Castillo Olite-Postyshev-Zwaterwater-Akedemik Paulo-Zaandijk

Posted By on 4 marzo, 2022

Castillo Olite. Autor desconocido.

Construido por Rotterdamsche Droogdok Maatschappij, de Rotterdam. Holanda, 1921.

Desplazamiento: 6.770 t. Dimensiones: Eslora 120 por 16’30 de manga y 5’15 metros de calado. Máquinas: Triple expansión de 600 C.V. Velocidad: máxima 10 nudos.

Fue un pedido de la compañía Solleveld Van der Meer & T.H. Van Hatmun, con el nombre de Zaandijk, en 1929 lo compro otra compañía holandesa, quien lo renombró Akedemik Paulo, quien a su vez el 1932 lo vendió a Nederlandsch Lloyd, cambiándole el nombre por Zwaterwater, pasando en 1936 a ser vendido a la URSS, quien lo renombró Postyshev, (en honor al secretario del partido comunista, Pavel Petrovich Postyshev, nacido en Ucrania) siendo matriculado en Odessa.

El mercante armado Vicente Puchol al ser reparada su máquina, se le entregó el mando al capitán de corbeta D. José Luis Gener Cuadrado, saliendo con rumbo al Estrecho, donde el 31 de mayo de 1938 apresó al mercante soviético Postyshev, con matrícula de Odessa, declarado a su vez “buena presa” se incorporó a la marina nacional con el nombre de Castillo Olite, por falta de mandos, se le entrego el mando al Capitán de la mercante, D. Bernardo Monasterio Mendoza, siendo su único capitán.

Fue destinado como transporte, por ello permaneció en este trabajo consistente en transportar de todo a cualquier puerto de la zona nacional, moviéndose casi sin parar, sólo lo justo para recargar combustible, entre Palma, Vinaroz, Tarragona, Castellón, Cádiz, Ceuta, Melilla, Barcelona e interviniendo como tal a transporte de hombres y materiales de guerra, como en concreto el 16 de febrero de 1939, embarcando parte de efectivos de la División 12 (al mando del coronel estampillado de general de brigada D. Carlos Asensio Cabanillas) en Palamós y desembarcarlos en Tarragona, donde a su vez embarco tropas de Infantería de Marina, para desembarcarlas en Palma de Mallorca, el 21 seguido salió de Palma con materiales y efectivos, para desembarcarlos en Castellón, donde se estaban concentrando tropas para el asalto final sobre Valencia.

Todo esto ocurrió por llegar a «Terminus» una comunicación que decía: «En Cartagena se ha levantado la guarnición a las órdenes del general honorario de Infantería de Marina Barrionuevo. Las tropas han ocupado la población, fuertes y baterías, conminando a la Escuadra Roja a hacerse a la mar o hundirla. La Escuadra Roja sobre medio día se hizo a la mar, viéndose sobre las 05:00 horas en dirección a Argel. El general Barrionuevo pide la presencia de nuestra Escuadra y se le anuncia que se encuentra en camino así como el envío de refuerzos. Al insistir el general Barrionuevo la conveniencia de la llegada urgente de la Escuadra se le contesta que está en camino y se le pide objetivos para la aviación.

Dan los siguientes: El cuartel de Infantería de Marina, el aeródromo de la Aparecida y otros objetivos a varios kilómetros de Cartagena. Poco después pide que se bombardee ya el casco urbano de Cartagena, dice ser suyas las baterías antiaéreas; se le pregunta si los barcos pueden entrar directamente en Cartagena. Dijo que sí, parece deducirse que ocupa el Arsenal, el Parque de Artillería, los fuertes y las baterías de costa.

Hoy 6 a las 4 de la mañana se le pedirá que dé noticias concretas de lo que ocupa. Antes no se hace por no ilustrar al enemigo.

Según las radios rojas a las 20:00 horas del día 5, las fuerzas rojas en la zona de Levante están frente a los insurrectos de Cartagena; lo hacen al lado del comunista Dr. Negrín pues a las 12 de la noche en Madrid había una Junta Provisional presidida por Miaja contra Negrín llamando traidor al bovino de Negrín.»

(Como queda demostrado en éste parte, ambos lados tenían los mismo medios de comunicación, por ello se abstiene Barrionuevo de concretar datos y lugares, pero es seguro que sus noticias, si bien halagüeñas no eran del todo ciertas, precisamente por engrandecer los conseguido y desmoralizar al enemigo, (quien le estaría oyendo) lo que se volvió en contra de los embarcados y por ende de la realidad, pues de haberse sabido a ciencia cierta, «Terminus» no hubiera ordenado este movimiento de tropas y buques, a su vez y ya comentado, cometió el error de no comunicar al Almirante los acontecimientos, como si éste fuera un enemigo.)

Por las prisas ya mencionadas, fue «Terminus» quien pasó la orden al general don Luis Orgaz Yoldi (1), al mando del Ejército de Levante, compuesto por varios cuerpos de Ejército, entre ellos el de Galicia, y en éste en concreto a la división 83, al mando del general Don Pablo Martín Alonso, para embarcar en los diferentes buques, para ser transportados y desembarcados en Cartagena, por ser la unidad militar más cercana al puerto de Castellón, por ello se trasladaron comenzando el embarque el 5 de marzo de 1939, pero en este caso, primero se tuvo que desembarcar los transportado, pero por la urgencia como se sabe no toda la carga fue depositada en tierra.

(1) La orden textualmente dice: «Salir lo antes posible para Cartagena a fin de reforzar a los insurgentes y asegurar la base. Urge asegurar Grupo de Baterías de Cabo Tiñoso, Grupo de Baterías de Portmán, Fuerte de San Julián, Fuerte de Galeras y Arsenal y Baterías Antiaéreas a la salida de Cartagena. Sale una División de Castellón y una de Málaga. El jefe de la expedición de Castellón es el general Martín Alonso. La división de Málaga tardará en llegar. La maniobra en el mar la dirigirá el Jefe de la Escuadra. En tierra una vez desembarcados, dirigirá el general Martín Alonso. Las tropas deben desembarcar reforzando a los defensores tan pronto lleguen sin esperar a estas todas, pues urge asegurar lo ocupado»

A su vez menciona, porque viene muy a su punto el tema, la orden como queda explicado partió directamente, sin conocimiento del Almirante, éste sólo se enteró de ello porque las comunicaciones mencionadas entre todos los buques, por trabajar en diferentes onda, fueron oídas en su Cuartel General (Palma) que como a tal el Almirante de las Fuerzas de Bloqueo del Mediterráneo, disponía de varios equipos, para poder enviar o recibir órdenes de todos ellos, pero a su vez se le da el mando por la orden mencionada, pero sin serle transmitida. Curioso proceder o desorganización en el Estado Mayor del Ejército y de éste con el Estado Mayor de la Marina, por describirlo suavemente, pero eso sí, más tarde para todos los sabios, el responsable fue el Almirante.

(Aclarar que a veces se escriben datos y sobre todo horas, las cuales en estas fechas tratadas, entre el 5 y 10 de marzo de 1939, el horario era distinto en ambos bandos, siendo una hora más en la zona gubernamental y por ello una menos en la de los sublevados, lo que a veces lleva a error por no coincidir, las que aquí se tratan es el horario de los nacionales, a excepción de los partes dados desde la zona gubernamental.)

Al ser puesto en su conocimiento, el Almirante se limitó a emitir una orden dictada a las 04:50 del mismo 5, pero no se pudo (o no se quiso) dar a conocer hasta las 06:00: «Preferencia absoluta: No acercarse a tierra. Incorporarse al Mar Cantábrico a 8 millas al 180 de Cartagena», recibiendo del mercante armado Rey Jaime II a las 11:50 una comunicación diciendo: «Sin novedad» fue el primero en salir de Castellón, siendo el Rey Jaime II el único controlado por el Almirante, de los restantes salidos del mismo puerto, nada más supo, éste mercante a las 13:30 quedo incorporado a los cruceros auxiliares Mar Cantábrico y Mar Negro, ambos salidos de Tarragona enarbolando la insignia del Almirante en el primero.

La distancia a navegar entre Castellón y Cartagena era de 180 millas, dada la diferencia de velocidades, se calculaba estar presente el convoy sobre unas 23 a 26 horas más tarde de la salida, el mismo 5 a las 14:10 el Almirante, recibe directamente una orden de «Terminus», para que los sumergibles General Sanjurjo y General Mola, salgan de Soller, para prestarle apoyo y comunicaciones de posibles peligros, pues era conocedor de la salida de la Escuadra gubernamental y se temía que ésta arrumbara a Valencia.

En previsión de otros problemas añadidos, el Almirante a las 16:10 emitió un mensaje al comandante del minador Vulcano, por ser el que estaba al mando de estos tres buques, pero que no lo recibió hasta las 19:00 (cada cual piense lo que considere), diciendo: «Preferencia absoluta: Ordene V.S. a Comandante de Marina Castellón que embarque inmediatamente en vapores Castillo de Olite, Castillo Gibralfaro, Castillo Monforte y cruceros auxiliares A. Lázaro y J. J. Síster las tropas a medida vayan llegando al puerto. El conjunto escoltado por minadores dirigirse a cabo Palos donde encontrarán mañana Mar Cantábrico y Mar Negro, y probablemente Canarias y destructores. Recomiendo a V.S. máxima rapidez.» Como queda comprobado, lo de navegar en convoy no se llevó a efecto, por las prisas que emitía «Terminus», pues fueron casi decenas de órdenes, casi imposible de transmitir, por tenerse que descifrar y como se ve muchas llegaban con retraso.

De hecho el general al mando de todas las fuerzas embarcadas D. Pablo Martín Alonso, al saber y ver como los buques nada más salir aproaban a su destino sin escolta, decidió pedir explicaciones a sus mandos, llamando por teléfono al Jefe del Estado Mayor del Ejército de Levante, y éste al General don Luis Orgaz Yoldi, quien a su vez hablo con «Terminus», recibiendo como respuesta de éste el general Martín Alonso lo siguiente: «Pablo Martín Alonso. Entorpece salida barcos que quieren salgan reunidos. Nada de reunidos, que salgan como disponga la Marina y no se meta en lo que no debe.» Es patente el enfado, pero a su vez la sutileza de endosar toda la responsabilidad al Almirante, quien prácticamente se encontró entre la espada y la pared, porque él mismo ya había decidido realizar la navegación en convoy, y no con buques sueltos abandonados a su suerte.

Es algo muy repetido, pero conforme se desarrollaron los acontecimientos, incluso pasados muchos años, no se puede pasar por alto y dejar muy claro de quien fue la responsabilidad real, y autentica del desastre. La cantidad de años transcurridos sobre el tema, nos lleva a pensar, basándonos en partes militares, para dar a conocer la verdad, sin que nos guíe nada ni nadie los dedos de este escrito, sólo narrar la Historia.

A su vez recibe esta orden el capitán de fragata D. Fernando Abarzuza y Oliva quien la trasmite al Almirante: «Órdenes tajantes del Generalísimo, almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada y 2º Jefe del Estado Mayor de la Armada alterando el plan de embarque de las tropas y disponiendo la salida de los transportes de Castellón sin protección alguna en contraposición de las instrucciones cursadas por el Almirante Jefe de las Fuerzas de Bloqueo del Mediterráneo.» añadiendo: «Me dijo (el Jefe del Sector) que había hablado con el 2º Jefe de Estado Mayor de la Marina y que al decirle que el Lázaro y el Síster habían fondeado fuera sin saber de orden de quien, le dijo que salieran enseguida para Cartagena y que los minadores debían urgentemente embarcar el mayor número de fuerzas y salir inmediatamente.»

Por esta descoordinación de órdenes, y a petición del Jefe del Sector, se puso directamente en comunicación telefónica con Burgos, y nos dice: «Me puse en contacto con Burgos, llamando por conferencia (esto lo dice en su parte de Campaña) y puesto al habla con el 2º Jefe (éste era D. Salvador Moreno Fernández, hermano del Almirante, quien ostentaba el grado de Capitán de Navío, estampillado de Contralmirante) me ratificó todo lo que me había dicho el Jefe del Sector, que los barcos fueran saliendo a medida que estuvieran listos, a máxima velocidad, a Cartagena, que todo se hiciera urgentemente y, que esperaba de mí pusiera el máximo interés pues era de gran importancia el llevar lo antes posible a Cartagena un gran número de fuerzas».

Como queda patente por todas estas conversaciones, sólo nos lleva a una afirmación, esa premura, por otra parte lógica por los partes del general de Infantería de Marina en la reserva, Excmo. Sr. D. Rafael Barrionuevo Reyes, deshacía por completo una de las leyes del mar, y esta dice que navegar sin cobertura o a resguardo de buques de guerra, una flota o convoy está casi al límite de la inconsciencia, por  desobedecer el sentido común, por ello todas las previsiones propias al respecto del Almirante, quedaron anuladas, siendo en este caso a nuestro entender, lo que provocó la catástrofe; quedando muy claro que el Almirante en ningún caso fue responsable de lo sucedido.

Por las órdenes tajantes de «Terminus» se efectuó la salida inmediata de los que ya estaban alistados, al ser conocedor el Almirante de todo lo anterior, su buque insignia y su hermano se unieron al J. J. Síster, quien curiosamente al salir del puerto a las 22:10 del 5, y estar fondeado para dejar espacio a sus compañeros, al levar su ancla se enredó con una cadena, permaneciendo en el trabajo de desenredarse de ella, esto provocó a su vez que los minadores no pudieran entrar lo rápido que se demandaba, sólo al conseguirlo salió y se reunió con los dos cruceros auxiliares, aproando a Cartagena.

Como queda dicho, el Almirante ordenó reunir todas sus fuerzas en Castellón, el mismo 5 se dio la Orden de Operaciones previas al desembarco en Valencia, llevando a bordo 700 efectivos del ejército cada minador, (era todo un convoy con tres transportes, tres cruceros auxiliares, varios rastreadores, más todas las unidades de la Marina en la zona) al completar la carga, salió a las 21:45 y fondeo en el puerto, para dejar espacio a sus compañeros, para atracar y facilitar el embarque.

No transcribimos más partes, porque fueron muchos y para no extendernos en los problemas de embarque, porque esto sería casi interminable, las prisas en cuestiones militares, (y en cualquier profesión civil) siempre son causa de fallos, errores y con ellos provocar a veces como es el caso, tragedias, de las cuales al final nadie es responsable, por aquello de ser orden del “jefe” y contra éste no cabe el derecho de alzada, porque siempre lo tirará para atrás o lo meterá en el cajón del olvido.

El Castillo de Olite lo bien cierto es que el 5 de marzo de 1939, se encontraba en Castellón desembarcando sacos de harina, chocolate y embalajes de maderas, para construir cajas para embalar naranjas (esto se sabe porque un testigo de los que trabajó en el desguace del buque, en su parte más baja del casco, aun se encontraron clavos y máquinas para la fabricación de las cajas, esto a su vez fue ocasionado y demuestra las prisas para embarcar las tropas, y desembarcarlas en Cartagena), algo que ya hemos repetido muchas veces, y que llevó a confusión y a este desastre, al emitir desde la base naval partes que no eran ciertos, pero no por error, sino para desmoralizar al enemigo y dar por tomada la base y ciudad de Cartagena, por ello desde «Terminus» le daba tanta prioridad para llevar a buen término el desembarco en el arsenal cartagenero, de hecho cuando se encontraba en este trabajo de desembarcar los materiales, se le dio la orden de desatracar y fondear en el mismo puerto, en su lugar atracó el minador Marte, para embarcar las tropas.

A su vez había dos mandos, por ser un mercante sin armar y por ello su capitán era de la mercante, (como en casi todos los transportes) D. Bernardo Monasterio Mendoza, pero como era costumbre en estos buques, el mando absoluto recaía en el Comandante Militar a la sazón el alférez de navío de la Reserva Naval, D. Eugenio Rodríguez Lazaga, al dejar espacio los dos transportes en el muelle los Antonio Lázaro y J. J. Síster, quienes fondearon fuera en el puerto a la espera de poderse reunirse todos, a su vez ya se ha comentado, atraco el minador Marte, cuando éste estuvo listo, fue cuando se le dio paso al Castillo de Olite para atracar, comenzando el embarque de tropas el 6 a las 10:00, y a las 10:45 todos a bordo desatracó y comenzó la maniobra de salida, siendo por ello el último en hacerlo, porque a su vez el comandante militar del puerto había recibido una orden del Estado Mayor de la Marina, en la que se dice: «A la hora que señale el Sr. Comandante de Marina saldrá de puerto dirigiéndose en rumbo directo a Cartagena a una distancia de la costa no inferior a veinticinco millas. No entrara en Cartagena hasta que no lo ordene algún buque de guerra nacional o el Alto Mando Naval pero al parecer nadie cayó en la cuenta que este buque, al igual que el Castillo Peñafiel, quien salió unas horas justo delante, ninguno de los dos llevaba medios de comunicación con nadie, algo que en sí contribuyó a su fatal destino.

A los Mar Cantábrico y Mar Negro se le unió el J.J. Síster, pero seguían sin saber dónde estaba destinado el transporte, por fin a las 23:59 del 5, llega la orden para que ambos cruceros auxiliares y el minador Vulcano (en el que iba embarcado el Cuartel General de la división), sin esperar a nadie se dirijan a Cartagena. Pero hasta las 09:40 del 6 el Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada, al saber que el Almirante se encontraba frente a Cartagena, le envía un mensaje diciendo: «V.E. tiene mando toda la operación» con esto «Terminus» endosaba toda la responsabilidad a don Francisco Moreno Fernández, por ello a las 14:00 del 6 recibieron la orden de arrumbar ambos buques al 168, a 12 nudos y recalar a 15 millas del Cabo San Antonio, y alejarse en la navegación de la costa, por peligro de la aviación, a las 13:00 estaban de través con cabo Palos y a las 14:45 a la vista de Cartagena.

Fueron llegando otros buques, entre ellos los minadores Vulcano, Júpiter y Marte, los destructores Melilla, Teruel y Huesca, varios mercantes armados, el crucero Navarra y el Canarias, a su bordo el Jefe de la División de Cruceros, quien saludó a la voz al Almirante en su insignia, permaneciendo todos ellos voltejeando sobre Cartagena, a la distancia ya mencionada por seguridad, dado que el control de las baterías de costa del arsenal no estaba seguro, por más que el general Rafael Barrionuevo Reyes emitiera que todas ellas estaban en su poder, continuo la espera y la llegada de otras unidades de la escuadra, así como los mercantes armados y mercantes, a esto sumar que la aviación gubernamental no paraba de estar presente, pero era en algunos casos contrarrestada por la DCA (Defensa Contra Aeronaves) de los nacionales.

Para comprobar que el tema de las baterías era cierto, el Almirante con su insignia y su hermano, se acercaron a Portman, eran las 07:25 del 7 con mar en calma, cuando de pronto cayeron muy cercanos, unos proyectiles que, por lo piques levantados se supo eran del calibre 381 mm y otros algo más alejados del 152’4 mm, confirmando la imposibilidad de poder efectuar el desembarco, de hecho los dos cruceros auxiliares viraron 180º y a toda máquina se alejaron del peligro, el Almirante no muy lejos de ellos a bordo de su insignia, dio la orden de aproar a mar abierto, incluso realizó varios disparos para atraer el fuego, pues él no llevaba tropas indefensas a bordo, confirmándose la imposibilidad de efectuar el desembarco, pudiéndose asegurar que la sublevación había sido dominada.

Al mismo tiempo, en este momento se advirtió que las baterías de costa de Levante, abrían fuego sobre las de Poniente, eran sobrevolados por aviones gubernamentales, y el práctico no salía, así las cosas se fueron agrupando fuera del alcance de la artillería, el Almirante, aunque no se había llegado a un acuerdo donde realizarlo, mientras prefería Portman, (como ya había comprobado era imposible,) pero desde «Terminus» se le indica mejor en el mismo puerto (pero las baterías que lo defendían no estaban de su parte, como por desgracia se había demostrado), siendo una simple locura intentar entrar en el arsenal.

Por la velocidad del Castillo Olite, a pesar de no estar muy movida la mar, la travesía hasta Cartagena, en la que nadie lo pudo avistar y por ello transmitir a la voz las órdenes del Almirante, arribo a su destino después de una tranquila navegación, (lo que se desconoce, es la razón de no navegar por fuera de las 12 millas, y de pronto presentarte ante Cartagena, bojeando la costa), cuando aún le faltaban unas millas por navegar, sobre las 09:00 es avistado por el hidroavión Heinkel 60-3, a los mandos el teniente Cordón y alférez Puigmolto, quien por no poderse poner en contacto, intenta advertirle del peligro, para ello no puede hacer otra maniobra que alabear, pero esto empeora el conocimiento, pues desde la cubierta se le saluda, entendiendo los mandos a bordo que el puerto está tomado.

Decidiendo continuar a rumbo, al encontrarse cerca de Escombreras entorno a las 10:00, en su rumbo no pudo divisar a ningún buque, precisamente porque al saberse que la artillería de costa estaba en poder gubernamental, por orden del Almirante, todos los buques presentes se encontraban entre las 10 y 12 millas de distancia de las baterías, por el contrario el Castillo Gibralfaro, había navegado por fuera de las 10 millas y precisamente esto le salvo por ser avistado, recibiendo la orden de regresar y en caso del Castillo Peñafiel, ya se narra la razón de no caer en la misma trampa.

El Castillo de Olite, sobre las 05:00 del 7 se encontraba a la vista del cabo de Palos, todos sus mandos a bordo estaban escudriñando el horizonte, tratando de avistar algún buque, pero nada pudieron ver, llamándoles la atención precisamente esto, por ello la mayoría pensaban que estaban dentro del puerto, entre ellos y el Capitán conversaron, decidiendo aproar al paso entre el islote de Escombreras y la costa, para así protegerse en caso de estar equivocados, a ello se añadía por llevar radio, que la orden recibida al salir de Castellón era muy clara, «Entrar en Cartagena y desembarcar las tropas», y en contra de esta nada se había recibido.

Al llegar al paso eran las 10:05, cuando el capitán envío un señalero a proa, por si debía responder a algún tipo de aviso, en esos momentos estaba saliendo de la protección del islote de Escombreras, cuando de pronto se oyó un disparo, seguido el proyectil les paso por la cabeza; era un cañón Nordenfelt de 57/37 mm, proveniente de la batería de San Leandro, situada en la zona baja del Castillo de San Julián; el comandante militar D. Eugenio Rodríguez Lazaga comentó: «Es un disparo de aviso. No hemos podido engañarles. Nos piden por heliógrafo nuestra bandera», al terminar dio una orden; «¡Todos los hombres con su armamento a cubierta!» vamos a izar nuestra bandera «¡Señalero, arriba la bandera!» y seguido «Voy a intentar varar el barco en aquella playa, a la derecha de la bocana» (era la playa de Escombreras) «Allí o muy cerca estaremos desenfilados de las baterías de tierra. Y los hombres que desembarquen como puedan. ¿Suerte y arriba España!»

Entre el 5 y 6, al ser tomada por los sublevados la 3ª batería, la de La Parajola, en el castillo de Galeras, mantuvo un duro fuego con las del castillo de San Julián más al norte, (este fue el momento ya tratado, cuando el Almirante se apercibió del cruce de fuego entre ambas posiciones) entre las dos daban protección a la entrada de la base naval, por ello se sufrió la pérdida de la pieza nº 2 y nº 3, la nº 4 fue trasladada a Almería en 1936 y por ello inexistente, quedando sólo la nº 1 capaz de hacer fuego, pero a su vez la dirección de tiro, fue destruida por el de la batería de los Aguilones, pero sucedió que las tropas sublevadas no estaban muy puestas en el tema, además por necesidades sus conquistadores no llevaban armamento de mano, de ahí que fuera reconquistada por los gubernamentales, al conseguir llegar a la posición los sublevados se rindieron, regresando a poder gubernamental, pero no teniendo otro medio de acertar en un blanco que, aplicar la experiencia y practica de su jefe, el capitán D. Antonio Martínez Pallarés.

Para no interferir el fuego entre las cuatro piezas, cuando se construyeron los emplazamientos, quedaron dispuestas en escalones, siendo asentadas, la pieza nº 1 en una cota de 158’98 metros, la nº 2 a 163’22, la nº 3 a 164’96 y la nº 4ª a 170’68 metros de altura sobre el nivel de la mar. Las piezas eran de 6 pulgadas, o sea fabricadas por Vickers de 152’4/50 mm, con un alcance efectivo de 24.000 metros.

Mientras el Castillo Olite viraba, para embarrancar en la playa, se divisó enarbolada la bandera de la República, sobre el Castillo de Galeras, en esos momentos sólo estaba a 2.000 metros de distancia, fue cuando recibió un impacto del Nordenfelt de 57/37 mm, en proa provocando un escape de vapor proveniente de la máquina de levar anclas, causando varios heridos por estar la cubierta llena al máximo, seguido comenzaron a recibir otro proyectil, esta vez era de la pieza de La Parajola, prosiguiendo el mando en intentar llegar a la playa, obviamente las tropas se encontraban inquietas y sin poder responder al fuego.

Se ordenó para intentar calmarlos por sus jefes, para ello comenzaron a cantar himnos propios de ellos, uno segundos más tarde encajo el primer impacto del mismo cañón, en su popa, el cual al explosionar barrio la zona, causando muertos y heridos (ya había centrado el fuego después de dos disparos anteriores), fue cuando el capitán vario rumbo para desenfilar el fuego, aproando al estrecho entre la isla de Escombreras y tierra firme, viéndose ya a muchos hombres en el agua tratando de llegar a nado a tierra, aguantándose precisamente sobre los tablones de madera, de los embalajes no desembarcados para transportar naranjas, unos segundos más tarde, fue acertado en su centro, al parecer en la bodega nº 3, donde por las prisas se había concentrado todos los proyectiles de artillería y cajas de munición, para el buen servicio de la tropa en tierra.

Al recibir este impacto el barco se escoro rápidamente, al mismo tiempo que se fue partiendo en dos, ni que decir de los nervios del momento, porque unos pocos minutos más tarde el buque desaparecía de la superficie, el drama estaba servido, eran las 10:30 horas, viento en calma y temperatura de la mar entre 18 a 19 grados, sólo quedo a la vista un palo del buque y cogidos a él varios hombres, bien por no saber nadar, bien por estar ya heridos intentaban salvarse, pero mucho de sus compañeros, quienes no habían podido subir a cubierta por falta de espacio, fueron arrastrados al fondo, a ello se sumó que desde tierra, dada la cercanía recibían fuego de fusil y ametralladora, pero también algunos de los enemigos, (hay que contarlo todo) viendo el desastre, se metieron en el agua y les lanzaban cabos para ayudarles a llegar a tierra, y poder ser sacados de tan trágica situación, la mayoría de estos pertenecía a una batería de artillería, cuyo capitán les dio la orden humanitaria de intentar salvar a todos los posible.

Palo que quedo a la vista del Castillo de Olite. Autor desconocido.

Hubo otro caso que hay que mencionar, porque en toda guerra se cometen a veces atrocidades, pero otros se comportan como personas, si es que en los conflictos esto existe, fue el caso de doña María del Carmen Hevia Saavedra, esposa del farero de la isla de Escombreras, una joven de unos 25 años en esos momentos, quien al ver el desastre y tantos cuerpo, bien tratando de alcanzar tierra, bien ya por desgracia flotando, bajó casi a nivel de agua, pero justo delante de ella dos individuos, armados con sendos subfusiles (otros les llaman metralletas) comenzaban a disparar a los indefensos nadadores, no lo dudó un instante y se lanzó sobre ellos derribándolos, recriminándoles su acción, diciéndoles «no era propia de hombres», por lo que se marcharon y nunca más fueron vistos.

Se dio el caso concreto de llegar ayudado por sus hombres, el capitán de artillería D. Luis Mollano, siendo depositado en tierra, pero a los pocos minutos murió, había estado en el asedio del Alcázar de Toledo, a su vez desde tierra los pescadores, comenzaron a lanzar sus barcos para trasladar a tierra firme a los llegados al islote de Escombreras, unos a otros se ayudaban para embarcar, entre ellos el caso también muy reseñable, del teniente D. Germán Álvarez de Sotomayor, quien estaba gravemente herido, pero lo más curioso era que, llevaba un torniquete (o lo que fuera) en su brazo izquierdo, para intentar parar la hemorragia, pero este elemento estaba realizado, con tiras de la ropa interior de doña María del Carmen Hevia de Saavedra, hasta aquí, la muestra del valor y desprendimiento de esta mujer, a quien no se le recuerda y ni si quiera se le concedió un premio en metálico, ni por supuesto, un diploma con referencia a su heroico actuar. Franco nunca reconoció este fracaso y siempre acuso de él al Almirante, por haber llegado tarde. Sin palabras.

A tenor de esto, decir que Franco quiso entrar en la Escuela Naval, pero por el desastre de Cuba y Filipinas, esta fue cerrada, no quedándole otro remedio que pasar al Ejército (el del Aire no existía). Su padre también era marino, pero no se soportaban ni por casualidad, todo ello nos lleva a la conclusión, de ser una persona resabiada con la Armada, a la que él mismo le cambio el nombre por Marina, así quedaban cuatro Marinas de España y entre ellas la militar. Cosas veredes amigo Sancho.

Al llegar a tierra fueron metidos todos los supervivientes, en barracones para pasar la noche, en la mañana del 8 fueron trasladados, los más graves en ambulancias, el resto en camiones (no había ambulancias para todos) al hospital de Cartagena, por la falta de auxilio inmediato, muchos murieron en esa triste noche, también murieron en el hundimiento el capitán de la marina mercante, D. Bernardo Monasterio Mendoza, y el Comandante Militar el alférez de navío de la Reserva Naval, D. Eugenio Rodríguez Lazaga, y entre los desaparecidos el coronel Auditor D. Antonio Martín de la Escalera, el teniente coronel D. José Hernández de Arteaga, jefe de las fuerzas embarcas, y el comandante D. Víctor Martínez, mientras que de los mandos, murió en el cautiverio el comandante D. Juan Judell, mientras los ilesos fueron trasladados a la iglesia parroquial de Fuente Álamo, pueblo situado a 25 kilómetros de Cartagena.

Al comprobar que las baterías  de costa no estaban en poder de los sublevados, el Almirante envió un mensaje al Jefe de Estado Mayor, explicándole lo ocurrido, así a las 14:30 del 7 (el mensaje del Almirante fue nada más estar a salvo, por lo que podemos decir claramente que, bien se lo pensaron en las alturas, pues hay más de 6 horas de diferencia, entre el emitido por el Almirante y recibir respuesta, como si el Almirante no quisiera terminar la guerra, al igual que todos sus superiores) se recibe un radio mensaje diciendo: «En vista de noticias que envía de encontrarse baterías parte occidental y Portman en poder fuerzas rojas, que hostilizan Escuadra, puede ordenar que tropas regresen a punto de partida permaneciendo Escuadra frente a Cartagena por ahora», es clara la contrariedad con que está escrita, pero eso le paso a todos los presentes, porque en definitiva eran quienes se jugaban la vida.

A las 15:25 y 15:35 el Almirante recibe dos mensajes del Jefe del Estado Mayor, indicándole nombre de buques y horas de salida, para que regresen a su mismo punto de partida, sin demora, pero de todos ellos el que no pudo regresar fue el Castillo Olite, el Almirante transmitió a todos ellos la orden, a las 16:30, diciendo: «Regresar a los puertos de salida lo antes posible, extremando la seguridad de las tropas que lleva a bordo», en cumplimiento de esta orden aproaron a Málaga, los Domine, Cabo Huertas y Castillo Monbeltrán, siendo escoltados por los destructores, mientras los destinados a Castellón, iban protegidos por los cañoneros, en su regreso se turnaron dando remolque al R-12, el Rey Jaime II, Antonio Lázaro y minador Vulcano, hasta dejarlo cerca de Ibiza, continuando a su puerto de partida, el resto de unidades cada cual a su puerto base, y los dos cruceros auxiliares a Palma.

A las 18:00 dio orden a todos los buques de arrumbar a sus puertos de partida, pero siendo conocedor de la falta de los Castillo Olite (2) y Castillo Peñafiel (3), dio la orden el Almirante ya de noche, al crucero Navarra de cruzar a 15 millas al 090 de cabo Palos en dirección NE/SW, hasta el paralelo 38, para tratar de avistar y avisar de su regreso a estos buques al puerto de salida, a su vez y como apoyo envió a algunos de los buques pequeños, para que pudieran acercarse a tierra e intentar averiguar donde se encontraban, pero la noche es traicionera y nada pudieron avistar, siendo sabedor que ninguno de los dos mercantes llevaba radio, dio por sentada su pérdida, por ello prácticamente no le dejó dormir esta noche, aunque ni era la primera ni sería la última pasada en vela, a pesar de estar ya visualizando el fin de la guerra.

(2) El Castillo Olite, transportaba 2.112 efectivos del ejército, no pudo saber nada de lo que ocurría, por ello el 7 por la mañana, ya resuelta la sublevación, se acercó a tierra por la isla de Escombreras, donde la artillería de costa lo hundió, muriendo 1.477 efectivos y el resto fueron capturados, 342 de ellos heridos de mayor o menor gravedad y 293 quedaron prisioneros, sufriendo a su vez diferente suerte, unos fusilados, otros pudieron escapar y de los apresados, y heridos los que quedaron, fueron puestos en libertad al entrar los nacionales. Sin duda alguna, fue el mayor desastre sufrido en la guerra naval, superando en bajas al hundimiento del crucero Baleares. Los llevados a la iglesia de Fuente Álamo a 25 kilómetros de Cartagena, en torno a 342 fueron liberados al llegar los sublevados, puestos al mando del comandante López Cantí, y en lugar privilegiado de vanguardia, por ello fueron los que prácticamente liberaron Cartagena, por este hecho de armas, fueron condecorados mucho más tarde todos sus miembros, con la Cruz Laureada de San Fernando Colectiva.

(3) Para saber los acontecimientos sobre este buque, nos remitimos al parte elevado a «Terminus» por el general al mando de las tropas, Don Martín Alonso, quien dice: «Castillo Peñafiel: Durante el 6 el buque navegó sin novedad. A las 11:30 horas del 7 apareció un avión enemigo que ametralló a las fuerzas que iban en cubierta, ocasionándoles bajas. Como consecuencia de este se procedió a reforzar el servicio antiaéreo emplazándose todas las armas automáticas en las tres unidades que constituían las fuerzas expedicionarias. A las 12:00 horas hicieron su aparición dos aviones enemigos que vuelven a ametrallar al personal de cubierta produciéndose bajas y siendo derribado uno de los aparatos. A las 13:30 horas realiza otra incursión de aviones rojos en número de tres que igualmente que los anteriores ametrallan a las fuerzas que tienen algunas bajas, logrando abatir dos aparatos. A las 13:55 minutos unos 7 aviones enemigos vuelven ametrallarlo, lanzándole esta vez bombas que explotan en las proximidades del barco, causando nuevas bajas, consiguiendo derribar otros dos aviones seguro y uno probable. A la misma hora encontrándose el barco a 7 millas de la costa rumbo a Cartagena la artillería de Portman abre fuego cobre él causándole uno de los proyectiles varias vías de agua, una de ellas de gran importancia debajo de la línea de flotación, (Por otra fuente sabemos que, el boquete abierto por uno de los proyectiles en su obra viva, tenía forma de cruz y de un metro de longitud cada brazo.) consiguiendo taponarla provisionalmente. Las fuerzas desde el primer momento están dando pruebas de un extraordinario espíritu, o teniendo su elevada moral cantando el himno del Movimiento. Como el enemigo seguía cañoneándole el barco se dirigió en busca de algún otro barco nacional con quien establecer contacto lo que no consiguieron. Como el carbón iba escaseando y el agua continuaba entrando en el barco fueron a Ibiza, dónde llegaron con gran peligro a las 16:00 horas del día 8 después de sortear un fuerte temporal que volvió abrir la vía de agua del buque poniendo a este en un inminente peligro. En este puerto permaneció hasta el día 12 que previa orden del Comandante de Marina embarcaron los batallones en el transporte Monforte a las 03:00 horas. Llegando al puerto de Castellón a las 18:00.» A su vez hay una discrepancia con el transporte que los reintegro a Castellón, de nuevo por otra fuente nos dice: «Al arribar a Castellón el J.J. Síster desembarco las tropas y materiales, pero estando en este menester, recibió la orden de salir lo antes posible, lo que efectuó el mismo 8, entrando el mismo día en Ibiza, para transportar a los efectivos que iban a bordo del transporte Castillo Peñafiel, quien había arribado al puerto el mismo día a las 16:00, embarcando las tropas el seguido 10 y desembarcando al día siguiente en Castellón.» (Como se aprecia hay unas diferencias, incluido el día de arribada a Castellón, con el anterior parte) Las bajas sufridas fueron de cuatro muertos y veintidós heridos.

Bibliografía: Para leer clicar sobre ella.

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