Cartagena desembarco 1939

Posted By on 22 abril, 2022

El Mar Cantábrico al estar listo, salió de Palma a un nuevo crucero, se hizo a la mar el 7 de noviembre a las 16:30 de 1938, no habían casi transcurrido dos horas, cuando se verificó problemas graves en la refrigeración de los cilindros de los motores, virando para regresar a su base, entrando el 8 a las 00:50, quedando a la espera de poder ser enviado a su astillero de construcción y revisar a fondo el problema, pues algo había que no se veía, la arribada a Palma del Mar Negro el 12 de noviembre a las 20:30, daba la posibilidad de darle al Mar Cantábrico (su hermano) el descanso necesario, el Almirante decidió se hiciera a la mar, saliendo el 13 seguido, entrando en Bilbao el 26, después de dos indispensables recorridos en Cádiz y Ferrol, para que pudiera arribar al puerto donde había nacido.

Fue alistado de nuevo, se confirmó en el mando al anterior comandante, capitán de corbeta D. Felipe Abarzuza Oliva, quien a su vez reclamo a su anterior dotación, no lo pudo lograr al 100 %, pero si la mayoría, salió el 22 de febrero de 1939, entrando en Santander y Ferrol en ambas embarco parte de la anterior dotación y a prisioneros de guerra, para desembarcarlos en Cádiz, de donde al cumplir esta comisión, salió con rumbo a Palma, donde entro el 2 de marzo, quedando de nuevo incorporado a las Fuerzas de Bloqueo de Tierra Mar y Aire.

El 5 de marzo, se recibió la orden de trasladar tropas para un desembarco en Cartagena, por saber el Estado Mayor que una parte de las tropas, se había levantado contra el gobierno de la República, y ante el riesgo la escuadra gubernamental salió a la mar, permanecieron unas horas a la espera de noticias, desde Madrid se les comunicó se presentaran a las autoridades francesas en Bizerta; el Almirante inmediatamente dio orden de salir de Palma, siendo a las 15:00 cuando levaron, el Mar Cantábrico insignia y el Mar Negro, con rumbo al cabo de Palos, tres minadores lo hicieron a las 13:00 rumbo a Castellón, el rumbo de los dos cruceros auxiliares era al 225 a 12 nudos en línea de fila, hasta las 20:45, al estar al 180 de Formentera, cuando metieron al 270 variando a las 22:45 al 230, arrumbando al cabo de Palos.

El Almirante se encontraba en una encrucijada, la flota gubernamental contaba con tres cruceros, y no menos de ocho destructores, mientras él en esos momentos, sólo podía disponer del Canarias y los cruceros auxiliares, pero estos era descabellado enfrentarlos a tan poderosos enemigos, pero no quedaba otra, por ello en principio se mantuvo a la expectativa, y cuando le fue confirmado que la escuadra enemiga navegaba con rumbo al norte de África, dio orden de acercarse al arsenal sublevado; esto le fue comunicado por ordenar despegar a la aviación de Palma y con la ayuda de la “legionaria”, quienes la avistaron sin acercarse en demasía, lo comunicaron a las 15:30 del mismo día, confirmando eran tres cruceros y ocho buques menores, situados a 40 millas al 180 de cabo Palos con rumbo 090, esto indudablemente le tranquilizó, pues todo su Estado Mayor le recomendaba virar y entrar en Palma, pero no era de los que abandonan, lo que ya había demostrado al principio de la contienda con el hundimiento del destructor Almirante Ferrándiz, en el Estrecho y el daño moral que significó durante toda la guerra al bando contrario.

El comunicado que envió el Almirante al tener estas noticias a «Terminus» dice: «Aviación legionaria dice que a 15:30 avistó Flota roja compuesta por tres cruceros y ocho destructores 40 millas al Sur de cabo Palos, rumbo 090. No creo posible se dirija a Valencia. Entiendo se dirige a Argel. Continúo con Mar Cantábrico y Mar Negro sobre cabo Palos. A 19:00 estoy E/W con Formentera. Ruego me comunique si se efectúa desembarco en cabo Palos o si se espera localizar dónde se encuentra Flota roja» los mensajes fueron muchos y sería prolijo transcribirlos, pero queda constancia de la gravedad de la situación, por una parte el Generalísimo recibía noticias y enviaba órdenes con gran fluidez, entre ellos quizás el más importante, era poner en conocimiento del Almirante, las divisiones a embarcar y las prisas lógicas de efectuar el desembarco, siendo muy minucioso en todo él, llegando incluso a denominar cada buque y la unidad militar a embarcar y en que puerto, incluido en ello hasta los que debían embarcar en Málaga, el resto correspondía a puertos al norte de Valencia, se baraja la posibilidad de que lo embarcado en Málaga, efectuase el desembarco en la población de Águilas; a las 17:10 del 6, el Almirante comunica a su Jefe que la escuadra gubernamental, se encontraba próxima a Bujía.

Los dos cruceros auxiliares a las 07:30 del 6, llegaron a estar a cinco millas de Cartagena, justo en ese momento se recibieron 12 disparos, de la batería de poniente, cayendo los piques muy cercanos, por ello dio la orden el Almirante de arrumbar al Sur y alejarse del peligro, siendo manifiesto que «Terminus» no estaba al segundo de lo que ocurría, porque transmitió incluso la orden para que los cruceros auxiliares entraran en Cartagena, pero este fuego demostraba que no estaba dominada la situación, esto a su vez fue puesto en conocimiento del Estado Mayor y a las 09:40 recibió un comunicado el Almirante diciendo: «V.E. tiene mando toda la operación»; pensamos que con éste cambio de actitud queda todo dicho.

Por fin llega el crucero Canarias, quien modero su velocidad para cruzar la proa del Mar Cantábrico a 20 nudos, quedando incorporado al dispositivo de fuerza del desembarco, eran las 09:35 del 6 de marzo, manteniéndose los tres cruceros, entre cabo de Palos y Cartagena, llegó el Rey Jaime II, procedente de Málaga con tropas siendo el primero, quedando unido a la agrupación, más tarde fueron reuniéndose otros, en esta situación la aviación de ambos contendientes estaba casi todo el tiempo sobre ellos, llegando a abrir fuego contra ellos desde los cruceros, a las 19:40 el Almirante recibe el radiograma siguiente del Jefe del Estado Mayor de la Marina: «Jefatura Aire, comunica avistada a 15:45 (casi cuatro horas más tarde) Flota roja continuaba navegando hacía Levante probablemente hacia Bizerta.»

Esto suponía un peligro menos facilitando el desembarco, se intentó efectuarlo sobre Portman, pero las baterías hundieron varias barcazas de desembarco, viéndose obligado el Almirante a suspender la operación, a partir de aquí se sucedieron las noticias, como una que decía que las tropas sublevadas iban a tomar la batería de costa del Tiñoso, pero no fue posible y el daño ya estaba causado, a su vez otro del Estado Mayor, casi a las 24:00 horas indicando la posible salida de Valencia, de mercantes con obras de arte con destino a Francia, para ello se destacó un destructor y vigilar esta posibilidad (sólo hay que ponerse en el momento y lugar, para saber a cuantos frentes debía el Almirante estar pendiente, y todo sin una marina adecuada, metiendo baza en realidad dos Estados Mayores y obviando al suyo, que al fin y a la postre sería el responsable de todo.)

Amaneció el 7 con buen tiempo, viento en calma y la mar llana, varios mensajes más para terminar de dotar a los buques, para poder realizar el desembarco en Portman, pero nada al respecto de la situación en las baterías de costa, en las que insistía el Almirante, su posición era obvia, pues se jugaba prácticamente a todos su buques, si las batería no estaban en buenas manos, esto se confirmó definitivamente, cuando a las 07:25 comenzaron a recibir piques de la batería de Portman de 152 mm y la del Negrete de 381 mm, lo único que se pudo hacer por tener algo más de alcance, fue ordenar al Canarias abriera fuego sobre la de Negrete, además de ser la más peligrosa, pero sólo pudo disparar una salva con los cañones de popa, que por desgracia no acertaron, por ello se dio la orden al minador Vulcano, tendiera una cortina de humo sobre los mercantes, ya que estos eran casi el blanco preferido y los piques se iban acercando a ellos, cada cual recibió la orden de a su máxima velocidad salir del alcance de lo que caía, lo que costo un poco a los mercantes por no disponer de altas velocidades, pero con el zigzag y el humo constante entre ellos, lograron salir de tan apurada situación, al hacerlo se dio la orden de navegar a 7 nudos al 090.

El Almirante embarco en su bote y se acercó al Vulcano, porque en él iba el jefe de la 83 división embarcada, el general de brigada de Infantería. D. Pablo Martín Alonso, con el que permaneció unos 40 minutos de conversaciones, desde el mismo minador a las 09:00, el Almirante dicto un mensaje para el Almirante Jefe del Estado Mayor de la Marina, diciendo: «Durante última noche enemigo se apoderó batería 38 y 15 cm. Este de Portman abriendo fuego al amanecer sobre los buques por depresión» a las 10:50 trasbordo a su insignia y a las 11:10 envío un mensaje a Burgos: «Ruego comunique a Generalísimo lo siguiente. Situación Cartagena desconocida. No es posible comunicar plaza. Baterías Portman en poder del enemigo. General cuerpo desembarco me propone enviar de noche 150 hombres para ocupar por sorpresa dichas baterías. De no poder ser, propongo desembarco esta noche en cabo Palos o Mazarrón» a su vez y la espera de noticias, todos los buques navegaban en línea de fila, unas tres millas fuera del alcance de las baterías de costa. 

El mismo 7 a las 10:30 se incorporó a la Flota procedente de Palma, el destructor Teruel, unidad que no llevaba tropas y su velocidad máxima de 21 nudos, le servía al almirante como aviso, dándole la orden de cruzar fuera del alcance de la artillería de costa, en toda la línea ya hasta donde ser perdía de vista, por ello contribuyó a avisar, al mercante Castillo Mombeltrán procedente de Málaga, para que se reuniera con el convoy, más tarde avistó al Sebastián quien había salido de Castellón, indicándole la posición del convoy; a las 12:10 desde Palma se le comunicó al Almirante: «Avistada Escuadra roja compuesta 3 cruceros 8 destructores fuera puerto Bizerta a 10:30 martes 7», como es comprensible esta noticia ya daba por finalizada en sí la campaña naval, o al menos el posible enfrentamiento con la escuadra gubernamental, a las 13:00 se le confirmó la anterior noticia: «El hidro Cant Z-506 73-2 que despego a 07:00 del 7 de marzo de Cagliari y arrumbo a Bizerta donde, a 07:45, avistó a los tres cruceros fondeados frente al puerto y los 8 destructores maniobrando en las proximidades. No arbolaban bandera y se notaba mucha actividad a bordo. La altura de la observación fue de 800 metros. Por habérsele roto la antena, regresó a Cagliari a 09:05. Volvió a despegar a 10:35 y a 12:55 amaró en Pollensa.»

El minador Júpiter, avistó un mercante navegando entre cabo Palos y Cartagena a 12 millas de la costa, arrumbó sobre él, al llegar a la voz le ordeno siguiera sus aguas, era el holandés Aurora, pero unos minutos más tarde, comenzaron a levantarse pique de más de 50 metros de altura, indicando eran las piezas de 381 mm y a menos de 200 metros del casco, su comandante se puso en contacto con el Almirante y éste dio la orden de dejar la presa y salir de allí a toda máquina, a su vez unos minutos más tarde, el minador sufrió el ataque de unos 20 aviones, respondiendo con sus piezas de 88 mm, pero hubo unos momentos que fue rodeado por las bombas que caían, milagrosamente no acertó ninguna, pues volaban muy altos y eso fue lo que le salvó.

A las 14:30 el Almirante recibió un mensaje del Estado Mayor de la Marina, diciendo: «En vista de noticias que envía de encontrarse baterías parte occidental y Portman en poder fuerzas rojas, que hostilizan Escuadra, puede ordenar que tropas regresen a punto de partida permaneciendo escuadra frente a Cartagena por ahora.»

El Almirante aún permaneció unas horas pensando posibilidades, pero ninguna le parecía conveniente, por ello a las 15:25 y 15:35, cada una para una agrupación, dio la orden de regreso a su puerto de partida, a las 16:30 emano un parte del Almirante que se ha podido saber fue manipulado o mal entendido, a causa de las claves a utilizar para realizarlo, pues el que se utiliza normalmente, uno que da cuenta de todos y cada uno de los mercantes, e incluso de los buques de la Marina que llevaban tropas, pero en él consta que tanto el Castillo Peñafiel como el Castillo Olite, estaban de regreso, lo que como es sabido no era cierto, en el caso del último.

El primero después de una travesía muy dura por el estado de la mar, más los constantes ataques de la aviación, logró llegar a puerto al día siguiente entrando en Ibiza, por efecto de los bombardeos sufrió un boquete en su obra viva, en forma de cruz y de un metro de longitud cada brazo, en estas condiciones no podía navegar, habiendo sufrido cuatro muertos y 25 heridos; las tropas, heridos y muertos embarcaron el seguido 10 y desembarcaron al día siguiente en Castellón.

Pero el segundo fue hundido en Escombreras, transportaba 2.112 efectivos del ejército, correspondientes al Consejo de Guerra, Plana Mayor del 1º regimiento, con los Batallones 2º y 3º de Zamora, el grupo de obuses y la sección  de Transmisiones, no pudo saber nada de lo que ocurría, por no llevar estación radiotelegráfica, por ello el 7 sobre el medio día, ya resuelta la sublevación, se acercó a tierra por Escombreras, donde la artillería de costa lo hundió, muriendo 1.477 efectivos y el resto fueron capturados, 342 de ellos heridos de mayor o menor gravedad y 293 quedaron prisioneros, sufriendo a su vez diferente suerte, unos fusilados, otros pudieron escapar y de los apresados, y heridos los que quedaron, fueron puestos en libertad al entrar los nacionales. Sin duda alguna fue el mayor desastre sufrido en la guerra naval, superando en bajas al hundimiento del crucero Baleares.

Los llevados a la iglesia de Fuente Álamo a 25 kilómetros de Cartagena, en torno a 342 fueron liberados al llegar los sublevados, puestos al mando del comandante López Cantí, y en lugar privilegiado de vanguardia, por ello fueron los que prácticamente liberaron Cartagena, por este hecho de armas, fueron condecorados mucho más tarde todos sus miembros, con la Cruz Laureada de San Fernando Colectiva.

De hecho y mientras vivió el Almirante, nadie dio la cara por él, ni siquiera se le invitaba a ciertas celebraciones, y se mantuvo en el más oscuro secreto su buen hacer durante toda la contienda, porque en opinión de sus jefes e incluso algún general, le ignoraban por ser el culpable del hundimiento del Castillo Olite.

A ello se sumaba que el Generalísimo no le perdonó nunca que hubiera intentado, estar por encima de él en esta operación, sumando a ellos los múltiples enfrentamientos durante la guerra, cuando desde «Terminus» se le daba una orden, que por falta de medios o los buques estar muy lejos del objetivo, o algunos en reparaciones era materialmente imposible cumplirla, pero eso sólo lo sabía quién estaba al minuto sobre sus barcos y dotaciones, y no quien sobre un mapa en su mesa, movía los peones cual partida de ajedrez, pero con resultados reales de muertes y heridos de personas.

Bibliografia: Para leer clicar sobre ella.

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