1925 Desembarco de Alhucemas

Posted By on 3 junio, 2017

Antecedentes:

En 1906 en la Conferencia de Algeciras se concedió a España y Francia su presencia en Marruecos. En la zona española comenzó la extracción de hierro en el Riff, se produjeron varios ataques a zonas pertenecientes de ambos países, nada serio por ser escaramuzas rifeñas, pero el 9 de julio de 1909 fue atacado el ferrocarril de las minas con terminal en Melilla, esto provocó la inmediata orden del Gobierno de intervenir al ejército en defensa de sus intereses.

En 1920 los franceses para separar las zonas y no verse involucrados en ataques, por el tratado de Fez se delimitaron ambas, quedando en manos españolas la norte y más conflictiva por su orografía declarándose el protectorado. Pronto se avivó la guerra sufriendo las tropas ataques inesperados y generalizados, una reacción no muy bien planteada dio pie al llamado «Desastre de Annual», donde cayeron varios miles de españoles en situaciones muy dantescas, llegando las cabilas a las puertas de la misma Melilla, donde fueron rechazados por la oportuna llegada de las unidades del recién creado Tercio de Extranjeros.

Quienes al recibir refuerzos comenzaron un muy lento avance por el más que dificultoso terreno, esto estaba a su vez provocado por la falta de decisión del Gobierno para dar fin a la guerra y su incesante sangría en el pueblo. Pues no era otro el que allí se dejaba a sus hijos, por la existencia del Reglamento de Reclutamiento y reemplazo aprobado a principios del siglo XX, por incluir la posibilidad de Redención a Metálico y Sustitución, por ella se permitía que las personas con dinero pudieran librar a sus hijos de la mili, empezando a llamarse Soldados de Cuota.

Entre el 3 y 5 de septiembre de 1923 don Miguel Primo de Rivera y Orbaneja a la sazón capitán general de Cataluña, promueve un golpe de estado, el cual fue aceptado por el rey don Alfonso XIII, quien le nombró Jefe de Gobierno, quedando formado un directorio militar. La intención de don Miguel no era otra que poner fin al conflicto, estudiado el problema básico llegaron al acuerdo de realizar un desembarco en el corazón de la República del Rif, así llamada por su cabecilla Abd-el-Krim, por serlo de la cabila de los de Beni Urriaguel, quien cometió el error de atacar también a los franceses a principios de 1925 en Uarga, en el envite estuvieron a punto de ser tomadas Fez y Taza, por ello rápidamente los franceses se unieron a lo que ya se estaba trabajando en España desde la llegada de Primo de Rivera al poder.

Don Miguel tenía muy presente que el desembarco debía realizarse en el corazón de la revuelta, no siendo otro que el territorio de los Beni Urriaguel, de conseguirse su jefe quedaría mermado de poder al ver que con nada podía evitar la pérdida de su cabila, por la misma razón se fue elaborando concienzudamente, pues de no conseguirse se obtendría el resultado contrario y la guerra proseguiría sin sentido, la zona se encontraba a unos cien kilómetros al O. de la misma Melilla. Se barajaron tres diferentes lugares donde realizar el desembarco, decidiendo fuera en Suani y Morro Nuevo, por partir a su vez en dos al enemigo por estar protegida por la artillería del Peñón de Alhucemas, por todo ello la tarea no era nada fácil, pues conocedores del terreno se moverían con facilidad.

Para ello comenzaron los vuelos de reconocimiento, de su información se decidió no hacerlo sobre Suani, cambiando el lugar por la playa de La Cebadilla al oeste de la península de Morro Nuevo. Quedo marcado el método a desembarcar, consistiendo sobre todo en permitir maniobrar un ejército de unos veinte mil hombres, los efectivos a desembarcar en las dos olas eran 18.478, cubriendo desde la playa de La Cebadilla hasta Adras-Sedum, quedando entre ellos los puntos de desembarco de Morro Nuevo, Cala del Quemador, Morro Viejo, Cala Bonita, Taramara, Buyibar, Cala del Espalmadero, Monte Palomas y Monte Malmusí.

Recibida la orden en las unidades a realizar la operación, estás comenzaron inmediatamente a efectuar desembarcos para ir viendo posibilidades, formas y las debidas maniobras para alcanzar el buen fin, de hecho se ordenó no utilizar los mulos en la primera ola, pues era un trabajo muy lento y no se podía perder tiempo en ello, quedando pospuesto para una segunda cuando en tierra se hubieran afirmado las posiciones.

La fuerza:

A su vez se fueron concentrando las unidades de la Armada y las del aire, unas dependientes de la Armada y otras del ejército, quedando compuesta al final por las ya destinadas al norte de África, más la escuadra de instrucción y alguna unidad suelta por ser necesaria su presencia, participando: 2 acorazados: Alfonso XIII, al mando del capitán de navío don Benigno Expósito y Jaime I, mandado por el del mismo grado don Agustín de Medina; Portahidroaviones: Dédalo; 4 cruceros: Reina Victoria Eugenia, Blas de Lezo, Méndez Núñez y Extremadura. 2 destructores: Alsedo y Velasco; 7 cañoneros: Lauria, Laya, Recalde, Bonifaz, Canalejas, Dato y Cánovas; 6 torpederos: 7, 11, 13, 14, 17 y 22; 11 buques guardacostas Uad Muluya, Uad Kert, Uad Martin, Uad Ras, Uad Lucus, Uad Torga, Tetuán, Arcila, Larache, Alcazár y Xauen; 7 Guardapescas: Marinero Jarano, Cardolo, Maquinista Macias, Condestable Zaragoza, Marinero Gante, Torpedista Hernández y Contramaestre Castelló: 4 Remolcadores: Ferrolano, Cartagenero, Ciclope y Gaditano; 2 Aljibes: África y E; 26 barcazas de transporte «K» -las cuales podían trasladar unos 300 hombres y contaban con un ligero blindaje- y 27 mercantes de transporte 3 de ellos como hospitales los Barceló, columna Saro, Villareal, columna Fernández Pérez, Andalucía, reserva. La aviación formada por: 3 Escuadras con un grupo de reconocimiento y otro de bombardeo cada una. 6 Cazas Savoia S-16; 6 Hidros Macchi M-18R; globo cautivo de 1.100 m³; Dirigible semirrígido SCA de 1.500 m³ del Dédalo y 2 aviones cruz roja Junkers F-13. Por su parte los franceses acudieron a la cita con: Acorazado, París; 2 cruceros: Strasbourg y Metz; 2 torpederos: Annamite y Tonkinois; 2 monitores: Reims y Amiens, y 1 remolcador. En total, 67 buques de guerra además de varios menores destinados al apoyo logístico y 144 aviones más 18 hidros en total.

Las fuerzas embarcaron en las dos ciudades norteafricanas, la vanguardia lo hizo en Ceuta al mando del general Saro, quien realizaría un amago de desembarco sobre Uad Lau, para más tarde proseguir a la playa de La Cebadilla y en vanguardia. Quedando formada la fuerza dividida en tres columnas, la primera al mando del coronel don Francisco Franco con 4.500 hombres, la segunda del coronel Martín con 2.800 hombres y la tercera del teniente coronel Campins con 2.000 hombres. En conjunto iban las banderas de la Legión 6ª y 7ª, tres Tabores de Regulares, una Harka de 900 efectivos, la Mejal-la de Tetuán y Larache con 600 hombres, batallones de infantería, 3º Arapiles, 5º Segorbe y 8º Tarifa de Cazadores de África, y la Compañía de Mar de Ceuta, diez carros de asalto y dos baterías de artillería de 7 centímetros y una de obuses del 10’5, a ello sumar todos los servicios de logística. Dándole protección al convoy de mercantes la escuadra española al mando del vicealmirante don Francisco Yolif y Morgado.

Las barcazas K tenían 32’2 metros de eslora, 6’4 de manga, con un calado en popa de 1’50 y en proa de tan sólo 30 centímetros, desplazando 160 tn. y a plena carga 315, estaban blindadas contra el fuego de fusilería y con su motor de entre 40 a 90 C.V. podían alcanzar una velocidad máxima de 5 ó 7 nudos, pero tenían muy poca autonomía, por ello era obligado remolcarlas hasta dejarlas en torno al kilómetro de distancia del punto de desembarco, en cada una embarcaron entre 250 y 350 hombres. Decir que había diferentes tamaños (de ahí la variedad de potencia de motores adecuados a sus desplazamientos), unas con rampa desde la cubierta y cuatro con portón abatible para facilitar el desembarco de los carros Renault FT-17 y la artillería, algunas fueron modificadas en La Carraca, fueron compradas las existentes en Gibraltar de las usadas en la Gran Guerra Europea, en el fallido desembarco de Gallipoli.

La segunda en Melilla mandada por el general Fernández Pérez, debía aparentar hacerlo sobre Sidi Dris donde se bombardearía el territorio para hacer creíble el desembarco, pasando a su vez a la playa de La Cebadilla como segunda oleada. Formada y dividida en dos columnas, la primera al mando del coronel Goded con 6.141 hombres; la segunda al mando del coronel Vera con 3.037 hombres, en conjunto era un batallón de Infantería de Marina, las banderas de la Legión 2ª y 3ª, tres tabores de Regulares, una Harca de seiscientos hombres, batallones de infantería 1º y 6º de cazadores de África, 2º del regimiento África, 1º del regimiento Melilla, una batería de obuses del 10’5 centímetros y dos de cañones de desembarco de 7 centímetros. Con dos barcazas K, dándole apoyo la escuadra francesa al mando del almirante Hallier.

Todo a bordo levaron anclas a las 17:20 del 5 de septiembre, a las 20:00 fondearon en Uad Martín y cabo Negro, donde se completó el embarque de tropas, a las 06:00 del 6 se pusieron en marcha, a las 07:45 se tocó zafarrancho y a las 08:15 comenzó el fuego sobre Punta Omara, a las 11:20 comenzó el trasbordo a las lanchas K, quedando alistadas a las 16:40, poniéndose en marcha, a las 18:00 se cubrió con una cortina de humo el paso del convoy, con destino a Morro Nuevo, quedando frente a Lau algunos buques con sus reflectores encendidos, para dar la impresión de proseguir el avance. La distribución en las lanchas era: las cargas de urgencia se situaron al centro de la cubiertas, ocupando un buen espacio, las topas (entre 250 y 350 efectivos, reincidimos en los diferentes tamaño de ellas) prensadas en los pasillos que dejaban estas y la borda.

Las fuerzas enemigas no se llegó a saber su número exacto, hay grandes diferencias en las fuentes por lo que nos quedaremos con una media de 9.000 efectivos, pero grandes conocedores del terreno, duros combatientes y sobre todo ello, no dejaban de defender su tierra (ya sabemos los siglos que costó recuperar la península) y a ello se sumaba disponer de casi todo el material capturado en el desastre de Annual, tanto fusiles, pistolas, ametralladoras y una treintena de cañones de diferentes calibres, para aprender el manejo de estos fueron contratados europeos (no mencionamos países para no ofender susceptibilidades) con un muy buen sueldo, de ahí que su fuego fuera siempre muy certero, tanto que, como nos narran, los dos acorazados recibieron no menos de 40 impactos, sólo que al ser de pequeño calibre no causaron grandes daños, pero prácticamente todos los buques sufrieron alguno. Contra estas fuerzas había que combatir y por ser terreno prácticamente todo él de montaña, aún era más dificultoso el avance, de no haber existido esa forma natural de ser el español en estas circunstancias, las cosas no hubieran resultado tan halagüeñas.

El desembarco.

El desembarcó debió producirse a las 04:00 del 7, pero se levantó un duro temporal de Levante que obligó casi a dispersarse la fuerza, de forma que a las 07:00, la escuadra estaba a nueve kilómetros de Morro Nuevo y el convoy a dieciséis, por ello era imposible intentar llevarlo a cabo, a la vista de las circunstancias se dio la orden de retrasar el desembarco al amanecer del siguiente 8; para no dejar al enemigo pensar el mismo 7 por la noche se efectuó un nutrido fuego de la escuadra como si se fuera a realizar, mientras se acoderaron las lanchas para repartir un rancho caliente. A su vez al amanecer se dieron cuenta que varias K por las corrientes casi se perdían de la vista, comenzando un duro trabajo para volver a recuperarlas entre todos los medios disponibles para reorganizarse, una vez conseguido el coronel Franco trasbordó a las 04:00 a una barcaza K, era la vanguardia del desembarco.

Playa de Ixdain.

Playa de Ixdain.

A las 08:22 comenzó el fuego de la escuadra, a las 10:45 los remolcadores empezaron dando el remolque para acercar las K, sobre las 11:40 se dio suelta de los cables y estas por sus medios fueron llegando a la playa, las dos primeras a las 11:50. Esto nos indica que las tropas estuvieron cuarenta y cuatro horas en las lanchas sin poder moverse por ir al máximo. A su vez menos mal que un mando decidió se aproara al O. de Morro Nuevo, esto hizo posible el desembarco, pues al otro lado las defensas eran muy fuertes. El otro factor que ayudo fue que las fuertes corrientes desviaran las lanchas algo más al O. a la playa de Ixdain de forma que no fueron a dar en el campo minado por los rebeldes en la de La Cebadilla, el cual consistía en bombas de aviación con los percutores a cero, y bien resguardas un grupo de ametralladoras para dañar todo lo posible a la fuerza. Al saberlo para su desactivación se encargó una compañía de zapadores que iba en las primeras lanchas, pudiendo desde ese momento ensanchar algo el frente de playa.

Playa de Ixdain

Playa de Ixdain

Al frente de las lanchas iba el capitán de fragata don Carlos Boado y Suances, jefe de Estado Mayor de las fuerzas navales del norte de África a bordo de su gasolinera, para tener un punto de referencia a quien seguir y al mando en jefe de las lanchas el capitán de corbeta Delgado Otaolaurruchi, pero no pudo advertir que el fondo estaba elevado, por tener la playa una barrera de piedras, esto obligó a las lanchas a varar a cincuenta metros de la arena y con un metro de profundidad, por ello las tropas al oír el cornetín con la orden de saltar, lo hicieron pero con las armas y municiones por encima de la cabeza y en algunos casos el agua casi al cuello, a su vez la compañía de carros Renault FT-17 no pudo desembarcar, como tampoco se había embarcado los mulos para llevar la carga, los hombres iban sobrecargados con todos sus repuestos. A todo esto sumar que la playa no tenía mucho frente de mar, de ahí el agobio que se produjo al no tener espacio suficiente para poder desembarcar todo lo transportado, esto ocasionó que las fuerzas del teniente coronel Campins no pudieran hacerlo hasta bien entrada la noche, a pesar de haber rolado el viento y convertirse en fuerte temporal de Levante. Las lanchas regresaron esta vez cargadas con munición y para facilitar el duro trabajo la escuadra alumbraba con sus proyectores. Al terminar el día y a pesar de todo, pues los rifeños efectuaban un muy nutrido fuego, se logró poner en tierra a toda la columna del general Saro sumando en total 9.300 hombres.

Playa de Morro Nuevo

Playa de Morro Nuevo

La columna del general Fernández Pérez permanecía a bordo de los transportes ya cinco días, y era necesario desembarcaran; al estar saturada La Cebadilla e Ixdain se ordenó lo efectuase en la de los Frailes (llamada de Morro Nuevo), un poco más a Levante y a los pies mismo de la altura de Morro Nuevo (de aquí el llamarla por el nombre del cerro), pero sólo tenía disponibles dos de las lanchas K por estar el resto prestando apoyo logístico a La Cebadilla e Ixdain, quedando medio aprisionadas entre ellas impidiéndoles poder moverse, comenzando el avance sobre la playa a las 06:30 del 11, con tan escasos medios logró poner en tierra al mando del coronel Goded, la mehala de Melilla, dos compañías del regimiento de Melilla, la harca de Varela, el batallón de Infantería de Marina, un tabor de Regulares, una compañía de obuses y otra de Ingenieros.

Otra vista de la playa de Morro Nuevo

Otra vista de la playa de Morro Nuevo

Justo al conseguirlo fueron atacados esa misma noche, comenzando a las 20:30, fue sin duda alguna el mayor envite de toda la operación, pues se había concentrado el enemigo para ello, con la intención de si podía vencerles coger de través a la columna Saro, fue tan duro que el fuego era incesante, por ello sobre las 23:00 se produce un parón, pero sólo momentáneo y a las 00:30 el teniente coronel Abriat avisa que comienza escasear la munición en la línea de vanguardia, tanto que se vieron obligados a defenderse a pedradas, el mando decide dar la orden de que las tropas de la segunda línea formada por el regimiento de Melilla, el batallón de Infantería de Marina y los Ingenieros, entregaran su munición a los de la primera línea quienes cumplieron la orden, como sólo estaban a unos doscientos metros de distancia les llegó inmediatamente, logrando proseguir sin desmayo el ataque de los Beni Urriaguel, tanto que el enemigo volvió a descansar un rato, para regresar al fuego a las 02:00, pero justo al alumbrar la Luna el campo sobre las 04:00 se retiraron, al poder avanzar a la mañana siguiente se dieron cuenta del estrago producido, pues entre los caídos cabileños se encontraban unos doscientos juramentados, estas eran las mejores tropas de Abd el Krim, lo que decía mucho de la fiereza del combate sostenido y ganado.

Playa de La Cebadilla

Playa de La Cebadilla

El 12 estaba toda la fuerza en tierra y desde el 8 la aviación durante el día no paraba de bombardear, siendo esta la primera vez que se hacía tal tipo de fuego de apoyo, al mismo tiempo que ametrallar las posiciones enemigas, sobre todo las piezas de artillería sin por desgracia mucho éxito, aunque eso sí les molestaban suficiente para impedirles abrir un nutrido fuego, el globo cautivo estaba fijado en el acorazado Alfonso XIII, desde él se dirigía el fuego de los buques, así como el SCA del Dédalo que con su pequeño motor se acercaba más a tierra, de hecho no hubo día que no tuviera que ser reparado de los agujeros producidos por la fusilería enemiga, llegando a contarse en un día 25. Asegurado un trozo de tierra se montaron todos los servicios, Intendencia, Sanidad, Ingenieros, Artillería (los carros FT-17 fueron puestos en tierra con gran sacrificio el 9 anterior), estaciones de radio y aljibes, pero con esto surgió un nuevo problema, pues por el mal estado de la mar los buques aljibes no se podían acercar lo suficiente para trasvasar el líquido elemento tan vital, a su vez tampoco podían desembarcar los mulos pues para ellos no había agua, esto obligaba a realizar un esfuerzo casi sobrehumano a los hombres, puesto que todo debía transportarse a brazo, incluso las piezas de artillería lo que evidentemente producía una flojedad casi total en la fuerza, como ejemplo un soldado zapador su carga a transportar era: zapa-pala, rollo de alambre, treinta sacos terreros en la espalda y sobre el pecho un escudo de trinchera, más su fusil y munición, como se ve no era nada fácil moverse con todo ello y cortos de agua porque la carga media era de unos cuarenta kilos por hombre. Los primeros mulos fueron desembarcados el 19.

Playa de La Cebadilla

Playa de La Cebadilla

El jefe del batallón de Infantería de Marina era el teniente coronel don José Aubarede Kierulf, su unidad había entrado en fuego el 14, pero el 23 ya se ponía en línea por haberse ensanchado el frente, para ello ordenó formar para dirigir la palabra a sus hombres, nos lo narra López Rienda y dice: «A poco de empezar su arenga, el enemigo rompió fuego de cañón. Una granada cayó a pocos pasos del jefe; pero siguió su arenga inmutable. Poco después otra granada cae en las filas del batallón, matando a un sargento e hiriendo a un soldado. Nadie se movió de su sitio hasta que el jefe terminó su arenga vitoreando a España…Luego, el batallón, como todas las fuerzas europeas que fueron encuadradas en los flancos y vanguardia, supo comportarse admirablemente.»

Playa de Axdir

Playa de Axdir

El mismo 23 el general Saro resalta en su parte al general don José Sanjurjo Sacanell, «…el valor que representa la labor de las tropas al transportar más de 2.000 metros todo su material y municiones y acumular además: 4.800 ranchos en frío; 4.600 raciones de pan; 3.500 litros de agua; 500.000 cartuchos, una dotación completa para la batería de 7 centímetros y 1.500 granadas de mano.» pero no era el fin del problema por la falta de otro medio de transporte, pues el mismo día se consumieron en tan sólo cuatro horas, 512.130 cartuchos de fusil; 190 de pistola; 1.306 granadas de mano y 101 granadas de fusil. En el mismo parte añade: «Por no tener elementos de juicio no cito a ningún jefe u oficial…hago, sin embargo, mención del coronel Franco, que en su actuación brillantísima en este combate afirmó una vez más el concepto que todos sin excepción tienen de su comportamiento, pericia, valor y serenidad y todas las excepcionales cualidades que hacen de él un jefe digno de todas las alabanza.»

Dirigible SCA de dotación en el Dédalo.

Dirigible SCA de dotación en el Dédalo.

En total el tiempo de desembarco y apoyo a la fuerza tuvo una duración de 25 días, comenzando el 8 de septiembre a las 11:50 en la playa de Ixdain y La Cebadilla, la brigada Fernández Pérez lo hizo el 11 a la 06:30 en la playa de los Frailes, por haber estado con su simulacro sobre Sidi Dris con la escuadra francesa bombardeando las defensas de Beni Urriaguel durante dos días, esto en principio quito fuerza al enemigo. Al desembarcar la primea ola se estabilizó el frente hasta el 23, éste día se avanzó hasta línea Malmusi Alto, Malmusi Bajo y Morro Viejo, permaneciendo hasta el 30, dándose la orden de avanzar el 1 de octubre sobre Adra Seddun pasando a la conquista del monte Amekran, el cual quedo en manos españolas, este día tuvo una consecuencia muy importante, pues en la cabila existía una creencia: «Si el monte Amekran era conquistado los defensores de la fe serían derrotados y los cristianos ocuparían la tierra de Beni-Urriaguel durante treinta años.» Parece que no iban des arrumbados, pues efectivamente se les dio la independencia en 1956, momento en que pasó de nuevo a su poder. Prosiguió el avance alcanzando la línea de la Loma 7, Monte Cónico y Monte Buyivov, culminando el 2 de octubre, era una línea que comenzaba en la del día 30 por la derecha del frente, siendo a su vez la demarcación de los Yebel Amekran, comenzando a girar a la izquierda en la Posición Capaz, siguiendo la de Calvet, Rocosa Oeste, Rocosa Este, Casas de Buyivar, terminando junto al mar en la Esfiha, aunque no se controló por completo el territorio de Axdir hasta el seguido 13 al ser tomado el monte Xixafen.

No obstante viendo don Miguel Primo de Rivera el ejemplar avance, el 1 de octubre emitió una alocución a sus tropas diciendo: «En el día de hoy, con la operación de Adrar Seddun, AmeKrán y la Rocosa, queda establecida una fuerte base de operaciones en el Rif, pisando terreno de las cabilas de Bocoya y Beni Urriaguel. Desde ella España ejercerá su misión de protectorado sobre estas cabilas, obligándolas a su completa sumisión al Majcén.»

A pesar de contar en la escuadra con dos aljibes por el mal estado de la mar (nunca aprendemos del todo, siempre entramos en combate casi en el otoño, época nada halagüeña para hacerlo desde la mar, tanto en el Mediterráneo como en el Atlántico) provocaba que las manguera transportadoras se partieran, viéndose forzados a cruzar a Málaga para comprar nuevas, aunque por la persistencia del mal tiempo, volvieron a faltar, de forma que el 23 aún seguía la tropa sin agua suficiente y los muchos pozos explorados e incluso practicados, el agua era demasiado salobre impidiendo ser bebida, tan insistente era que de nuevo el 26 los hombres se quedaron sin poder beber, sólo al llegar al valle de Buyivar se encontró la suficiente para abastecer a todos.

La logística fue fundamental para el buen fin de la empresa, por ello relacionamos sucintamente todo lo que se desembarcó, hasta la llegada de las tropas al control de la zona prevista:

Agua: Los dos buques aljibes con 450 tn. En 300 bidones de 46 tn. 2.000 cubas con 50 tn. 200 termos con 2 tn. y 500 mochilas con 5 tn.. Total 553 tn.

Víveres: La correspondiente a 42 días. Cada columna con seis hornos para hornear 11.000 raciones de pan diario. Y curiosamente, los primeros días se repartió vino de Alcázar de San Juan, eso sí, sin cargo.

Munición: De fusil a parte de la dotación, en reserva un millón de proyectiles, para la distribución en las unidades se utilizaron 280 mulos y 13 caballos.

Fortificación: Por columna 100.000 sacos terreros y 1.000 rollos de alambrada y en el parque como reserva 2.000 palas y picos, aparte de las portadas por las unidades.

Leña y pienso: 94 tn. de cebada y leña para cuatro días.

Sanidad: Por columna: la unidad de montaña con 36 artolas, sección de camillas con 100, una sección de servicios higiénicos y un hospital de campaña con 300 camas, y dos quirófanos, (más tarde se llevaron otros seis) los buques hospital Barceló y Villareal con 321 camas y Andalucía con 368 literas, dos barcazas K fueron destinadas al transporte de ellos a los buques y para casos muy graves se habilitaron dos hidros Dornier Vall, por estar reservadas plazas en hospitales de Cádiz, Málaga y Madrid, a parte de Ceuta y Melilla, todo ello organizado por el médico jefe de la Sanidad Militar don Mariano Gómez Ulla, quien dirigió clasificando por su gravedad a los heridos, para ser evacuados en cada medio disponible o llevados al hospital pertinente.

Transporte: Como era zona de montaña la que debía ser tomada de nada servían los vehículos, para tratar de solucionar el problema se destinaron 1.400 mulos, clasificados por el tamaño del animal por ello los más grandes podían llevar 125 kg. los medianos 100 y los pequeños 80.

Como ejemplo, hasta que los animales pudieron ser desembarcados, el transporte fue a brazo, en el caso de los cañones la disposición del mando fue: Los dos primeros y sexto de primera fila el cañón; los dos segundos y quinto primera fila la cureña; los dos terceros y cuartos la cuña; los quinto y sexto de segunda fila el escudo proveedor; los dos séptimos cada uno una rueda; octavo primera fila escudos laterales; el octavo segunda fila escudo central y graduador; noveno primera fila el mástil; noveno segunda fila las herramientas; los dos décimos y onceavos las primeras cargas, regresando por las terceras; los dos doceavos y trezavos las segundas cargas y regresan a por las cuartas. Aclaración: al escribir –los dos-, es tanto la primera como la segunda fila y así el resto, se describe de esta forma para no repetir tanto las mismas filas. Así de duro y pesado fue el tremendo esfuerzo extra para la tropa, pero gracias a ellos resulto un bien para conseguir el objetivo.

No obstante las operaciones continuaron, tan apretado se vio Abd el Krim que propuso un alto el fuego y negociar, a esto don Miguel no se negó (siempre se podrían ahorrar vidas) pero las exigencias del jefe de la cabila de Beni Urriaguel impidieron llegar a un acuerdo, esto llevó al mando a principios de 1926 a profundizar con un fuerte ataque, de tal forma que el jefe rifeño se vio precisado a rendirse, pero no lo hizo a los españoles, si no a los franceses (por algo sería), el trabajo de control continuo dando por concluida la pacificación total del protectorado en julio de 1927.

Epílogo:

El comandante del Real Cuerpo de Infantería de Marina don Octavio Aláez Rodríguez, en su artículo de la Revista General de Marina mencionado en la bibliografía, lo cierra diciendo: «Ahora bien, toda la extraordinaria experiencia adquirida, todo lo que aprendieron y dedujeron tras largas horas de reflexión los Estados Mayores, tanto navales como terrestres (en especial, el de la brigada Saro), ¿dónde fue decantado y estudiado?, ¿quién lo aprovechó? La verdad es que fue uno de tantos destellos brillantes del genio español, que se apagó porque entonces no había ninguna organización que tuviese por misión mantener encendida esa antorcha.» España siempre España, una gran victoria y primera de su clase en el mundo y todo por la borda, típico de españoles.

Con toda razón una vez más no se aprovechó el esfuerzo realizado para mejorar nosotros, por el contrario el general de cinco estrellas norteamericano Dwight David «Ike» Eisenhower, comandante general de las fuerzas aliadas en Europa, si pidió en 1943 la documentación existente para preparar el desembarco de Normandía, con la intención de abrir el frente oeste que durante tanto tiempo estuvo demandando Stalin, el cual fue un éxito con “base española”, como a su vez había sido el desembarco de Alhucemas, convirtiéndose a su vez en el primero del mundo donde se utilizaron los tres medios, tierra, mar y aire, y en fuerza. Una más de la Historia que se esconde por ser un éxito español.

Bibliografía:

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Alhucemas, desembarco.: Enciclopedia General del Mar. Por el contralmirante don Carlos Martínez Valverde. 9 Tomos, 1988.

Estado General de la Armada para el año 1917.

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Rivas Fabal, José Enrique.: Historia de la Infantería de Marina Española. Editorial Naval. Madrid, 1970. 2.ª Edición.

Ruiz de Aguirre, Alfonso y Francisco, Luis Miguel.: Atlas ilustrado de La Legión. Susaeta. Madrid, 2010.

Taibo Arias, Xoán-Ignacio y Quevedo Carmona, Diego.: Las Embarcaciones del Tren Naval de la Armada Española. Colección Bazán. 2002 No venal.

  1. AA.: Las imágenes del desembarco. Alhucemas 1925. Almena. Madrid, 2000.
  2. AA.: La Legión Española. 75 años de historia (1920—1995). Gráficas Urania. S.A. Málaga, 2002. 3 tomos. La Legión ©

Compilada por Todoavante ©

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