J.J. Síster-Galileo Galilei

Posted By on 26 marzo, 2022

J.J. Síster. Autor desconocido.

Construido por Nicoló Odero fu Alessandro & C. Sestri-Ponente. Odero. Génova. Italia, 1896.

Desplazamiento: 2.724 t. Dimensiones: Eslora: 86’31, por 11’25 de manga y calado de 6’90 metros. Máquina: 2 motores MAN Masch con 3.700 C.V. Velocidad: máxima 14 nudos.

Sirvió en Italia como Galileo Galilei, hasta ser comprado por la Compañía Valenciana de Navegación, quien le cambio el nombre por el que consta en este historial, fue comprado en 1917 por Trasmediterránea.

Al producirse el alzamiento fue incautado por los gubernamentales, por estar en el puerto de Málaga, donde fue utilizado como buque prisión, a su vez fue elegido como tribunal para juzgar a los sublevados, no siendo todos porque con la excusa de los bombardeos de la ciudad, fueron sacados varios y asesinados, lo que llama más la atención, es que fue nombrado instructor de las diferentes causas, el oficial 3º radiotelegrafista, ascendido a Capitán de Navío de un plumazo, José Balboa López, hermano de Benjamín, quien estaba en la Estación Radio de Ciudad Lineal en Madrid, lo que precisamente no garantizaba la seriedad de estos juicios.

Permaneció en su puerto, hasta salir de Cartagena como transporte, siendo el 19 de enero de 1937, cuando entraba en Tarragona, pero el 20 seguido salió y un sumergible nacional le lanzó dos torpedos, pero ninguno acertó en el buque, continuo transportando materiales de guerra, entre los puertos de la costa Mediterránea, y la isla de Menorca, quien necesita más de ellos, y se sabe de un viaje a Odessa, regresando con material de guerra a Barcelona.

Por noticias recibidas por el Almirante, dio orden de formar varias barreras, con los mercantes armados y los pocos bous disponibles, pero apoyados por los cruceros Canarias y Baleares, una entre el norte de África y las islas Baleares, y otra al norte entre las islas y cabo de Creus, quedando formadas por la mañana del 17 de septiembre de 1937, después de varias vicisitudes, el Baleares al frente de la norte, se le ordeno bajar a la segunda, mientras el Canarias pasaba a ocupar su puesto en la anterior, fue aquí cuando el mismo día a las 21:32, el teniente de navío D. Manuel Rodríguez Rey, en su puesto de la dirección de tiro «A», (la más alta del buque), comunico al puente que el marinero voluntario, el serviola Ramón de la Rocha y Mille, dio aviso de distinguir unos “bultos”, añadiendo que: «él personalmente no veía nada».

En el puente todos con sus primaticos permanecieron un tiempo vigilantes, pero al igual que el oficial de la dirección de tiro, no pudieron distinguir nada, no obstante el Almirante pidió el nombre de quien los había avistado, se le dijo, y como era el mismo que avistó el primero al Almirante Ferrándiz en el Estrecho, siguió con su corazonada, ordenando variar rumbo a los “bultos”, pasados unos minutos se avistaron dos sombras al W., al acercarse más se supo que era un convoy, en cabeza el destructor Almirante Antequera, le seguía a 500 metros el J.J. Síster, a éste le seguía a 700 por su popa el Rey Jaime II, y los destructores Gravina por la amura de estribor del J.J. Síster, mientras a la misma altura que su compañero, el destructor Sánchez Barcáiztegui por babor.

Estos tenían órdenes por si se producía un encuentro con los enemigos, ésta consistía en que el Sánchez Barcáiztegui se quedaría con los dos mercantes, mientras sus compañeros atacarían al torpedo a los contrarios, y si lograban hacer blanco, continuar con el fuego de artillería, con punto de reunión finalizado el combate en Mahón; en el Canarias nada más confirmarse el avistamiento se tocó a zafarrancho, (a esto el Almirante lo reservaba hasta el último momento, por no agotar a la dotación con falsas alarmas que, por otra parte eran casi continuas, y esto producía un gran cansancio en todos, aumentando la posibilidad de causar errores), así mismo aumentó la velocidad a 25 nudos, al mismo tiempo el Almirante tomo el mando directo de la operación, dando la orden de variar rumbo poco a poco, hasta que a las 21:40 alcanzo el 330, justo en ese momento se advirtió que la formación enemiga se rompía, saliendo cada buque en una dirección distinta y distante, volvió a ordenar variar al 320, para interceptar el rumbo de retirada a Barcelona, al mismo tiempo evitaba estar situado de través, por lo que un ataque al torpedo no sería viable, por bajar mucho la posibilidad de llegar a ser acertado.

A su vez por un informe gubernamental del Comisario Político del destructor Almirante Antequera, Salvador Ros se sabe que, «Apareció, pues, el crucero a una distancia de 8 ó 9 mil metros y, acto seguido, se dio la señal de “enemigo a la vista”, así como su distancia y demora e inmediatamente nos separamos del convoy al objeto de tomar posiciones de ataque con torpedo» lo que como ya se ha visto fue previsto por el Almirante.

Pero continua el relato del Comisario político diciendo: «El Antequera atacó con sus torpedos a una distancia de 2.000 o 2.500 metros exponiéndose temerariamente a tan corta distancia de aquel monstruo que debió oír los gritos de “viva la República” que daba nuestra dotación; pero nuestro ataque fue completamente nulo y puso de manifiesto (esto es lo que quiero llamar la atención) el nerviosismo, la contradicción o algo peor…de algunos mandos, pues, una vez que pudimos hacer el ataque a tan corta distancia, de hacerse ordenada u conscientemente, hubiésemos dado con los torpedos en el corazón del crucero enemigo.»

Continua diciendo: «Se lanzaron dos torpedos, muy mal tirados y con un barullo en las órdenes, sin tener los datos concretos y sin fijar posiciones exactas. A mi juicio, se tiró de cualquier manera y a destiempo, con el solo deseo de salir pronto del peligro en que nos encontrábamos» añadiendo: «El Gravina se incorporó, o mejor dicho, creo que trató de incorporarse por la popa del Antequera para efectuar el ataque indicado, pero no sé qué debió ocurrirle porque, a pesar de las reiteradas órdenes de ataque, no lo efectuó, dando lugar a que el enemigo no tuviese más objetivo que el Antequera durante mucho tiempo.»

El crucero abrió fuego, pero al aumentar la velocidad los destructores y navegar en zigzag, le impidió hacer blanco por ser de noche y no poder calibrar bien las distancias, aunque en opinión de algunos oficiales, si debió de ser dañado uno de ellos al menos. Sólo como curiosidad; había a bordo una pugna entre las dos torres proeles del crucero, porque la primera estaba fabricada en el Reino Unido y la segunda (más elevada) la primera construida en San Carlos, por ello se hace una relación que dice: «La torre 1 hizo 14 disparos, la torres 2, 17, de ellos 8 con el cañón izquierdo y 9 con el derecho» cosas de españoles.

A su vez advertir al lector que, los tres destructores estaban al mando de Alféreces de Navío y el jefe de la flotilla un Capitán de Corbeta, como consecuencia de lo transcrito fue destituido el jefe de la flota gubernamental, capitán de corbeta D. Miguel Buiza y Fernández Palacios, siendo relevado por el también capitán de corbeta D. Luis González de Ubieta, quien era el Jefe de Estado Mayor, pasando a sustituirle, el capitán de navío D. Valentín Fuentes López, quien a su vez había sido el jefe de la flota en el Cantábrico, mientras duro la guerra en éste mar.

Mientras el Almirante al respecto de esto dice: «El Síster, indudablemente había sido armado de cualquier modo, pues ni llevaba todas las luces de situación ni pudo encender las de cubierta. Es probable que no llevara estación radiotelegráfica o por lo menos que le faltase el operador».

A las 22:13 los destructores fueron perdidos de vista, pero no así los mercantes quienes ahora navegaban en demora al SSE. por la distancia parecían dos pesqueros, el crucero gobernó al 160 a 26 nudos, a las 22:50 se les reconoció arrumbados al 135, al estar más próximo el crucero bajo la velocidad a 20 nudos, al encontrarse a la distancia propia lo alumbró con sus proyectores al más rezagado, por su estado era seguro su pertenencia a los gubernamentales, a pesar de los esfuerzos dialecticos fue imposible mantener una conversación, así el crucero se acercó al de proa, éste fue identificado como el Rey Jaime II, con éste las comunicación fue rápida y por él se supo que el anterior era el J.J. Síster, al primero se le dio la orden de arrumbar con las luces encendidas a la isla de Dragonera.

Continuaron rumbo los tres a Palma, el crucero se mantuvo muy alerta para evitar se lanzara algún bote y algunos (los de siempre) se pusieran a salvo, al mismo tiempo que daba su posición y rumbo a los minadores, y al mercante armado Ciudad de Alicante, llegando casi todos al mismo tiempo, pero desde diferentes puntos del cuadrante, a las 04:00 entre 18 y 20 millas al norte de Soller se reunieron, dando la orden al Ciudad de Alicante de adelantarse, entrando los mercantes, cañoneros y mercante armado en Palma a las 08:25 del 18, el crucero se mantuvo a distancia esperando saber que todos estaban fondeados, por ello al serle comunicado entro a las 09:00.

Al respecto de toda esta relación de hechos, el Almirante añade al final su opinión, demostrada diciendo: «Durante esta operación —escribe el Almirante en sus memorias— el servicio de serviolas funcionó admirablemente; los dos vapores del convoy no fueron perdidos de vista en ningún momento durante la persecución de los destructores. Esta mejora del servicio fue consecuencia del intensivo entrenamiento de toda la dotación en el de vigilancia.»

El vapor J.J. Síster fue reparado lo necesario para pasar de inmediato, a prestar servicios de transporte en la flota nacional, saliendo de Palma el 28 de septiembre, con rumbo a Cádiz, donde fue escoltado por el Canarias hasta la costa de Argel, y de aquí a la isla de Alborán por el Baleares, entrando el 1 de octubre; continuo como mercante en sus viajes, tanto a puertos norteafricanos, como a los peninsulares, así como a los dos archipiélagos, hasta que estando en Palma, se le ordenó salir en enero de 1938 arribando a Cádiz, pasando a Matagorda donde fue artillado con dos cañones Vickers de 101’6/50 mm y un Armstrong/Elswick de 76’2/50 mm, entregando el mando al capitán de corbeta D. José Cervera Tribout, comenzando como a tal mercante armado a prestar sus servicios en el Mediterráneo en 1938, sus primeras comisiones fueron hacer viajes a La Spezia, para embarcar armamento con destino a Palma, y desde aquí a los puertos nacionales del sur de la península, participando al mismo tiempo en varias búsquedas para localizar hidros que habían caído a la mar, así como formar barreras para impedir la llegada de ayuda a la zona enemiga.

J.J. Síster en armamento. Autor desconocido.

Continuo en estos servicios, perdiéndosele la pista, hasta septiembre-octubre de 1938, por pasar a lo ya mencionado de formar barreras, así como continuar con sus viajes al puerto italiano, siempre utilizando a su regreso la ruta de pasar entre Córcega y Cerdeña, y al llegar al paralelo de Menorca, con rumbo al sur barajar la costa africana, hasta entrar en el mar de Alborán, continuando a Cádiz donde desembarcaba lo transportado, de donde regresaba con escolta a Palma.

El 3 de noviembre a las 15:00 salió de Palma, para formar barrera en el canal de Sicilia, donde llegó a mediodía del 5, permaneciendo hasta el mediodía del 7, entre ambas fechas como era habitual reconoció varios buques, entre ellos el día 6 al griego abanderado Garoufalia, con una carga de 2.959 t. de cebada y trigo, procedente de Odessa y supuesto destino a Rotterdam, por lo que envió una dotación de presa, con la orden de arribar a Palma, unas horas más tarde del mismo día apresó al también griego Faneromeni, con 2.127 t., de antracita con destino a Amberes, cargada en Mariopol (URSS), al no tener más efectivos pidió permiso al Almirante y éste le indico regresa a su puerto base con la presa, entrando al mediodía del 9, después de revisadas las mercancías los dos buques fueron declarados “buenas presas”, por ello se desembarcó la carga y fueron incorporados a la flota mercante, el primero con el nombre de Castillo Villalonso y el segundo, Castillo Belmonte, seguido se hizo a la mar con rumbo al Estrecho, donde capturó al mercante con bandera griega Nicolau Eleni, de 4.528 t., al entrar el Palma, la presa se dio por buena y pasó a llamarse Castillo Madrigal en la flota de transportes.

Por aviso de los servicios secretos, se comunicó al Almirante la salida de El Pireo del buque con bandera panameña Ilona, ex-Lydia, con carga de material de guerra el 19 de noviembre, siendo conocida su intención de arribar al puerto de Marsella, dando el Almirante orden al mercante armado se hiciera a la mar de inmediato, saliendo el 23 seguido por la mañana, pero sabiendo los contrabandistas lo mal que llevaban al cruzar los estrechos de Messina, el mercante se quedó un tiempo a la espera, donde a su vez fue avistado y comunicando al Almirante que el 24 a las 18:00 aún estaba fondeado en las cercanías del puerto, por ello arrumbo a su zona de espera al Norte del estrecho de Mesina, donde permaneció el 25 y 26, pues este día fue relevado por el minador Vulcano, con el que se cruzó el 27, y el J.J. Síster entro en Palma el 28 a las 10:00.

El 14 de noviembre de 1938, transportó de Palma a Vinaroz a mil hombres del ejército en viaje nocturno, durante el traslado avisto luces verdes, correspondientes a los aviones que le daban protección, el 15 salió por ser avisado de la caída al mar de un avión de la escuadrilla negrilla (italianos), como era de noche cerrada no pudo localizarlo y el Almirante a las 00:30 le ordenó regresar a Vinaroz, donde embarcó efectivos heridos y personal de transporte con destino a su base de Palma. En diciembre efectuó seis viajes transportando víveres, ganado, gasolina y carga general, entre Palma, Vinaroz y Castellón, todo era material para el Ejército y favorecer el avance hacia el sur, entre ellos destacó uno, para ello embarco en Palma 50 efectivos del ejército y 50 de Infantería de Marina, para entrar en Vinaroz donde embarcaron 500 prisioneros, siendo desembarcados en Palma.

El 3 de enero de 1939, fue designado para embarcar tropas en Castellón y trasladarlas al paralelo de Hospitalet, fueron muchos los barcos empleados en este traslado de tropas del Ejército, al arribar a su base, se le designó para comprobar la posibilidad de establecer un destacamento en las islas Columbretes, para confirmar esto, embarcaron el capitán de corbeta, D. Pedro Sanz y Torres, jefe de la Sección de Organización del Estado Mayor del Almirante Jefe de las Fuerzas de Bloqueo, un comandante de Estado Mayor del Ejército y otro de Ingenieros, todos pertenecientes a la guarnición de Palma.

Continuo en sus trabajos de transporte por todo el litoral y si había aviso, a cruzar por la isla de Pantelaria, el 23 seguido se le encomendó el traslado de una compañía de Infantería de Marina a Vinaroz y para no desperdiciar el viaje, embarco un batallón (757 efectivos) del mismo cuerpo con destino a Tarragona, a su vez embarcaron 150 prisioneros, para ser transportados a Palma.

El Almirante fue llamado a Burgos, para ello embarco el 30 de enero en el destructor Velasco Melilla, quien lo trasladó a Tarragona continuando por carretera viaje a la capital burgalesa, (obsérvese que casi nadie, salvo rara vez se utilizaba el vuelo, para trasladarse de un punto a otro en la península) a su regreso se encontraba el J.J. Síster a la espera, embarco y lo transporto a Palma, donde entraba el 3 de febrero a las 15:50, ni siquiera fondeo, pues se había dado la orden del Almirante de concentrase en Barcelona, junto a otros tres cruceros auxiliares, los Antonio Lázaro, Rey Jaime II y Vicente Puchol, quedando reunido el 4 de febrero por la mañana.

El 9 el capitán de navío del despacho de Palma, comunicó al Almirante, la ausencia de minas en la entrada de Mahón, como no, esto fue ratificado por el capitán del crucero HMS Devonshire, Allan Hillgarth, porque éste buque ya tenía a bordo a todos los responsables, entre ellos el capitán de corbeta D. Luis González Ubieta y González del Campillo, quien había sido comandante del crucero Miguel de Cervantes y algo más tarde Jefe de la Flota gubernamental, al dejar este cargo, paso a Jefe de Estado Mayor de la Marina y por último Jefe de la Base Naval de Mahón, y el Capitán del crucero británico, era conocedor de la seguridad de la entrada, de hecho él ya estaba atracado en su interior, lo mismo se recibió de Ciudadela, por ello se eligió éste puerto para el desembarco y por estar muy alejado de las baterías de la Mola.

Fue uno de los asignados para transportar tropas, en el desembarco de Ciudadela el 9 de febrero de 1939, transportando efectivos de la 105 división, el Almirante transmitió al Jefe del Estado Mayor de la Marina, el parte de instrucciones, pero por ausencia del su Jefe, estaba su segundo, el capitán de navío D. Salvador Moreno Fernández, quien inmediatamente transmitió a su hermano el Almirante, «tener cuidado no sea una añagaza», lo que lógicamente no cayó en saco roto.

Para ello se mantuvo a cierta distancia el Mar Negro, por ser el que mayor calibre y número de piezas disponía, por la misma razón los restantes entraron con las cubiertas llenas de soldados, pero todos con sus armas cargadas y muchas ametralladoras situadas en lugares altos, para protección de las tropas, el primero en hacerlo fue el Vicente Puchol, quien al atracar comenzó a desembarcar tropas, eran del batallón 101 al mando de un comandante, fue el primero en ser desembarcado, al comprobar la nula oposición, fueron trasladados en camiones a Mahón, tomando el castillo de La Mola y alrededores, asegurando así casi toda la isla, al quedar por los nacionales la artillería principal de 381/45 mm que en esta loma se encontraba, le siguió el J.J. Síster, Antonio Lázaro y Rey Jaime II; dando fondo el Mar Negro por falta de espacio en los muelles a las 11:00, al estar asegurado el puerto y sus cimas próxima a las 14:00, por orden del Almirante desfilaron las tropas hasta Mahón.

Se quedó en la isla para darle protección una media brigada, de la división 105, una vez reembarcadas las tropas, abandonaron el puerto a las 00:00 del 12, pero navegaron por el N. de la isla, para evitar ser atacados por la aviación enemiga, entrando en Tarragona al medio día del mismo 12.

Pero no les dieron ni tiempo para descansar, la guerra es así, porque «Terminus» demando el 15 fuera trasladado el cuerpo de ejército de Aragón, de Tarragona a Castellón, para ello se unieron los cuatro anteriores mercantes armados, más el Ciudad de Valencia y Mallorca, estando como buque insignia de esta operación el minador Vulcano; el Vicente Puchol sufrió una fuerte avería en la roda y las tuberías del motor, al entrar de noche y abordar el espigón, necesitando ser puesto en seco, a su vez estuvieron presentes varios mercantes, pues todos en los mercantes armados no era posible transportarlos, el 14 el comandante de la expedición a las 20:40, informo al Almirante no haber llegado nadie del Ejército, cuando sus buques estaban todos dispuestos hacia horas, el Almirante se puso en contacto con Burgos, de aquí le respondieron que, los planes habían cambiado, (esto demuestra las malas comunicaciones entre Ejército y Marina, porque si no pregunta, no se le informa) ahora debería entrar en Palamós, donde embarcaría la 12 División, (al mando del general de brigada (estampillado) D. Carlos Asensio Cabanillas) con 12.000 efectivos y 1.200 acémilas, permaneciendo en este transporte entre el 15 y 22 seguidos.

Pero el problema se agravó, porque algunos de los mercantes no estaban disponibles, por estar cumpliendo otras órdenes del Jefe del Estado Mayor, se dio el caso peregrino (por existir dos mandos y precisamente coordinados) que los Mallorca y Antonio Lázaro, salieron a primera hora de la mañana del 15 con destino a Tarragona, en vez de a Palamós, por no recibir la orden de hacerlo, los buques fueron llegando a su puerto de destino, el primero en llegar fue el minador Vulcano a las 14:00 del 15, y poco más tarde fueron entrando el resto de los que se pudo disponer, comenzando el embarque, pero a las 08:00 del 16, el comandante del minador, comunica que desde las 00:00 horas anteriores, ya no quedan tropas que embarcar y los mandos le indicaban que faltaban otras unidades, entre el 16 y 17 fueron llegando más tropas de la unidad militar, siendo el último en terminar su embarque el mercante Castillo de Monforte, con 300 efectivos y 710 mulos, entrando el último en Tarragona el 18 a las 11:10.

El Estado Mayor de la Marina dispuso otro transporte, esta vez era el Cuerpo de Ejército de Navarra, ante el desconcierto de las previsiones de la operación pasada y ésta, el Almirante embarcó en el Mar Negro, con rumbo a Barcelona, donde se encontraba en la madrugada el 18, a su vez el comandante del Vulcano jefe y responsable del movimiento de buques, al saber que era todo un Cuerpo de Ejército, (que en esos momentos contaba con 6 divisiones), comunicó le era imposible hacerlo, por la falta de buques para tanto efectivo, materiales y acémilas, previsto el embarque en San Feliú de Guixols y Palamós, pero de nuevo hubo cambios, pues ahora le indicaban que sólo eran 6 batallones de la 4ª división y algún material, siendo las disponibles en Palamós; al disminuir considerablemente las cantidad de tropas y materiales, lo que le fue confirmado al Almirante el 20 al medio día, sólo participaron en este traslado los dos mercantes armados, los Antonio Lázaro y Mallorca con el transporte Castillo de Mombeltrán, dejando en San Feliú de Guixols los restantes buques allí fondeados, salieron el 20, 21 y 22 respectivamente, entrando en Tarragona el 23, donde desembarcó la tropa.

Un tercer transporte le correspondió al de este historial, se encontraba en Palma reparando, al quedar medio alistado salió con rumbo a Barcelona, donde el 21 se encontraba atracado, se trasladó a Tarragona donde embarcó 220 soldados de artillería de costa, se hizo a la mar en cuanto estuvo listo, pero el mal tiempo le obligó a regresar a puerto el 23, de nuevo al calmar la mar el 25 salió con rumbo a Mahón, donde desembarcó a los artilleros, para hacerse cargo de la artillería de costa de La Mola, regresando a su base en Palma el 26.

Entre el 5 y 10 de marzo de 1939, fue uno de los que participó en el frustrado desembarco en Cartagena, había embarcado en Castellón tres batallones de infantería, con todos sus pertrechos de guerra, el 5 a las 22:10 al comenzar a levar el ancla, se enredó con un trozo de cadena, seguramente perdido por otro buque, quedando en la misma boca de entrada intentando salir del apuro, al conseguirlo quedó más afuera fondeado junto al Antonio Lázaro, pero ambos recibieron la orden del Estado Mayor de salir de inmediato, con rumbo a Cartagena, sin esperar al resto de buques, siendo los primeros en salir, entre las doce y la una de la madrugada de día 6 se pusieron a rumbo, pero sin saberse a bordo la misión exacta, a las 14:00 recibieron la orden del Almirante: «Arrumbar al 168, régimen 12 nudos para recalar a 15 millas de cabo San Antonio. Mar llana y ventolina de SSW.»  

A 06:00 el Almirante envío otro radio: «Alejarse de la costa. Atención a la aviación enemiga», a las 14:00 fue avistado por varios buques, entre ellos el insignia del Almirante, en el Mar Cantábrico, pero en éste se recibe un aviso a las 23:00 por el que se comunica que, la situación en Cartagena ya no es favorable, pasando la orden a todos los buques de permanecer alejados de la costa, a las 05:00 del 7, reunidos varios transportes, mercantes armados y cruceros auxiliares, aproaron para efectuar un desembarco en Portman, pero al estar cerca, a las 07:25 comenzaron a recibir fuego de la batería de 152’4 mm de la misma Portman y también los piques de los de 381 mm de las piezas de Negrete, los cuales llegaron a estar a 500 metros de los buques, de esto informó el Almirante al Estado Mayor de la Marina, recibiendo a las 14:00 el siguiente mensaje: «En vista de noticias que envía de encontrarse las baterías parte occidental y Portman en poder de fuerzas rojas, que hostilizan Escuadra, puede ordenar que tropas regresen a punto de partida, permaneciendo Escuadra frente a Cartagena por ahora» por ello todos los mercantes con tropas recibieron la orden de regresar, menos el Castillo Olite, por no llevar radio, y a las 16:30 el J.J. Síster, viró para regresar a Castellón.

A su arribada a Castellón desembarco las tropas y materiales, pero estando en este menester, recibió la orden de salir lo antes posible, lo que efectuó el mismo 8 entrando el mismo día en Ibiza, para transportar a los efectivos que iban a bordo del transporte Castillo Peñafiel, quien había arribado al puerto el mismo día a las 16:00, después de haber sufrido varios ataques de la aviación enemiga, sufriendo varias bajas, aparte de estar la mar muy movida, imposibilitándole poder llegar a su puerto de salida, y un boquete en su obra viva, en forma de cruz y de un metro de longitud cada brazo, en estas condiciones no podía navegar, habiendo sufrido cuatro muertos y 25 heridos; las tropas, heridos y muertos embarcaron el seguido 10 y desembarcaron al día siguiente en Castellón.

El 14 por la noche seguido embarcó el Almirante, para ser transportado a Tarragona, continuando viaje en automóvil hasta Burgos, donde permaneció entre el 16 y 20 en conversaciones con el Generalísimo, regresando el 21 embarco de nuevo, para trasladarlo a Palma donde entro el mismo día de noche, al ser tomada Cartagena por las tropas del ejército, se recibió una orden para que J.J. Síster y Mar Cantábrico, entraran en el puerto, por haber sido nombrado el Almirante, Capitán General del Departamento, salió de Palma el 31 de marzo a las 17:15, a las 10:20 del 1 de abril entraba el insignia, siendo saludado por las dotaciones de los cruceros Canarias y Navarra, quienes había entrado la noche anterior, saludando al Almirante con los honores de ordenanza, permaneció un tiempo en el puerto, hasta recibir la orden de salir con rumbo a Cádiz, donde fue desarmado e intentar darle su anterior aspecto, al concluir los trabajos fue devuelto a su propietario, continuando sus servicios como mercante, en la misma compañía propietaria.

Bibliografía: Para leer clicar sobre ella.

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