Biografía de don Juan José Martínez de Espinosa y Carrillo

Posted By on 18 de febrero de 2014

Juan José Martínez de Espinosa y Carrillo. Cortesía del Museo Naval. Madrid.

Juan José Martínez de Espinosa y Carrillo. Cortesía del Museo Naval. Madrid.

Teniente General de la Real Armada Española.

Caballero Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando o 5ª Clase.

Nació en Sanlúcar de Barrameda el 29 de marzo de 1757, fueron sus padres don Juan Martínez de Espinosa y Cuenca, y doña María Antonia Carrillo Novela y Espínola.

Sentó plaza de guardiamarina en la Compañía del Departamento de Cádiz el 21 de junio de 1770. Expediente N.º 1.115.

Embarcó en la fragata Santa Teresa, en 1772, después transbordó a otros buques con la misma comisión de combatir el corso en el Mediterráneo.

Tomó parte en la campaña de Argel del año 1775, en el navío Velasco, insignia del general don Pedro Castejón, a su regreso se le ordenó trasbordar a la fragata Santa Teresa, de la escuadra del Marqués de Casa Tilly participando en la toma de la isla de Santa Catalina el 15 de enero de 1777, desalojando a los portugueses de territorios pertenecientes al virreinato del Plata.

A su regreso embarcó en el navío Guerrero, trasbordando al Atlante, a los pocos meses pasó al San Miguel, con ellos estuvo practicando el corso por el océano, y transportando tropas y pertrechos a las islas Canarias.

En 1779 con el grado de teniente de fragata se le ordenó embarcar en el navío Poderoso, insignia de la división al mando del brigadier don Juan de Lángara, realizando cruceros en servicio de protección de la recalada de los buques provenientes de ultramar en las islas Terceras, naufragó el navío a consecuencia de un recio temporal sufrido los 27 y 28 de agosto siguiente, siendo rescatada toda su dotación en el resto de buques, estando formada por los navíos Santo Domingo y San Leandro, las fragatas, Santa Bárbara y Rosario, y el paquebote San Gil, con los que regresaron a la bahía de Cádiz.

Tomó parte en el combate de San Vicente el 10 de enero de 1780, entre la escuadra británica al mando del almirante Rodney, y la española al mando del general don Luis de Córdova, recibiendo varias heridas; fue apresado su navío el San Julián, trasbordando la dotación de presa del Royal George, el temporal no amainó y los británicos que lo marinaban bebieron en exceso del buen vino español, en vez de preocuparse de limpiar de restos la arboladura, lo que obligó a su captor a largar el remolque para evitar ser arrastrado contra la costa, así se pudo recuperar el control del navío, siendo arbolado en bandolas pudieron fondear en la punta de la Cabezuela en la bahía de Cádiz.

Por este acto de heroísmo se le ascendió por Real orden al grado de teniente de navío, pues al igual que su comandante estaban ambos heridos y toda la maniobra de limpiar la arboladura, y colocar la nueva la dirigió en el alcázar sentado en una silla, con la que había sido subido desde la enfermería.

En el verano siguiente se encontraba sobre las Azores en cruceros de protección del tráfico marítimo proveniente de ultramar, a bordo del navío Guerrero.

Embarcado en el navío San Miguel tomó parte en el ataque a Gibraltar dado por las baterías flotantes el 13 de septiembre de 1782, al ser incendiadas por el efecto de las ‹ balas rojas › que disparaban los defensores, acudió con el bote de su navío a rescatar a las dotaciones.

Encontrándose fondeada la escuadra en la bahía de Algeciras, el 10 de octubre siguiente se desató un duro temporal del SO., por la dirección del viento no tenían resguardo, comenzando al poco tiempo a faltar los cables, provocando que varios navíos se abordasen siendo el San Miguel uno de ellos, siéndole arrancado el palo mesana, su comandante dió la orden de picar los cables e intentar librar al buque en la mar, con la intención de poder salvar Punta Europa, pero se vió imposibilitado por recibir al mismo tiempo un intenso bombardeo desde el Peñón, viéndose obligado a rendirlo a los enemigos, siendo hecho prisionero, a pesar de ello los británicos tampoco pudieron recuperar el bajel.

Recobró la libertad al firmarse la paz el 30 de enero de 1783, recibiendo la orden de embarcar en el jabeque Valenciano, zarpando de la bahía de Cádiz con rumbo al Mediterráneo en comisión de corso, un despiste del piloto y poca observación de su comandante fue a varar en pleamar sobre la Caleta, resultando inútiles los esfuerzos para recuperar su flotabilidad perdiéndose el buque, salvándose solo la dotación. Era la cuarta vez en tres años que era ‹ hombre al agua › salvando en todas ellas solo lo puesto.

Por su demostrado valor en todas estas ocasiones, por su frialdad en afrontar las distintas situaciones y lo bien que ordenaba el salvamento (se había convertido en experto a la fuerza), se le entregó la Real orden del 1 de mayo siguiente, siéndole otorgado el mando de la fragata Juno, del porte de 34 cañones, contaba con veintiséis años de edad.

Su buque quedó incorporado a la escuadra al mando del general don Antonio Barceló, zarpando de la bahía de Cádiz con rumbo a Cartagena, donde se estaba organizando la expedición contra Argel, participando en ella dando protección a las lanchas cañoneras, en los nueve bombardeos que se efectuaron sobre la capital norteafricana.

Realizó un viaje a Constantinopla para transportar a un plenipotenciario con motivo de haber ajustado las paces con Turquía, para ello el Rey ordenó formarse una división compuesta por: los navíos Triunfante y San Pascual, las fragatas Clotilde y Magdalena más el bergantín Infante. Embarcando en el segundo navío.

Precisamente su navío sufrió una varada en los arrecifes de la isla Lenuros el 27 de junio, poco antes de atravesar los Dardanelos, donde se dejó un trozo de la quilla, por la que hacía mucha agua, para evitar lo pudieran ver los turcos y pidieran abordar el buque para ayudarles, se acercó aun más a la playa que había adyacente al lugar, donde le dio a la banda al buque siendo reparado tan rápido y por sus propios medios que nadie se enteró excepto los españoles de lo sucedido.

Por Real orden del 15 de noviembre de 1784, se le ascendía al grado de capitán de fragata, siéndole otorgado el mando de una de las dos galeras regalo de la Orden de Malta al Rey de España, siendo la San Luis, quedando formada una división con su compañera Concepción y el bergantín Infante, para cruzar entre los cabos de Gata y San Antonio para regresar a Cartagena y quedar los buques desarmados y él desembarcado.

Embarcó a los pocos meses trasbordando de un buque a otro, hasta recibir la Real orden del 15 de septiembre de 1788, siéndole otorgado el mando de la fragata Soledad, la cual había sido construida y puesta en servicio en el mismo Arsenal de Cartagena en tan solo cuarenta días.

Quedó su buque incorporado a la escuadra de evoluciones al mando del teniente general don Félix de Tejada estando formada por el navío San Telmo, insignia, San Lorenzo, Europa, San Francisco de Paula, Bahama, San Genaro y la fragata Soledad, para transportar unos regalos del nuevo rey de España don Carlos IV, quien enviaba a su hermano el Rey de las Dos Sicilias, don Fernando IV, arribando a su capital la ciudad de Nápoles el 7 de junio de 1789, donde fueron agasajados durante un tiempo, pasando posteriormente a Liorna a entregar los suyos a los Duques de la Toscana, cuya Duquesa era hermana de con Carlos IV, doña María Luisa, quien al ver el inmejorable estado de los buques abordaron la insignia pasando una pequeña revista naval.

En octubre de 1789 transportó a Constantinopla a un embajador de Marruecos, el cual embarcó en Ceuta con una larga comitiva, al arribar desembarcó y embarcó al Plenipotenciario que Turquía enviaba a Marruecos, el cual desembarcó en Ceuta, pasando a cumplir la cuarentena en Siracusa y después en Mahón, corriendo el mes de junio de 1790.

Poco más tarde con ocasión de la tensión con el Reino Unido por la cuestión de Nutka en la costa del noroeste de América y de las islas Malvinas, formó parte al mando de la fragata Soledad, de una escuadra compuesta por treinta y dos navíos, nueve fragatas, dos bergantines y una balandra, al mando del general Marqués del Socorro manteniéndose cruzando sobre cabo Finisterre a la expectativa de una posible ruptura que no sucedió.

A su regreso se le comisionó con su buque para transportar pertrechos de boca y guerra a la sitiada ciudad de Ceuta, quedando unido a las lanchas cañoneras que prestaban el apoyo, hasta que convencido el Sultán de la imposibilidad de tomarla, por los constantes abastecimientos de la escuadra, decidió levantar el sitio, regresando a Cartagena al volver la calma, el 6 de enero de 1791 se le ordenó desembarcar por pasar a desarme su buque.

Por Real orden del 17 de abril de 1792, se le nombró teniente de la Compañía de guardiamarinas, estando en este destino, por Real orden del 28 de enero de 1794 se le ascendió al grado de capitán de navío, permaneciendo en la compañía, siendo ascendiendo a capitán por Real orden del 23 de abril de 1794, sin pérdida de su destino, el 28 de enero de 1795 se le otorgó el mando de la fragata Diana, perteneciente a la escuadra del general don Juan de Lángara, realizando el viaje a Liorna para transportar al Príncipe de Parma. En el mes de septiembre siguiente se le otorgó el mando del navío San Juan Nepomuceno, zarpando en varias ocasiones en comisión de corso, permaneciendo en esta comisión hasta finales del mes de noviembre de 1796.

Al producirse el desafortunado combate naval del cabo de San Vicente, tomó el mando de la escuadra del océano el general don José de Mazarredo, quien lo eligió, por tener los poderes concedidos por el Príncipe de la Paz, como comandante del navío San Telmo, tomando el mando el 2 de diciembre del propio año 1797, permaneciendo en la bahía de Cádiz bloqueado por la escuadra británica.

Ante la imposibilidad de poder hacerse a la mar en 1798, se le confiaron parte de las fuerzas sutiles, las ya conocidas lanchas cañoneras y bombarderas, en ocasión en que atacó a dicho puerto una escuadra británica, combatiendo contra los navíos Alexander, el 19 de marzo y contra el Powerful, el 21 de septiembre, viéndose ambos obligados a retirarse con graves daños.

Zarpó la escuadra de la bahía de Cádiz con rumbo al puerto de Cartagena, al mando del general don José de Mazarredo para unirse a la francesa del almirante Eustache Bruix, el 16 de mayo de 1799 cuando se encontraban en el meridiano de Málaga, se desató un duro temporal del NE., por efecto de su rápida formación su navío quedó desarbolado de los cuatro palos, cayendo la mayor parte de toda la arboladura sobre la cubierta y costados, la corriente y el efecto del viento lo aconchaban sobre la costa africana, se pusieron a trabajar pero era materialmente imposible armar las bandolas, por ello se dio por perdido el buque, cuando todo parecía llegar a su fin se fijaron que iban directos al puerto de Orán, al estar con fondo dió la orden de lanzar las anclas, pasaron la noche descansando del gran esfuerzo realizado, mientras el temporal iba amainando, pero en la mañana del 18 el viento roló y ahora venía de S., por ello se zafaron los cables quedando al garete, a pesar de ello dio la orden de arbolar, cuando se encontraban en este trabajo apareció una fragata británica convencida de ser presa fácil para ella, al distinguirla dejaron el trabajo y tomaron las armas, el buque enemigo se fue aproximando muy confiado, pero pronto salió de esa creencia al comenzar a recibir uno tras otro los certeros proyectiles del navío, obligándole a abandonar su intento, terminaron de arbolar el buque y de esa guisa entró en el puerto de Cartagena, ante el asombro de toda la escuadra que estaba presente, por haber tenido que regresar a reparar la mayoría de los buques.

Reparados los buques españoles, las dos escuadras se hicieron a la mar con rumbo a Cádiz, pasando al océano con rumbo a Brest, donde fondearon el 13 de julio, quedando internada la escuadra española hasta firmarse la paz de Amiens el 27 de marzo de 1802.

Recibida la orden zarpó la escuadra del puerto francés para reincorporarse todos a sus respectivos Departamentos, al arribar a Ferrol por pertenecer el San Telmo pasó a desarme, por ello se le ordenó pasar a tomar el mando de la fragata Perla, continuando viaje con el resto de la escuadra hasta arribar a Cartagena, al que pertenecía su fragata, nada más fondear quedó desembarcado por pasar también a desarme, como la mayor parte de los bajeles participantes.

Se encontraba en este Departamento cuando le fue entregada la Real orden del 5 de octubre seguido, con su ascenso al grado de brigadier, un tiempo después se le otorgó el mando del navío de tres baterías Reina Luisa, insignia del jefe de escuadra don Domingo de Nava, a finales de octubre siguiente zarpó la escuadra con rumbo a Nápoles, arribando el 19 de noviembre, compuesta por el navío insignia, Bahama, Príncipe de Asturias y Argonauta, las fragatas Flora y Santa Casilda, transportando a Liorna a los reyes de Etruria, el general Nava pasó a Florencia donde permaneció un mes, quedando don Juan José como Jefe de ella, al regresar su general y concluida la comisión regresó al Arsenal de Cartagena a finales del mismo año.

Como era costumbre, a su regreso quedó desembarcado por pasar a desarme la escuadra, reincorporándose a su destino en la Compañía de Guardiamarinas. Permaneció en ella hasta producirse el deplorable y vergonzoso ataque en tiempo de paz a la escuadra de fragatas al mando del jefe de escuadra don José Bustamante, el 5 de octubre de 1804 sobre las aguas del cabo de Santa María, en el que resulto la pérdida total de la Mercedes, por explosión de su santabárbara y apresadas las tres restantes.

Provocando con ella la declaración de guerra del reino de España al Reino Unido, recibiéndose por esta razón la orden de armar de nuevo la escuadra de Cartagena, tomando el mando del navío Reina Luisa, y a las órdenes del general don José Justo Salcedo, quien fue llamado a Madrid, tomando el mando el general don Cayetano Valdés, quien se hizo a la vela el 10 de febrero de 1808 pasando primero a Mallorca a reparar averías y después a Mahón, durante el tiempo de permanencia en puerto, pasó como comandante al San Francisco de Paula y por ultimo al San Pablo.

Por presiones del mariscal de Francia Murat, consiguió depusieran a don Cayetano Valdés del mando de la escuadra, pasando a la Ciudad Condal, quedando don Juan José Martínez al mando de ella, al llegar la noticia del alzamiento nacional del 2 de mayo de 1808 contra el invasor napoleónico, se levantaron igualmente las plazas de Mallorca y Mahón, a ellas les siguió la escuadra, por esta razón la Junta de Valencia y Mallorca confirmaron en el puesto como Jefe de la escuadra a don Juan José Martínez y por ello enarboló su insignia como a tal Jefe le correspondía.

Sucedió que las fuerzas en las islas compuesta por unos nueve mil hombres, conocedores de la falta que ellos hacían en la península y la imposibilidad material que las tropas napoleónicas pudieran intentar efectuar un desembarco en ellas por falta de marina, demandaron muy airadamente ser transportados a Valencia, fue difícil apaciguar los ánimos, solo se les convenció al indicarles que mirasen en los puertos y verían la imposibilidad de ello por la falta casi total de buques.

A ello se sumaba permanecer aún en guerra con el Reino Unido, cuya escuadra al mando de Lord Collingwood mantenía un bloqueo en Tolón, pero de vez en cuando se presentaban tanto en Mallorca como Mahón, vista y comprendida esta anómala situación por la Junta de Mallorca, envió emisario al almirante británico para llegar a un acuerdo que permitiera libertad de acción de la Armada española, así entendido por el almirante, envió al contralmirante don Jorge Martín, con insignia en el Canopus para que se acercara a Mahón, al que se le unió el capitán Talbot al mando del Thunderer para llevar  a cabo las conversaciones.

Fondeando el segundo fuera del puerto y el primero cerca del Lazareto, donde se verificaron las conversaciones, llegando el 27 de junio a un acuerdo de armisticio, firmado en el mismo lugar por el general en jefe del ejército de las islas, Marqués de Palacio y el brigadier don Juan José Martínez y por parte británica el capitán de navío Talbot, quedando de acuerdo en que la escuadra británica podría sin ningún problema fondear en Mahón, y a su vez dejaría hacer a la Armada española en el Mediterráneo.

Al leer el acuerdo, el contralmirante británico accedía para que los mercantes cruzaran a la Ciudad Condal con las tropas, pero no así a los buques de la Armada, hasta no consultar con su Gobierno.

Al darse la noticia de que muy probablemente los buques de la Real Armada no podrían reunirse en Cartagena, se produjo un motín de las dotaciones, obligando a razonar a todos los oficiales con las  tripulaciones a su mando, pero protegidos por las fuerzas de la infantería de marina, logrado hacerles entrar en razón dándose por terminando el problema al medio día del 30 de junio.

A su vez a don Juan José le llegó una carta de propia mano del rey don Fernando IV de las Dos Sicilias, entregada por una persona de confianza del Monarca, quien era hermano de don Carlos IV y al saber de su abdicación en su sobrino Fernando VII tenía la pretensión de ocupar el trono de España, invitándole a que se trasladara con la escuadra al puerto de Palermo para serle entregada, por tener el consentimientos del Reino Unido; como es de suponer se le ofrecían varias dignidades y privilegios en su Reino. Don Juan José le respondió que esa acción no era posible sin el permiso de su Rey, dando al mismo tiempo la orden para con la mayor reserva fueran recogiéndose todas las proclamas del Monarca, repartidas entre las dotaciones y en tierra, para ser destruidas, pues el momento no era el más apropiado para crear falsas expectativas en contra de España.

Reunidos varios buques mercantes embarcaron en ellos cuatro mil seiscientos hombres, todos los que había en la isla de Menorca al mando del Marqués de Palacio, quien antes de abordar su buque, transmitió todos los poderes que le había otorgado la Junta a don Juan José, siendo nombrado Gobernador militar y político de la isla de Menorca; se hicieron a la vela entre el 19 y 20 de julio, siendo escoltados por la fragata británica Imperieuse, al mando del capitán Lord Cochrare con rumbo al puerto de Tarragona, donde comenzó el desembarco el 23 siguiente.

El 4 de julio anterior se había firmado la Paz con el Reino Unido, no llegando la noticia hasta el 10 de agosto siguiente, (obsérvese que, de haber existido mejores medios de comunicación, la escuadra de Mahón hubiera podido dar escolta al convoy de tropas) dando la orden de alistar los buques posibles, fue tan rápido que el 14 se hizo a la mar con parte de la escuadra, arribando al puerto de Cartagena el 18 siguiente, la mala noticia fue que por falta de materiales se dio la orden de desarmar los buques, con la sola excepción del navío San Francisco de Paula, al llegar la noticia de la recuperación de la escuadra a la Junta de Valencia, se le concedió el ascenso al grado de jefe de escuadra con fecha del 23 de agosto, siendo ratificado por la Junta Central con fecha del 23 de febrero de 1809. Mientras en el puerto de Mahón quedaron fondeados cinco navíos británicos para dar seguridad. (Lo que hubieran dado por quedarse)

Quedó desembarcado, como no se le dio ningún tipo de mando y aún conservaba el de la Compañía de Guardiamarinas, no fue impedimento ostentar tan algo grado para su desempeño, por ello continuo en su único destino; fue consultado en varias ocasiones para reforzar las defensas de la plaza, donde se presentaron las tropas napoleónicas ante ellas varias veces, pero nunca osaron atacarlas. (¡Curioso!)

En 1812 pasó a Cádiz de transporte en el corbeta Diana, tomando el 1 de abril el mando de las lanchas cañoneras; el 30 de agosto se apoderó de las fortificaciones enemigas del Trocadero, antes de que fuesen abandonadas por los franceses; el 2 de noviembre del mismo año fue nombrado Comandante General de la escuadra del Océano, arbolando su insignia en el navío América, destino que desempeño hasta el mes de julio de 1814, por pasar a desarme toda la escuadra; se le nombró Capitán de las compañías de guardiamarinas, quedando en la Cádiz como sede central del mando de ellas.

Por Real orden del 8 de diciembre de 1815, se le ascendió al grado de teniente general. Al ser creada la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, se le concedió por tener cumplido el reglamento la Gran Cruz.

Fue nombrado Comandante de las guardias de honor de las Serenísimas Infantas del reino de Portugal, doña María Isabel y doña María Francisca, quienes embarcadas en el navío San Sebastián fueron transportadas de Brasil a la bahía de Cádiz, fondeando a principios del mes de septiembre de 1816, donde se celebraron los esponsales a bordo del mismo buque el 5, entre las Infantas y los representantes de don Fernando VII y su A. R. don Carlos, siendo don Juan José uno de los testigos del acto.

Le comisionó S. M. pasar revista al arsenal de La Carraca, en el año 1817, después de verificar el estado general del mismo elevó al año siguiente una ‹ Memoria › dando una larga exposición del lastimoso estado en que se encontraba, no siendo muy bien recibido por el Gobierno, intentando éste desacreditar al marino, quien llevado por su honor reclamó duramente ser escuchado en la Corte, siéndole  concedido, fue tan convincente su exposición que al final se le aplaudió.

Al producirse el levantamiento de Cabezas de San Juan, el 1 de enero de 1820 y proclamada la Constitución, fue nombrado don Juan José Martínez capitán general del Departamento de Cádiz por Real orden del 9 de abril, pero al no recibir fondos para reactivarlo como mandaba la imperiosa necesidad, renunció en varias ocasiones hasta serle admitida.

Fue activado el Almirantazgo por Ley del 22 de enero de 1822, recibiendo el nombramiento el 20 de febrero siguiente, de vicepresidente de la Junta del Almirantazgo, por expreso deseo de S. M. tuvo que pasar por Aranjuez para jurar la Constitución, acto que tuvo lugar el 24 de abril siguiente.

En marzo de 1823 acompañó al Gobierno a Sevilla y allí el 15 de mayo siguiente fue condecorado por el mismo Rey con la Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Fernando. Siéndole confirmada por el mismo don Fernando VII en el mes de diciembre de 1825.

Al proclamarse el 1 de octubre de 1823 de nuevo el régimen absolutista en manos de don Fernando VII, pasó a Sanlúcar de Barrameda población que le vio nacer, a pesar de haber sido el mismo Rey quien le obligó a jurar la Constitución, fue despojado de todas sus condecoraciones, honores y empleo; fue perseguido por sus antecedentes liberales hasta ser depurado de oficio, recobrando todas sus preeminencias.

Falleció el 9 de noviembre de 1829, cuando contaba con setenta y dos años de edad, de ellos cincuenta y nueve, y cuatro meses de servicios sin tacha a España.

Bibliografía:

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