresado el navío británico Ardent del porte de 74 cañones, regresando a la bahía de Cádiz.

Zarpó la escuadra de la bahía de Cádiz, encontrándose el 9 de agosto de 1780 con el gran convoy británico compuesto por cincuenta y cinco velas, salvándose solo tres de no ser capturadas, siéndole entregada la Real orden del 2 de marzo de 1782 con su ascenso al grado de capitán de fragata, pasó al bloqueo de Gibraltar realizando diferentes acciones, hasta serle ordenado embarcar en la batería flotante San Ana de un solo puente, participando en el bombardeo del 13 de septiembre de 1782, cuando por efecto de las ‹balas rojas› de los enemigos comenzaron a arder y explosionar, fue el último en abandonar la suya.

Embarcado en el mismo buque participó en el combate del cabo Espartel el 20 de octubre siguiente, contra la escuadra británica del almirante Howe, quien admiró: «…el modo de maniobrar de los españoles, su pronta línea de combate, la veloz colocación del navío insignia en el centro de la fuerza y la oportunidad con que forzó la vela la retaguardia acortando las distancias» El combate tuvo una duración de cinco largas horas, por su comportamiento en éste se le entregó la Real orden del 21 de diciembre siguiente con su ascenso al grado de capitán de navío.

Al ser firmada la paz de Versalles el 20 de enero y ratificada el 3 de septiembre, la escuadra pasó a desarme quedando por ello desembarcado.

En las dos expediciones contra Argel al mando del general don Antonio Barceló, los años 1783 y 1784 fue designado como Mayor General de la escuadra, permaneciendo en el Departamento de Cádiz los siguientes, volviendo a embarcar en 1790 al activarse la escuadra por la posibilidad de declarar la guerra al Reino Unido por el problema de límites en Nootka, zarpando la escuadra a las órdenes del general don José Solano con rumbo a cruzar sobre el cabo de Finisterre, al no producirse el enfrentamiento regresó a la bahía de Cádiz el 8 de septiembre siguiente.

Al declararse la guerra a la república francesa, se le ordenó embarcar en el navío Bahama, zarpando en la escuadra del general don Juan de Lángara, participando junto a la británica del almirante Hood en la toma de Tolón, pasando pie a tierra para su conquista, así como en el reembarco de las tropas y familias monárquicas francesas que huían de los convencionales, regresando a Cartagena el 31 de diciembre de 1793.

Trasbordó al mando del Neptuno en la misma escuadra tomando parte en las acciones de Rosas y Santa Margarita, hasta ser firmada la paz de Basilea el 22 de julio de 1795, regresando a Cartagena, donde quedó a las órdenes del general don José de Córdova, zarpando el 1 de febrero de 1797 con rumbo al océano, al encontrarse a la altura de la bahía de Cádiz entró en ella formando parte de la división de don Domingo Nava, al llegar la noticia del desastre ocurrido el 14 de febrero en aguas del cabo de San Vicente zarpó para dar resguardo al navío insignia Santísima Trinidad muy mal tratado, al que le dieron escolta hasta fondear en la bahía.

Tomó el mando de la escuadra del océano el general don José de Mazarredo, entregándole el del San Joaquín, permaneciendo bloqueado por la escuadra británica del contralmirante Nelson, participando en los ataques efectuados por las lanchas cañoneras a los enemigos, hasta que el 5 de febrero de 1798 se levantó un duro temporal viéndose obligado Nelson a abandonar el bloqueo, aprovechando el momento de desconcierto en la enemiga, el general don José de Mazarredo ordenó su persecución, permanecieron ocho días en la mar sin obtener resultado alguno, por ser más rápidos los buques enemigos.

A su regreso se le ordenó trasbordar al mando del San Francisco de Asís de la misma escuadra, zarpando el 13 de mayo de 1799 rumbo a Cartagena para unirse a la francesa del almirante Eustache Bruix, en el viaje de ida la española sufrió un temporal, pasando por ello varios buques a reparar, al estar listos zarparon con rumbo a la bahía de Cádiz, donde descansaron unos días, para levar anclas y hacerse a la mar dirigiéndose al puerto de Brest, donde fondearon ambas escuadra el 8 de agosto seguido.

Durante su permanencia en el arsenal francés se le entregó la Real orden con su ascenso al grado de brigadier, siendo comisionado al mando de una división de navíos y fragatas de las escuadras combinadas, para permanecer en la boca del puerto y evitar los ataques enemigos, manteniendo varios combates parciales, al ser reemplazado y descansando en Brest sufrió un ataque de apoplejía falleciendo el 14 de abril de 1800 estando a bordo de su buque, cuando contaba con cincuenta y tres años de edad.

Recibió sepultura en el mismo arsenal francés, presidiendo el duelo el teniente general don Federico Gravina, acompañado por los jefes y compañeros de ambas escuadras.

Bibliografía:

Carlan, J. M.: Navíos en Secuestro. La escuadra Española del Océano en Brest (1799-1802). Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1951.

Fernández Duro, Cesáreo.: La Armada Española desde la unión de los reinos de Castilla y Aragón. Est. Tipográfico «Sucesores de Rivadeneyra» 9 tomos. Madrid, 1895—1903.

Paula Pavía, Francisco de.: Galería Biográfica de los Generales de Marina. Imprenta J. López. Madrid, 1873.

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